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Mariano Barberán

Nombre completo Mariano Barberán
Descripción Aviador español
Fecha de nacimiento 14-10-1895
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 20-06-1933
Nacionalidad España
Ocupaciones piloto de aviación
Idiomas español
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Mariano Barberán y Tros de Ilarduya nació en Guadalajara, España, el 14 de octubre de 1897, y su vida se debatió entre la formación técnica, la disciplina militar y la audacia de los vuelos que, por décadas, ensancharon los límites de la aviación española. Falleció en los alrededores de Villahermosa, México, el 20 de junio de 1933, dejando tras de sí una huella que conecta la ingeniería con la aventura aeronáutica y una voluntad de superar obstáculos en circunstancias adversas.

Mariano Barberán — Imagen principal

Mariano Barberán y Tros de Ilarduya nació en Guadalajara, España, el 14 de octubre de 1897, y su vida se debatió entre la formación técnica, la disciplina militar y la audacia de los vuelos que, por décadas, ensancharon los límites de la aviación española. Falleció en los alrededores de Villahermosa, México, el 20 de junio de 1933, dejando tras de sí una huella que conecta la ingeniería con la aventura aeronáutica y una voluntad de superar obstáculos en circunstancias adversas.

Historial Militar

En 1910 inició sus estudios en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, institución destinada a forjar las bases técnicas que acompañarían su futuro en las filas castrenses. Tras un periodo formativo intenso, regresó en 1917 con el rango de teniente dentro del Cuerpo de Ingenieros, mandato que marcaría el tránsito entre la especialidad terrestre y la vocación aeronáutica. Poco después, solicitó formalmente su pase a la Aviación, una decisión que, pese a las limitaciones visuales que tenía, fue aceptada para emprender una nueva etapa de entrenamiento.

Durante 1919 completó el curso de Observador de Aeroplano de Guerra, con lo que confirmó su tránsito hacia la esfera aérea y la función de observación y reconocimiento que caracterizaba a los primeros pilotos tardo‑regimentales. Esta formación fue el puente hacia asignaciones que combinaron mando, técnica y responsabilidad operativa, acercándolo a misiones que requerían precisión y valor en condiciones de combate y de infraestructura aeronáutica incipiente.

En marzo de 1922 quedó al frente de la Segunda Escuadrilla Bristol, desplegada en Melilla, un enclave estratégico de la época que se convirtió en su escenario de reconocimiento y crecimiento profesional. Tan pronto como mostró dominio de mando, recibió la designación de Primera Escuadrilla Bristol para el periodo de enero a julio de 1923, cargo que mantuvo pese a no ser piloto de planta y que le valió la Medalla Militar Individual, condecoración que subraya su participación destacada en la actividad operativa y de instrucción.

En 1924 completó el curso de Piloto de aeroplano y fue nombrado jefe de radio en la península, cargo que implicaba coordinar comunicaciones y seguridad en la base, sin abandonar la actividad de vuelo cuando las condiciones lo permitían. A pesar de estas responsabilidades, realizó vuelos puntuales, entre ellos algunos hacia Tetuán, donde sufrió una herida que testimoniaba el riesgo que asumía en cada misión y su compromiso con el entrenamiento de élites aéreas de la época.

Participó en el desembarco de Alhucemas de 1925, asumiendo el mando de una escuadrilla integrada en el Grupo de la Escuadra de Instrucción. No obstante, una discrepancia de criterio con su superior de grupo derivó en una salida voluntaria de la Aviación, circunstancia que lo apartó temporalmente de proyectos conjuntos y que culminó con la pérdida de la oportunidad de intervenir en el emblemático vuelo del Plus Ultra hacia Buenos Aires, plan elaborado junto a Ramón Franco.

Con el tiempo retornó a las filas en 1927 y fue nombrado profesor de la Escuela de Observadores, función a la que se añadió la responsabilidad de director de la Escuela entre 1928 y 1931. En abril de ese año fue destinado al Servicio de Instrucción, con sede en el Aeródromo de Cuatro Vientos, donde consolidó su labor pedagógica y dejó una marca duradera en la formación de nuevos profesionales de la aviación.

El Vuelo Sevilla-Cuba

En 1932 concibió una audaz aspiración de atravesar el Atlántico sin escalas, partiendo desde Sevilla y dirigiéndose hacia Cuba, una ruta hasta entonces inexplorada en su totalidad. Para ello utilizó el avión conocido como Cuatro Vientos, un monomotor propulsado por un motor Hispano Suiza, concebido y ensamblado ad hoc por la empresa CASA, como una iniciativa destacada de la industria aeronáutica española. El equipo contó con el teniente Joaquín Collar Serra, un piloto destacado de la época, y, en la parte técnica, el sargento Madariaga como mecánico que viajó por mar a Cuba para garantizar el mantenimiento del aparato. Despegaron el 10 de junio de 1933 desde Sevilla y su llegada a Camagüey, en Cuba, se dio después de casi 40 horas de vuelo, en una exhibición que fue celebrada por la comunidad aeronáutica como un auténtico hito de la aviación española.

En tránsito por Cuba, Modesto Madariaga revisó la aeronave y descubrió una grieta en el depósito de combustible, que se reparó para asegurar la segunda parte del viaje. Con el avión reparado y preparado, el equipo se dispuso a iniciar la etapa que, en apariencia, sería más llevadera que la primera, confiando en completar la travesía hacia el destino continental que habían proyectado con antelación.

Sin embargo, el tramo final no pudo completarse. El 20 de junio de 1933, apenas cuando intentaban extender la ruta hacia México, el monoplano desapareció y nunca se hallaron sus restos. Este desenlace dejó un silencio inquietante y convirtió la hazaña de Barberán y sus compañeros en una leyenda de la aviación, pese a no haber podido ver concluido el viaje que tanto habían soñado.

La gesta de estos pilotos quedó grabada en la historia como la apertura de una de las rutas más largas que se habían intentado en aquella época, una exploración que demostró que la navegación transatlántica podía lograrse en condiciones adversas y con una planificación ambiciosa, incluso cuando el resultado definitivo no se completó como estaba previsto.

Reconocimiento póstumo

La memoria de Mariano Barberán se ha perpetuado a través de varias conmemoraciones urbanas y culturales, especialmente en colaboración con el nombre de su compañero Joaquín Collar Serra, cuyo legado se asocia a aquella empresa aeronáutica de alto riesgo. En distintas ciudades de España, como Alcalá de Henares, Melilla, Madrid, Sevilla y Salamanca, se han inaugurado calles y placas para mantener vivo su homenaje. En Tlaxcala, México, también se ha reconocido su hazaña, integrando su historia a la memoria regional de la aviación y de las exploraciones que enlazan ambos continentes.

La figura de Barberán persiste en la memoria colectiva como símbolo de una generación de aviadores que empujaron los límites de la técnica y de la valentía. Su nombre se asocia, de manera emblemática, a los esfuerzos por trazar rutas audaces, a la colaboración entre piloto y mecánico, y a la convicción de que la ciencia de volar puede superar obstáculos geográficos y temporales, dejando un legado inspirador para las generaciones siguientes.

Imágenes de Mariano Barberán

Vídeo sobre Mariano Barberán