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Mariano Paredes y Arrillaga

Nombre completo Mariano Paredes y Arrillaga
Descripción Político y militar mexicano; 15.° presidente de México
Fecha de nacimiento 07-01-1797
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 07-09-1849
Nacionalidad México
Ocupaciones político, ministro, militar
Idiomas español
EsposasJosefa Cortés
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José Mariano Epifanio Paredes y Arrillaga es una de las figuras más discutidas del México del siglo XIX, un hombre de mando y convicción conservadora que atravesó desde las guerras de independencia hasta la intervención extranjera con una disciplina inflexible y un temperamento difícil de soslayar. Nacido en la Ciudad de México a finales del siglo XVIII, su trayectoria se forjó en un país sacudido por transformaciones radicales y por la pugna entre ideas republicanas y monárquicas. Su nombre quedó ligado a un intento de encauzar la nación por la vía de la monarquía y, posteriormente, a la resistencia ante la invasión de potencias vecinas.

Mariano Paredes y Arrillaga — Imagen principal

José Mariano Epifanio Paredes y Arrillaga es una de las figuras más discutidas del México del siglo XIX, un hombre de mando y convicción conservadora que atravesó desde las guerras de independencia hasta la intervención extranjera con una disciplina inflexible y un temperamento difícil de soslayar. Nacido en la Ciudad de México a finales del siglo XVIII, su trayectoria se forjó en un país sacudido por transformaciones radicales y por la pugna entre ideas republicanas y monárquicas. Su nombre quedó ligado a un intento de encauzar la nación por la vía de la monarquía y, posteriormente, a la resistencia ante la invasión de potencias vecinas.

Primeros años y formación

El nacimiento de Mariano Paredes ocurrió en la Ciudad de México el 7 de enero de 1797, dentro de una familia numerosa, en la que era el quinto de nueve hijos. Sus padres fueron Francisco Xavier Paredes Fernández-Rochel, un español que desempeñaba funciones administrativas en el ayuntamiento, y María Josefa Arrillaga Larrión, de origen mexicano. El hogar recibió a los hijos con un ambiente marcado por la disciplina y la educación, valores que luego moldearon la trayectoria del joven. Durante su niñez y adolescencia recibió enseñanza particular en casa y asistió a las escuelas de párvulos conocidas como Amigas, donde aprenden las primeras letras y costumbres cívicas.

A los quince años, impulsado por un espíritu marcial que caracterizaba a muchos jóvenes de la época, Paredes ingresó al ejército realista como cadete de infantería, iniciando así una carrera militar que lo acompañaría por décadas. Su juventud transcurrió en un México aún en pleno proceso de consolidación, bajo la sombra de la larga lucha por la independencia y la redefinición de las relaciones entre autoridad civil y militar. Su formación combinaría la instrucción militar con las lecciones políticas que surgirían en los años siguientes, a medida que el país transitaba entre regímenes y proyectos de nación.

Carrera militar y política

Durante la lucha por la independencia, Paredes acumuló experiencia en múltiples escaramuzas y campañas, participando en numerosas acciones contra las fuerzas insurgentes, lo que le valió un prestigio inicial entre sus pares. Su comportamiento dio lugar a complicaciones políticas: fue detenido por críticas a la autoridad real y obligado a exiliarse en España. Sin embargo, logró regresar a tierras mexicanas y continuó sirviendo bajo la bandera de la causa que finalmente generaría la nación independiente. Se involucró con el Ejército Trigarante y tomó parte en varias operaciones que lo consolidaron como un combatiente valiente y disciplinado. En ese periodo dejó constancia de su lealtad a un marco de causa que defendía la unidad de la joven nación.

Con el nacimiento del México independiente, Paredes ascendió en el escalafón militar y también ingresó con intensidad al terreno político. En 1821 recibió el cargo de teniente coronel, bajo el nuevo orden establecido tras la desaparición del régimen español y la consolidación del imperio de Iturbide. Años después, ya en tiempos de la República, se mantuvo activo en batallas decisivas y en maniobras estratégicas que incidieron en el curso de la nación. En 1823, cuando se gestaba una reconfiguración de poder tras la caída de Iturbide, Paredes se mostró dispuesto a sostener las alianzas que fueran necesarias para defender sus convicciones militares y políticas. En los años siguientes, su carrera lo llevó a ocupar cargos de mayor responsabilidad en distintos escenarios regionales, destacando su apoyo a ciertos movimientos que buscaban reorganizar la administración y las fuerzas armadas.

En noviembre de 1826 contrajo matrimonio con la irradiación de una familia jalisciense distinguida, Josefa Cortés, y juntos formaron un hogar con varios hijos. Este enlace fortaleció sus lazos con frecuentados círculos sociales y gubernamentales de la región de Jalisco, de donde emergían importantes figuras políticas de la época. Poco después, su nombre volvió a estar ligado a gestos de fuerza, al participar en la deflagración de planes políticos que buscaban reorganizar el poder mediante alianzas militares y reformas institucionales. En 1829, en Guadalajara, Paredes apoyó un movimiento que buscaba desplazar al presidente en funciones; el resultado fue un nuevo episodio de desencuentros y reconfiguración de liderazgos dentro del poder nacional.

Con la devolución de la autoridad a figuras como Bustamante y la consolidación de estructuras regionales, Paredes continuó desempeñándose como jefe militar y político de relevancia. En 1832 recibió el rango de general de brigada y su carrera creció entre destinos variados, desde Jalisco hasta la región central. En el terreno político, su trayectoria se fue entrelazando con las gestiones de Bustamante y con las respuestas que exigían la defensa de la soberanía frente a amenazas internas y externas. Participó en la represión de movimientos federalistas que buscaban desequilibrar el orden vigente y se posicionó en las coordenadas de un grupo que privilegiaba un liderazgo fuerte y centralizado. A partir de 1835 se involucró en la gestión de la Secretaría de Guerra durante la administración de Bustamante y, en los años siguientes, apoyó a otros gobernantes regionales en la contención de rebeliones y conflictos internos.

El devenir político llevó a Paredes a asumir la gobernación de Jalisco entre 1841 y 1843, y luego a encabezar el gobierno del Departamento de México durante un breve periodo en 1843. En Celaya, esa misma etapa marcó un giro: dejó de reconocer a Santa Anna como presidente y alimentó la tensión entre facciones que competirían por la dominación del país. Estas dinámicas reflejan un perfil que, sin dejar de ser leal a ciertas ideas centralistas, osciló entre distintas alianzas según las circunstancias del momento.

Con la década de 1840 avanzando, la figura de Paredes se convirtió en un actor clave para quienes defendían un proyecto conservador de nación ante la inminente amenaza estadounidense y ante las presiones internas que buscaban redefinir el orden político. Sus esfuerzos no siempre resultaron exitosos, pero su presencia y su capacidad para forjar coaliciones le otorgaron un lugar destacado en la historia militar y política de la época.

Golpe de Estado (1845)

Frente a las tensiones provocadas por la posible confrontación con Estados Unidos, Paredes recibió la instrucción de organizar la defensa nacional con una fuerza considerable: alrededor de seis mil hombres. Recalibró las rutas de acción en San Luis Potosí y, ante la falta de suministros y material bélico, decidió regresar a la capital en diciembre de 1845 para articular una maniobra decisiva. Con el respaldo de sus tropas, logró desplazar al presidente en funciones y obligar a José Joaquín de Herrera a abandonar la jefatura de la nación. En la víspera del año nuevo, la guarnición de la capital se inclinó ante su autoridad, y una Junta de Notables lo designó como presidente interino, dando inicio a una etapa de transición con un horizonte de cambios constitucionales que no se consolidaría.

Presidencia (1846)

En el transcurso de 1846, México enfrentó la continuidad de la guerra con Estados Unidos, con la disciplina de Paredes enfocada en la defensa del territorio ante las caídas de control en distintos frentes. Durante ese periodo, el país gravemente endeudado y debilitado recibió la propuesta de un viraje institucional que contemplaba la eventual instauración de una monarquía con un soberano extranjero. En ese sentido, surgieron tanto apoyos como oposición a un proyecto monárquico liderado por Enrique de Borbón, un intento que buscaba estabilizar un entorno político convulso mediante la legitimación de una dinastía en el país. En paralelo, estallaron levantamientos en distintas arterias del país: en Jalisco, comandado por José María Yáñez, y en la capital, impulsado por José Mariano Salas, movimientos que cuestionaban la dirección central y promovían la reinstauración de un marco republicano más claro.

El propio Paredes, frente a la presión de los acontecimientos, sostuvo una actitud ambivalente: afirmó apoyar a diversas facciones cuando era conveniente para su confianza en la defensa nacional, una postura que generó críticas por su falta de consistencia ante un escenario tan complejo. En junio de 1846, el Congreso lo eligió formalmente como presidente, y designó a Nicolás Bravo como vicepresidente. Poco después, asumió la conducción del ejército mexicano; sin embargo, su permanencia al frente del gobierno quedó condicionada por las derrotas militares y la creciente desmoralización de las tropas. Su manejo de la estrategia de guerra recibió cuestionamientos, y la necesidad de enfrentar a las fuerzas invasoras volvió a colocar en escena la fragilidad institucional ante una crisis de magnitud histórica. En julio de ese mismo año cedió el mando para salir a confrontar al enemigo en el frente mientras las líneas eran débiles y la organización política se tambaleaba.

En el marco de la contienda, la situación se complicó con la debilidad de la hacienda pública y la presión social. La promesa de una solución monárquica encontró resistencia entre amplios sectores del país, y la reacción popular y militar terminó por deslegitimar el proyecto de convertir a México en una monarquía. Las tensiones entre centralismo y federalismo, la derrota en los primeros choques y la erosión de la confianza institucional favorecieron una coyuntura en la que diversos actores buscaron reorganizar el poder. Bajo ese clima, la figura de Paredes quedó desacreditada ante importantes sectores, y el liderazgo pasó a manos de Santa Anna, quien regresó al poder con un apoyo que se afianzó en el Congreso y en las filas del ejército. En el transcurso de la crisis, Paredes no ocupó cargos de relevancia dentro de la administración santanista, y su influencia se fue diluyendo a medida que se consolidaban nuevas alianzas políticas.

Últimos años y muerte

Tras su caída, Paredes logró evadir temporalmente la captura, pero sería detenido y enviado al exilio en Francia a finales de 1845. Regresó a México en 1848 con la intención de oponerse al Tratado de Guadalupe-Hidalgo y a la conclusión de la guerra con Estados Unidos, aliarse con figuras liberales y participar en la resistencia contra las concesiones territoriales que se avecinaban. En Guanajuato se produjo un nuevo choque contra las fuerzas de Bustamante el 18 de julio de 1848, tras el cual fue nuevamente deportado y encarcelado. La amnistía general de abril de 1849 le permitió regresar, pero la llegada tardía de una reconciliación institucional y la penuria personal marcó sus últimos años. Su compañero de lucha, Jarauta, fue ejecutado durante este periodo, y Paredes terminó recluido en un convento de la Ciudad de México, sobreviviendo en condiciones precarias hasta su fallecimiento el 7 de septiembre de 1849, a la edad de 52 años.

Imágenes de Mariano Paredes y Arrillaga