Mariano Salvador Maella
| Nombre completo | Mariano Salvador Maella |
|---|---|
| Descripción | Pintor neoclásico español (1739-1819) |
| Fecha de nacimiento | 21-08-1739 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 10-05-1819 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | pintor |
| Géneros | retrato |
| Grupos | Real Academia de Bellas Artes de San Fernando |
| Idiomas | español |
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Mariano Salvador Maella Pérez nació en Valencia el 21 de agosto de 1739 y dejó de existir en Madrid el 10 de mayo de 1819. Su nombre figura entre los grandes pintores españoles de la época neoclásica, capaz de conjugar la disciplina académica con un lenguaje elegante y sobrio. A lo largo de una vida dedicada a la Corte y a la última fase de la Ilustración, Maella supo transformar su oficio en un puente entre la tradición y las corrientes modernas, dejando una obra de alcance institucional y artístico notable.
Mariano Salvador Maella Pérez nació en Valencia el 21 de agosto de 1739 y dejó de existir en Madrid el 10 de mayo de 1819. Su nombre figura entre los grandes pintores españoles de la época neoclásica, capaz de conjugar la disciplina académica con un lenguaje elegante y sobrio. A lo largo de una vida dedicada a la Corte y a la última fase de la Ilustración, Maella supo transformar su oficio en un puente entre la tradición y las corrientes modernas, dejando una obra de alcance institucional y artístico notable.
Biografía
En sus comienzos recibió la enseñanza artística de su propio padre, que también ejercía la pintura. Más adelante se trasladó a la corte para continuar su formación bajo la guía de Felipe de Castro, quien lo introdujo en un estilo neoclásico acorde con las tendencias de la época. Su paso por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le abrió las puertas a un mundo de contactos y de revisión crítica; allí encontró la estima de la figura de Antonio González Velázquez, con quien más tarde se vincularía por lazos familiares que culminarían en matrimonio.
En 1757, gracias al apoyo económico de su familia y a los tres premios obtenidos en la academia, pudo emprender un viaje de estudio a Roma que consolidó su educación clásica y afianzó su vocación por la composición académica. Roma le permitió confrontar modelos antiguos y modernizar su lenguaje, una experiencia que marcaría su trayectoria posterior. Tras su regreso, ya en España, se integró con entusiasmo a proyectos de gran envergadura y se consolidó como un referente de la pintura ceremonial y decorativa.
De vuelta a la Península, inició una etapa decisiva en la decoración de techos y superficies de prestigiosos recintos reales, comenzando por el Palacio Real de Madrid, donde la influencia de Mengs se hizo patente en su tratamiento de la luz y la estructura de las composiciones. Este periodo consolidó su prestigio y le permitió ampliar su espectro de encargos, manteniendo una relación estrecha con la Casa Borbón y con el conjunto de palacios que custodiaba la Corona.
A lo largo de esos años, Maella se convirtió en una figura clave para la decoración de otros espacios de la casa real y de instituciones vinculadas a la autoridad. También abordó encargos para catedrales y lugares de culto, al tiempo que incrementó su labor como retratista de la familia real y apoyó la industria artística de la época mediante el diseño de patrones para la Real Fábrica de Tapices. En este terreno de competencia con el maestro Francisco Bayeu se dibujó una rivalidad cordial que impulsó su oficio y exigió una constante superación técnica.
En 1799 alcanzó un cenit profesional al ser nombrado primer pintor de cámara junto a Francisco de Goya, encargándose además de la custodia y la supervisión de los Reales Sitios. Este reconocimiento institucional coincidió con una etapa de gran visibilidad de su obra, tanto en el interior de los palacios como en las colecciones de la Corona. Sin embargo, la historia dio un giro brusco cuando, tras la caída de Carlos IV y la llegada de José I de España, Maella adoptó una postura favorable a la nueva dinastía, recibiendo honores y distinciones que generaron recelos en ciertos sectores de la corte.
La reversión política de la época afectó su posición: acusado de afrancesamiento tras la Restauración absolutista de Fernando VII, fue apartado de la corte y pensionado con una quinta parte de su sueldo. En la Academia también perdió influencia y fue relevado por quien fuera su discípulo, Vicente López Portaña, en el marco de un reajuste de cargos y distinciones. Este declive no borró la relevancia de su trabajo, pero sí marcó el final de una etapa de privilegio para Maella y su reinserción en el panorama artístico de la España de postrevolución.
Obra
La producción de Maella abarcó una amplia gama de temas y formatos, desde piezas de carácter devocional que incluyen destacadas Inmaculadas hasta retratos de alto rango social, pasando por modestas cartones para tapices con escenas de género. Su periodo romano dejó constancia de un eficaz ejercicio de copia de maestros como Guido Reni, Carlo Maratta y Guercino, trabajos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y que atestiguan su dominio del dato clásico y de la estética barroca.
Entre las aportaciones más notables se cuenta la serie de las cuatro estaciones encargada por la Corona para adornar la Casa del Labrador en el Palacio Real de Aranjuez, un conjunto que hoy forma parte de las colecciones del Museo del Prado. En sus destinos, la Academia, el Museo del Prado y la colección del Banco de España albergan un conjunto representativo de su obra, que abarca retratos, grandes escenas y trabajos de modestos cartones decorativos. En una revisión reciente del inventario del Prado, los especialistas desvelaron un hallazgo importante: el retrato pintado hacia 1791 y atribuido a Froylán de Berganzo pertenece, en realidad, al I Conde de Lerena, Don Pedro López de Lerena y Cuenca; este hallazgo se exhibe en la sala 089 (segunda planta) del museo, y supone una relectura clave sobre el alcance de su retrato realista.
Galería
- La primavera, estudio de la luz y el color en el marco de la serie de las estaciones. Conservada en el Prado.La Primavera (1805-1806), parte de la serie Las cuatro estaciones, en el Museo del Prado.
- Salomé ante la cabeza del Bautista, referencia de la replica del maestro renacentista y su versión en el repertorio académico.Salomé con la Cabeza del Bautista (1761), copia de Guido Reni, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
- El tiempo descubriendo la verdad, boceto iconográfico para el techo de las habitaciones del Príncipe de Asturias.El tiempo descubriendo la verdad (1765). Boceto para la decoración del techo de las habitaciones del Príncipe de Asturias en el Palacio Real de Madrid. Museo de Brooklyn.
- Una cabeza real, retrato del monarca que marcó su época.Carlos III (1783), colección Banco de España, Madrid.
- San Francisco de Borja ante el cadáver de la Emperatriz Isabel, testimonial de la devoción de la Catedral de Valencia.San Francisco de Borja ante el cadáver de la Emperatriz Isabel (1787), Catedral de Valencia.