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Mario Molina

Nombre completo Mario José Molina Henríquez
Nombre nativo Mario Molina
Descripción Ingeniero químico mexicano
Fecha de nacimiento 19-03-1943
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 07-10-2020
Nacionalidad México, Estados Unidos
Ocupaciones químico, ingeniero, profesor universitario
Grupos Academia Pontificia de las Ciencias, Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, Academia Mexicana de Ciencias, El Colegio Nacional, Academia Nacional de Medicina, Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, Sociedad Filosófica Estadounidense
Idiomas español, inglés
EsposasLuisa T Molina
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José Mario Molina-Pasquel Henríquez, nacido en la capital mexicana el 19 de marzo de 1943 y fallecido el 7 de octubre de 2020, dejó una huella indeleble en la ciencia y la defensa del planeta. Reconocido por su labor en la química ambiental y por ser uno de los pioneros que identificaron las amenazas que amenazaban la capa de ozono, su trayectoria cruzó fronteras y disciplinas para traducirse en políticas climáticas y acuerdos internacionales de gran alcance. En su vida, la curiosidad científica se convirtió en una herramienta de cambio social y ecológico.

Mario Molina — Imagen principal

José Mario Molina-Pasquel Henríquez, nacido en la capital mexicana el 19 de marzo de 1943 y fallecido el 7 de octubre de 2020, dejó una huella indeleble en la ciencia y la defensa del planeta. Reconocido por su labor en la química ambiental y por ser uno de los pioneros que identificaron las amenazas que amenazaban la capa de ozono, su trayectoria cruzó fronteras y disciplinas para traducirse en políticas climáticas y acuerdos internacionales de gran alcance. En su vida, la curiosidad científica se convirtió en una herramienta de cambio social y ecológico.

Biografía

Primeros años y formación

Sus padres eran Roberto Félix Molina Pasquel y Leonor Henríquez, ambos originarios de Veracruz, y su padre ejerció funciones diplomáticas sensibles para México en distintos continentes. De joven, María Molina optó por estudiar ingeniería química en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México a partir de 1960, una decisión que sería la base de una carrera que combinaría teoría, experimentación y acción pública. La experiencia familiar en la diplomacia y la exposición a realidades internacionales marcaron su visión del mundo, especialmente en cuanto a las implicaciones globales de la ciencia.

Para ampliar sus horizontes, viajó a Europa y a Estados Unidos. En Freiburg, Alemania, completó una etapa de posgrado en cinética de polimerización y pasó unos meses en París y en la Ciudad de México, experiencias que profundizaron su interés por las reacciones químicas y su eficiencia en sistemas reales. Posteriormente ingresó al programa de doctorado en fisicoquímica en Berkeley, donde tuvo la oportunidad de trabajar junto a destacados docentes y grupos de investigación de la época.

En Berkeley, la dedicación de Molina tuvo un impulso decisivo, al incorporarse al equipo de George C. Pimentel y completar su doctorado en 1972. Tras un año adicional en la ciudad universitaria, dio un salto importante hacia la investigación de vanguardia en California, aceptando una posición de investigador asociado en Irvine, donde compartió proyectos con Frank Sherwood Rowland y otros científicos que estaban transformando la comprensión de la atmósfera.

Trayectoria docente y profesional

La década de los setenta marcó el fortalecimiento de su carrera académica. En Irvine ingresó como profesor en 1975 y se convirtió en líder de grupos de investigación dedicados a la física y a la química de la materia a nivel molecular, explorando temas que conectaban teoría y experimentación con observaciones de la Tierra.

En una etapa posterior, Molina amplió su espectro profesional fuera del campus y se incorporó al Jet Propulsion Laboratory, donde participó en investigaciones interdisciplinarias que entrelazaban física, química y exploración espacial. Este período fue crucial para forjar un puente entre la ciencia básica y las aplicaciones tecnológicas que podían influir en políticas públicas y en la gestión ambiental.

Regresó a las aulas y a la investigación de alto nivel en MIT en 1989, asumiendo la función de profesor e investigador en una de las instituciones más influyentes del mundo. Durante su estancia, obtuvo la ciudadanía estadounidense y consolidó una red de colaboración internacional que integró a estudiantes, colegas y gobiernos en torno a problemáticas globales vinculadas al clima y la atmósfera. A partir de 2005, aceptó una cátedra en la Universidad de California en San Diego, donde continuó su labor educativa y científica.

Además de su quehacer en las universidades estadounidenses, Molina formó parte de distintas comunidades científicas de su país y del extranjero. Fue miembro de El Colegio Nacional, una distinción que subraya su aporte al conocimiento, y mantuvo una relación estrecha con la Pontificia Academia de las Ciencias. Su papel fue el de un referente para las nuevas generaciones de investigadores mexicanos que aspiraban a proyectar su talento más allá de las fronteras.

En el terreno institucional, su voz fue solicitada por presidentes de naciones importantes, quienes buscaron su asesoría para diseñar estrategias de ciencia, tecnología y medio ambiente. En particular, fue consultado por líderes de Estados Unidos y México, y su visión integradora lo convirtió en un interlocutor apreciado entre la ciencia y la política. Como divulgador, defendió la necesidad de actuar frente al calentamiento planetario durante los años de mayor intensidad de debate público.

Contribuciones a la química ambiental

La base de su reconocimiento internacional se cimienta en trabajos sobre la química de la atmósfera, especialmente en el análisis de cómo los clorofluorocarbonos y otros gases artificiales afectan la capa de ozono. En 1974, junto a Rowland, presentaron en Nature una alerta temprana sobre el deterioro de la ozonosfera provocado por sustancias químicas de uso humano, un mensaje que, en su momento, recibió escepticismo por parte de algunos científicos.

Con perseverancia y colaboración internacional, lograron que las ideas fueran discutidas y aceptadas en foros científicos globales, guiando la definición de controles para restringir las emisiones de CFC y otros compuestos. Su trabajo sentó las bases para acuerdos y medidas que buscaban reducir la liberación de sustancias destructivas y proteger la capa de ozono.

En 1989, su compromiso con la investigación aplicada quedó evidenciado cuando asumió un cargo en el Departamento de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera del MIT, donde combinó docencia, investigación y supervisión de proyectos orientados a comprender la dinámica atmosférica y sus impactos. Más tarde, en 1994, fue invitado por el presidente de Estados Unidos a integrarse en un comité de asesoría científica y tecnológica, un organismo que orientó decisiones de política ambiental a nivel nacional.

Premio Nobel de Química

El reconocimiento definitivo a su trayectoria llegó en 1995, cuando recibió junto a Sherwood Rowland y Paul Crutzen la distinción más trascendente de la ciencia química. El galardón reconoció la labor conjunta para establecer la relación entre ciertos contaminantes y el agotamiento gradual de la capa de ozono estratosférico, un hallazgo que impulsó la creación de marcos regulatorios internacionales para frenar esas emisiones.

La aportación de Molina trascendía lo meramente académico; su investigación no solo definió un campo de la química atmosférica, sino que también activó una conciencia ambiental global y abrió el camino para políticas de protección del entorno. En paralelo, Crutzen, por su parte, había señalado años antes el efecto destructivo de ciertos gases en la misma capa, lo que completó un marco de conocimiento que muchos tomaron como punto de inflexión para la acción colectiva.

Ese mismo año recibió otros reconocimientos internacionales, incluyendo distinciones de organizaciones científicas que destacaron su capacidad para comunicar resultados complejos de forma comprensible y para traducirlos en medidas concretas de salvaguarda ambiental. Su enfoque de investigación debía conciliar rigor científico y responsabilidad cívica, una combinación que definió su legado y su papel como activista de la ciencia.

Reconocimientos y cargos

A lo largo de su carrera, Molina obtuvo una extensa colección de honores, que incluyó distinciones de prestigio, becas de doctorado honorario y membresías en sociedades científicas de México y Estados Unidos. Su labor fue reconocida con la Medalla Presidencial de la Libertad y con otras condecoraciones que destacaron su influencia en la política ambiental internacional y su compromiso con la educación y la divulgación científica.

Entre sus cargos institucionales se cuentan presidencias y asesorías, además de su participación como vicepresidente o presidente honorario en iniciativas orientadas a la conservación marina y al desarrollo de soluciones energéticas sostenibles. Fue un referente para la comunidad científica mexicana y un embajador de la investigación frente a audiencias globales, capaz de traducir complejas dinámicas químicas en mensajes de interés público y de impacto práctico.

En el periodo de su vida adulta, estableció vínculos entre la academia y la política, sirviendo como asesor de gobiernos en temas de ciencia y clima, y promoviendo marcos que impulsaran la cooperación internacional para la protección del clima y de la salud ambiental. Su visión integradora sirvió de guía para proyectos de infraestructura, energía y políticas que perseguían reducir la vulnerabilidad frente al calentamiento global.

El Centro Mario Molina y otros esfuerzos de divulgación

En 2015 se inauguró un edificio que lleva su nombre en la Ciudad Universitaria, concebido como un nodo de debate y experimentación entre la academia y la industria, orientado a buscar soluciones para la protección ambiental y la transición energética. Allí converge la investigación de la Facultad de Química con la industria y la iniciativa empresarial para enfrentar retos como la mitigación del cambio climático y la seguridad energética.

Otra de sus líneas de acción fue fomentar iniciativas de conservación de los mares, acercando su experiencia a proyectos que buscaban conservar ecosistemas y promover un uso sostenible de los recursos marinos. Su labor como defensor de la ciencia en la esfera pública halló en estas actividades un terreno para influir en políticas y en la cultura ambiental de su país y de la región.

Fallecimiento y legado

Mario Molina murió en la Ciudad de México el 21 de octubre de 2020, a los 77 años, a causa de un infarto agudo de miocardio. Su ausencia dejó un vacío en la comunidad científica, pero dejó un legado que continúa inspirando a generaciones de jóvenes investigadores, activistas y responsables de la formulación de políticas públicas dedicadas a la protección del planeta.

Reconocimientos y premios

  • Premio Tyler para Logro Ambiental (1983)
  • Premio Newcomb-Cleveland (1987)
  • NASA Exceptional Scientific Achievement Medal (1989)
  • Premio J. Gustavus Esseler de la Sociedad Estadounidense de Química (1987)
  • Premio Nobel de Química (1995)
  • Medalla Willard Gibbs, Sección de Chicago, de la American Chemical Society (1998)
  • Premio de Avances Creativos en Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la American Chemical Society (1998)
  • Premio Sasakawa del PNUMA (1999)
  • Premio Heinz en Medio Ambiente (2003)
  • Miembro Electo de El Colegio Nacional (2003)
  • Premio Volvo de Medio Ambiente (2004)
  • Caballero Gran Cruz de la Orden Isabel la Católica (2008)
  • Oficial de la Orden Orange-Nassau de los Países Bajos (2010)
  • Caballero de la Legión de Honor de Francia (2012)
  • Medalla de la Libertad de la Presidencia de los Estados Unidos (2013)

Doctorados y honores

  • Universidad Nacional Autónoma de México — Doctorado (1996)
  • Universidad de Yale — Doctorado (1997)
  • Universidad de las Américas Puebla — Doctorado (2001)
  • Universidad Autónoma Metropolitana — Doctorado (2002)
  • Universidad Alfonso X el Sabio — Doctorado (2009)
  • Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN — Doctorado (2009)
  • Universidad del Valle de México — Doctorado (2010)
  • Universidad de Harvard — Doctorado (2012)
  • Universidades estatales de Hidalgo, Estado de México, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí y Sonora, entre otras, otorgaron doctorados honoris causa en distintos años

Legado y significado

La trayectoria de Molina no se limitó a sus logros científicos, sino que se extendió a un compromiso constante con la educación, la divulgación y la construcción de políticas públicas que protegieran los ecosistemas y fomentaran una relación más sostenible entre sociedad y tecnología. Su enfoque integrador, que unía rigor experimental, curiosidad epistemológica y responsabilidad social, constituyó un modelo para investigadores que desean transformar el conocimiento en soluciones concretas para la humanidad.

Su vida ilustra cómo la ciencia puede servir como motor de cambio, al demostrar que la investigación básica puede desencadenar respuestas institucionales y acuerdos internacionales que perduren en el tiempo. A través de sus publicaciones, su docencia y su participación en foros globales, dejó un marco de referencia para entender la química ambiental y su incidencia en la vida cotidiana, el clima y la salud de las poblaciones.

Hoy, cuando se relee su biografía, se aprecia la convergencia entre disciplina y vocación pública que definió su obra. Molina se convirtió en un puente entre laboratorios y salas de política, recordándonos que la ciencia, cuando se acompaña de una ética de servicio, puede convertir la curiosidad en protección de la especie y en bienestar para comunidades enteras.

Imágenes de Mario Molina