Vida Icónica VIDAICÓNICA

Mary Shelley

Nombre completo Mary Godwin
Nombre nativo Mary Shelley
Descripción Escritora inglesa (1797-1851)
Fecha de nacimiento 30-08-1797
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 01-02-1851
Nacionalidad Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Reino de Gran Bretaña, Reino Unido
Ocupaciones escritor de viajes, novelista, ensayista, dramaturgo, biógrafo, escritor, escritor de ciencia ficción, poeta, escritor de cuentos, traductor, traductor alemán-inglés
Géneros libro de viaje, literatura gótica, novela gótica, ficción especulativa
Idiomas inglés
HermanosWilliam Godwin the Younger, Fanny Imlay, Claire Clairmont, Charles Gaulis Clairmont
EsposasPercy Bysshe Shelley
Sugerencias y correcciones ¿Hay algún error, actualización pendiente o falta alguna biografía?
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.

Mary Wollstonecraft Shelley nace en un Londres vibrante y turbulento, fruto de la unión de dos pensadores que desafían el statu quo de su tiempo. Su biografía no es sólo la historia de una escritora, sino la crónica de una vida atravesada por la pérdida, la pasión por la libertad, la creatividad desbordante y un compromiso político que se refleja en cada página que escribió. A lo largo de su peregrinaje, la obra de Mary se va forjando como un faro para la imaginación crítica y la defensa de los derechos humanos, incluso cuando el dolor personal amenazaba con apagarla. Este recorrido detalla los hitos más relevantes de su existencia, desde la infancia hasta sus años de madurez como novelista, ensayista y biógrafa de su propio tiempo.

Mary Shelley — Imagen principal
Firma de Mary Shelley

Mary Wollstonecraft Shelley nace en un Londres vibrante y turbulento, fruto de la unión de dos pensadores que desafían el statu quo de su tiempo. Su biografía no es sólo la historia de una escritora, sino la crónica de una vida atravesada por la pérdida, la pasión por la libertad, la creatividad desbordante y un compromiso político que se refleja en cada página que escribió. A lo largo de su peregrinaje, la obra de Mary se va forjando como un faro para la imaginación crítica y la defensa de los derechos humanos, incluso cuando el dolor personal amenazaba con apagarla. Este recorrido detalla los hitos más relevantes de su existencia, desde la infancia hasta sus años de madurez como novelista, ensayista y biógrafa de su propio tiempo.

Biografía

Primeros años

Mary nació con el nombre de Mary Wollstonecraft Shelley en una comunidad obrera de Somers Town, en Londres, durante finales del siglo XVIII, en un hogar que sería decisivo para su desarrollo intelectual. Fue la segunda hija de una filósofa y escritora feminista llamada Mary Wollstonecraft y del filósofo, novelista y periodista William Godwin, figuras imprescindibles de la corriente liberal de la época. Su madre falleció poco después del parto, dejando a la joven familia sumida en la ausencia afectiva y en una tarea de crianza que recaía principalmente en el padre y en figuras cercanas.

La joven Mary creció rodeada de ideas radicales y de un clima intelectual que valoraba la educación como motor de cambio social. La primera etapa de su educación transcurrió de forma eminentemente informal, ya que su padre priorizó una formación amplia y práctica que les permitiera convivir con la multitud de voces que acudían a su casa. Aun así, el espíritu de su madre, que había escrito una obra fundacional para el feminismo, resonaba en cada conversación familiar y en la biblioteca que compartían. En momentos, se describía a Mary como una niña curiosa, valiente y con una sed casi insaciable de conocimiento. Sus años tempranos estuvieron marcados por las tensiones económicas que rodeaban la familia y por un entorno en el que el aprendizaje era una experiencia colectiva más que una obligación estrictamente escolar.

Tras la muerte de la esposa de Godwin, el padre publicó una obra que recogía los recuerdos de la autora de una Vindicación de los Derechos de la Mujer, un gesto que, si bien fue un intento de honrarla, también provocó escándalos por su intimidad y por el hecho de que la hija ilegítima de Wollstonecraft aparecía en sus líneas. A medida que Mary crecía, su educación recibió influencias de distintas corrientes liberales y se nutrió de las lecturas que su padre, a veces con métodos anticuados, ponía a su alcance. En la década que siguió, la familia se transformó con la llegada de una nueva madrastra y con la reorganización de un hogar que buscaba sostenerse a través de proyectos editoriales, ventas de libros para niños y la venta de artículos de papelería. Este periodo mostró las primeras grietas de una economía doméstica que necesitaba sostenerse y que, sin embargo, no eclipsó la curiosidad intelectual que ya definía a Mary.

A partir de 1801, las tensiones entre deudas y aspiraciones llevaron al matrimonio entre William Godwin y Mary Jane Clairmont, una unión que dividiría las simpatías entre amigos y familiares. La nueva relación del padre, que aportó una estructura familiar compleja, no dejó de generar tensiones en Mary, que comenzó a experimentar una cierta distancia con su madrastra. Los cambios en la estructura familiar coincidieron con la expansión de una imprenta familiar y con la apertura de una pequeña empresa editorial que, pese a sus esfuerzos, enfrentó dificultades financieras que exigieron préstamos y gestiones complicadas. En medio de esa turbulencia, Mary recibió una educación cada vez más amplia que la llevó a explorar la historia, la filosofía y la literatura clásica en lenguas originales, lo que fortaleció su capacidad de crítica y su deseo de entender el mundo de manera más profunda. Sus primeros años, por tanto, fueron un entramado de afectos, pérdidas, demandas económicas y una curiosidad intelectual que prepararon el terreno para su posterior vida de escritora y pensadora.

Entre las figuras que influyeron en su formación, destacó la presencia de escritores y filósofos que visitaban la casa de los Godwin, entre ellos el poeta Samuel Taylor Coleridge y, en un tiempo anterior, el político Aaron Burr, quienes amplificaron la experiencia intelectual de la familia. Aunque su padre admitió que no estaba educando a sus hijas exactamente bajo la filosofía de Mary Wollstonecraft, la joven Mary recibió una educación que, a la larga, se alinearía con principios igualitarios y críticos hacia las estructuras patriarcales. En su juventud recibió también una tutela dedicada y tuvo acceso a una amplia biblioteca que le permitió explorar textos históricos y literarios en su lengua original, un pilar en su formación como narradora con sensibilidad histórica y social.

Percy B. Shelley

Durante los años de su adolescencia y sus primeros contactos con el círculo escocés de ideas liberales, Mary conoció a Percy Bysshe Shelley, un poeta y pensador radical que ya había tomado distancia de su propia vida familiar por razones políticas y sentimentales. Su relación con Percy se gestó en medio de un contexto de travesías y encuentros con círculos disidentes, y ambos, junto a Claire Clairmont, recorrieron varias ciudades europeas. A la vista de la sociedad conservadora de su tiempo, la pareja vivió un periodo de ostracismo, deudas y esperanzas que los unieron, a pesar de la dificultad de sostener sus proyectos literarios y sus vidas personales bajo una presión constante. Mary quedó embarazada en un momento de complicaciones económicas y de tensiones familiares, lo que complicó aún más su situación cuando debía decidir entre la seguridad material y la lealtad a su visión de libertad y creatividad.

La relación entre Mary y Percy provocó una serie de conflictos con su padre, que no aprobaba la relación y buscaba proteger la reputación de su hija frente a la influencia de un hombre que vivía al margen de las convenciones sociales. En ese contexto, Mary y Percy sostuvieron una relación entre secretos y revelaciones públicas, sabiendo que sus decisiones podrían afectar no solo su futuro, sino también el de Claire y de otras personas cercanas. Este periodo remarcó la tensión entre las aspiraciones libertarias que el joven grupo defendía y las presiones de una sociedad que aún no aceptaba de pleno el amor libre y las alianzas no convencionales.

Entre las decisiones que consolidaron su vínculo, Mary y Percy tomaron la decisión de huir hacia Francia para luego atravesar Suiza, acompañados de Claire Clairmont. Durante ese viaje, la pareja continuó alimentando su interés por la filosofía liberal y por las lecturas que habían marcado la infancia de Mary. A la vez, se mantuvieron las exploraciones literarias que, con el tiempo, dieron lugar a la concepción de ideas que transformaron el horizonte de la narrativa y el pensamiento político. En ese periodo, Mary empezó a experimentar con su propia voz como autora y a imaginar la posibilidad de escribir una historia que combinara ciencia, ética y misterio, lo que culminaría con un proyecto que cambiaría para siempre la escena literaria.

La relación amorosa entre Mary y Percy, así como las complejidades de su vida familiar, quedó plasmada en cartas y diarios que revelan la intensidad de sus emociones. En medio de esa experiencia, Mary dio a luz a una hija prematura que falleció poco después, una pérdida que profundizó su duelo y que influyó en la manera en que percibía la maternidad, la creatividad y la responsabilidad de cuidar a sus hijos en un entorno impredecible. La entrega de Mary a su obra no fue ajena a estos acontecimientos personales, y su escritura comenzó a mostrarse como un refugio ante la adversidad que rodeaba su existencia cotidiana.

Entre los años siguientes, Mary y Percy se comprometieron de forma cada vez más estrecha, pese a los vaivenes que la relación enfrentaba. En el transcurso de este periodo, la pareja vivió entre la necesidad de sostenerse económicamente y la inspiración de crear, experimentar y cuestionar las certezas de su tiempo. Mary, que también observaba la necesidad de proteger a Claire Clairmont y a otros seres queridos, halló en la experiencia compartida un terreno fértil para su crecimiento personal y literario, que se traduciría en obras que aún hoy se citan como hitos de la literatura mundial. A partir de este momento, Mary y Percy se convirtieron en una pareja que, a pesar de las tensiones y de las pérdidas, siguió alimentando su proyecto vital, literario y político, y que consolidó a Mary como una figura central de la cultura de su tiempo.

Lago de Ginebra y Frankenstein

En mayo de 1816, el grupo se trasladó a Ginebra, acompañando a Claire Clairmont, y la expectativa de pasar el verano junto a Lord Byron dejó una huella indeleble en la trayectoria de Mary. En ese ambiente, el grupo debatió grandes temas, desde la filosofía de Erasmus Darwin hasta la posibilidad científica de reanimar materia muerta. En esas jornadas de lectura y conversación, Mary encontró la chispa que encendería un proceso creativo extraordinario. Durante una sesión nocturna, surgió la idea de una historia que nacía de la inquietud por los límites de la vida y la responsabilidad de quien juega con el poder de crear. Con la ayuda de Percy, esa chispa se convirtió en una novela que rompía con moldes y que, al publicarse en 1818, sería reconocida como una obra fundacional de la ciencia ficción y de la novela gótica.

La experiencia en Suiza dejó una impronta profunda en Mary: la ambientación de aquel verano fue descrita por ella como el momento en el que dejó atrás la inocencia de la infancia para adentrarse en la complejidad de la vida adulta y de las decisiones que definen un camino artístico. Frankenstein o el moderno Prometeo nació de esa fermentación colectiva que transformó lo que parecía una simple historia de terror en una exploración de la ética de la ciencia, la responsabilidad de la creatividad y la vulnerabilidad humana ante la muerte, la culpa y la ambición. La novela se publicó en 1818 y marcó un parteaguas en la literatura, abriendo la puerta a una tradición que aún hoy continúa cuestionando los alcances y límites de la experimentación humana.

Bath y Marlow

Regresando a Inglaterra, la pareja se asentó en Bath y, más tarde, en Marlow, buscando un respiro de las tensiones que los rodeaban. En Bath, Claire Clairmont permaneció cerca para ocultar el embarazo de Claire y para sostener un ecosistema de amistades que compartía intereses literarios y políticos. En estos años, se acumularon noticias trágicas que afectaron profundamente a Mary: la muerte de Fanny Imlay, la hermana de Wollstonecraft, que resonó como una señal de precariedad en un entorno ya de por sí notablemente inestable. La desaparición de la esperanza de un hogar estable, combinada con las frustraciones económicas y las expectativas familiares, marcó el ánimo de Mary y consolidó su determinación de mantenerse al servicio de su obra y de su hijo.

Aunque la vida parecía estabilizarse en ciertos planos, la relación entre Mary y Percy estuvo sembrada de episodios que ponían a prueba su capacidad de sostenerse como pareja y como autores. Percy, a veces ausentándose para evitar deudas, dejaba a Mary lidiar con las consecuencias financieras y con el peso de la vida cotidiana. A pesar de ello, Mary halló consuelo en la literatura y en el fortalecimiento de sus vínculos con los amigos que la rodeaban, así como en la posibilidad de convertir el dolor en una fuerza que alimentara su creación literaria. En este periodo, Mary siguió explorando su papel como mujer pensante, como novelista y como figura pública que desafiaba las normas de su época a través de su escritura y de su forma de entender la vida, el amor y la sociedad.

Con Medicinas y dilemas, Mary afrontó nuevas responsabilidades cuando nació su segunda hija y, más tarde, el tercer hijo de la pareja, consolidando así la realidad de una familia que, aun en medio del conflicto, continuó buscando la dignidad y la belleza en la vida cotidiana. En esta etapa, Mary profundizó en la exploración de su propia voz, que expresaba libertades y límites de un modo que enfrentaba abiertamente las concepciones románticas de su esposo y las ideas sociales que su padre había defendido con vehemencia en su juventud. El eco de estas tensiones pasó a ser un motor para su próxima fase como novelista y crítica social, en la que la interconexión entre vida personal y literatura se hizo más estrecha y más significativa para comprender su legado.

El verano de 1817 marcó un nuevo hito: Mary terminó la primera versión de Frankenstein y la publicó de forma anónima al año siguiente, sin que el mundo supiera de inmediato que su mano estaba detrás de aquella obra que desbordaba de preguntas sobre la identidad, la responsabilidad y la libertad del ser humano. En Marlow, la vida de Mary adquirió una nueva dimensión cuando se convirtió en editora de la recopilación de relatos y diarios de ese viaje continental, enriqueciendo el texto con apuntes propios y con el poema Mont Blanc de Percy, lo que dio lugar a una obra que entrelazaba memoria, viaje y creación literaria. Esta etapa consolidó a Mary como una figura central en la cultura de su tiempo, capaz de combinar la investigación y la imaginación para plantear preguntas que aún hoy resultan vigentes.

Italia

La decisión de trasladarse a Italia representó un giro significativo en la experiencia de los Shelley y sus amigos, ya que aquel país ofrecía una libertad política y cultural que no se hallaba en la Inglaterra de la época. En este período, Mary escribió obras de marcada intimidad, como Mathilda, una novela que recorría pasajes autobiográficos y que, junto con otros textos, buscaba sostener la propia memoria y la del compañero fallecido. Valperga, una novela histórica, y una serie de piezas teatrales conformaron un conjunto de realizaciones que demostraban su capacidad para combinar investigación histórica, experimentación narrativa y un compromiso político que desafiaba las ideas dominantes. A la vez, Mary enfrentó desafíos personales considerables: la enfermedad y la depresión que la acompañaron durante largos periodos y la presencia de otros vínculos afectivos que, en un sentido más general, revelaban su creencia en la posibilidad de relaciones amorosas libres y diversas, aun cuando esa visión pudiera generar tensiones con su círculo cercano.

Durante estos años en Italia, Mary mantuvo una intensa actividad intelectual y creativa, y se rodeó de un círculo que incluía a Byron y a otros exiliados que buscaban refugio en la tierra de la península. Aunque la vida en el sur de Europa estuvo marcada por la pérdida de dos de sus hijos, Clara y William, la experiencia también le proporcionó un refugio emocional y una libertad que ella necesitaba para continuar su labor literaria. Sus pérdidas profundas no apagaron su voz, sino que la fortalecieron, llevándola a producir novelas históricas, relatos y obras políticas que sostenían una visión radical de la cooperación y la compasión como herramientas de transformación social. En Italia, Mary encontró un entorno que le ofrecía la posibilidad de explorar otros horizontes y de sostener un diálogo continuo sobre el arte, la libertad y la justicia con un conjunto de amigos que viajaban y compartían ideas de manera constante.

Las relaciones que Mary cultivó en Italia también se vieron marcadas por la complejidad de las emociones y por la necesidad de cuidar a sus hijos que aún eran jóvenes. Percy Bysshe Shelley, además de su trabajo poético, comenzó a mostrar interés en otros vínculos afectivos, lo que provocó un reajuste en la dinámica de su relación y en su propia percepción de la maternidad, la creatividad y la responsabilidad. A la distancia, Mary siguió defendiendo la idea de la autonomía sexual y afectiva como componentes de una vida plena y de una sociedad más justa. En ese contexto, Mary ideó proyectos que buscaban equilibrar la libertad personal con las obligaciones familiares y con el deseo de dejar un legado literario que desafiaría el clima político de su tiempo. Su labor en Italia, por tanto, no sólo supuso una experiencia de vida, sino también un laboratorio para su imaginación y para la construcción de un cuerpo de obras que conectaba la experiencia personal con las aspiraciones políticas de la época.

En este periodo, Mary se vinculó a otros autores y personajes relevantes, incluyendo a Alexandra Mavrokordatos y Edward Williams, con quienes forjó amistades duraderas y relaciones que influyeron en su obra y en su pensamiento. Su vida en Italia estuvo también atravesada por esfuerzos para apoyar a su padre financieramente y para sostener a su familia ante las adversidades económicas que continuaban amenazando su seguridad. Aun así, Mary siguió produciendo obras que hoy se consideran fundamentales, y su capacidad para lidiar con la enfermedad, la pérdida y la discontinuidad de la vida cotidiana se convirtió en una característica definitoria de su personalidad y de su escritura.

En diciembre de 1818, Mary viajó con Claire Clairmont y sus sirvientes a Nápoles, y allí vivió una experiencia que se mantuvo envuelta en misterio durante mucho tiempo. En ese periodo, surgieron rumores y acusaciones sobre la paternidad de algunas criaturas y la posible implicación de Claire en ciertos acontecimientos, lo que desató una controversia que acompañó a la escritora durante años. La verdad sobre esas circunstancias siguió siendo un tema debatido entre los biógrafos, y Mary insistió en que no sabía de ciertos detalles, manteniendo su propia interpretación de lo ocurrido. Aun así, el viaje a Nápoles dejó una impronta en su vida, y la propia ciudad fue descrita por Mary como un paraíso habitado por demonios, un marco simbólico para entender la compleja red de afectos y tensiones que la rodeaba.

En el verano de 1822, los Shelley, junto a Claire Clairmont y Edward Williams, se trasladaron a la apartada Villa Magni, al borde del mar en la bahía de Lerici. Allí se enfrentaron a otra noticia devastadora: Allegra Byron, la hija de Claire, había muerto en un convento, y Percy Shelley vivía una realidad de viajes y decisiones que afectaron a la convivencia familiar. Mary, que estaba embarazada, también vivió momentos de angustia, y su salud insegura hizo que la vida en ese lugar resultara especialmente exigente. En medio de esa atmósfera, Mary sintió que la libertad y la creatividad eran necesarias para seguir adelante, y la casa junto al Mediterráneo se convirtió en escenario de una nueva fase de su escritura y de su vida, donde el deseo de explorar y de experimentar fue una constante que sostuvo su obra en un periodo de grandes cambios.

La experiencia de la vida en la Villa Magni y la relación con su marido estuvieron atravesadas por conflictos y tensiones que afectaron a la relación de pareja. Un aborto espontáneo en junio de 1822, seguido de periodos de separación y de debates sobre la fidelidad y la responsabilidad, dejó una huella profunda en Mary, que intentó mantener la estabilidad para sí misma y para su hijo. Percy Shelley, a su vez, buscaba nuevas vías expresivas y, para Mary, estas circunstancias representaron un reto para consolidar su propio proyecto literario sin perder la centralidad de la maternidad y de la identidad personal frente a la sombra constante de las deudas y de la precariedad económica. Aun así, Mary siguió escribiendo, orientando su trabajo hacia una narrativa que reflexionaba sobre la vida, la muerte, el amor y la justicia, y que pretendía dejar constancia de su experiencia como mujer, madre y autora en un mundo complejo y cambiante.

Regreso a Inglaterra y carrera literaria

Tras la muerte de su esposo, Mary Shelly se trasladó a Génova, en compañía de Leigh Hunt y de otros amigos, y durante un tiempo vivió allí para mantener viva la memoria de Percy y para continuar su labor de transcripción y edición de su poesía. Sin embargo, su situación económica seguía siendo precaria, y su independencia dependía de un cuidadoso balance entre el trabajo creativo y la tarea de sostener a su hijo. En 1823, Mary regresó a Inglaterra para vivir con su padre y su madrastra en Strand, hasta que un mantenimiento moderado por parte de su suegro le permitió buscar una vida más estable en una pensión cercana. En esos años, Mary se negó a depender de un tutor para su hijo, prefiriendo mantener el control de su educación y de su trayectoria personal, y aceptó una ayuda que venía acompañada de condiciones que la obligaban a no publicar biografías del poeta sin consentimiento de la familia. Esta situación, lejos de desalentarla, fortaleció su determinación por editar y preservar la memoria de su esposo a través de una obra literaria adecuada y respetuosa con su legado.

Durante este periodo, Mary trabajó en la edición de los poemas de Percy y siguió construyendo su propio corpus de obras, que incluía novelas, relatos y ensayos. Su vida en Inglaterra la llevó a acercarse a círcos literarios y a buscar una red de apoyo que le permitiera sostener su labor creativa y su responsabilidad hacia su hijo. Aun así, enfrentó una constante tensión entre la necesidad de mantener la libertad de escribir y la presión de las figuras familiares que no veían con buenos ojos ciertos vínculos sentimentales que Mary mantenía, así como su relación con el mundo editorial y las restricciones que imponía la sociedad de su tiempo. En estas circunstancias, Mary demostró una capacidad de resistencia y una constancia que le permitieron convertir la adversidad en una fuente de creatividad, y su figura adquirió un peso cada vez mayor como autora de una obra que desbordaba de imaginación y de un compromiso ético y político que desafiaba el statu quo de su época.

En 1824, Mary decidió trasladarse a Kentish Town, al norte de la capital, para estar más cerca de una red de amistades y para continuar con su labor de escritura y edición. Durante ese periodo, se acercó a Jane Williams, amiga de su entorno que, sin saberlo, se convirtió en un elemento central de su trayectoria afectiva y literaria. Mary, según la interpretación de biógrafos posteriores, podría haber estado atravesando una fase de enamoramiento y de reconocimiento de su propio deseo más allá de las convenciones sociales, una experiencia que, tras muchos años, se reflejaría en su novela El último hombre y en la exploración de la intimidad en su obra autobiográfica. En cualquier caso, esta etapa consolidó su posición como una mujer que, a pesar de las limitaciones y de la oposición de ciertos sectores, siguió construyendo un legado que trascendía su época y que siguió influyendo en generaciones de lectores y escritoras posteriores.

Hacia mediados de la década de 1820, Mary trabajó en proyectos de gran alcance, incluido El último hombre (1826), una novela distópica que marcó un giro hacia la exploración de escenarios apocalípticos desde una perspectiva femenina. Asimismo, colaboró en la composición de memorias y biografías de otros autores, y participó en la creación de obras que encuadraban la vida de su entorno literario dentro de un marco ético que consolidaba su visión de la cooperación y la justicia social frente al individualismo romántico que había dominado buena parte de la década anterior. Su actividad editorial y creativa continuó, con la edición de la poesía de Percy y la orientación de proyectos que pretendían fotografiar la vida de su tiempo desde una perspectiva que él mismo no siempre lograba encajar. Mary demostró una vez más su talento para convertir la experiencia personal en materiales literarios de interés público, salvaguardando la dignidad de aquellos a los que amaba y, al mismo tiempo, aportando una voz crítica y visionaria a la conversación cultural de su época.

En estas fechas, Mary también conoció a nuevos interlocutores culturales y experiencias que ampliaron su horizonte: la figura del actor John Howard Payne y el escritor Washington Irving, entre otros, ampliaron su círculo de influencias y le ofrecieron nuevas oportunidades para explorar formas diversas de expresión artística. Aunque en ocasiones recibió propuestas de matrimonio de hombres como Payne, Mary sostuvo que, tras haber casado con una figura de genio, sólo podría considerar aceptar a alguien que compartiera ese mismo calibre intelectual. Su respuesta, firme y clara, demostró su independencia personal y su convicción de que la unión basada en la creatividad y el respeto mutuo era más valiosa que cualquier acuerdo impulsado por curiosidad o conveniencia social.

En 1827, Mary facilitó un camino para Isabel Robinson y la amante de Isabel, Mary Diana Dods, para que escribieran juntas bajo el nombre de David Lyndsay y busquen una vida compartida en Francia como pareja legalizada. Con el apoyo de Payne, quien se convirtió en un facilitador discreto de sus planes, Mary logró obtener pasaportes falsos para la pareja, una maniobra que reflejaba el compromiso práctico de Mary con la libertad personal de aquellos a su alrededor y con la posibilidad de vivir con libertad fuera de las limitaciones de su propio entorno británico. En 1828, Mary contrajo viruela durante una visita a París. Aunque logró recuperarse, aquel episodio marcó un desgaste en su apariencia juvenil y consolidó la idea de que el paso del tiempo traía cambios irreversibles, incluso para una mujer de su interioridad y su intensidad creadora.

Imágenes de Mary Shelley