Vida Icónica VIDAICÓNICA

Mathias Goeritz

Nombre completo Werner Mathias Goeritz Brünner
Nombre nativo Mathias Goeritz
Descripción Artista mexicano
Fecha de nacimiento 04-04-1915
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 04-08-1990
Nacionalidad Alemania, México
Ocupaciones arquitecto, escultor, pintor, escritor
Idiomas español, alemán
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Werner Mathias Goeritz Brunner, artista de origen alemán cuya trayectoria abarcó múltiples disciplinas, nació en Danzig y se desarrolló fuera de las fronteras de su país natal, dejando una impronta decisiva en la escultura, la pintura, la arquitectura y la escritura. Su vida transcurrió entre Europa y América, y su voz estética apostó por unir forma y emoción para generar experiencias urbanas y culturales distintas. En México emergió como uno de los pilares de la modernidad plástica y arquitectónica del siglo XX, promoviendo un lenguaje de construcción emocional que trascendió su tiempo.

Mathias Goeritz — Imagen principal

Werner Mathias Goeritz Brunner, artista de origen alemán cuya trayectoria abarcó múltiples disciplinas, nació en Danzig y se desarrolló fuera de las fronteras de su país natal, dejando una impronta decisiva en la escultura, la pintura, la arquitectura y la escritura. Su vida transcurrió entre Europa y América, y su voz estética apostó por unir forma y emoción para generar experiencias urbanas y culturales distintas. En México emergió como uno de los pilares de la modernidad plástica y arquitectónica del siglo XX, promoviendo un lenguaje de construcción emocional que trascendió su tiempo.

Biografía

El inicio de su formación se sitúa en la ciudad de Danzig, en la región histórica que hoy se conoce como Gdansk, y en Berlín pasó su infancia y juventud cultivando intereses en la pintura, la historia del arte y la filosofía. Sus primeras experiencias académicas, orientadas hacia las humanidades, se cruzaron con un periodo de aprendizaje práctico en artes plásticas, y esa diversidad de saberes acabó por perfilar una visión plural de la creatividad.

Un tránsito entre la medicina y el arte marcó sus primeros años de adultez: estudió medicina en una institución universitaria de Berlín, pero pronto la atracción por lo estético lo llevó a abandonar esa vía y a buscar herramientas expresivas en la Escuela de Artes y Oficios de Berlín-Charlottensburg. Paralelamente, completó una formación doctoral en Filosofía e Historia del Arte en la Universidad de Berlín, lo que fortaleció su mirada crítica sobre la historia y la producción de la cultura.

La época oscura y el movimiento artístico europeo estuvo atravesada por la creciente influencia del nacionalsocialismo; ante ese contexto, decidió partir de la región en 1936 y emprendió una itinerancia que lo llevó por diversas ciudades de Europa y el norte de África. Sus primeras etapas creativas, ensombrecidas por el clima bélico, mostraron la herencia del expresionismo alemán, con resonancias de grupos como Die Brücke y Der Blaue Reiter, cuyos impulsos repercutieron en su paleta, su manejo de la forma y su concepción de la materia.

Una vida entre ciudades y alianzas lo encontró en Tetuán, en Marruecos español, durante 1941, y al año siguiente contrajo matrimonio con Marianne Gast, mujer escritora que se convirtió en su compañera durante más de quince años. Posteriormente, la trayectoria lo llevó a Granada, en 1945, donde siguió trabajando al lado de figuras de la vanguardia; luego, en 1948, desembarcó en Santillana del Mar, país vasco de la región cantábrica, para impulsar proyectos colectivos y fundar una iniciativa que buscaba ampliar los lenguajes artísticos.

La Semilla de Altamira y la expansión de su proyecto pedagógico En Santillana del Mar emergió la Escuela de Altamira, un proyecto que nació a partir de una exposición de pintura de la comunidad local y contó con la participación de destacados creadores como Ángel Ferrant, Ricardo Gullón y Pablo Beltrán Heredia. Su objetivo era ampliar las herramientas de la representación y, bajo el lema “Todos los hombres, por fin hermanos, se convierten en artistas”, potenciaron una visión de la creación colectiva. Este esfuerzo fue reconocido por Eugenio d’Ors, quien lo integró a la Academia de las Artes de España como muestra de su labor pedagógica y de renovación de los lenguajes artísticos.

La huida de España y la llegada a México En Madrid, su crítica ante la institución y la prensa contraria a su enfoque provocó que fuese expulsado de la Academia yle fue negado el visado para permanecer en el país. Ante la imposibilidad de quedarse, encontró una oportunidad de continuar su trayectoria en México gracias a una recomendación de Alejandro Rangel Hidalgo, que llevó su nombre al arquitecto Ignacio Díaz Morales, quien trabajaba en la Escuela de Arquitectura de Guadalajara, y al rector Jorge Matute Remus, interesado en incorporar profesionales europeos. En 1949 recaló en Guadalajara, Jalisco, y comenzó a impartir el Taller de Educación Visual, un espacio para divulgar las ideas de la Bauhaus y fomentar una pedagogía de la creatividad.

El encuentro con México y la consolidación de un proyecto educativo En ese periodo conoció a dos figuras clave de la escena artística mexicana, el ingeniero Luis Barragán y el pintor Jesús Reyes Ferreira, con quienes más tarde desarrollaría proyectos de gran relevancia para la historia del arte y la arquitectura nacionales. En 1952, su trayectoria lo llevó a la Ciudad de México, donde fue contratado por la Universidad Nacional Autónoma de México para dirigir un taller de educación visual. Poco después, la Universidad Iberoamericana le encomendó crear la Escuela de Artes Plásticas y supervisó la construcción de un edificio significativo en la capital. Su presencia marcó una etapa de fortalecimiento de la plástica contemporánea mexicana y de apertura a repertorios europeos, entre los que se destacaron la exhibición de obras de Paul Klee y Henry Moore, pioneras para la época.

La mutación de su lenguaje y la dualidad de la pintura y la escultura A partir de este momento, Goeritz combinaría de forma cada vez más sostenida la pintura con la escultura, camino que lo llevó a una transición del expresionismo hacia la abstracción. Entre sus piezas tempranas que muestran esa mutación destacan La mujer de cinco caras (1950), Animales heridos (1951) y La serpiente (1953), ejemplos de un enfoque en el que la forma se desmaterializa para dar paso a un reino de significados más sugeridos que directamente definidos.

Obra y acervo

El Eco, un hito de la experiencia escultórica y arquitectónica Es imposible comprender la generación de Goeritz sin mencionar el Museo Experimental El Eco, un centro que no solo albergó obras de gran peso, sino que se convirtió en un laboratorio de experiencias plásticas. En torno a esa propuesta, la escultura La serpiente —que hoy forma parte del acervo del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México— emergió como una de las piezas más significativas de su producción. Inaugurado en 1953 por decisión de un mecenas empresario, El Eco fue concebido como una plataforma para que otros artistas vivieran experiencias bajo techos y estructuras irregulares, funcionando como galería, restaurante-bar, espacio escénico y, en la actualidad, museo universitario.

La colección de esculturas y la difusión de su visión En la colección del Museo del Juguete Antiguo México se pueden apreciar obras de Goeritz que revelan su exploración de la escultura en formatos de pequeño a mediano tamaño, fabricadas con madera y metal y acondicionadas para su exhibición en ese contexto museístico. Este conjunto de trabajos testimonia la diversidad de su exploración plástica y su interés por la materialidad de los objetos, así como su capacidad para convertir lo lúdico en una experiencia estética.

Conservación de archivo y memoria creativa Parte de su legado documental y artístico se resguarda en el Instituto Cultural Cabañas, donde su obra y documentos han sido objeto de exposición y recuperación para futuras investigaciones y muestras. Este archivo es una pieza clave para entender la evolución de su pensamiento y su método de trabajo, a la vez que sirve como puente entre generaciones de artistas y académicos interesados en la historia de la modernidad mexicana.

La arquitectura emocional

El surgimiento de un marco teórico En 1954, un año después de la inauguración de El Eco, publicó el Manifiesto de Arquitectura Emocional, un texto que situaba a la arquitectura como una forma de arte capaz de provocar respuestas afectivas en quien la habita. Goeritz postulaba que el diseño debía priorizar la claridad y la pureza formal, a la vez que las torres y los volúmenes se organizaban para privilegiar la experiencia sensorial sobre la mera función técnica.

Una experiencia espacial como pregunta permanente Este planteamiento invitaba al habitante a habitar los espacios de manera que se torciera su relación con el entorno y se expandieran las respuestas emocionales ante la percepción del color, la luz y el agua. La arquitectura emocional no era, para Goeritz, un mero contenedor, sino un actor activo de la experiencia humana que proponía una metamorfosis de lo cotidiano en algo susceptible de ir más allá de lo práctico.

La herencia de lo sagrado y lo metafísico Al mirar su obra, se aprecia un deseo de dialogar con la tradición monumental de catedrales y mezquitas, sin perder la modernidad. Para el artista, los edificios podían abrir puertas a lo metafísico, permitiendo que la experiencia humana se desmarque de lo utilitario para convertirse en una travesía de significados que se materializaban en espacios de tránsito y encuentro entre las personas.

Otras obras

La polémica y el reconocimiento Durante años, Goeritz mantuvo una relación tensa con ciertos sectores del establishment artístico mexicano, llegando a recibir críticas públicas de algunos de sus pares. A pesar de ello, su influencia se consolidó en otros escenarios institucionales: en 1957 fue nombrado director de diseño visual de la Escuela Nacional de Arquitectura y, ese mismo año, recibió encargos de alto impacto para la modernización del paisaje urbano y su simbología.

Nexo con Barragán y Reyes Ferreira En ese periodo recibió la responsabilidad de diseñar la entrada monumental para Ciudad Satélite, un proyecto desarrollado en colaboración con Luis Barragán y Jesús Reyes Ferreira, tras una etapa de investigación que incluyó un viaje a San Gimignano y a Italia. La obra, inaugurada en 1958, se convirtió en un hito de la modernización mexicana, simbolizando una apuesta de gran alcance por un urbanismo escultórico y expresivo.

Una panorámica de grandes proyectos Paralelamente, llevó a cabo la ejecución de las Torres de Temixco, en el estado de Morelos, y los vitrales para varias iglesias y recintos religiosos de la capital y su periferia, como la Catedral Metropolitana, la Catedral de Cuernavaca y la sinagoga Maguen David, además de vitrales para capillas y conventos, proyectos que renovaron el repertorio de lo sacro en un marco contemporáneo.

Tornos de la geometría y el asentamiento de una iconografía En 1967-1968 coordinó la Ruta de la Amistad, un circuito escultórico al aire libre diseñado para los Juegos Olímpicos de México 1968, que se desplegó a lo largo del Anillo Periférico y mostró la obra de artistas de distintas procedencias en un recorrido que funcionaba como museo a cielo abierto. En ese periodo también consolidó la Osa Mayor, un conjunto de columnas y torres erigido frente al Palacio de los Deportes, una pieza emblemática que convoca a la interacción entre la arquitectura, la ingeniería y la escultura.

Consolidación de un grupo y expansión de la intervención pública En 1975 fundó Cadigoguse, un colectivo con varios colegas que llevó a cabo cinco plazas escultóricas en Villahermosa, ampliando la presencia del arte en el espacio urbano y promoviendo una cultura de encuentro entre distintos creadores. Entre 1978 y 1980 llevó a cabo el Espacio Escultórico en la Universidad Nacional, un centro a partir del cual se buscó integrar el arte y la naturaleza dentro de Ciudad Universitaria, en colaboración con destacados artistas y arquitectos.

Proyectos en Israel y el desarrollo de espacios culturales En 1980 diseñó el Laboratorio de Jerusalén, conocido como Laberinto de Jerusalén, en el Centro Comunitario Alejandro y Lily Saltiel, un complejo que destaca por su fortaleza estructural y por permitir que la luz entre a través de terrazas, creando una experiencia de contemplación y descubrimiento.

Reconocimientos y fases finales En 1982 inauguró Las Torres en un campus universitario de la UNAM, y en 1988 edificó la torre de la Fundación Miguel Alemán, fortificando su presencia en la capital mexicana. En 1990 se completó Monograma AMT en Jerusalén, obra que fue terminada tras su fallecimiento, el 4 de agosto de ese mismo año. Su trayectoria dejó un hilo conductor entre la pureza del diseño y una búsqueda constante de trascender lo puramente funcional.

Perspectivas finales de su lenguaje Aunque la pintura muestra influencias del expresionismo alemán, su mayor contribución residió en la escultura y la arquitectura, donde desarrolló un estilo marcado por la claridad de la forma y la capacidad de convertir la experiencia espacial en un medio para elevar la dimensión espiritual de la sociedad.

Catálogo de obras

  • El animal (1949). Escultura situada en el Pedregal de San Ángel, en la Ciudad de México, un hito en la transmisión de su lenguaje formativo y su relación con el paisaje urbano.
  • El ángel (aprox. 1952). Obra para el vestíbulo de una residencia en Jardines del Pedregal, CDMX, que muestra su interés por la figura como punto de anclaje emocional.
  • Los amantes. Escultura situada en el hotel El Presidente, en Acapulco, que dialoga con el entorno litoral y la identidad turística de la ciudad.
  • El bailarín. Escultura móvil de carácter dinámico, concebida para interactuar con distintos espacios y perspectivas.
  • El animal herido. Otra pieza de carácter móvil que mantiene su interés por la torsión de la forma y la exploración del movimiento en el metal y la madera.
  • La mano divina. Relieve instalado en la iglesia de San Lorenzo, proponiendo una lectura matérica de lo sagrado dentro de un lugar de culto urbano.
  • Museo Experimental El Eco. Propuesta expositiva de 1953, que dio cuerpo a una de las obras más influyentes de su trayectoria y que se convirtió en un símbolo de la experiencia escénica y arquitectónica.
  • Torres de Temixco (1958). Conjunto vertical que se integra al paisaje de Morelos y subraya la combinación entre ingeniería y presencia escultórica.
  • El pájaro. Escultura ubicada en la confluencia de Arcos e Inglaterra, en Guadalajara, un hito del diálogo entre la ciudad y la forma orgánica.
  • Vitrales para la Catedral de México, la Catedral de Cuernavaca y otras iglesias y recintos de la capital, así como para la sinagoga Maguén-David y para Capuchinas en Tlalpan. Estos vitrales muestran la articulación entre tradición litúrgica y lenguaje moderno.
  • Coordinación de la Ruta de la Amistad (1967-1968). Propuesta de recorrido escultórico urbano que convirtió el paisaje metropolitano en un museo al aire libre.
  • Osa Mayor (1968). Escultura monumental en la explanada del Palacio de los Deportes, realizada con el marco de Félix Candela y concebida para interpelar al público en un espacio deportivo y cultural.
  • Torre Automex (1962). Estructura elevada en Toluca que combina función institucional y expresividad escultórica.
  • Torre de los cubos (1971). Conjunto en Torres de Mixcoac, CDMX, que formaliza la geometría en un entorno habitacional y público.
  • Murales en acero de la Torre Arco, Los Ángeles, California (1970). Intervención que extiende su lenguaje escultórico a un escenario internacional.
  • Corona del Pedregal. Intervención en el Espacio Escultórico de la UNAM, uniendo la experiencia sensorial y el diseño monumental.
  • Laberinto de Jerusalén (1978-1980). Obra en el Centro Comunitario Alejandro y Lily Saltiel, en Jerusalén, considerada por el propio autor como una de sus realizaciones más complejas.
  • Las Torres. Emblema de la FES Aragón, una intervención que refuerza la integración del arte en el ámbito universitario.
  • Energía (1982). Elemento escultórico ubicado en Chapultepec, que continúa su exploración de la relación entre forma y entorno natural.
  • Estudio de texturas, mural para la sala huichol del Museo Nacional de Antropología (en colaboración con Pedro Ramírez Vázquez). Este proyecto fusiona artes decorativas, técnica y lenguaje crítico para enriquecer la colección museográfica.

Imágenes de Mathias Goeritz