Matthijs Maris
| Nombre completo | Matthijs Maris |
|---|---|
| Descripción | Pintor neerlandés |
| Fecha de nacimiento | 17-08-1839 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 22-08-1917 |
| Nacionalidad | Reino de los Países Bajos |
| Ocupaciones | pintor, litógrafo, aguafuertista, artista gráfico |
| Grupos | Escuela de La Haya |
| Idiomas | neerlandés |
| Hermanos | Jacob Maris, Willem Maris |
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.
Matthijs Maris, también conocido como Matthijs Maris o simplemente Thijs, nació en La Haya el 17 de agosto de 1839 y falleció en Londres el 22 de agosto de 1917. Fue un artista holandés versátil: pintor, grabador y litógrafo cuya trayectoria pasado el inicio se movió entre la frialdad de la Escuela de La Haya y una sensibilidad prerrafaelita que iría tomando cuerpo con el tiempo, influido por su entorno y por las circunstancias de su vida creativa.
Matthijs Maris, también conocido como Matthijs Maris o simplemente Thijs, nació en La Haya el 17 de agosto de 1839 y falleció en Londres el 22 de agosto de 1917. Fue un artista holandés versátil: pintor, grabador y litógrafo cuya trayectoria pasado el inicio se movió entre la frialdad de la Escuela de La Haya y una sensibilidad prerrafaelita que iría tomando cuerpo con el tiempo, influido por su entorno y por las circunstancias de su vida creativa.
Vida
Desde temprana edad, Matthijs demostró una atracción profunda por las artes visuales, aunque su primer intento de ingresar en la prestigiosa Academia de Arte de La Haya fue rechazado cuando apenas contaba con una década y media de vida. A pesar de ese revés inicial, recibió orientación de un docente vinculado a la institución que le abrió otros horizontes y, un año más tarde, logró la admisión para completar su formación hasta mediados de la década de los cincuenta. En esa etapa temprana, quedó marcado por el aprendizaje en el ámbito de la pintura de marinas, que ejerció una influencia decisiva en su rumbo artístico.
La relación con Louis Meijer fue determinante: en 1854 pasó a ser discípulo del maestro especializado en paisajes marinos, y este vínculo le facilitó un subsidio real concedido por la reina Sofía. Ese apoyo económico resultó crucial para que el joven artista pudiera ampliar sus horizontes y emprender un viaje de aprendizaje fuera de las fronteras del país. Con el respaldo real, Matthijs y su hermano dieron inicio a una etapa dedicada al estudio y a la experimentación lejos de casa, estableciendo un primer taller compartido en la ciudad flamenca de Amberes.
Al regresar a La Haya en 1858, la dinámica de trabajo con su hermano Jacob quedó consolidada en un estudio común, resultado de décadas de colaboración fraterna. Durante ese periodo, los hermanos llevaron a cabo encargos significativos, entre ellos la reproducción de retratos reales que les permitieron obtener ingresos y, poco después, se trasladaron a Oosterbeek, donde se encontraron con figuras claves de la nueva corriente pictórica de la región. En ese pequeño entorno artístico compartieron vivencias y dialogaron con maestros como Anton Mauve y Gerard Bilders, así como con otros artistas que pronto serían parte esencial de la llamada Escuela de La Haya.
En 1860 emprendieron un viaje de largo alcance: recorrieron el Rin y se aventuraron por los paisajes suizos, regresando a su país a través de Francia. En Colonia observaron una exposición centrada en el arte alemán de principios del siglo XIX que dejó una impronta notable en la sensibilidad de Matthijs, intensificando la influencia romántica germana en su pintura y perfilando un giro que iría dejando huella en su lenguaje visual.
Cuando regresó a los Países Bajos, los proyectos que presentaba no siempre recibían la acogida deseada, y esa resistencia inicial sembró en él una pizca de amargura que, con el tiempo, fue moldeando su carácter artístico. En París, su hermano Jacob logró un éxito que motivó una invitación para que Matthijs se uniera a él en la capital francesa en 1869, momento en el que la colaboración entre ambos adquirió nueva energía. Sin embargo, después de la Guerra Franco-Prusiana, Jacob regresó solo a La Haya y la separación obligó a Matthijs a enfrentarse a la soledad y a la precariedad propia de muchos creadores que buscaban su lugar en un entorno competitivo.
La vida en París resultó especialmente dura para él, que, como tantos de su generación, encontró una existencia marcada por la pobreza y la necesidad de sobrevivir con encargos modestos que a duras penas le permitían continuar pintando. Su producción en esa época mostró una continuidad estilística más allá de cualquier giro radical, pero él mismo más tarde desestimó esos trabajos como panfletos de una época de penurias y de lucha por la supervivencia artística. Fue, en suma, un periodo de pruebas que forjó su carácter y su visión de lo que la pintura podía expresar cuando se conjugaba con la necesidad.
El impulso decisivo llegó cuando un comerciante de arte le propició un cambio de escenario: Londres se convirtió en su destino a partir de 1877. En la capital británica, Matthijs encontró un caldo de cultivo más propicio para su imaginación, y aquí dio forma a una serie de piezas que se apartaban de la rigidez de sus primeras etapas. Se inclinó por escenas de fábula, castillos encantados y ambientes oníricos que nimbaba con un lenguaje visual más libre y sugerente. También exploró retratos, especialmente los de niños de sus amigos, como registros íntimos de una ternura ya más velada y onírica. Entre sus obras más recordadas de este periodo se destacan retratos infantiles y composiciones de tono suave, donde las figuras parecen emerger de una bruma sutil y envolvente.
La técnica que consolidó su firma se basaba en una construcción por estratos de capas finas, con predominio de grises y marrones, aplicadas con pincel seco para lograr una sedosa veladura que simulaba la atmósfera. Este manejo le permitió crear imágenes que parecían contemplarse a través de una claridad brumosa, una cualidad que se volvió distintiva en su obra londinense y que fue apreciada por coleccionistas y críticos sensibles a lo sensorial y lírico del color aplicado con delicadeza.
En la última etapa de su vida, Matthijs Maris consolidó su vínculo con la ciudad de Londres, donde continuó trabajando con la misma dedicación que lo había acompañado durante décadas de experiencias y cambios. Su salud, afectada por una breve enfermedad, cedió finalmente ante el paso del tiempo y el artista murió el 22 de agosto de 1917, con 78 años. Su legado quedó sellado por una obra que, a lo largo de su trayectoria, logró equilibrar una herencia realista con una sensibilidad poética de marcada introspección, hallando su lugar entre las figuras centrales de la escena pictórica británica y holandesa de su tiempo.
Selección de obras
-
Día de lavar — una escena cotidiana que revela la atención al detalle y la delicadeza del trazo, con un enfoque que sugiere intimidad y quietud.
-
Novia con velo, 1887 — una composición que captura la ternura y la fragilidad del instante nupcial, envuelta en una atmósfera de gris suave y veladuras discretas.
-
Cabrera — una pieza que demuestra su interés por la figura campesina oportuna en un marco sobrio, con un manejo tonal calmado y envolvente.
-
Recuerdo de Ámsterdam (1871) — una mirada nostálgica a la ciudad, integrada por superficies suavizadas y un ritmo de pincel que difumina los contornos para enfatizar la memoria.