Vida Icónica VIDAICÓNICA

Miguel Labordeta Subías

Nombre completo Miguel Labordeta Subías
Descripción Poeta español
Fecha de nacimiento 16-07-1921
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 01-08-1969
Nacionalidad España
Ocupaciones escritor, poeta
Idiomas español
HermanosJosé Antonio Labordeta, Manuel Labordeta Subías, Luis Labordeta Subías, Donato Labordeta Subías
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Miguel Labordeta Subías nació en Zaragoza el 16 de julio de 1921 y murió en la misma ciudad el 1 de agosto de 1969. Su figura pertenece a la generación de posguerra y su obra poética irrumpió con una fuerza particular dentro de la literatura española. Su vida transcurrió entre la enseñanza, la investigación frustrada y una producción creativa que desafió las convenciones, alimentada por una mirada amplia y curiosa del mundo que lo rodeaba.

Miguel Labordeta Subías — Imagen principal

Miguel Labordeta Subías nació en Zaragoza el 16 de julio de 1921 y murió en la misma ciudad el 1 de agosto de 1969. Su figura pertenece a la generación de posguerra y su obra poética irrumpió con una fuerza particular dentro de la literatura española. Su vida transcurrió entre la enseñanza, la investigación frustrada y una producción creativa que desafió las convenciones, alimentada por una mirada amplia y curiosa del mundo que lo rodeaba.

Biografía

Hijo mayor de una familia profundamente vinculada al quehacer cultural de Zaragoza, Labordeta se formó en Historia y, durante los primeros años de su madurez literaria, escribió su primer libro de poemas entre 1946 y 1947, que vería la luz en 1948 bajo el título Sumido 25. Gran parte de aquellas composiciones surgieron mientras residía en Madrid, ciudad a la que viajó para reunir material que alimentase su tesis doctoral, tesis que nunca llevó a buen término y que, al parecer, desilusionó a su padre. En la capital ocupó el número 3 de la calle Ibiza y convivió con figuras relevantes de la literatura de la época, entre ellas Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo y Leopoldo Panero.

Durante su estancia en Madrid cultivó amistades y colaboraciones con diversos escritores, entre los que figuran Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, José Antonio Novais, Antonio Buero Vallejo, Carlos Edmundo de Ory, Francisco Nieva, Eduardo Cote y José Hierro, entre otros. Este entramado de contactos alimentó una biblioteca afectiva y un caudal de referencias que luego se verían en su propia poesía, dotando a su voz de un matiz ecléctico y atrevido.

En 1947 retornó a Zaragoza y asumió la docencia en el Colegio Santo Tomás de Aquino, institución que dirigía su padre, donde impartió Historia e Inglés. Esa etapa de su vida marcó el inicio de un permanente cruce entre la labor pedagógica y la dedicación a la escritura, dos ámbitos que se retroalimentaban y reforzaban mutuamente.

En los años siguientes continuó publicando obras audaces y originales, consolidando una poética que se desmarcaba de lo impuesto. Violento idílico apareció en 1949 y Transeúnte central en 1950, dos hitos que mostraban un lenguaje quebrado, intenso y sorprendente. Un cuarto libro, Epílica, concebido para 1951, fue censurado y no vería la luz hasta 1961, un episodio que marcó de forma decisiva su relación con la censura y la realidad cultural de la época.

La sed de innovación lo llevó a impulsar proyectos colectivos, con la voluntad de agitar el panorama literario local. Junto a Manuel Pinillos, dio forma a la Tertulia del Niké, un espacio de encuentro que recibió a voces emergentes y consagradas por igual. Los primeros componentes incluyeron a Julio Antonio Gómez, Raimundo Salas y Guillermo Gúdel, y la nómina fue creciendo con el paso de los años.

Con el tiempo la tertulia se convirtió en un motor de intercambio y, hacia mediados de los sesenta, dio paso a una diáspora de voces. La muerte de Labordeta en 1969 coincidió con el cierre de aquel café y dio fin a una época de efervescencia, pero dejó una memoria viva entre quienes habían bebido de su ilusión creativa y de la atmósfera que organizaban.

Del movimiento nacieron iniciativas editoriales y revistas que dinamizaron la escena aragonesa. A través de la red de la Niké surgieron sellos como Coso Aragonés del Ingenio y Javalambre, junto con publicaciones periódicas como Orejudín, Despacho Literario, Poemas y Papageno. También se gestaron colecciones de poesía que abonaron el terreno para la difusión de las voces jóvenes y consolidaron un archivo común de experimentación literaria.

En la tertulia del Niké, Labordeta actuaba como anfitrión de la Oficina Poética Internacional (OPI), una idea literaria que cobró vida en torno a las reuniones, las pipas y los brindis, y que se convirtió en una insignia de la actividad del grupo. Los actos y ceremonias, con diplomas y carnets simbólicos, quedaron en la memoria como una iconografía peculiar de aquella época. Tras su fallecimiento, su amigo Julio Antonio Gómez Fraile creó la colección Fuendetodos de la editorial Javalambre, que inauguró con la edición del último libro del poeta, Los soliloquios, y, en 1972, reunió en esas mismas páginas sus Obras completas.

Dirigió la revista Despacho literario, y entre sus colaboradores más cercanos destacó Antonio Fernández Molina. En el terreno teatral, Labordeta estrenó Oficina de horizonte, proyecto escenográfico de Agustín Ibarrola, que más tarde fue adaptado para la televisión por el zaragozano Antonio Artero. Estas apuestas artísticas evidenciaron la amplitud de su experiencia cultural y su deseo de llevar la poesía a distintos soportes y públicos.

Trayectoria literaria

La voz de Labordeta emergía dentro de un marco surrealista y expresivo, capaz de combinar un lenguaje audaz con un registro extenso que oscilaba entre lo coloquial y lo visionario. Sus primeros tres poemarios—Sumido 25, Violento idílico y Transeúnte central—fueron ejercitados en la juventud, cuando apenas había cumplido treinta años, y muestran una honda influencia de lo barroco y lo romántico que persiste en su aproximación al mundo. En 1950 él mismo describió su poesía como un proceso catártico, una experiencia de entrega total a la verdad de su mirada.

Con el paso de los años la escritura se habría de volver más contenida, sin perder su identidad. Así se advierte en la etapa de madurez con Los soliloquios (1969) y, de forma póstuma, Autopía (1972), obras que marcaban una transición hacia una expresión más sobria y desnuda. Paralelamente cultivó el teatro y dio vida a proyectos como Oficina de Horizonte, que inauguró una vía de experimentación entre escena y radio, y que también dejó su huella en la memoria colectiva.

Su labor pedagógica se convirtió en un eje de extensión cultural, pues asumió la dirección del Colegio Santo Tomás a partir de 1954 tras la muerte de su padre, y desde allí tejió una red de iniciativas que conectó la labor educativa con la tertulia Niké y las revistas de su tiempo. De aquella atmósfera nacieron revistas y editoriales vinculadas a la Oficina Poética Internacional, como Orejudín, Papageno, El Coso Aragonés del Ingenio y Despacho Literario, que alimentaron una corriente de renovación poética y cultural en la ciudad.

La impronta de Labordeta se asocia con una visión amorosa y desgarrada a la vez, ya que su poesía concilia el desamor con una necesidad de liberarlo a través del amor. Su estilo se caracteriza por el verso libre, la sintaxis poco convencional y una sucesión de imágenes sorprendentemente conectadas, rasgos que lo sitúan en la órbita del surrealismo, sin perder una fuerte emocionalidad que atraviesa toda su producción.

Las ediciones posteriores consolidaron su legado. Las Obras completas se publicaron en 1972, con reediciones en años siguientes que ampliaron el corpus y recogieron textos inéditos. En 1983 se reeditó con una nueva selección poética y, más tarde, en 1994, la revista Rolde dedicó un monográfico al poeta. En 2010, Turia dedicó un número íntegro a su figura, con un conjunto de estudios críticos amplios y variados.

La relación con las artes visuales acompañó su obra, ya que numerosos libros fueron ilustrados por artistas como Santiago Lagunas, Agustín Ibarrola, Antonio Mingote, Natalio Bayo, Manuel Viola, José Orús, Salvador Victoria o Antonio Saura. En 2004 apareció una biografía exhaustiva, Miguel Labordeta. Poeta violento idílico (1921-1969), de Antonio Ibáñez, publicada por la Biblioteca Aragonesa de Cultura y coordinada por Eloy Fernández Clemente, que rescata la vida y la obra del poeta en una síntesis narrativa y crítica.

Obras

Poesía

  • 1948: Sumido 25. Impresión realizada por la imprenta del Heraldo de Aragón, con la portada diseñada por Mingote.
  • 1949: Violento idílico. Edición en Madrid dentro de la colección Cuadernos de Poesía, n.º 8, impulsada por Tomás Seral y Casas.
  • 1950: Transeúnte central. Publicación de la colección Norte, desde Escelicer, con la gestión de Gabriel Celaya.
  • 1960: Memorándum. Poética Autología. Serie Orejudín, n.º 5, de Zaragoza.
  • 1961: Epilírica. Publicación en Bilbao por la editorial Alrededor de la Mesa (Comunidad Poética).
  • 1967: Punto y aparte. Madrid, Ciencia Nueva (colección El Bardo, n.º 34).
  • 1969: Los soliloquios. Zaragoza, Javalambre (colección Fuendetodos, n.º 1).
  • 1972a: Obras completas. Prólogo de Ricardo Senabre, retrato de José Antonio Labordeta y Claves circulares de Rosendo Tello, Zaragoza, Javalambre (colección Fuendetodos, n.º 11).
  • 1972b: Autopía. Edición y prólogo de Rosendo Tello, Barcelona, El Bardo (Colección Poesía, n.º 88).
  • 1975: La escasa merienda de los tigres y otros poemas. Edición de Pedro Vergés, Barcelona, Barral (Colección Ocnos, n.º 50).
  • 1981: Epilírica (Los nueve en punto). Prólogo de Clemente Alonso Crespo, Barcelona, Lumen (Colección Poesía, n.º 42).
  • 1983a: Metalírica. Edición y prólogo de Antonio Fernández Molina, Madrid, Hiperión (Colección Poesía, n.º 53).
  • 1983b: Obra completa. Edición de Clemente Alonso Crespo, presentación de José Manuel Blecua, 3 volúmenes, Barcelona, Los Libros de la Frontera (Colección de Poesía El Bardo, n.º 10-12).
  • 1994: Abisal Cáncer. Prólogo y edición de Clemente Alonso Crespo, Olifante.
  • 2015: Obra publicada. Edición de Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña Sagredo, Prensas Universitarias de Zaragoza (Colección Larumbe, n.º 84).

Teatro

  • 1949: Exactamente perdido (poemoide radiofónico). Lectura en Radio Zaragoza por el poeta el 7 de enero de 1949 (19:30), dedicado a Gabriel Celaya y a José Antonio Novais.
  • 1955: Oficina de horizonte.