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Paloma San Basilio

Nombre completo Paloma Cecilia San Basilio Martínez
Nombre nativo Paloma San Basilio
Descripción Cantante española
Fecha de nacimiento 22-11-1950
Lugar de nacimiento
Nacionalidad España
Ocupaciones cantante, actor, compositor de canciones
Géneros pop
Idiomas español
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Paloma Cecilia San Basilio Martínez nació en la capital de España el 22 de noviembre de 1950 y, a lo largo de una trayectoria multifacética, encarnó la figura de intérprete, actriz, pintora y escritora. Su ascenso se consolidó gracias a una voz singular y a una presencia escénica que trascendió fronteras, dejando huella como ganadora de un premio Grammy Latino y como representante de España en un destacado escaparate internacional de la canción. Su legado abarca desde el pop y la copla hasta el musical, y se extiende a la narrativa y a la pintura, en un recorrido marcado por la versatilidad y la constancia.

Paloma San Basilio — Imagen principal

Paloma Cecilia San Basilio Martínez nació en la capital de España el 22 de noviembre de 1950 y, a lo largo de una trayectoria multifacética, encarnó la figura de intérprete, actriz, pintora y escritora. Su ascenso se consolidó gracias a una voz singular y a una presencia escénica que trascendió fronteras, dejando huella como ganadora de un premio Grammy Latino y como representante de España en un destacado escaparate internacional de la canción. Su legado abarca desde el pop y la copla hasta el musical, y se extiende a la narrativa y a la pintura, en un recorrido marcado por la versatilidad y la constancia.

Vida personal

En los primeros años de la década de los setenta contrajo matrimonio con un atleta de alto rendimiento, con quien tuvo una hija llamada Ivana Vanessa. El vínculo matrimonial no tardó en desvanecerse, y la pareja se separó poco después. En épocas posteriores, la artista inició una relación de larga duración con un empresario, con quien ha compartido más de treinta años de historia. A lo largo de su vida, Paloma ha hecho de la discreción un rasgo distintivo; rara vez comenta aspectos íntimos, y esa actitud le ha valido el reconocimiento de la prensa, que la trata con una notable deferencia. Un ejemplo de esa relación respetuosa quedó reflejado en la entrega de un galardón concedido por la prensa a personajes que habían sabido tratarla con consideración.

Carrera

Biografías y experiencias infantiles de Paloma la sitúan entre Madrid, Sevilla y Lugo, ciudades que dieron forma a su mirada artística. Sus estudios iniciales combinaron filosofía, letras y psicología en la Universidad Complutense de Madrid, preparándola para una carrera que combinaría el alma musical con el lenguaje escénico. La vocación artística se afianzó en los años posteriores, cuando decidió dar inicio a su trayectoria profesional en 1975, combinando grabaciones, lírica y actuación.

Inicios

Durante la década de los setenta, Paloma ejerció como presentadora de un programa televisivo emblemático y, paralelamente, se convirtió en intérprete de zarzuela dentro de un espectáculo de humor musical. En 1975 lanzó su primer larga duración, un disco que obtuvo resonancia internacional y contenía versiones de clásicos y temas propios. Su siguiente producción, aparecida en 1977, mostró una mayor propulsión rítmica y contó con colaboraciones destacadas; aquel álbum incluyó una balada que se convertiría en una seña de identidad y que llegó a ser preseleccionada para un concurso europeo. Sus influencias abarcaron desde figuras de la música anglosajona hasta intérpretes de la cultura hispana que había conocido durante su estancia en el sur de España. Estas experiencias la convirtieron en una artista versátil capaz de transitar entre estilos con fluidez.

El año 1978 marcó un hito en su discografía con un álbum grabado en vivo en un escenario madrileño, que incorporó versiones de canciones icónicas interpretadas por grandes cantantes internacionales. En ediciones posteriores, se ajustaron ciertos detalles de la grabación para alinear la experiencia sonora entre formato de vinilo y casete. Paralelamente, se editó una versión para mercados latinoamericanos que recogía tanto creaciones propias como adaptaciones de temas célebres. Entre sus temas destacaba una composición que, durante años, se consolidó como una de las más reproducidas en radio y televisión.

La amplitud de su repertorio quedó patente al diseñar una edición que reunía canciones de su propia autoría y versiones de obras ajenas, con una sensibilidad que respondía a una demanda internacional y, a la vez, a los gustos de los públicos hispanoamericanos. Este periodo mostró la habilidad de Paloma para manejar con destreza distintos registros sonoros y para hacerse presente tanto en festivales como en la escena musical de los países de habla hispana.

La figura de Paloma como intérprete se consolidó gracias a una búsqueda de identidad que cruzaba fronteras y que no se encajaba en etiquetas precisas. Su dominio de las baladas y su acercamiento a ritmos más vivos reafirmaron su posición como una cantante capaz de liderar proyectos con un enfoque cinematográfico en la puesta en escena.

En una remozada edición de sus primeros trabajos se observó una clara evolución en la sonoridad, que ya anticipaba los cambios que marcarían la década siguiente. Su repertorio continuó expandiéndose, y su nombre se convirtió en un referente para quienes buscaban una voz elegante y una interpretación con personalidad.

Evita y Eurovisión

En diciembre de 1980 debutó en un musical que se convertiría en uno de los pilares de su trayectoria interpretativa, recorriendo ciudades de gran peso cultural y alcanzando una notoriedad internacional. La figura de Eva Perón, imbuida de un carisma intenso y de una entrega vocal poderosa, proyectó a Paloma hacia un estatus de referencia en el ámbito musical teatral. Sus presentaciones en escenarios de ciudades como Madrid, Barcelona y diversos países de la región reforzaron la percepción de que era una artista capaz de sostener una producción de gran magnitud. La crítica elogió la calidez y el entusiasmo con los que abordaba el personaje, y el propio autor de la obra destacó su impacto en la construcción del rol. El montaje fue registrado en formato doble de estudio y también en una edición reducida para distribución más amplia. La experiencia de Evita fue, para Paloma, un punto de inflexión que consolidó su gusto por las producciones escénicas de gran formato y por el cruce entre la música y el teatro.

Durante ese periodo, Paloma recibió la oportunidad de ampliar su alcance con una propuesta de cuatro discos donde volvía a explorar su voz, enfrentando nuevos retos en el estudio y en el escenario. En particular, aquel periodo dio lugar a una serie de grabaciones en las que interpretaban versiones de clásicos y nuevos temas que resonaron con el público. El aprendizaje de aquella etapa se reflejó en su manera de integrar el humor, la teatralidad y la musicalidad en conciertos que pretendían ser memorables.

En el ámbito internacional, la artista participó activamente en el Festival de Eurovisión de 1985, donde llevó al escenario la canción La fiesta terminó, obra compuesta por un prestigioso productor. Aunque la clasificación final no fue la más destacada, la interpretación dejó una impresión duradera en la crítica y en el público, que la acompañó con gran entusiasmo. Sus previas y posteriores versiones de canciones consagradas se incorporaron a su repertorio, reforzando su capacidad para hacer propias composiciones ajenas con un timbre muy característico. En palabras de algunos admiradores, aquel año reveló una faceta más teatral y expresiva que enriquecía su figura artística.

El fenómeno Evita continuó con el lanzamiento simultáneo de dos discos de estudio; uno de ellos incluía una colección de temas icónicos de su repertorio, mientras que el otro ofrecía canciones nuevas que consolidaban su presencia en el mundo musical hispano. Entre los títulos que definieron esa etapa figuraban composiciones que aún hoy se recuerdan por su intensidad emocional y por la manera en que la voz de Paloma llevó cada frase a un plano de cercanía con el oyente. En paralelo, la gira de la artista atravesó América y Europa, con paradas en ciudades que iban desde la Península Ibérica a mercados latinoamericanos, dejando una cadena de actuaciones recordadas por su entrega, su vestuario y el diseño escénico.

La crítica musical elogió su interpretación de temas emblemáticos y la presencia de su voz en momentos clave de la historia reciente del musical. En el periodo posterior, surgió la posibilidad de portar la película de la obra al cine, y Paloma figuró entre las candidatas más fuertes para protagonizar el proyecto. Aunque aquello no se concretó, la relación entre Paloma y Evita quedó anclada en su imagen pública, asociando a la artista con uno de los personajes más emblemáticos de la cultura popular.

Evita se mantuvo en cartel durante dos años, período en el que Paloma presentó dos álbumes de estudio y consolidó su perfil como intérprete capaz de afrontar piezas de gran envergadura. El disco Ahora, publicado en 1981, intensificó su popularidad gracias a canciones que iban desde baladas sentimentales a temas vinculados a la escena teatral. Entre los sencillos que definieron ese momento figuran canciones centrales de la banda sonora del musical y piezas que difundían una imaginería poética de su voz. Este proyecto recibió una atención especial de la fotografía, con una sesión destacada por un fotógrafo reconocido. En la continuación de su discografía, el álbum Dama, lanzado en 1983, mostró una madurez en la elección de temas y en la experimentación rítmica, con cortes que combinaron firmeza y dulzura en la interpretación.

Tras una gira amplia por América Latina, la artista presentó Paloma, un trabajo que ya apuntaba a una estética marcada por el uso de sintetizadores y de herramientas sonoras propias de aquella época, sin perder la intensidad emocional de sus interpretaciones. En ese periodo, se coautoría varias composiciones que luego serían parte de su repertorio en años venideros, revelando una faceta de creadora más allá de la interpretación.

Con los años, la notoriedad de Paloma dejó de centrarse únicamente en la voz para convertirse en un referente escénico que podía encarnar con solvencia personajes de diversa índole, desde musicales clásicos hasta piezas contemporáneas. La crítica comenzó a percibirla como una artista cercana a su público, en contraste con etiquetas previas que la emparentaban con un registro más rígido o distante. Su energía en escena y su afinación emocional permitieron que el público se identificara con su interpretación, generando una fidelidad que la acompañaría a lo largo de su carrera.

En el año 1985, la participación en un festival de gran proyección internacional consolidó esa imagen nueva, marcando un antes y un después en la narrativa de su trayectoria artística. A pesar de no lograr un desempeño excepcional en la clasificación, el suceso mostró su capacidad para sostener un espectáculo de alto nivel, con un enfoque escénico que integraba teatro, música y emotividad.

1990-2000

Para conmemorar un cuarto de siglo de su trayectoria, llevó a la industria dos proyectos discográficos simultáneos: uno orientado a su público latino y otro dirigido al mercado español. Aquella producción conjunta incluía colaboraciones y un tema emblemático para cada región, además de una versión de un himno popular que acompañaba el homenaje a la trayectoria de la cantante. En el mismo periodo, un recital conjunto con una destacada figura de la lírica, grabado para su difusión, se convirtió en un hito de ventas. Esta etapa resultó particularmente satisfactoria para Paloma, que aseguró espacios de expresión tanto en vivo como en formato audiovisual.

El encuentro artístico con Plácido Domingo, celebrado en una ciudad de Florida, se convirtió en una experiencia histórica para la artista, recogida en formato de video y vinilo y vendida en múltiples territorios. Paloma describe ese recital como una de las experiencias más maravillosas de su vida, pues se aventuró a interpretar fragmentos de zarzuela junto a canciones de gran resonancia popular. Su repertorio abarcó piezas del ámbito operístico, obras contemporáneas y temas de la canción popular de distintos países, demostrando su capacidad de diálogo con distintos universos musicales.

A partir de ese periodo, su discografía continuó ganando terreno con trabajos que mezclaban la emoción de lo íntimo con la potencia de lo teatral, y que, a la vez, se apoyaban en una identidad creativa que ya estaba bien consolidada. En De mil amores apareció una colección de canciones que mostraban su capacidad para reinterpretar historias de amor desde una mirada personal, mientras que Paloma mediterránea reunía textos inspirados en la mar y en el paisaje mediterráneo, con referencias a la poesía de Serrat y otras voces afines. El álbum Concierto de Aranjuez y otras piezas de repertorio clásico aportaron una dimensión distinta a su discografía, ampliando su abanico de públicos.

El uso de influencias de distintas procedencias convirtió a Paloma en una intérprete que sabía dialogar con autores y estilos muy diversos, sin perder la identidad de su voz. En este periodo, además, llevó a cabo apariciones en festivales de la canción y participó en proyectos televisivos que reforzaron su papel como figura polifacética, capaz de brillar tanto sobre el escenario como en la pantalla.

En 1997 lanzó un programa doble de producción clásica y contemporánea, orientado a la exploración de música sacra y de piezas de autoría reciente, al tiempo que retomó una experiencia teatral histórica junto a un célebre artista de larga trayectoria. Aquella puesta en escena batió récords de taquilla y dejó constancia de la afinidad de Paloma con proyectos que conjugaban emoción y espectáculo, además de su habilidad para atraer a audiencias diversas.

La década cerró con una nueva colección de canciones en la que se combinaron versiones de temas anglosajones con composiciones propias y colaboraciones de renombre. El proyecto incluyó una versión danesa de un homónimo tema y otra dedicada a un clásico mediterráneo, mostrando su enorme deseo de explorar lenguajes musicales distintos y de ampliar su repertorio de fronteras.

En 1999 presentó Perlas, un disco que se nutría de revisiones de canciones universales trasladadas al español y que dio la oportunidad a Ivana Vanessa, su hija, de participar en un dúo que conectaba generaciones y mostraba la complicidad entre ambas voces. Este lanzamiento fue clave para la exploración de nuevos timbres y para la apertura de un diálogo musical entre distintas edades y experiencias.

2000-2010

El año 2000 marcó un giro en lo empresarial: tras abandonar su sello de larga data, firmó con otra compañía y dio a conocer un disco de boleros producido por un reconocido arreglista de la escena mexicana. La pieza dio un giro a su sonido hacia una atmósfera más intimista, con arreglos que realzaban la calidez de la voz. Entre las canciones destacadas figuró la versión en español de un tema célebre del repertorio pop americano, junto con una selección de baladas que homenajeaban a compositores de varias tradiciones. ese año volvió al escenario teatral para protagonizar una versión de un emblemático musical americano, repitiendo la experiencia de la colaboración con un intérprete que ya había trabajado con ella en proyectos anteriores.

La producción teatral de esa época obtuvo elogios y logró una extensa temporada en un espacio madrileño de gran prestigio, consolidando a Paloma como la «reina del musical» para muchos críticos y fans. Estuvo acompañada de un elenco que incluía a célebres colegas del ámbito escénico y registró la función para su posterior distribución en formato de disco. En años siguientes, publicó álbumes centrados en grandes éxitos de musicales y realizó una síntesis de repertorio con nuevas versiones y colaboraciones, ampliando su presencia en el mercado internacional sin perder el foco en su público de España.

Entre sus proyectos de ese periodo también se cuentan intentos de adaptar su voz a nuevos productores, así como la incursión en un volumen discográfico que reunía piezas de teatro musical y temas de ópera en una misma colección. Aunque la experiencia no dio frutos en todos los frentes, dejó constancia de su interés por la hibridación entre géneros y de su constante búsqueda de nuevas fórmulas expresivas.

En 2005 abrió una nueva página de su carrera con un musical que reunió su talento para la interpretación de personajes complejos y la agilidad para moverse entre lo cómico y lo emotivo. La crítica recibió el proyecto con admiración, y la puesta en escena consiguió llenar escenarios emblemáticos de la ciudad. Poco después, recibió un reconocimiento a la excelencia musical en una ceremonia celebrada en la Gran Manzana, que subrayó su impacto en el panorama de la música hispana.

Paralelamente, el estudio de su voz y su exploración de nuevos formatos llevaron a que, en 2006, publicara un álbum en clave intimista que transitaba por el mundo del jazz suave y de arreglos minimalistas. La labor de composición se vio ampliada por la presencia de piezas de reconocidos creadores y por una dedicación especial a la interpretación de un tema de un compositor famoso, cuyos derechos cedió para su grabación. Este trabajo mostró una Paloma más reflexiva y vulnerable, sin perder la claridad de un timbre inequívoco.

La gira de aquel disco se prolongó durante varios meses, con un despliegue escénico que incluyó vestuario, escenografía y luces trabajadas para convertir cada actuación en una experiencia completa. En paralelo, siguió explorando el formato de recitales a través de proyectos que combinaban canciones de su repertorio con piezas de otros autores, siempre con un aire íntimo y una dedicación al detalle técnico.

En 2008, la gira Encantados llevó a Paloma a un formato de orquesta ampliada, con más de sesenta músicos y la dirección de un conductor destacado; el repertorio abarcó desde íconos operísticos hasta la canción de cine y teatro musical, dejando constancia de su capacidad para sostener una experiencia orquestal sin perder el sello personal. Se editó un registro visual y fonográfico que capturó los mejores momentos de esa etapa. En Latinoamérica se lanzó una versión del proyecto sin el material audiovisual, adaptando la selección a los gustos locales y la disponibilidad de formatos.

Hacia la tercera década del siglo, sus giras se orientaron hacia un formato más desnudo, PSB, que prescindía de grandes arreglos y apostaba por un piano, un saxofón y un bajo para acompañar su voz, en un recorrido por provincias y ciudades de América Latina y la península ibérica. Este enfoque mostró a Paloma en su versión más intangible y poderosa, centrada en la teatralidad de la interpretación y en la conexión directa con el público.

De 2010 en adelante

En 2010 participó en la creación de la cortina musical para una telenovela argentina, una pieza que consolidó su vínculo con la televisión y ampliaba su presencia en el mercado de habla hispana. En 2012 apareció Amolap, un título que es un juego tipográfico con su nombre y que dio lugar a una apertura hacia la electrónica y al mismo tiempo a la revisión de repertorios. Su primer sencillo, Yo quiero volar, marcó una línea más íntima y contemporánea, y el disco incluía además nuevas versiones de canciones que ya formaban parte de su historia, junto con colaboraciones y arreglos modernos. En esta etapa, su enfoque técnico y creativo demostró una renovación sostenida y una capacidad para dialogar con públicos jóvenes sin perder la personalidad que la caracteriza.

En junio de ese año, retomó una producción teatral clásica que había dejado en suspenso años atrás y la llevó a distintas ciudades españolas, dejando constancia de su compromiso con el teatro musical y con la difusión de clásicos en un formato contemporáneo. En 2014, subió al escenario del Real de Madrid para presentar un recital histórico que fusionó música ligera con piezas de otros géneros, destacando una selección de temas de musicales y cerrando la noche con una ronda de una canción que se ha convertido en un símbolo para su público. El mismo año, volvió a un festival de renombre en Viña del Mar, donde obtuvo el reconocimiento del público y recibió múltiples galardones que reflejaron la cercanía de su voz con el espectador.

Ya en la década de los veinte, inició un proyecto literario con una memoria que traza su infancia y juventud, seguido por una novela en la que entrelaza ficción y realidad para explorar historias de la memoria compartida. Anclada a su figura de artista, también colaboró como autora invitada en columnas de un diario de gran tirada, aportando visiones y reflexiones sobre el mundo artístico. Paralelamente, retomó la pintura y llevó a cabo muestras que subrayaron su interés por las artes plásticas como extensión de su narrativa escénica.

En Mérida, en el año 2016, llevó a escena un musical inspirado en la figura de una mujer que representa la creatividad como una fuerza liberadora, entre fragmentos de títulos míticos de musicales conocidos mundialmente. Esa propuesta mostró la continuidad de su vocación por contar historias a través de voces y gestos, en un marco que entrelaza el cine, la escena y la música. También dio muestras de colaboración con coros y agrupaciones juveniles para proyectos que combinan vocación educativa y expresión artística, reforzando su compromiso con nuevas generaciones.

En años siguientes, anunció públicamente su participación en un nuevo musical de renombre internacional, bajo la dirección de un reputado cineasta teatral, con un elenco de destacados intérpretes y con un programa de funciones limitado pero de alto impacto. Aunque el montaje exigiría un despliegue logístico complejo, la noticia generó gran expectativa entre sus admiradores y la prensa especializada. El proyecto prometía una puesta en escena de gran alcance, que habría de recorrer salas importantes y acercar a Paloma a audiencias diversas.

En el cierre de este periodo, informó de una serie de actuaciones con un formato íntimo y experimental, que combinaría su repertorio con composiciones propias y ajenas, y que tendría como objetivo celebrar sus cincuenta años en la música a través de colaboraciones con otros artistas. Este plan se enmarcó en una gira internacional que pretendía recorrer América y España, sumando conciertos y encuentros con público en distintas ciudades. En 2023 participó en una emisión televisiva de reconocimiento a talentos especiales, y al mismo tiempo se confirmó una nueva iniciativa musical pensada para conmemorar su medio siglo de trayectoria. Su visión para el futuro continuó alimentando proyectos como un monólogo musical-teatral, que sería escrito y dirigido por un director invitado, y que prometía una experiencia escénica singular. En 2025 anunció su retirada definitiva de los escenarios tras una gira de cierre, con dos conciertos en un festival de gran renombre en Madrid, donde planeaba agradecer a su gente y a su público el camino compartido a lo largo de tantos años.

Discografía

Álbumes de estudio

  • Sombras (Feelings) (1975)
  • Dónde vas… (1977)
  • Beso a Beso… Dulcemente (1979)
  • Ahora (1981)
  • Dama (1983)
  • Paloma (1984)
  • La Fiesta Terminó (1985)
  • Vuela Alto (1986)
  • Grande (1987)
  • Vida (1988)
  • Quiéreme Siempre (1990)
  • Nadie Como Tú (1990)
  • De Mil Amores (1991)
  • Mediterránea (1992)
  • Al Este del Edén (1994)
  • Clásicamente Tuya (1997)
  • Perlas (1999)
  • Escorpio (2001)
  • Invierno Sur (2006)
  • Amolap (2012)
  • Voces Para El Alma (2015)
  • Mas Cerca (2019)

Álbumes colaborativos

  • Plácido Paloma Por Fin Juntos! (En Vivo) (Con Plácido Domingo)
  • Encantados (Con Luis Cobos)

Álbumes en directo

  • En Directo (1978)
  • En Vivo (1985)
  • Como Un Sueño: 20 Años Con La Música (1995)

Trabajos literarios

  • La niña que bailaba bajo la lluvia, Madrid, Aguilar, 2014, 464 pp.
  • El océano de la memoria, Barcelona, Suma de Letras, 2016, 499 pp.
  • Uxoa, el secreto del valle, Madrid, HarperCollins, 2025, 384 pp.