Pedro Manuel de Urrea
| Nombre completo | Pedro Manuel Ximénez de Urrea y Fernández de Híjar |
|---|---|
| Descripción | Poeta español, Señor de Trasmoz |
| Fecha de nacimiento | 30-11-1484 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 10-10-1524 |
| Nacionalidad | Reino de Aragón |
| Ocupaciones | escritor, poeta |
| Géneros | poesía |
| Idiomas | castellano medieval |
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Pedro Manuel Ximénez de Urrea nació en Épila, pequeña villa de la provincia de Zaragoza, en 1485, y marchó de este mundo el 10 de octubre de 1524. Su vida transcurrió bajo la mirada de la nobleza aragonesa: fue señor de Trasmoz y figura destacada del Renacimiento español, no solo por su labor de poeta y dramaturgo, sino también por su prosa. Su formación se gestó en un entorno familiar ligado a la corte, a la milicia y a la cultura, y su obra refleja esa curiosidad polymorfa que definió la transición entre la Edad Media y el mundo renacido.
Pedro Manuel Ximénez de Urrea nació en Épila, pequeña villa de la provincia de Zaragoza, en 1485, y marchó de este mundo el 10 de octubre de 1524. Su vida transcurrió bajo la mirada de la nobleza aragonesa: fue señor de Trasmoz y figura destacada del Renacimiento español, no solo por su labor de poeta y dramaturgo, sino también por su prosa. Su formación se gestó en un entorno familiar ligado a la corte, a la milicia y a la cultura, y su obra refleja esa curiosidad polymorfa que definió la transición entre la Edad Media y el mundo renacido.
Biografía
Aragonés de origen, Pedro Manuel creció como segundo hijo del primer conde de Aranda, Lope Ximénez de Urrea y Centellas. Su padre acompañó al monarca en conflictos en Cataluña, experiencia que le valió un reconocimiento regio y la dignidad de un título real. Su madre, Catalina de Híjar y Beaumont, pertenecía a la casa ducal de Híjar y tenía lazos con la realeza navarra, lo que alimentó la educación cosmopolita y la sensibilidad cortesana que más tarde caracterizarían al joven nobles.
Las fuentes que conocemos para reconstruir su trayectoria provienen de la documentación notarial conservada a raíz de su condición de señor de Trasmoz y, sobre todo, de la voz contenida en sus propios versos y, con más peso, en su obra autobiográfica más notable, la Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago. Este texto fue redescubierto en tiempos recientes por el historiador Enrique Galé, quien publicó su transcripción y un estudio crítico en la Institución Fernando el Católico.
En la infancia y juventud, Pedro Manuel recibió la educación que marcaría su acercamiento a la literatura y a la vida cortesana. Reunía influencias humanistas y convivía con ambientes donde se respiraba el aprendizaje de grandes maestros; parte de su formación se desarrolló en los castillos de Almonacid de la Sierra y de Jarque, junto a su madre, antes de que la fortuna familiar lo condujera hacia Trasmoz y sus responsabilidades señoriales.
La herencia y las disputas familiares jugaron un papel decisivo en su vida. Al fallecer su padre, el titular del condado de Aranda dejó a su heredero la autoridad sobre los señoríos, lo que desató un pulso entre Pedro Manuel y su hermano mayor, Miguel Ximénez de Urrea, por el control de Trasmoz. En esa contienda, la madre intervino a favor de su hijo menor, y la pugna por el linaje llevó a que el joven abandonara su villa natal para establecerse en el castillo de Trasmoz, lugar desde el cual enfrentaría sucesivas pruebas de legitimidad, herencia y concordia familiar. En la atmósfera de esas luchas se forjó gran parte de la temática de su poesía, que defendería siempre la memoria de su progenitora y la unidad de la familia.
Guerra de bandos con los Luna
El estallido de tensiones en 1512 encendió un serio conflicto civil entre dos grandes linajes del reino de Aragón, en un momento en que Fernando II maniobraba para asegurar Navarra. Las desavenencias comenzaron por disputas entre Trasmoz y el Monasterio de Veruela, dependiente de la defensa de Añón de Moncayo, y el castellano de Amposta, protector de Veruela, cuyo poder era rival del de la casa de Luna. En ese marco, Pedro Manuel se vio obligado a recurrir a su hermano para canalizar la controversia hacia el valle del Jalón. El enfrentamiento entre las huestes de Aranda y las de Urrea fue intenso y dejó ver la profundidad de las alianzas entre linajes en la Corona de Aragón.
Acusaciones, alianzas y alcance El conflicto se amplificó con el involucramiento de señores y prelados de distintas regiones. La alianza de los arandinos con figuras como Luis de Híjar, conde de Belchite, y Juan de Lanuza, así como la adhesión de justicia de Aragón, contrastó con el apoyo de los Urrea por parte de Francisco de Luna, señor de Ricla, y de Juan de Aragón, arzobispo de Zaragoza. La violencia se internacionalizó en la medida en que la parte valenciana de la familia Urrea, encabezada por el conde de Oliva, entró por Teruel con sus tropas. La tensión llevó a que las cortes regionales discutieran el conflicto en Monzón, sin que la Diputación del Reino pudiera contenerla. En esa atmósfera de empuje y contención, cada bando procuró respaldos entre la nobleza y la alta magistratura.
El cierre del episodio La situación escaló al punto de que la Corona intervino para buscar una solución. En 1513 Fernando II impuso un arreglo que contempló el destierro de Juan de Aragón a Tudela y el de Pedro de Urrea a Alagón, además de conceder clemencia a la rama valenciana de los Urrea por su ingreso sin permiso al reino. Con ello se buscó desactivar la guerra civil y restablecer la armonía entre las familias, al menos en la práctica de las políticas dinásticas y la vida cotidiana de Aragón.
Matrimonio y descendencia
En 1505 contrajo matrimonio con doña María de Sessé, cuyo linaje deriva de Manuel, bayle general de Aragón, y de doña Blanca de Agramonte, dama de cámara de la reina Isabel I. De aquella unión nacieron varios hijos que continuaron la estirpe:
- Manuel (año 1510–1581), heredero de Trasmoz, casado con su pariente Ana Ximénez de Urrea; la unión buscó sellar alianzas entre ramas afines, aunque no dejó descendencia legítima que continuara la línea.
- Pedro (1510–1536), hijo masculino de la pareja.
- Miguel (1510–1597), señor de Trasmoz, casado con Francisca Ángela Romeu; la pareja tuvo dos hijas, entre ellas Ana de Urrea, vinculada a la casa Zapata, que a su vez estuvo emparentada con otras familias aragonesas.
- Juan (1510–1524), otro hijo varón de la estirpe.
- Lope (1510–1562), señor de Trasmoz, casado con Martina de Mur y Claver; no dejó descendencia legítima, aunque sí asinó descendencia ilegítima, gestionada por un hijo llamado Luis, fruto de su unión con Isabel de Torrellas. Luis contrajo matrimonio con Manuela Erbás, pero la baronía no pasó a su descendencia por la ausencia de descendencia legítima.
- Catalina (fallecida en 1510, fecha aún incierta), casada con Juan Pérez de Almazán, señor de Maella; sus herederos serían los que, en el siglo XVIII, reclamarían el condado de Aranda.
La genealogía complicó la transmisión de los títulos y de las posesiones, con efectos que se dejaron sentir a lo largo de generaciones. La familia, sin embargo, intentó mantener la cohesión frente a las disputas y las alianzas cambiantes, sosteniendo una tradición de lealtad al linaje y al condado, a la vez que fortalecía la educación de los más jóvenes, con miras a preservar el honor familiar y la influencia en la región.
Obra literaria
La vocación literaria de Pedro Manuel se manifiesta desde una temprana edad, y se refleja en su Cancionero y en una formación que sugiere la presencia de un humanista a su alrededor. El aprendizaje se habría nutrido, muy probablemente, de encuentros con otros nobles aragoneses y de la tradición de Alfonso de Aragón, con la experiencia de una niñez compartida entre fortificaciones y salones cortesanos. Esta educación dual —entre lo militar y lo literario— alimentó una sensibilidad que se plasma en su obra posterior.
Poesía
Su quehacer poético se inscribe en la herencia de Petrarca y guarda afinidades con la escuela de Juan del Encina, a la que se adscribe una tradición de villancicos y piezas en tono ligero que juega con la sátira y el ingenio. En 1513, en Logroño, apareció un Cancionero que recogería buena parte de sus composiciones; años más tarde, vería la luz la Peregrinación de las tres casas sanctas de Jerusalén, Roma y Santiago, en Burgos, 1523. El Cancionero conserva también una práctica de versificar pasajes de la comedia de Fernando de Rojas, La Celestina, que el propio Urrea recrea con su propio pulso lírico. La edición Burgalesa de 1514 trajo una versión de la Penitencia de amor que alcanzó cierta circulación internacional y, según los testimonios, llegó a ser traducida al francés por Gabriel de Gramont, secretario del arzobispo de Toledo.
Figuras centrales de su poesía residen en la exploración del amor, la ética y la experiencia humana, narradas con un pulso claro, directo y a veces humorístico. En las églogas se aprecia una técnica de cuidado y una musicalidad que remiten a la tradición clásica, adaptada a la realidad de una España en gestación de su identidad literaria. Su voz, sin abandonar la tonalidad sobria de sus contemporáneos, se distingue por un tratamiento de la naturaleza y de las emociones que anticipa, en varios aspectos, la estética del Renacimiento español.
Teatro
El teatro de Urrea se inserta dentro de la fase inicial del teatro de los Reyes Católicos, y comparte el clima creativo de autores como Juan del Encina, Lucas Fernández y Fernando de Rojas. Se le atribuyen cinco églogas teatrales que forman parte de esa matriz dramática en evolución. En su Cancionero de Logroño (1513) se incluyó la Égloga de la tragicomedia de Calisto y Melibea, una pieza temprana que se halla entre las derivaciones de La Celestina y las creaciones dramáticas que siguieron a ese modelo. Este conjunto de textos muestra a un escritor que huye de la mera imitación para proponer soluciones propias a las preocupaciones del momento.
La producción de Églogas dramáticas que emergió en 1516 incluye, entre otras, la Égloga I, con un protagonista pastoril que busca refugio ante las injusticias del mundo, y que recurre a la imagen de la barca como símbolo de tránsito y salvación. Este recurso, en consonancia con las evocaciones de Gil Vicente, enmarca un diálogo entre la inocencia y la complejidad de la vida social. En la Égloga IV se aprecia un tono más animado, centrado en el amor y la experiencia humana, que culmina con un villancico y un banquete que celebran la comunión entre los personajes. La Égloga V, dedicada a la Natividad, propone una ética basada en la imitación de Cristo y la misericordia, subrayando la necesidad de regirse por principios humanos y cristianos.
Prosa
La obra en prosa de Urrea alcanzó gran relevancia con la Peregrinación de las tres casas sanctas de Jerusalén, Roma y Santiago, una obra que la Inquisición intentó prohibir en 1551, para luego ser redescubierta por los estudiosos. En ese texto, el autor traza un extenso periplo desde agosto de 1517 hasta mayo de 1519, que lo llevó a recorrer Roma, Jerusalén y Santiago, entre otros lugares. A la narración en prosa se añade una colección de composiciones en verso, denominada Cancionero del peregrino, y una amplia galería de relatos, notas enciclopédicas sobre temas variados, cartas dirigidas al Papa, al Gran Turco y al Emperador, así como la versión versificada de pasajes evangélicos y oraciones litúrgicas en griego.
La inteligencia que revelan sus páginas ha sido señalada como asombrosa: en una carta al emperador otomano se rememora una anécdota sobre Alejandro Magno que parece dialogar con relatos del Talmud, lo que ha llevado a los estudiosos a interpretar esa voz como la de un genio capaz de cruzar culturas y tradiciones. Esta curiosidad intelectual, que supera las barreras del tiempo, ha alimentado debates entre filólogos y historiadores sobre la magnitud de su erudición y su capacidad para anticipar temas que también interesarían a grandes nombres de la literatura española, incluido Miguel de Cervantes, quien reconocía su peso como escritor culto y de calidad.
Ediciones
- Pedro Manuel de Urrea, Cancionero, Logroño, 1513.
- Penitencia de Amor, Burgos, 1514. Ed. crítica de José Luis Canet (2003); edición en PDF disponible para consulta académica.
- Cancionero de todas las obras de don Pedro Manuel de Urrea, nuevamente añadido, Toledo, 1516. Contiene las églogas dramáticas.
- Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago, edición litográfica por Enrique Galé, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2008 (primera edición 1523).
- Cancionero de todas las obras [Toledo, 1516], edición crítica de Enrique Galé Casajús, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2011.
- Cancionero, estudio y edición crítica a cargo de María Isabel Toro, 3 volúmenes, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza; Instituto de Estudios Altoaragoneses; Instituto de Estudios Turolenses; Gobierno de Aragón, 2012.