Vida Icónica VIDAICÓNICA

Peret

Nombre completo Pere Pubill i Calaf
Descripción Cantante y músico español
Fecha de nacimiento 24-03-1935
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 27-08-2014
Nacionalidad España
Ocupaciones cantante, compositor, actor, guitarrista
Géneros rumba catalana
Idiomas catalán, español, Catalan Caló
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Pedro Pubill Calaf nació en Mataró el 24 de marzo de 1935 y falleció en Barcelona el 27 de agosto de 2014. Conocido artísticamente como Peret, fue un cantautor, guitarrista y pionero de la rumba catalana que llevó la energía de la guitarra y el cante gitano a públicos de todo el mundo. Su trayectoria abarcó su infancia precaria, años de consolidación en clubes y teatros, momentos de transformación personal y un legado musical que sigue inspirando a músicos y oyentes. Este relato propone una mirada detallada y nueva sobre su vida, sin perder la veracidad de los hechos que moldearon su obra.

Peret — Imagen principal

Pedro Pubill Calaf nació en Mataró el 24 de marzo de 1935 y falleció en Barcelona el 27 de agosto de 2014. Conocido artísticamente como Peret, fue un cantautor, guitarrista y pionero de la rumba catalana que llevó la energía de la guitarra y el cante gitano a públicos de todo el mundo. Su trayectoria abarcó su infancia precaria, años de consolidación en clubes y teatros, momentos de transformación personal y un legado musical que sigue inspirando a músicos y oyentes. Este relato propone una mirada detallada y nueva sobre su vida, sin perder la veracidad de los hechos que moldearon su obra.

Biografía

Desde la infancia, el joven Pedro vivió entre los recorridos de su padre, un vendedor ambulante de telas, y las ciudades que trazaban la geografía emocional de Cataluña y las Baleares. Esa movilidad constante condicionó su educación: la escuela quedó a un lado y la calle pasó a ser maestro, enseñándole a leer a partir de rótulos, carteles y letreros visibles a su alrededor. Su curiosidad estética ya sugería que la lectura del mundo podía hacerse sin un libro de texto en la mano, solo observando signos y voces de las esquinas. La curiosidad musical comenzó a tomar forma entre cuerdas y cantos, un pulso que más tarde convertiría en su brújula artística.

A los doce años ya mostraba destreza con la guitarra y una intuición para el cante gitano. En esa época formó junto a una prima un dúo que nadie esperaba que creciera más allá de una experiencia familiar. Se hacían llamar Los Hermanos Montenegro y se presentaron por primera vez en el Teatro Tívoli de Barcelona, durante un festival infantil, donde se reveló la chispa que encendería su vocación y le abriría la puerta a un mundo de escenarios.

La década de los cincuenta trajo desafíos económicos, y una grabación apareció casi por casualidad en su camino. El disco que registró en 1957 pasó casi desapercibido, lo que lo llevó a sostenerse como vendedor ambulante mientras la música ocupaba un papel secundario en su vida. No obstante, esa experiencia le enseñó a fraguarse a través de la perseverancia y a entender que las oportunidades llegan a su debido tiempo. En esa época también probó suerte viajando a Argentina, no para actuar de inmediato, sino para negociar telas, una actividad que amplió su horizonte y le dio nuevas perspectivas sobre el comercio y el cariño por las melodías que viajaban entre continentes.

El matrimonio y un giro personal marcaron una etapa de continuidad afectiva y artística. Se casó con Fuensanta, a quien la familia llamaba afectuosamente Santa, y años después esta figura inspiraría una de sus canciones más emblemáticas: Mi Santa. Ese vínculo íntimo quedaría grabado en su repertorio como un homenaje a la mujer que acompañó su vida y su obra, aportando una dimensión emotiva que se convirtió en sello de identidad.

El salto a Madrid ocurrió a mediados de los años sesenta cuando recibió una oferta para presentarse en El Duende, un tablao flamenco asociado a figuras como Pastora Imperio y Gitanillo de Triana. En este escenario emergió su impronta, y algunas interpretaciones, como El muerto vivo, escrita por Guillermo González Arenas, empezaron a resonar entre audiencias heterogéneas. En ese periodo, críticos y público comenzaron a notar que su manera de cantar y tocar llevaba una mezcla audaz de tradición y novedad, capaz de conectar con personas de diferentes clases sociales.

Una lágrima fue el inicio de un ciclo de canciones que se convertirían en himnos del verano y del repertorio popular. En 1967 Peret grabó una versión rumbera de un vals de Monreal, que se convirtió en un éxito fulgurante y dio pie a una etapa de alta presencia radiofónica, discográfica y escénica. Su música, de poderosa energía rítmica y una rapidez de fraseo característica, coexistía con influencias del mambo y del rocanrol, forjando un estilo propio que muchos denominarían rumba catalana y que pronto cruzaría fronteras.

La consolidación de un sonido único se manifestó con una serie de títulos que formaron parte de la banda sonora de una generación. Temas como El gitano Antón, Don Toribio Carambola, Saboreando o ¡Lo mato! se difundieron en orquestas y fiestas, convirtiéndose en referencias del imaginario popular. En esta época, la figura de Peret encarnaba una fusión de ritmos cubanos y catalanes, sugiriendo una visión musical que derribaba muros y acercaba a la gente a través del baile y la alegría. Incluso la influencia de la guaracha, traída por artistas cubanos como Ñico Saquito, quedó grabada en su repertorio, distinguiendo su propuesta con una energía contagiosa.

El gran salto internacional llegó en 1971 con Borriquito, una composición de su autoría que parecía nacida para la época de turismo creciente en España. La canción atravesó fronteras y se internó en circuitos europeos y latinoamericanos, logrando posiciones destacadas en festivales y listas de éxitos, especialmente en los Países Bajos y Alemania, donde llegó a ser número uno. Su alcance se extendió a México y a diversos países de América Latina, lo que facilitó que otras composiciones de su estilo circularan con mayor facilidad por mercados de habla hispana y más allá.

La cumbre del público iberoamericano llegó con Es preferible reír que llorar, una canción lanzada en 1972 que se convirtió en una seña de identidad para muchas audiencias en Latinoamérica. Su resonancia particular en Argentina y Uruguay la convirtió en un himno popular, y con el paso de las décadas continuó sonando en radios, fiestas y recopilaciones de la música de la época, consolidando a Peret como un referente de la rumba que podía atravesar culturas y generaciones.

Una gira y una causa en 1975 lo llevó al Sahara español, al festival celebrado en El Aaiún durante la marcha verde. Rodeado de un elenco de artistas como Rosa Morena, Karina y Lolita Sevilla, entre otros, actuó ante más de 12,000 personas, repartiendo música y presencia en un contexto político y cultural cargado de simbolismo. Este episodio mostró su capacidad para situarse en escenarios variados, desde salas de baile hasta actos de gran proyección institucional y simbólica.

Un cambio de rumbo espiritual llegó en 1982 cuando abandonó temporalmente la actividad artística y entró en la Iglesia evangélica Filadelfia, en Barcelona. Durante casi una década ejerció bajo el apodo de Hermano Pedro, entregando una labor pastoral y dedicación espiritual que contrastaba con la pose escénica anterior. Sin perder su fe, más tarde dejó la pastoral para fundar una productora discográfica y volver a los escenarios en proyectos puntuales, combinando su palabra y su música de nuevas formas.

Un regreso a la escena internacional se produjo a principios de los noventa, cuando escribió Bésame para representar a España en el Festival OTI de la Canción, celebrado en Acapulco. Interpretada por su sobrino Joel, la canción dio un nuevo impulso a su nombre y quedó registrada en su álbum. Aunque el certamen tenía una dinámica de competencia, para Peret significó la oportunidad de volver a situarse en el foco de la escena iberoamericana, con una propuesta que conservaba su esencia rumbera.

La clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 fue otro momento de reencuentro con el momento histórico de la ciudad que lo vio crecer. Junto a Los Manolos, Los Amaya y otros exponentes de la rumba catalana, interpretó Gitana hechicera, una canción dedicada a la ciudad anfitriona, que dejó grabado en el archivo musical ese vínculo entre deporte, cultura local e identidad regional.

La década de los años noventa trajo homenajes y reconocimientos. En 1998 recibió la Cruz de Sant Jordi, una distinción que enmarcó no solo su trayectoria como artista, sino también su papel como embajador de la cultura catalana. Unos años después, en 2000, lanzó un disco con colaboraciones notables, Peret: Rey de la rumba, que reunió voces de pop y artistas experimentales como Estopa, Jarabedepalo, El Gran Silencio, Carlos Jean y Fermín Muguruza, además de una colaboración con David Byrne de Talking Heads, subrayando su deseo de dialogar con otras tradiciones musicales sin perder su identidad rumbera.

La memoria como proyecto continuó en la década siguiente con el libro Peret, el alma de un pueblo, editado en 2005. Escrito por la poetisa y escritora Cèlia Sànchez-Mústich, representa la primera aproximación literaria que se centra enteramente en su trayectoria, presentando una conversación profunda entre tío y sobrina y explorando la esencia de su experiencia vital y artística desde un ángulo íntimo y reflexivo.

El reconocimiento a la trayectoria compartida se fortaleció en 2006 con la participación en el disco homenaje a Serrat, Per al meu amic Serrat, donde aportó una versión de Me'n vaig a peu en clave de rumba. Al año siguiente consolidó su proyecto con Que levante el dedo, un álbum de canciones inéditas, y anunció la preparación de La Biblia de la Rumba, una obra suya destinada a ampliar la comprensión del género. Ese periodo también consolidó una alianza creativa con Serrat y Sabina, quienes incluyeron en su gira Dos pájaros de un tiro una versión de El muerto vivo, y la presencia de Peret en el Palau Sant Jordi de Barcelona se convirtió en un momento icónico de reencuentro entre generaciones de cantautores.

La competición solidaria llegó en 2007 cuando participó en La Marató de TV3 con una versión en catalán de Live is life, titulada Vine amb mi, llevada al escenario para apoyar una iniciativa de carácter solidario. Este gesto subrayó su compromiso con la comunidad y su voluntad de mantener viva la energía colectiva que siempre acompañó su música, incluso fuera de los clubes y festivales.

El reconocimiento de su ciudad natal tuvo un hito formal el 3 de mayo de 2011, cuando Mataró le otorgó el título de hijo predilecto, un honor que convirtió la trayectoria de Peret en un legado vivo para la comunidad local y para la memoria cultural regional. Fue la primera vez que el ayuntamiento de esa ciudad mediterránea asumió un reconocimiento de esa índole, señalando la importancia de su figura para la identidad catalana y la escena musical contemporánea.

El último tramo creativo le llevó a intervenir en el Concierto por la Libertad de 2013, donde aportó piezas como L'emigrant y Catalunya té molt poder, reforzando su papel como voz que, además de hacer bailar, aporta perspectivas sobre la realidad social y política de su tiempo. En ese periodo ya mostraba una madurez que elegía la serenidad en medio de la festividad, sin perder la habilidad de contagiar a otros con su presencia escénica y su carisma personal.

La noticia de un diagnóstico llegó el 30 de julio de 2014: Peret anunció ante la prensa que padecía cáncer, y comunicó su retirada momentánea para iniciar tratamiento. Su objetivo era recuperarse y regresar a los escenarios con la energía que lo había caracterizado siempre, una meta que reflejaba su compromiso con la música y con su público, incluso frente a una enfermedad que exige paciencia y resistencia.

Fallecimiento

El 27 de agosto de 2014, Peret falleció a causa de un cáncer de pulmón en el Hospital Quirón de Barcelona, a la edad de 79 años. Su salida dejó un hueco en la música popular y, a la vez, una herencia inmensa que continúa resonando en cada nota de rumba que se escucha en teatros, radios y celebraciones. Fue enterrado en el cementerio de Mataró, cerrando un capítulo de una vida que se sostuvo sobre la alegría, la danza y la creatividad compartida.

Filmografía

En 1963, Pedro Pubill Calaf apareció en un papel de reparto en Los Tarantos, filme dirigido por Francisco Rovira-Beleta, en una escena que era parte de su impulso por difundir la rumba y el cante flamenco entre nuevas audiencias. En ese entorno cinematográfico coincidió con la bailaora Carmen Amaya, lo que añadió una dimensión visual a su música y una presencia escénica que luego reforzaría en otros proyectos.

A lo largo de su carrera, Peret protagonizó varias producciones que sirvieron para amplificar la difusión de sus canciones. Entre ellas figuran Amor a todo gas, El mesón del gitano, Las 4 bodas de Marisol, Qué cosas tiene el amor, A mí las mujeres ni fu ni fa y Si Fulano fuese Mengano, conjuntos de cine popular que permitieron que su música encontrara nuevas audiencias a través de la pantalla grande y de la cultura popular de la época.

En 1995 participó en Alma gitana, y en 2001 formó parte de la comedia Marujas asesinas, dando un giro hacia el cine de humor y consolidando su imagen como figura carismática capaz de adaptarse a formatos distintos sin perder su identidad rumbera.

Una nota de continuidad se halla en la referencia al proyecto El rei Peret, un documental que continúa

Imágenes de Peret