Vida Icónica VIDAICÓNICA

Pierre Choderlos de Laclos

Nombre completo Pierre Choderlos de Laclos
Nombre nativo Pierre Choderlos de Laclos
Descripción Escritor, militar y francmasón francés (s. XVIII)
Fecha de nacimiento 18-10-1741
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 05-09-1803
Nacionalidad Francia
Ocupaciones escritor, inventor, novelista, oficial militar, prosista, periodista, alto cargo, comandante militar
Géneros novela epistolar
Grupos Académie des belles-lettres, sciences et arts de La Rochelle
Idiomas francés
EsposasMarie Soulange Duperré
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Pierre Ambroise Choderlos de Laclos nació en Amiens el 18 de octubre de 1741 y falleció en Tarento el 5 de septiembre de 1803. Conocido también como Pierre Choderlos de Laclos, fue un escritor de resonancia, un oficial del Ejército y un francmasón destacado en su tiempo. Su trayectoria muestra la intensidad de un hombre que buscó conjugar el rigor de la milicia con una mirada crítica sobre la sociedad de su época, con una vocación literaria que deseaba resonar incluso después de su muerte. Su obra cumbre, Las amistades peligrosas, se convirtió en un referente universal y, a la vez, en un espejo punzante de la vida aristocrática y de las pasiones que la gobiernan.

Pierre Choderlos de Laclos — Imagen principal

Pierre Ambroise Choderlos de Laclos nació en Amiens el 18 de octubre de 1741 y falleció en Tarento el 5 de septiembre de 1803. Conocido también como Pierre Choderlos de Laclos, fue un escritor de resonancia, un oficial del Ejército y un francmasón destacado en su tiempo. Su trayectoria muestra la intensidad de un hombre que buscó conjugar el rigor de la milicia con una mirada crítica sobre la sociedad de su época, con una vocación literaria que deseaba resonar incluso después de su muerte. Su obra cumbre, Las amistades peligrosas, se convirtió en un referente universal y, a la vez, en un espejo punzante de la vida aristocrática y de las pasiones que la gobiernan.

Biografía

La vida de Laclos nace en una ciudad del Somme, donde el vigor de la época y las circunstancias familiares delinean un destino que no tardaría en volcarse hacia la disciplina y la inteligencia. Recordado como el décimo hijo de un secretario de intendencia de Picardía y Artois, creció entre las exigencias administrativas y un mundo cortesano que, a la vez, alimentaba su curiosidad por las letras. En ese marco, la mezcla de previsibilidad y deseo de aventura marcaría su personalidad: una mente estructurada y, a la vez, inquieta ante las limitaciones de la vida militar y las hipocresías de la sociedad que observaba desde dentro.

La carrera militar y la francmasonería se presentaron como el camino más natural para Laclos, aunque la trayectoria no parecía prometedora para un joven con inclinaciones tan moderadas como las suyas. Eligió la artillería por su afinidad con la matemática y el orden, y en 1760 ingresó en la Escuela de la Fère, cuna de la futura École Polytechnique. Sus primeros ascensos llegaron con rapidez: subteniente en 1761 y segundo teniente en 1762, marcando el inicio de una década de servicio que alternaría entre guarniciones y destinos variados. En 1763 ingresó en la francmasonería a través de la logia militar L’Union de Toul, una experiencia que se integraría en su visión de la sociedad y del poder. Con notable ambición profesional, se unió a la Brigada de las colonias con la intención de participar en operaciones de mayor envergadura, un impulso que pronto se vería frustrado por el fin de la Guerra de los Siete Años.

La vida cotidiana de un artillero en aquellas décadas le ofrecía un marco de dedicación, disciplina y largas estancias en guarniciones: Toul, Estrasburgo, Estrasburgo, Grenoble y Besançon, entre otros destinos. En cada escala, Laclos aprovechó el tiempo para cultivar la lectura y la escritura, afianzando una identidad que se iría haciendo más notoria cuando el combate dio paso a la reflexión. En 1776 ingresó en la logia Henri IV en París, y esa inmediación con la élite masónica le permitió colaborar con Luis Felipe II de Orleans en la dirección del Gran Oriente de Francia, lo que ampliaría sus horizontes políticos y sociales. En 1777, durante un acto ante las altas jerarquías del Gran Oriente, expuso una idea que desbordaba la rigidez de la época: abogar por la iniciación de mujeres en las logias, una propuesta que provocó debate y controversia.

La temporada como capitán en 1771 marcó el florecimiento de una vocación que, sin embargo, no se contentó con los límites del uniforme. Laclos pasó diecisiete años en el ejército, periodo en el que su curiosidad intelectual y su sensibilidad hacia la cultura se afianzaron de manera notable. En ese marco surgieron sus primeras producciones literarias: versos ligeros que circulaban en publicaciones periódicas y una ópera cómica, Ernestina, cuya representación encontró una recepción desigual ante la corte de María Antonieta. Este afán de escribir, que ya mostraba destellos de ironía, sería la pieza central de una carrera que había de desarrollarse, paradójicamente, fuera de los escenarios bélicos.

Un episodio significativo ocurrió en 1776, cuando Laclos recibió la tarea de diseñar una nueva escuela de artillería en Valence, ciudad que más tarde jugaría un papel relevante en su trayectoria personal y profesional. En Besançon, hacia 1778, obtuvo el rango de capitán de segunda de zapadores y, entre las lecturas que acompañaban su vida de guarnición, emergió un interés creciente por la obra de Rousseau, especialmente por La nueva Eloísa, que él consideraba una de las expresiones más bellas del romance literario. En ese mismo año comenzó a gestar Las relaciones peligrosas, una novela que destilaría su visión crítica sobre la sociedad y sus vicios a través de una intriga de corte aristocrático.

Las amistades peligrosas

La fiebre creadora de Laclos alcanzó un punto de madurez cuando, en 1779, fue enviado a la isla de Aix para colaborar en la planificación de fortificaciones frente a posibles ataques ingleses. En esa época, dedicó la mayor parte de su atención a la redacción de Las amistades peligrosas y a componer una extensa misiva a Madame de Montalembert. Aún siendo oficial de artillería, su pasado y su presente convergían en un mismo impulso: dejar constancia de una realidad social atravesada por el engaño, la hipocresía y el afán de poder.

Promovido a capitán de artillería, solicitó una excedencia de seis meses para resolver asuntos personales y, con permiso, se trasladó a París para escribir. Fue entonces cuando comprendió que su vocación literaria superaba con mucho a la carrera militar, fuente de frustración constante. En este periodo, dejó plasmadas las tensiones internas que lo consumían: la frustración de no haber demostrado su valor en combate y la sensación de haber sido humillado por la élite aristocrática que dominaba su entorno. Las obras en este tiempo revelan su intención de convertir la experiencia en una denuncia velada de las desigualdades sociales.

El proyecto en gestación dio forma a un retrato de la vida cortesana, centrado en las apariencias y en las manipulaciones que se esconden tras la etiqueta de la nobleza. A través de los personajes de Valmont y Merteuil, Laclos desplegó un drama de seducción, traición y cálculo que mostraba que la apariencia de honestidad cohabitaba con planes que perjudicaban a los más inocentes. El universo de la alta sociedad, según su mirada, estaba dominado por una ética del interés y la conveniencia que convertía el amor en un juego de máscaras y comandos.

La obra no tardó en consolidar su estatus de obra incendiaria: un espejo que reflejaba la frivolidad de una clase social capaz de desfigurar la moral para satisfacer sus deseos. Aun cuando el código de honor parecía imponerse como una regla, Laclos insistía en que su universalidad era una fachada que ocultaba una red de intereses que comprometían la integridad de las personas jóvenes y vulnerables. La novela emergió como una crítica mordaz a una aristocracia que vivía ajena a la pobreza y a las penurias del pueblo, un contexto claramente ligado al clima cultural del Rococó de la época de Luis XV.

En 1781 recibió el grado de capitán-comandante de artillería y quedó autorizado para una nueva excedencia que le permitió completar la obra maestra de su vida. El editor Durand Neveu aceptó la publicación de la novela en cuatro tomos, que vio la luz el 23 de marzo de 1782. El éxito fue inmediato: la tirada inicial de dos mil ejemplares se agotó en apenas un mes, y en los años siguientes numerosas reediciones mantuvieron la novela como un fenómeno de ventas y un objeto de debate crítico. Su resonancia fue tal que la conversación pública sobre la moral y la conducta de la nobleza se intensificó de forma notable en el ámbito cultural europeo.

El éxito editorial, sin embargo, provocó las molestias de las autoridades superiores. Laclos recibió órdenes de regresar a Bretaña y, poco después, fue destinado a La Rochelle para participar en la construcción del arsenal regional. Aquella interrupción de su trayectoria literaria coincidió con una fase de repliegue personal, durante la cual su vida romántica y profesional divergiría de la vocación de servicio activo que había marcado sus primeros años de carrera.

Matrimonio e hijos

En La Rochelle Laclos conoció a Marie-Soulange, a quien conquistó con su manera de ser y con la sensibilidad que ya mostraba en sus escritos. Con ella tuvo un primer hijo y, a pesar de la diferencia de edad—él con cuarenta y dos años y ella con veinticuatro—la pareja contraería matrimonio en 1786. Marie-Soulange se convertiría en su gran compañera y en una figura de referencia afectiva; juntos formarían una familia que crecería con otros dos hijos. La vida compartida con su esposa dio al autor una estabilidad que contrastaba con la turbulencia de su carrera pública, y su casa terminó por convertirse en un refugio para sus ideas críticas y su espiritualidad enciclopédica.

Lejos de los estereotipos del seductor o del conquistador, Laclos no mostró ningún indicio de haber mantenido romances fuera del matrimonio; en cambio, se describía a sí mismo como un hombre delgado, de conversación contenida y metódica, cuyo deber era cuidar de su esposa y de sus hijos. Esa actitud, opuesta a sus experiencias con las intrigas de la alta sociedad, mostró una faceta de fidelidad familiar que contrapesaba la imagen de un autor que sabía mirar detrás de la máscara de la apariencia social para descubrir las tensiones de la vida íntima y pública.

Durante este periodo, participó en un concurso académico centrado en la educación de las mujeres, en el que presentó ideas progresistas sobre la igualdad y el acceso de las jóvenes a una formación digna y completa. Aunque el resultado no fue puramente operativo, ese ensayo no acabado dejó entrever su convicción de que la emancipación femenina era una cuestión de justicia y de renovación social. En ese marco, su narración de Las amistades peligrosas anticipaba, de manera literaria, las reflexiones sobre la educación y el alcance de las libertades femeninas que el siglo siguiente empezaba a discutir con mayor claridad.

El 17 de junio de 1787, Laclos escribió en su diario personal su proyecto para la numeración de las calles de París, una señal de su interés por la organización de la ciudad y por la vida cotidiana de sus habitantes. Esa pequeña nota revelaba un detalle de su carácter: un individuo atento a la estructura de lo urbano, al orden práctico y a la mejora de la vida diaria de los ciudadanos. Su relación con París, lejos de limitarse a la esfera literaria, se extendía a una visión de progreso que abarcaba también la administración y la urbanística de la capital.

La Revolución

Con la llegada de la década de 1780, Laclos dejó el Ejército por completo y, tras una búsqueda personal de medios para alimentar su ambición intelectual, se vinculó al círculo del duque de Orleans, compartiendo con él ideas sobre la evolución de la monarquía y la posibilidad de reformas políticas. El estallido de la Revolución Francesa abrió para él una escena completamente nueva, llena de intrigas y oportunidades para influir en el curso de los acontecimientos. En los días críticos de Versalles, durante las jornadas de 1789, participó en los debates y en la redacción de documentos que se convertirían en hitos de la época. Bajo su firma, colaboró con Brisot en iniciativas destinadas a persuadir, coordinar y movilizar a los actores políticos frente a la emergencia del nuevo tiempo.

El 5 y 6 de octubre de 1789 intervino en los acontecimientos que rodearon Versalles, y junto a otros firmó una petición que, en su momento, encendió una de las expresiones más trágicas de la revolución: la Masacre del Campo de Marte. Después, el 17 de julio, participó en las negociaciones para rescatar a seiscientos fusileros que habían tomado parte de la euforia revolucionaria de esos días. En ese periodo, Laclos se acercó a las corrientes republicanas y dejó atrás su vínculo con el duque de Orleans para asumir un papel de encargado de las tropas en el Ministerio de la Guerra, con la misión de organizar la maquinaria militar de la naciente República.

Su influencia resultó decisiva en momentos clave, como la victoria de la batalla de Valmy, que consolidó la posición de la joven nación ante las amenazas externas y marcó un giro en su carrera. El 22 de septiembre de 1792 fue nombrado mariscal de campo, un reconocimiento a su capacidad organizativa y su conocimiento técnico. No tardaría en enfrentar la turbulencia de la política revolucionaria: tras la traición de Dumouriez, fue arrestado y encarcelado por motivos orleanistas; posteriormente fue liberado durante el periodo de Termidor, cuando el giro político favoreció a muchos de sus contemporáneos desafectos.

En el terreno técnico, Laclos aportó una contribución menos conocida pero significativa: su experiencia en balística le permitió avanzar una idea futurista sobre el uso de una bala hueca cargada de pólvora, anticipando un concepto que se convertiría en el obús. Hacia 1795 emprendió la escritura de memorias tituladas De la guerre et de la paix, dirigidas al Comité de Salvación Pública; sin embargo, su influencia directa en la vida política diaria fue limitada, y sus emprendimientos diplomáticos no obtuvieron el éxito deseado. Aun así, su esperanza de influir mediante la economía, la banca y la diplomacia quedó inscrita en su agenda de aquel periodo turbulento.

Entre las figuras que cruzaron su camino durante la etapa revolucionaria emergió un vínculo decisivo con Napoleón Bonaparte. En el marco de la consolidación del poder bonapartista, Laclos abrazó esas ideas y, en 1800, recibió el mando de general de artillería. Su destino lo llevó a la frontera y, luego, a la campaña continental, con destacadas participaciones en el Teatro del Rhin y en la campaña italiana. En la última fase de su vida, el destino no quiso que su sueño de morir en combate se cumpliera: en Tarento, a causa de una disentería, expiró el 5 de septiembre de 1803, dejando tras de sí un legado literario y estratégico que continuaría influyendo en las generaciones siguientes.

Obras

Novelas

  • Las amistades peligrosas (1782)

Poemas

  • Poésies fugitives (1783)

Obras de teatro

  • Ernestine (1777), ópera cómica

No ficción

  • Des Femmes et de leur éducation (1783)
  • Folies philosophiques par un homme retiré du monde (1784)
  • Instructions aux assemblées de bailliage (1789)
  • Journal des amis de la Constitution (1790–1791)
  • De la guerre et de la paix (1795)
  • Continuation des causes secrètes de la révolution du neuf thermidor (1795)

Imágenes de Pierre Choderlos de Laclos