Vida Icónica VIDAICÓNICA

Publio Cornelio Escipión

Nombre completo Publio Cornelio Escipión
Nombre nativo P. Cornelius L.f.L.n. Scipio
Descripción Cónsul romano en el año 218 a. Cristo
Fecha de nacimiento 30-11-0254
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 30-11-0210
Nacionalidad Antigua Roma
Ocupaciones magistrado romano, militar de la Antigua Roma
HermanosCneo Cornelio Escipión Calvo
EsposasPomponia
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Publio Cornelio Escipión fue una figura decisiva en la historia de la República Romana, destacada tanto en el campo de batalla como en la gestión de alianzas y campañas militares. Nacido hacia mediados del siglo III a. C. dentro de la ilustre gens Cornelia, vivió rodeado de una saga familiar que lo conectó con el destino de Roma. Hijo de Lucio Cornelio Escipión y padre de Escipión el Africano, su trayectoria se entrelaza con su hermano Cneo Cornelio Escipión Calvo, con quien compartió la dirección de la primera ofensiva romana en Hispania durante la Segunda Guerra Púnica, hasta encontrar la muerte en circunstancias imprecisas. Su linaje y su carrera forjaron el temprano dominio romano sobre la Península Ibérica y alteraron el curso de la guerra frente a Aníbal.

Publio Cornelio Escipión — Imagen principal

Publio Cornelio Escipión fue una figura decisiva en la historia de la República Romana, destacada tanto en el campo de batalla como en la gestión de alianzas y campañas militares. Nacido hacia mediados del siglo III a. C. dentro de la ilustre gens Cornelia, vivió rodeado de una saga familiar que lo conectó con el destino de Roma. Hijo de Lucio Cornelio Escipión y padre de Escipión el Africano, su trayectoria se entrelaza con su hermano Cneo Cornelio Escipión Calvo, con quien compartió la dirección de la primera ofensiva romana en Hispania durante la Segunda Guerra Púnica, hasta encontrar la muerte en circunstancias imprecisas. Su linaje y su carrera forjaron el temprano dominio romano sobre la Península Ibérica y alteraron el curso de la guerra frente a Aníbal.

Campaña en Italia

En 218 a. C. fue elegido cónsul junto a Tiberio Sempronio Longo, asumiendo la responsabilidad de la primera fase de la nueva confrontación con Cartago. Con Hispania como provincia asignada, Partió de Pisa con un cuerpo expedicionario y se dirigió hacia Massilia para reunir fuerzas y coordinar acciones. A su llegada, descubrió que Aníbal ya había traspasado los Pirineos y se movía con rapidez hacia el Ródano. Sus tropas, afectadas por el oleaje y el dolor de mareo, recibieron un breve descanso, y Escipión creyó que aún quedaba tiempo para impedir cualquier avance cartaginés hacia Italia.

La realidad distó mucho de ese cálculo: Aníbal cruzó el Ródano sin oposición y penetró aún más en la Galia, mientras que los romanos quedaban rezagados en la desembocadura. Ante ese giro, Escipión tomó la decisión de retirarse hacia la península para reorganizarse, dejando a Aníbal con el impulso conquistador ya iniciado. Esta maniobra, vista por algunos como un giro táctico necesario, consiguió evitar que Roma se viera desbordada por la concentración de refuerzos cartagineses y, en última instancia, protegió la capacidad de Roma para responder más adelante.

La respuesta romana no se detuvo ahí: tras desembarcar en Pisa, Escipión recuperó el mando del ejército del pretor y, con la intención de interceptar a Aníbal antes de que atrajera refuerzos galos, atravesó el Po y avanzó por la orilla izquierda, acercándose a su rival en la dirección de Piacenza. Pronto, la caballería y la infantería ligera romanas, dirigidas por el propio cónsul, se toparon con la caballería cartaginesa bajo las órdenes de Aníbal en la llamada Batalla del Tesino cerca del Ticino. En ese choque, la fuerza romana sufrió una derrota severa y Escipión recibió una herida grave. Su hijo menor, Publio, demostró un arrojo decisivo que salvó a su padre de la muerte, según testimonios distintos, aunque algunas tradiciones señalan un esclavo ligur como protector.

El combate y la retirada obligaron a Escipión a retirarse a través del Ticino, incendiando el puente para impedir la persecución enemiga, y luego cruzó el río de nuevo para refugiarse en Piacenza. A partir de ese momento, la suerte del mando recayó en su aliado Sempronio Longo, quien llegó para tomar la responsabilidad operativa en el campo de batalla, mientras Escipión se mantenía convaleciente de sus heridas.

La llegada de Sempronio cambió el curso inmediato de las operaciones: el Trebia fue la escena de una contundente derrota para las tropas romanas. A diferencia de las anteriores expectativas, la habilidad de Escipión para dirigir la contienda quedó seriamente comprometida por la lesión, y la decisión de su colega de enfrentarse al adversario, buscando gloria, terminó por consolidar la derrota y la retirada hacia las murallas de Piacenza.

Campaña en Hispania

En el año inmediato 217 a. C., Escipión I, ya como procónsul, desembarcó en Hispania con una fuerza de veintena de buques y unos ocho mil infantes, para unir fuerzas con su hermano Cneo Cornelio Escipión Calvo y consolidar la presencia romana en la región. Su misión no solo era militar, sino también de organización política y alianzas entre tribus ibéricas, una tarea que debió enfrentar con la prudencia que caracteriza a la familia senatorial a la que pertenecía. La historia de estas campañas, sin embargo, está llena de lagunas y fechas discutidas, lo que hace difícil fijar con exactitud cada acontecimiento.

Al arribar Publio, se encontró con que su hermano ya había establecido una base firme en la costa y había atraído a numerosos jefes costeros gracias a su carácter afable y a la bondad que contrasta con la dureza de los comandantes cartagineses. Poco después, en una acción que se convirtió en referente de la lucha hispana, obtuvo una victoria cercana a la región de Cissa, donde el general cartaginés Hannón fue tomado prisionero, y consolidó un dominio romano que se extendía desde los Pirineos hasta el valle del Iberus. Mientras tanto, Asdrúbal Barca intentó avanzar al norte para sostener la causa allí, pero su llegada fue tardía para cambiar el curso y debió replegarse tras destruir parte de la flota romana. Escipión, por su parte, pasó el invierno en Tarraco, preparando el siguiente tramo de la campaña.

El siguiente año, 216 a. C., la marina cartaginesa sufrió un revés cuando Cneo hizo retroceder a la flota enemiga en la desembocadura del Iberus, asegurando para Roma el control del mar en ese sector. Publio llegó a la mitad del verano y ambos hermanos se dirigieron hacia Sagunto, lugar donde Aníbal había mantenido rehenes de diversas tribus ibéricas. El objetivo era desorganizar la logística cartaginesa y debilitar su red de apoyo, mientras se buscaba una derrota decisiva para el enemigo en el terreno hispano.

La traición de Abelux —un dirigente local cuyo nombre aparece en las crónicas como Abelux o Abilyx— marcó un punto de inflexión: este líder hispano entregó a las tropas romanas a distintos aliados, permitiendo que muchos de sus pueblos se pasaran a la causa de Escipión. Este giro facilitó que los Escipiones consolidaran la cooperación de tribus ibéricas y contaran con un contingente de alrededor de 20.000 Celtíberos bajo su mando, fortaleciendo una estrategia que perseguía la expulsión de los cartagineses de Hispania. A lo largo de los próximos años, los padrones de la narración moderna destacan varias victorias, aunque algunos eruditos señalan que no siempre se tradujeron en resultados decisivos.

Batallas y asedios siguieron temporariamente, y la historia recoge varios enfrentamientos cerca de vados y enclaves estratégicos. Entre ellos se cuenta una acción cercana a Dertosa, que, narrada en la tradición de Livio, habría supuesto pérdidas tan considerables para los cartagineses que Asdrúbal habría intentado abandonar el campo de combate tras la derrota. Este periodo coincidió con la llegada de refuerzos cartagineses enviados por Magón Barca y por Asdrúbal Giscón, hijo de Giscon, lo que obligó a los Escipiones a ampliar su frente y a reorganizar las tropas para sostener el esfuerzo.

217–214 a. C. fue un tramo caracterizado por una constelación de acciones rápidas: las campañas de Asdrúbal Barca y posteriormente la llegada de Asdrúbal Giscón desde África introdujeron un nuevo pulso en la lucha. En el transcurso de estos años, Escipión dispuso la movilización de tribus hispano-romanas y de aliados extranjeros, y consolidó posiciones que le permitirían, más adelante, proseguir con la ofensiva en el interior peninsular. En estas fases, el liderazgo romano se apoyó en la cooperación de tribus fieles, así como en la presencia de figuras hispanas que ofrecían su lealtad a cambio de beneficios y garantías.

Año crucial, 212 a. C., las fuerzas romanas lograron un progreso notable cuando Asdrúbal Barca fue llamado de vuelta a África para enfrentar a Sifax, uno de los reyes de Numidia. Con esa retirada cartaginesa, los Escipiones pudieron reforzarse y sumar nuevas tribus a su causa, contando con un ejército de combate de tamaño significativo y con un rango de oficiales y mercenarios que fortalecían la columna romana. En este marco, Publio y Cneo resolvieron dividirse: Publio afrontaría a Magón Barca y a Asdrúbal Giscón, apoyado por Masinisa e Indíbil, mientras que Cneo atacaría a Asdrúbal Barca, que había regresado de África tras equilibrar la contienda en aquella región.

El desenlace no tardaría en aparecer: en el marco de la confrontación, Publio perdió la vida junto a la mayor parte de sus fuerzas, y Magón Barca, junto a Asdrúbal Giscón, se unieron para aplastar a Cneo. Paralelamente, la deserción de los Celtíberos —unos veinte mil— dejó al joven general romano prácticamente rodeado, y su campamento cayó en las cercanías del Betis Superior, donde terminó por sucumbir veintinueve días después de la muerte de su hermano. Los restos de la columna cayeron, según las crónicas, en manos de Lucio Márcio Séptimo, un caballero romano que participó de la retirada y el rescate de los componentes del ejército.

La cronología exacta de estas muertes es materia de debate entre los historiadores. Algunos tomos antiguos sitúan la desaparición de los Escipiones en un marco de tiempo cercano a ocho años desde la llegada de Cneo a Hispania, pero las fuentes no aportan una fecha definitiva y la historiografía moderna mantiene la incertidumbre como rasgo característico de esa época. En cualquier caso, la pérdida de Publio y de su hermano supuso un golpe severo para la causa romana en Hispania y dejó a la República ante la necesidad de reorganizarse para sostener la lucha contra Cartago en esa coyuntura.