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Quilapayún

Nombre completo Quilapayún
Descripción Banda chilena de música folclórica
Géneros nueva canción, nueva canción chilena
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Quilapayún emergió en la escena musical chilena durante la década de 1960 como una de las voces más representativas de la Nueva Canción Chilena. Su camino cruzó de forma íntima la cultura popular y la lucha política, y su historia refleja tanto la creatividad colectiva como la discordia interna que marcó a varias generaciones. Con una huella que se extendió más allá de las fronteras, la agrupación ha sabido reinventarse sin perder la esencia de su proyecto coral y social.

Quilapayún — Imagen principal

Quilapayún emergió en la escena musical chilena durante la década de 1960 como una de las voces más representativas de la Nueva Canción Chilena. Su camino cruzó de forma íntima la cultura popular y la lucha política, y su historia refleja tanto la creatividad colectiva como la discordia interna que marcó a varias generaciones. Con una huella que se extendió más allá de las fronteras, la agrupación ha sabido reinventarse sin perder la esencia de su proyecto coral y social.

Historia

Inicios

La génesis de Quilapayún ocurrió en Santiago el 26 de julio de 1965, cuando dos jóvenes con vocación musical, Julio Carrasco y Julio Numhauser, decidieron formar un trío que explorara sonidos y temáticas del folclore chileno. En un primer momento, invitaron a Eduardo Carrasco, hermano de Carrasco, para que ejerciera como intérprete temporal; esa decisión resultó decisiva para la consolidación de un lenguaje común y un compromiso artístico compartido.

Ambos fundadores, por aquel entonces voluntarios de la Bomba Israel, 5.ª Compañía del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa, encontraron en el proyecto un marco en el que combinar tradición y protesta. La primera denominación de la agrupación, Quilapayún, procede del mapudungun y traduce un guiño a la idea de “tres barbas”; ese detalle simbolizó desde un inicio la fusión de tres voluntades en una misma voluntad colectiva.

Con el tiempo se incorporó Patricio Castillo, cuya presencia sería intermitente hasta 1970, y luego, de manera definitiva, se sumaron Carlos Quezada, Willy Oddó, Hernán Gómez y Rodolfo Parada. Esta alineación inicial marcó un estilo coral que conjugaba piezas propias y revisiones de repertorio popular, a la vez que se abría a la experimentación sonora que el grupo iría cultivando.

Antes de consolidarse, Quilapayún trabajó bajo la tutela de Ángel Parra y llevó sus primeras actuaciones a peñas de Valparaíso y a la capital. En ese tránsito, el colectivo fue marcando un sello escénico y sonoro que pronto tendría un referente directo en Víctor Jara, figura central de la política cultural de la época y mentor artístico que terminó influyendo de manera determinante en su voz interpretativa y en su presencia escénica, caracterizada por las barbas y los ponchos negros que se volvieron icónicos.

La trayectoria temprana de la banda pasó por la grabación de dos discos que delinearon su línea temática. En 1968 vieron la luz X Vietnam, un trabajo que consolidó la idea de la canción revolucionaria como vehículo de pensamiento y acción. Casi simultáneamente, en 1970, llegó la Cantata Santa María de Iquique, de Luis Advis, una obra que se convirtió en un referente de la música chilena y que sirvió de modelo para proyectos afines en otras naciones hispanoamericanas.

Durante la etapa de Salvador Allende, Quilapayún recibió el estatus de embajadores culturales de un programa de internacionalización artística. Sus giras recorrieron ciudades europeas y, con notable éxito, cosecharon resonancia en Argentina y Uruguay. En esa época, alternaron canciones de apoyo a la Unidad Popular con iniciativas escénicas y musicales que reflejaban la compleja coyuntura política del país, como fue el caso de Quilapayún 5, en el que el propio Eduardo Carrasco dio un paso adicional al introducir una experiencia de aprendizaje en el conservatorio, ampliando así las fronteras del grupo entre el arte y la educación.

La cúspide mediática de este periodo llegó en el Festival de Viña del Mar de febrero de 1973, cuando Quilapayún protagonizó un episodio que sacudió a la opinión pública. La banda ejecutó su material frente a un público dividido y, a raíz de esa actuación, se desató un desencuentro entre partidarios y detractores del gobierno de Allende. La transmisión televisiva de la presentación fue bloqueada por orden de la dirección de la cadena nacional, y el resto del espectáculo fue cubierto por Radio Minería para que la audiencia no perdiera el contacto con la actuación. Este momento simbolizó, para muchos, el choque entre cultura y poder en aquel periodo convulso.

Exilio

El golpe de Estado de 1973 encontró a Quilapayún de gira por Europa, lo que les dejó en un escenario propicio para el exilio. El 15 de septiembre de 1973, el grupo dio un concierto memorable en el Teatro Olympia de París, convirtiéndose en la primera agrupación chilena en protagonizar aquel recinto. Tras el golpe, optaron por instalarse en Francia de manera indefinida, construyendo una red de solidaridad con la causa socialista chilena y con una agenda de presentaciones en varios países.

Durante los años de exilio, la banda se convirtió en actor clave de actos de apoyo, con recitales, emisiones radiales y apariciones televisivas en diversos estados europeos, africanos y nórdicos. En ese periodo, la relación entre arte y política se complejizó: consolidaron su identidad sin disolverse en la continuidad partidista, y se acercaron a nuevas expresiones artísticas que enriquecerían su propuesta para las décadas siguientes.

La segunda mitad de los años setenta trajo una reestructuración del conjunto. La revisión de su planteamiento artístico, marcada por un mayor ensamblaje entre música y teatro, se complementó con la llegada de nuevos colaboradores y con una distancia creciente respecto a la esfera oficial de la izquierda chilena. En paralelo, gracias a alianzas con figuras como el pintor Roberto Matta, su enfoque artístico se enriqueció; y, en la escena musical, se integraron Gustavo Becerra, Juan Orrego Salas y Patricio Wang, un joven compositor que aportó nuevas aristas al estilo del grupo.

Retorno

Con el retorno a Chile de gran parte de los exiliados, Quilapayún volvió a la escena nacional para participar en el plebiscito de 1988 y, poco después, emprendieron una gira por el país a comienzos de 1989. En ese periodo, Eduardo Carrasco y Willy Oddó regresaron a Chile, y Rodolfo Parada dio paso a una dirección compartida con Patricio Wang. Este reencuentro dio paso a una etapa de reconfiguración que afectó a la dirección artística y a la estructura interna del grupo.

Crisis en el grupo

Las décadas de los noventa trajeron una merma de actividad para Quilapayún, tanto en Francia como en otros escenarios, y la producción se redujo a unos pocos discos nuevos y recopilatorios en un lapso prolongado. En ese periodo convivió una crisis interna causada por desencuentros en torno a la gestión de Rodolfo Parada. Muchos de los veteranos abandonaron la formación, hasta que apenas quedaron Gómez y Lagos, quienes decidieron apartarse y entablar acciones judiciales por la defensa de la marca del grupo, alegando su depósito por parte de Parada en su propio nombre en Chile y en Europa.

División y las dos agrupaciones

En septiembre de 2003 las viejas glorias se reagruparon para presentar recitales en Francia, Gran Bretaña y Ecuador, obteniendo un notable éxito. En Chile realizaron una breve gira y participaron en un homenaje a Salvador Allende en el Estadio Nacional. Mientras tanto, Parada, Wang y Castillo mantuvieron la Facción de Quilapayún con la colaboración de integrantes de otro colectivo, Ortiga, hasta principios de 2004; luego, los Ortiga se retiraron, dejando a Parada y Wang en solitario para continuar con una nueva etapa.

La disputa jurídica se intensificó y dejó en claro que la marca y el logotipo no podían ser usados por todas las versiones del grupo. Gómez y Carrasco iniciaron un pleito en Chile y Francia para defender sus derechos, y en Francia, tras una serie de resoluciones, la justicia confirmó a favor de la rama chilena que llevaba el nombre Quilapayún, cancelando las pretensiones de Parada y sus colaboradores para usarlo en ese país.

La resolución definitiva se cristalizó en la sentencia de la Corte de Casación de París, que en junio de 2009 dio por cerrada la controversia en Francia. Aun así, las dos ramas coexistieron por un tiempo, hasta que la facción francesa optó por presentar su proyecto con la etiqueta Guillatún —con la coletilla “con miembros de Quilapayún”— para evitar la prohibición formal de utilizar el nombre, que les fue negada a efectos de dominio y branding.

Período balizador de 2007 en adelante mostró a Carrasco liderando dos rutas: por un lado, itinerarios prácticos en Chile y, por otro, giras y encuentros en Europa que subrayaron una separación de origen sin que se extinguiera el legado común. En 2007, el Quilapayún de Eduardo Carrasco efectuó dos giras por Chile para conmemorar la masacre de Santa María de Iquique y para promover su disco Siempre, con orquestas juveniles de cada ciudad. En paralelo, la tríada liderada por Parada realizó una gira por Chile que entrelazó homenajes y una caravana cultural de otros intérpretes históricos.

El giro de 2010 y los años siguientes

En julio de 2010, tras una breve ruta de presentaciones, el ciclo de esa agrupación culminó en un gran concierto en el Teatro Caupolicán, con la participación de formaciones amigas como Los Jaivas, Illapu, Newen y Napalé, en una velada bautizada 45 años no es nada. Aun así, la actividad del conjunto que lidera Carrasco ha seguido marcándose por una agenda más bien dispersa, centrada en Chile y en escenarios seleccionados de Europa y otros continentes.

Mientras tanto, Eduardo Carrasco ha continuado con su trabajo artístico de forma constante, presentándose frecuentemente en Europa y América, y con una fuerte presencia en Chile. En 2009 rindió homenaje a Víctor Jara en París; su itinerario de conciertos se extiende de forma documentada a lo largo de una década, con centenares de actuaciones y una programación que celebró el medio siglo desde la fundación de la banda con presentaciones al aire libre en la capital chilena y en ciudades del país.

Esta etapa también estuvo marcada por festivales internacionales y una presencia constante en el circuito regional, con actuaciones en Cartagena, Pasto, Ipiales y Bogotá, así como apertura a festivales como Suena Caracas. En el tramo final de esa década, se organizó una cartelera que reunió a varias bandas históricas en conmemoraciones de gran resonancia, como la presencia de Inti-Illimani e Illapu en conciertos complementarios de gran envergadura.

En el plano jurídico, el conflicto de 2002–2003 llevó a varias resoluciones: INAPI, el Instituto Nacional de Propiedad Industrial, reconoció el uso exclusivo de la marca Quilapayún para la facción chilena liderada por Carrasco a partir de diciembre de 2015, por un periodo de diez años. Este fallo permitió a Carrasco y su grupo consolidar una agenda sostenida de presentaciones en Chile y también en el extranjero, destacando una gira destacada en España; ese episodio legal cristalizó una separación formal de las dos corrientes del grupo.

Integrantes

La historia de Quilapayún ha estado marcada por la variabilidad de sus integrantes. De los tres fundadores originales, solo Eduardo Carrasco siguió activo en la formación; Patricio Castillo, Carlos Quezada, Rodolfo Parada y Hernán Gómez figuran entre los intérpretes más veteranos que aportaron una continuidad a lo largo de los años. Entre las incorporaciones recientes figuran Ricardo Venegas Santander, heredero artístico de la familia Venegas, Sebastián Quezada y Fernando Carrasco, quienes continuaron expandiendo el elenco de voces y timbres que han definido la identidad sonora del grupo.

La trayectoria de cambios respondió a las dinámicas de cada época: el vínculo entre exiliados, la necesidad de renovación artística y las tensiones entre estilos y visiones. La junta directiva y la estructura artística se vieron alteradas por estas transiciones, que dieron lugar a nuevos proyectos paralelos y a colaboraciones con formaciones provenientes de Francia, como Los Calchakis o Karumanta.

En la memoria de la banda quedan las imágenes de su periodo más estable, la etapa de los 60 y 70, cuando la alineación clásica dejó una impronta que se convirtió en legado para generaciones posteriores. La coincidencia entre la experiencia escénica, la música coral y la carga cultural de sus obras convirtió a Quilapayún en un referente básico de la identidad musical chilena y de la memoria histórica del continente, incluso fuera de sus fronteras.

Discografía

Álbumes en estudio

  • Quilapayún (1967)
  • Canciones folclóricas de América (1967) – con Víctor Jara
  • X Vietnam (1968)
  • Quilapayún 3 (1969)
  • Basta (1969)
  • Quilapayún 4 (1970)
  • Cantata Santa María de Iquique (1970)
  • Vivir como él (1971)
  • Quilapayún 5 (1972)
  • La fragua (1973)
  • El pueblo unido jamás será vencido (1975)
  • Adelante (1975)
  • Patria (1976)
  • Cantata Santa María de Iquique (1978) (reimpresión de versión 1970 con nuevos arreglos)
  • Umbral (1979)
  • Alentours (1980)
  • Darle al otoño un golpe de ventana para que el verano llegue hasta diciembre (1980)
  • La revolución y las estrellas (1982)
  • Tralalí tralalá (1984)
  • Survarío (1987)
  • Los tres tiempos de América (1988) – con Paloma San Basilio
  • Latitudes (1992)
  • Al horizonte (1999)
  • Siempre (2007)
  • Solistas (2009)
  • Encuentros (2013)
  • Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta (2022)
  • Sin por qué (2023)

Álbumes en directo

  • Yhtenäistā kansaa ei voi voittaa (1974)
  • Enregistrement Public (1977)
  • Quilapayún en Argentina (1983)
  • Quilapayún en Argentina vol. 2 (1985)
  • Quilapayún ¡en Chile! (1989)
  • A Palau (2003) – CD y DVD
  • El reencuentro (2004) – CD y DVD
  • Homenaje a Víctor Jara (2012) – CD y DVD
  • 50 años (2015)
  • Quilapayún Sinfónico (2018)
  • Cantata Santa María de Iquique - Vamos Mujer (2021)

Álbumes recopilatorios

  • La marche et le drapeau (1977)
  • Chante Neruda (1983)
  • Antología 1968-1992 (1998)
  • La vida contra la muerte (2005)
  • La fuerza de la historia (2006)

Integrantes y trazos de su historia

Quilapayún ha contado a lo largo de su vida con una plantilla de unas veinticinco personas, entre intérpretes, compositores y colaboradores permanentes. De los fundadores originales, Eduardo Carrasco ha sido la voz que ha mantenido la continuidad; otros nombres que dejaron una marca duradera incluyen Patricio Castillo, Carlos Quezada, Rodolfo Parada y Hernán Gómez, quienes integraron la columna vertebral de la banda durante años decisivos.

Aunque la conformación ha sufrido transformaciones, el conjunto ha conservado una identidad compartida basada en la unión de voces y la ética de trabajo colectivo. En diferentes fases se incorporaron nuevos intérpretes y creadores, como Ricardo Venegas Santander, Sebastián Quezada y Fernando Carrasco, que prolongaron la tradición de experimentar con la sonoridad del grupo sin perder el foco político y humano que lo ha caracterizado.

El episodio del exilio dejó una huella profunda: la experiencia en Francia y el largo periodo fuera de las fronteras nacionales ayudó a forjar una visión más amplia de su función cultural y de su capacidad de interlocución con públicos diversos. Esa experiencia dio paso a colaboraciones con figuras y colectivos de distinta procedencia, que enriquecieron su acervo artístico y expandieron su red de audiencias.

La trayectoria de Quilapayún es un relato de compromiso, resistencia y creatividad compartida. Su discografía, marcada por obras emblemáticas como Cantata Santa María de Iquique y títulos de fuerte carga social, prueba que la música puede servir como memoria histórica y como puente entre generaciones. El grupo ha sabido interpretar, renovar y mantener viva una ética de labor colectiva que trasciende los cambios políticos y las modas del momento.

Con el paso del tiempo, su presencia ha sido intermitente en ciertos periodos, pero su influencia ha sido constante para cientos de artistas y para la propia identidad cultural de Chile. Las reediciones y los conciertos de conmemoración, así como las colaboraciones y las giras en distintos países, confirman que Quilapayún no es solamente un archivo, sino un proyecto vivo que continúa dialogando con el presente sin perder la memoria de sus raíces fundacionales.

En un panorama más amplio, la historia de Quilapayún se vincula con el desarrollo de la música popular en América Latina durante el siglo XX y principios del XXI. Su tránsito por la escena mundial —desde teatros históricos como Olympia hasta escenarios urbanos de ciudades latinoamericanas y europeas— ejemplifica cómo una agrupación puede convertirse en puente de solidaridad, identidad y curiosidad estética. Su legado, por tanto, no reside solo en las canciones, sino en la forma en que esas canciones se vuelven testimonio y vigilia.

Imágenes de Quilapayún