Vida Icónica VIDAICÓNICA

Ramón Corona

Nombre completo Ramón Corona
Descripción Militar y político mexicano
Fecha de nacimiento 18-10-1837
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 11-11-1889
Nacionalidad México
Ocupaciones diplomático, soldado
Idiomas español
Sugerencias y correcciones ¿Hay algún error, actualización pendiente o falta alguna biografía?
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.

Ramón Corona Madrigal nació en Tuxcueca, Jalisco, el 18 de octubre de 1837, y murió en Guadalajara el 11 de noviembre de 1889. Su vida pública estuvo marcada por la acción militar y la participación política en una época convulsa de México, en la que la defensa de la soberanía nacional frente a potencias extrajeras fue central. Su nombre se asocia a hechos bélicos, a gestiones administrativas y a un legado ligado a su región natal y al conjunto del país.

Ramón Corona — Imagen principal

Ramón Corona Madrigal nació en Tuxcueca, Jalisco, el 18 de octubre de 1837, y murió en Guadalajara el 11 de noviembre de 1889. Su vida pública estuvo marcada por la acción militar y la participación política en una época convulsa de México, en la que la defensa de la soberanía nacional frente a potencias extrajeras fue central. Su nombre se asocia a hechos bélicos, a gestiones administrativas y a un legado ligado a su región natal y al conjunto del país.

Biografía

En el marco de la Intervención Francesa, Corona adquirió relevancia al liderar acciones que dieron forma a la derrota del bando invasor y, con ello, al proceso de caída de Maximiliano I. Al inicio de este periodo, tomó distancia de la línea de mando de Antonio Rosales, gobernador de Sinaloa, y organizó una lucha independiente contra las fuerzas Imperialistas, sin cesar de buscar estrategias propias para hacer frente a la superioridad enemiga.

Cuando operaba en el sur de Jalisco, se movía bajo la sombra de José López Uraga, pero tras conocer un plan de traición por parte de ese mando, decidió huir con un reducido grupo de leales. Su retirada fue descrita por contemporáneos como una de las escapadas más difíciles de su tiempo: sorteó múltiples trampas y mantuvo intacta su voluntad para sobrevivir, atravesando terrenos hostiles y manteniéndose firme ante las adversidades.

Entre los combates más recordados en los alrededores de Mazatlán destacan las jornadas de 13 de enero de 1865, 12 de agosto de 1866 y, especialmente, la del mediodía del 12 de noviembre de 1866, cuando la ciudad parecía condenada a permanecer en manos imperialistas. En esas semanas, Corona y su gente lograron mantener la presión y reducir las posibilidades de una ocupación sostenida por el adversario.

El 13 de noviembre de 1866 se selló un acuerdo entre la alta jerarquía naval y Corona para el abandono pacífico de Mazatlán, entonces el principal puerto del Pacífico y un enclave estratégico del noroeste. En esa jornada, la flota francesa se retiró en tres navíos, y poco después Corona se apoderó de la plaza para continuar la lucha contra la ocupación.

Con Mazatlán libre, Corona llevó la campaña hacia el corazón del país. En Querétaro, durante 1867, sus fuerzas se unieron a las de Mariano Escobedo para cercar a Maximiliano I, un desenlace que tuvo como símbolo la aceptación de la derrota imperial y el choque definitivo entre los ejércitos de México y sus rivales extranjeros. En ese marco, Corona recibió la espada imperial como gesto de rendición y reconocimiento a su labor.

Regresando a la puerto de Mazatlán en junio de 1868, Corona, ya al mando de la Cuarta División del Ejército Mexicano, frenó un intento de invasión por la nave de guerra inglesa Chanticleer, y, de forma separada, abordó con firmeza a su capitán, William H. Bridge, quien amenazaba con bombardear la ciudad. La gestión de Corona se caracterizó por una mezcla de defensa contundente y manejo diplomático de tensiones internacionales.

En 1873, la amenaza de Manuel Lozada, apodado «El Tigre de Álica», para invadir Guadalajara fue respondida con éxito por Corona, en un enfrentamiento decisivo que dejó a Lozada fuera de combate. Ese mismo año, Lozada fue fusilado cerca de Tepic (en la Loma de los Metates) el 19 de julio, tras ser capturado; la acción fue resultado de la compleja dinámica de alianzas y traiciones que caracterizó la época.

En 1874, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada designó a Corona como Enviado Especial y Ministro Plenipotenciario en España. Tras vivir varios años en Europa desempeñando ese rol diplomático, Corona regresó a México y, el 1 de marzo de 1887, asumió la gobernación de Jalisco. Su gestión se extendería a lo largo de varios periodos, marcados por la necesidad de estabilizar el estado en un contexto nacional inestable.

Las consecutivas gestiones como gobernador ocurrieron en fases diversas: tuvo un inicio breve en el primer tramo de 1887, luego intervino entre noviembre de ese mismo año y marzo de 1888, continuó entre abril de 1888 y enero de 1889, y, finalmente, entre enero y noviembre de 1889. En cada periodo, Jalisco solicitaba su capacidad de coordinación entre autoridades locales y federales, así como su voluntad de impulsar proyectos de desarrollo regional.

El 10 de noviembre de 1889, mientras ejercía funciones, fue atacado con varias puñaladas por un individuo llamado Primitivo Ron Salcedo, quien fue posteriormente detenido y eliminado por la policía local. Por las heridas recibidas, Corona falleció al día siguiente, el 11 de noviembre de 1889. La mayoría de historiadores sostienen que el crimen anticipaba una maniobra política ordenada por Porfirio Díaz, ya que temía que Corona se postulara a la presidencia de la República.

En 1918, el estado de Jalisco instituyó un municipio llamado Villa Corona, integrado por las comunidades de Tizapanito y Estipac, como parte de un homenaje a su figura. A la vez, Corona promovió la elevación de la localidad natal, Tuxcueca, al rango municipal, y dejó su impronta en otras ciudades cercanas; nombres de calles en Mazatlán, Culiacán, Colotlán, Ciudad Guzmán y La Barca, así como una plazuela en Escuinapa (Sinaloa), portan su legado, testimonio de la influencia de este militar jalisciense.

Su personalidad

Un relato de época recogido por un corresponsal de un diario extranjero lo describe como un líder con mando sólido y con un proceder que privilegiaba la seguridad de las personas y de la propiedad. En palabras de ese testigo, Corona actuaba con un sentido de honor propio de las guerras dignas y orientaba sus operaciones hacia la protección de la patria, recurriendo a medios que consideraba legítimos y honrosos. Honradez y determinación eran las notas distintivas que, según la crónica, guiaban cada decisión.

Controversia

A pesar de la versión heroica que lo acompaña, la historiografía ha dado cabida a señalamientos en torno a supuestos actos delictivos atribuidos a Corona. Un adversario, Plácido Vega Daza, lo acusó de intentar desplazarlo y de haber ordenado su asesinato en enero de 1863; Corona admitió parte de esas acusaciones, lo que provocó su controversia entre los contemporáneos. Vega insistió también en otro intento de eliminarlo durante agosto de 1866.

En el marco de la etapa de ocupación francesa, se cita un episodio en el que Lozada y Antonio Rosales se enfrentaron para derribar a Jesús García Morales, gobernador de Sinaloa; Rosales recibió, luego, el encargo de gobernar ese estado, pero en mayo de 1865 su lugarteniente, Ascensión Correa, terminó por derrocarlo. Estas alianzas y traiciones señalan la complejidad de la política de la época y la red de vínculos que rodeaban a Corona.

Tras la derrota de Maximiliano y la retirada de las tropas francesas, el 18 de marzo de 1868 el general José María Patoni fue asesinado por Benigno Canto, un allegado de Corona; circulaban rumores de que el propio Corona podría haber ordenado tal crimen, lo que alimentó la atmósfera de sospecha que rodeó su figura en otros momentos de su carrera.

Imágenes de Ramón Corona