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Ramón Xaudaró

Nombre completo Ramón Xaudaró y Fábregas
Descripción Político español
Fecha de nacimiento 30-11-1801
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 09-07-1837
Nacionalidad España
Ocupaciones político
Idiomas español, catalán
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Ramón Xaudaró y Fábregas (Calaf, 1802 – Barcelona, 10 de julio de 1837) fue un personaje singular de la España de principios del siglo XIX: político, periodista, abogado y revolucionario liberal que desplegó su actividad en un marco de tensión entre la tradición monárquica y las nuevas ideas republicanas. Su trayectoria combina luchas para reformar el sistema y una prensa que defendía posiciones radicales, todo ello cruzado por exilios, encarcelamientos y un final trágico en la corta historia de las militancias liberales de la época.

Ramón Xaudaró — Imagen principal

Ramón Xaudaró y Fábregas (Calaf, 1802 – Barcelona, 10 de julio de 1837) fue un personaje singular de la España de principios del siglo XIX: político, periodista, abogado y revolucionario liberal que desplegó su actividad en un marco de tensión entre la tradición monárquica y las nuevas ideas republicanas. Su trayectoria combina luchas para reformar el sistema y una prensa que defendía posiciones radicales, todo ello cruzado por exilios, encarcelamientos y un final trágico en la corta historia de las militancias liberales de la época.

Biografía

Orígenes, formación y primeros vínculos

De origen hacendado y con oficio de abogado, Xaudaró contrajo matrimonio en Barcelona en 1826 con Teresa Rovira y Eroles, con la que formó una familia numerosa. Su vida dio un giro importante al emigrar a Francia, donde las circunstancias políticas lo llevaron a sufrir prisión por motivos de índole ideológica. Esta experiencia no hizo más que alimentar su decisión de participar en la escena pública cuando la Revolución de 1830 abrió un cauce para la protesta liberal en la Península. En esa coyuntura, se incorporó a una Junta Patriótica de los Pirineos Orientales con una orientación torrijista, asentada en Perpiñán y formada por un conjunto de oficiales y activistas que, pese a las diferencias, compartían la aspiración de reformas constitucionales en España.

Entre los protagonistas que acompañaron a Xaudaró en esa etapa figura un grupo de nombres que se volvieron habituales en las crónicas de la época: José Grases, Isidro Conill, Juan Carreras y José Escluz y Gómez; juntos trazaron líneas de acción que iban más allá de la mera protesta. En ese periodo, Xaudaró dio a conocer a través de un documento publicado en Limoges en 1832 un esbozo de constitución republicana, fundamentada en principios de federalismo y organización política que anticipaban, en su planteamiento, una España futura más descentralizada y republicana.

La obra publicada en tierras francesas sería traducida al castellano y difundida en Barcelona hacia 1868, para convertirse en un referente de lectura para los republicanos de la época tardía del siglo XIX. En aquella producción se delineaba una visión de convivencia política que privilegiaba la soberanía popular, la separación de poderes y la articulación de un sistema político federativo. En suma, Xaudaró pretendía aportar ideas que contrastaran con el orden de su tiempo y que sirvieran de columna vertebral para proyectos de reforma liberal.

El salto a la prensa y la militancia revolucionaria

De regreso a Cataluña, Xaudaró fundó en Barcelona El Catalán, por primera vez convertido en una tribuna de discurso político y, sobre todo, de defensa de la radicalidad republicana. En sus columnas se observaban la influencia de los primeros círculos del republicanismo catalán y el deseo de ampliar las fronteras de la libertad política. Su actividad periodística lo llevó a recibir una orden de detención en 1835, y la vigilancia no tardó en convertirse en una persecución sostenida durante años, que terminó por convertirlo en un personaje perseguido por las autoridades moderadas de la época.

Entre 1835 y 1836 Xaudaró sufrió arrestos y destierros que se extendieron hasta las islas Canarias, resultado de las medidas tomadas por el gobierno para frenar la radicalidad que empujaba a la población a la acción. En 1836, las autoridades le atribuyeron participaciones en los sucesos conocidos como las Bullangues y lo señalaron como un posible consejero de acciones subversivas en Barcelona. A falta de pruebas definitivas, la jurisprudencia de la época inclinó la balanza hacia la represión, que lo llevó primero a Canarias y luego a La Habana, donde pasó un tramo de su experiencia como prisionero político.

La travesía carcelaria tuvo un giro complejo cuando Xaudaró fue sometido al Castillo del Morro y, apenas varios meses después, logró regresar a España. Su retorno no significó separación de la lucha; al contrario, optó por mantener una presencia constante en la vida pública y política de su tiempo. Su regreso a Barcelona coincidió con la publicación de una proclama de carácter republicano y secesionista, conocida popularmente como La Bandera, que presentó un marco de acción revolucionaria y defendió la idea de proclamar la República, articulada por una organización secreta que, según la crónica de la época, se hacía llamar Hermanos de la Gran Unión y que habría contado con la posible complicidad de grupos carbonarios o masones.

Ya instalado en Madrid, entre octubre y diciembre de 1836 Xaudaró dejó constancia de su visión de la política española mediante la publicación de un periódico de alcance político, literario y mercantil llamado El Corsario. Su tarea en ese medio fue forjar una voz que defendiera los derechos del pueblo frente a las estructuras de poder existentes, en un momento de convulsión constitucional y de incertidumbre frente a la vigencia de instituciones como la Constitución de 1812. En esa etapa también publicó el Manifiesto de las injustas vejaciones sufridas, un documento en el que denunciaba la persecución política que padecía y que pretendía legitimar su resistencia frente a los que llamaba abusos de las autoridades.

La red de ideas y la condena definitiva

De regreso a Barcelona, Xaudaró dio impulso a una red de asociaciones cuyo objetivo era ampliar los derechos civiles frente a las limitaciones del momento. Creó y dirigió una sociedad secreta llamada Derechos del Hombre, vinculada a otros movimientos similares de la época y teóricamente en sintonía con los principios de libertad, igualdad y fraternidad que inspiraban a la acción republicana. En ese entramado participó Rafael Degollada y otros ideólogos que mantenían un pulso político activo contra las limitaciones del absolutismo, sin dejar de lado las controversias propias de la clandestinidad de aquellos años. La influencia de figuras como Eugenio de Aviraneta y Tomás Bertrán y Soler aparece en la narrativa de la época, señalándose que Xaudaró se movía entre la clandestinidad y la visibilidad pública como quien intenta mantener viva una corriente reformista.

El auge de su actividad política coincidió con una vida de peligros constantes: el rumor de su supuesta condición de agente del enemigo circuló entre los moderados y los conservadores, y pronto las autoridades comenzaron a cerrarle más puertas. En la primavera de 1837, ante el acervo de acusaciones y la presión institucional, Xaudaró se refugió en Valencia. Allí se incorporó a la milicia nacional que lideraba el levantamiento republicano de Barcelona y, en medio de la escena de confrontación, fue arrestado y ejecutado, en un desenlace que la historia recuerda como un final prematuro para una figura que había empujado los límites del pensamiento liberal. Su muerte ocurrió el 9 de julio de 1837, en un episodio que mostró la brutalidad de un periodo de lucha y consolidó su lugar entre las víctimas de la represión política de la época.

Con la muerte de Xaudaró, la memoria de sus iniciativas periodísticas y de sus traducciones adquirió una dimensión póstuma. En 1837 apareció, de forma póstuma, la traducción al español de una obra italiana que llevaba por título Las noches romanas en el sepulcro de los Scipiones, un reflejo de su interés por los discursos clásicos como espejo de la política contemporánea y de su deseo de ir más allá de la coyuntura española para dialogar con tradiciones culturales más amplias.

Obras y aportaciones literarias

  • Bases d'une constitution politique ou principes fondamentaux d'un systhème républicain (Limoges, 1832). Esta obra, difundida en su versión castellana en Barcelona en 1868, lleva el título Bases de una Constitución política o principios fundamentales de un sistema republicano y permanece como un hito en la literatura constitucionalista de la época, al presentar un boceto de organización federal para España.
  • Manifiesto de las injustas vejaciones sufridas por Ramón Xaudaró, redactor del periódico El Catalán que se publica en Barcelona (Madrid, 1836). En este documento queda recogida la denuncia por el trato recibido durante las confrontaciones políticas y la defensa de la integridad de la labor periodística como instrumento de emancipación social.
  • Traducción de Las noches romanas en el sepulcro de los Scipiones (Barcelona, 1837). La edición póstuma de esta versión demuestra el interés de Xaudaró por vincular la reflexión literaria con la ética cívica que proponía para la convivencia republicana.

Imágenes de Ramón Xaudaró