Vida Icónica VIDAICÓNICA

Roy Orbison

Nombre completo Roy Orbison
Nombre nativo Roy Orbison
Descripción Músico estadounidense
Fecha de nacimiento 23-04-1936
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 06-12-1988
Nacionalidad Estados Unidos
Ocupaciones cantante, guitarrista, compositor, compositor de canciones, cantautor
Géneros rock, country, rockabilly
Grupos Traveling Wilburys
Idiomas inglés
EsposasBarbara Orbison
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Roy Kelton Orbison, nacido en Vernon, Texas, y cuyo legado cruza décadas con una mezcla de voz operística y sensibilidad desbordante, dejó una huella indeleble en el panorama musical. Su vida dibujó un recorrido lleno de triunfos notables, pérdidas profundas y un renacimiento tardío que lo llevó a colaborar con grandes nombres y a reinventar su sonido. En el escenario, su timbre podría elevarse a alturas inesperadas, mientras su temática hablaba de amores perdidos y destinos inciertos, siempre con una profundidad emocional que pocos podían igualar.

Roy Orbison — Imagen principal

Roy Kelton Orbison, nacido en Vernon, Texas, y cuyo legado cruza décadas con una mezcla de voz operística y sensibilidad desbordante, dejó una huella indeleble en el panorama musical. Su vida dibujó un recorrido lleno de triunfos notables, pérdidas profundas y un renacimiento tardío que lo llevó a colaborar con grandes nombres y a reinventar su sonido. En el escenario, su timbre podría elevarse a alturas inesperadas, mientras su temática hablaba de amores perdidos y destinos inciertos, siempre con una profundidad emocional que pocos podían igualar.

Biografía

Primeros años y raíces

El relato de Roy Orbison comienza en la pequeña localidad de Vernon, en Texas, donde nació en una familia de clase trabajadora. Su padre trabajaba en el sector de la industria petrolera y su madre ejercía como enfermera; el respaldo de un hogar que valoraba la diligencia y la música como refugio. En su infancia, la familia experimentó las migraciones típicas de la Gran Diversión Económica, moviéndose hacia Fort Worth para buscar oportunidades, y luego hacia Wink, un enclave ligado al petróleo que marcó su juventud. En ese entorno, la curiosidad musical germinó temprano y la visión de un joven que soñaba con el escenario fue tomando forma con cada nota que aprendía a tocar. La música country dejó una marca imborrable en su educación musical, y los sonidos tradicionales de Texas convivían con curiosidades sonoras que luego enriquecerían su estilo personal.

Desde muy pequeño, Orbison tuvo que lidiar con limitaciones visuales. Las exigencias de una vista con problemas de refracción le hicieron usar anteojos desde temprano, y esa experiencia de visión diferente se transformó, con el paso del tiempo, en una parte integral de su identidad escénica. Además de la corrección óptica, su personalidad se dibujaba como la de un muchacho reservado y cortés, alguien que, aun siendo tímido, encontraba en la música un canal para expresar emociones con una intensidad poco común. Su voz fue emergiendo como una promesa que, pese a las dudas propias de la juventud, no dejó de buscar un camino claro hacia la profesión.

Con el paso de los años, la casa y el entorno familiar impulsaron su relación con la guitarra. Recibió su primera instrumento en torno a su sexto cumpleaños, y aquello desató una fascinación que lo acompañaría toda la vida. A los siete años ya sentía que estaba “destinado a algo mayor” y la pasión por la interpretación iba ganando terreno frente a las otras inquietudes. En aquella etapa temprana, algunas de las influencias más decisivas provenían de artistas de la música country y de cantantes con un timbre áspero y sincero que dejarían una impronta en su forma de aproximarse a las baladas. Lefty Frizzell y Hank Williams —figuras de la tradición country— alimentaron su repertorio, mientras que la cercanía con Ernest Tubb y otros intérpretes del estilo le mostró que la escena podía ser un campo de juego para la futura estrella que quería cultivar.

A finales de la década de 1940, Orbison ya se presentaba ante audiencias en su región, conduciendo programas de radio y reuniendo a amigos en escenarios locales. En Wink, la vida cotidiana giraba en torno a los ranchos, los campos petroleros y el sonido de la radio que acompañaba sus primeras actuaciones. En esa atmósfera, el joven Roy comenzó a entender que la música podía ser más que un pasatiempo: era una vía para construir una vida. En los años siguientes, su aprendizaje continuó mediante presentaciones en honky-tonks y colaboraciones con otros músicos que, sin saberlo, estaban sembrando el terreno para su futura reinvención musical. La etapa Wink fue un laboratorio de experimentación que le permitió afinar su presencia escénica y su intuición para las melodías complejas que más tarde lo caracterizarían.

Al finalizar la secundaria, Orbison ya estaba decidido a dedicar su talento a la música, aun cuando sus primeros años de formación académica le ofrecían alternativas. Tras cursar un año en una academia universitaria local, decidió regresar a Wink para afianzar su presencia como intérprete y compositor. Así, con la banda que llamó Wink Westerners, inició un itinerario que lo llevó a explorar el país, ensayar en clubes y construir una red de contactos que más adelante lo impulsaría a buscar oportunidades más allá de Texas. En esa etapa, la visión de su futuro como artista cobraba forma con cada ensayo y cada canción que nacía de su guitarra.

De Sun Records a Monument: el debut grabado

La ruta profesional de Orbison dio un giro decisivo cuando, impulsado por el deseo de ampliar horizontes, se presentó ante productores con la intención de grabar y distribuir su música. En ese trance, llegó a las oficinas de Sun Records, una casa discográfica que ya había catapultado a varios íconos del rock y el country. Aunque la primera reacción fue de cautela, la oportunidad no tardó en presentarse para el joven intérprete y su grupo, que adoptó el nombre The Teen Kings para las primeras grabaciones. En ese contexto nació una canción que marcaría un hito en su carrera: un tema enérgico que lograba abrirse camino entre las radiofrecuencias de la época. Ooby Dooby fue el primer avance, una pieza que encendió la chispa de su llegada a un público más amplio.

En Memphis, el estudio de Sun se convirtió en un hervidero de creatividad, y allí, bajo la mirada de Sam Phillips, Orbison empezó a desbordar una mezcla de destreza técnica y sensibilidad interpretativa. Aunque el inicio estuvo atravesado por altibajos y por la lucha por conseguir un crédito justo en las composiciones, la experiencia evidenció que el camino hacia un sonido propio requería explorar nuevas texturas y arreglos. En esas sesiones, la interacción entre la guitarra y la voz de Orbison ya revelaba una singularidad: un timbre que podía trepar a alturas líricas y, a la vez, sostener una emocionalidad contenida. La brújula Sun ya señalaba un rumbo con potencial de quedarse.

Con el tiempo, la figura de Orbison comenzó a hacerse más visible en la escena musical, a la vez que su obsesión por perfeccionar la técnica de grabación lo llevó a experimentar con la estructura de las canciones. En ese periodo, la esfera de su amistad con otros grandes intérpretes creció, y la influencia de Elvis Presley, así como la presencia de otros artistas que emergían en aquel momento, fortaleció su convicción de que la música podía adquirir una resonancia universal. Un año decisivo fue aquel en que decidió abandonar definitivamente la universidad y dedicarse por completo a su vocación, confiando en que su esfuerzo encontraría su lugar. La determinación de aquel periodo marcó el inicio de una etapa de grabaciones y giras que cambiarían su vida.

Monument Records y la revolución de un timbre operístico

Con el paso al sello Monument, Orbison empezó a definir un lenguaje propio dentro del rock and roll. En esa etapa, la producción de Fred Foster y el artífice de los arreglos orquestales, junto con un grupo de músicos de sesión conocidos como The Nashville A-Team, crearon el paisaje sonoro que permitió que su voz viajasen con mayor majestuosidad. En las primeras sesiones, apareció una composición que debía funcionar como una prueba de fuego para su nueva identidad: una pieza que ya marcaba la línea de una versión más madura y ambiciosa de su música. Aunque el éxito comercial no fue inmediato, la pruebas de cuerdas y la delicadeza de las armonías abrieron la puerta a un repertorio que combinaba fortaleza emocional y sofisticación musical. En esa época, Orbison dejó claro que su ambición no era simplemente producir singles; quería explorar una voz operística dentro del rock, una singularidad que solo él parecía concebir. El sonido Nashville reconfigurado se asentaba como una firma audaz en su discografía.

La apertura de nuevas rutas se completó con colaboraciones creativas, donde Joe Melson, y luego Bill Dees, se convirtieron en socios de composición. Juntos, forjaron melodías que oscilaban entre la elegancia de las orquestas y la electricidad de las guitarras, un cruce que dio origen a piezas que, con el tiempo, se revelarían como emblemáticas. En el laboratorio de Monument, Orbison pidió la inclusión de arreglos de cuerdas y un enfoque de mezcla que colocaba las voces en primer plano, y esa decisión técnica se convirtió en una de las claves de su éxito. En esa fase temprana, la mezcla entre el virtuosismo vocal y el entramado instrumental ofrecía un sonido que parecía complejo pero, a la vez, accesible para un público amplio.

Entre los hitos de la etapa Monument, destacan las creaciones concebidas con Melson y Dees, que aprendieron a aprovechar la riqueza de la voz de Orbison, multiplicando su impacto emocional. La interpretación de baladas que exploraban la vulnerabilidad humana, sin renunciar a la grandiosidad sonora, se convirtió en una marca registrada que, con el tiempo, definió una era del rock con un tono más maduro y reflexivo. En ese periodo comenzó a tomar forma un repertorio que fusionaba la intimidad de la confesión con la grandeza de las orquestaciones, estableciendo a Orbison como un referente singular dentro de la música popular.

Éxitos que definieron una época

La experimentación de Orbison con arreglos y su deseo de ampliar el horizonte musical lo llevó a componer e interpretar piezas que, con el paso de los años, se convertirían en clásicos. Entre las creaciones que captaron la atención del público se encuentra una balada de resonancias dramáticas, una melodía que, gracias a la fusión entre su voz y las cuerdas, alcanzó un estatus de themático para muchos oyentes. Con su característico registro vocal, que podía modular entre potencia y sutileza, logró que la canción se alzara como un hito en el catálogo de Monument. El material que siguió mostró una progresión natural hacia un estilo único que combinaba lo íntimo con lo espectacular. En paralelo, el ingenio de algunas canciones para incorporar coros y una orquestación estudiada ha sido citado por críticos como una de las bases de su distinción. Uptown emergió como una señal de ese cambio, dejando ver la capacidad de Orbison para convertir ideas en experiencias sonoras que desbordaban las expectativas de la época.

En la búsqueda de un sonido que trascendiera, Orbison consolidó una fórmula que le permitió llegar a audiencias distintas. Sus colaboraciones con Melson y Dees dieron fruto a piezas que se ganaron un lugar destacado en las listas, mientras la orquestación cuidada y la mezcla de voces creaban una atmósfera de sofisticación casi cinematográfica. Aunque el alcance de estas grabaciones no siempre fue inmediato, su influencia se fue extendiendo de manera sostenida, a la vez que el público empezaba a reconocer en su voz una experiencia sonora que deslumbraba por su intensidad contenida. La apuesta musical de Monument preparaba el terreno para un ascenso que, aunque difícil, sería definitivo.

Top-10 y consolidación de una voz icónica

Con la untilización de un enfoque que combinaba cuerdas y harmonías doo-wop, Orbison dio forma a canciones que superaron barreras comerciales y se posicionaron como referencias de la época. Su sencillo destacaba por un timbre que parecía viajar entre el poder y la vulnerabilidad, y la producción de la época realzaba la sensación de que estaba escuchando algo diferente dentro del panorama pop. Aunque no todas sus creaciones alcanzaron la cumbre de las listas, el conjunto de su obra durante este periodo consolidó un lenguaje que tenía un sello propio. La mezcla de su voz con una instrumentación de vanguardia para la época produjo un efecto que, para muchos, señalaba la llegada de una nueva era en la música popular.

Las giras llevaron a Orbison a compartir escenarios con artistas de varias corrientes, y el encuentro con una audiencia internacional transformó su proyección. En cada presentación, la intensidad de su voz y la profundidad de sus letras dejaban una impresión duradera, lo que fortalecía su reputación incluso cuando la radio y las listas mostraban altibajos. En ese periodo, su vida personal también atravesaba un torbellino de cambios que influían en su mirada hacia la creatividad y la forma en que interpretaba sus propias canciones.

1963-1964: imagen pública y desafíos personales

Durante estos años, la identidad pública de Orbison estuvo marcada por una imagen cuidadosamente construida que contrastaba con su naturaleza discreta. Su presencia escénica y su look oscuro, acompañado de gafas distintivas, generaron un aura de misterio que muchos apreciaron, mientras otros asumían premisas sobre su personalidad. Su historia personal comenzó a entrelazarse con su carrera de forma más estrecha cuando un episodio en el que olvidó sus lentes en un avión terminó modificando parte de su rutina. A partir de entonces, el uso de gafas de sol se convirtió en una constante que ayudaría a convertir su figura en un símbolo memorable del rock de la época. En ese momento, su voz y sus baladas cargadas de emoción lo colocaron entre las figuras más destacadas de la primera mitad de la década.

El repertorio de éxitos continuó creciendo, con canciones que mostraban su habilidad para narrar con melancolía, y la crítica empezó a reconocer que su timbre tenía un alcance verdadero de grandeza. En las giras de ese periodo, Orbison enfrentó la realidad de la atención constante y las exigencias de una fama que crecía más allá de lo imaginable para un artista joven. Aun así, su talento siguió demostrando que podía sostenerse en escenarios grandes y pequeños por igual, convirtiéndose en una figura capaz de atravesar distintas plataformas de difusión sin perder la singularidad de su propuesta.

Las historias de su vida personal, incluida la complejidad de sus relaciones y los desafíos familiares, comenzaron a entrelazarse con su trayectoria artística. En un momento en que la música popular era bombardeada por imágenes y tendencias, Orbison se consolidó como una voz que no buscaba la ostentación, sino la expresión honesta de las emociones. Su evolución musical se hizo más notable cuando decidió asumir riesgos creativos y explorar territorios que escapaban a las fórmulas comerciales, sin perder la emoción que le era propia.

Entre luces y sombras: crecimientos y pérdidas

La década de los sesenta trajo para Orbison una serie de triunfos que consolidaron su estatus de figura clave en la escena, así como momentos de dolor que marcaron su vida personal. En el plano internacional, la popularidad de sus baladas crecía, y la receptividad del público en distintas regiones del mundo se traducía en una base de admiradores fiel. En paralelo, la experiencia de la vida familiar se volvió más compleja: el matrimonio y la crianza de los hijos se enfrentaron a pruebas que afectaron el curso de su carrera y provocaron decisiones que, aun cuando dolorosas, dotaron a su música de una profundidad adicional. A nivel creativo, Orbison continuó explorando nuevas combinaciones de cuerdas, voz y arreglos que reforzaban la identidad sonora que lo caracterizaba.

La consolidación de un público internacional fue acompañada por encuentros en clubes nocturnos y teatros de distintos países, donde la reacción de las audiencias aportó una energía única a sus presentaciones. En esas giras, su capacidad para emocionar con una interpretación contenida resultó crucial. Su imagen de baladista intenso, combinada con momentos de mayor dramatismo vocal, lo acercó a un público que buscaba en la música una experiencia emocional amplia y compleja. En este contexto, su figura dejó de ser solo la de un intérprete para convertirse en la de un narrador capaz de encarnar historias de amor y distancia.

Años de cambios y tragedias familiares

El periodo de mediados de la década de 1960 estuvo marcado por contratiempos que afectaron su vida. Un episodio de infidelidad en su entorno personal desencadenó un proceso de separación que, a pesar de sus complejidades, llevó a una reconciliación posterior. Paralelamente, el contexto artístico experimentaba una revolución influenciada por la llegada de la música británica que desbordaba las fronteras estadounidenses. En esa coyuntura, Orbison continuó grabando, buscando mantener la calidad de su producción y la coherencia de su estilo ante un paisaje cambiante. En el plano familiar, una tragedia golpeó cuando Claudette, su esposa, perdió la vida en un accidente automovilístico. Este suceso dejó una marca profunda y cambió para siempre la trayectoria de Orbison, impulsándolo a redefinir su vida y su música.

Tras ese golpe, el artista siguió adelante con nuevos proyectos cinematográficos y musicales, explorando tanto el repertorio ajeno como su propio universo creativo. Aunque las oportunidades en el cine y la música alterna parecían prometedoras, el rendimiento comercial de sus lanzamientos en esa década no siempre coincidía con la estima crítica que su talento merecía. Aun así, su dedicación a la composición y a la interpretación le permitió resistir el desgaste y mantener vivo el foco en lo que consideraba esencial: la autenticidad de su mensaje a través de la voz.

Renacer y nuevas alianzas

La década de los setenta significó para Orbison un periodo de reajuste y reevaluación. Después de un tramo de menor visibilidad comercial, surgieron indicios de un renacimiento que se fortaleció con la aparición de nuevas asociaciones y con la apertura de mercados internacionales que respondían favorablemente a su propuesta melódica y expresiva. En esa fase, su colaboración con otros artistas y productores dio frutos en forma de proyectos que, si bien no siempre volvían a las alturas de sus mejores años, permitieron sostener su presencia en la escena. Entre esos hitos se encuentran versiones de sus temas por intérpretes de distintos géneros que contribuyeron a mantener vivo su legado y a presentar su voz a nuevas generaciones. El resurgimiento comenzó, de modo gradual, a convertir su historia en un testimonio duradero de resiliencia artística.

En ese periodo, la industria musical intentó acomodar su figura a las dinámicas cambiantes de la época: la llegada de la música disco y el progreso de los formatos dejó a muchos artistas atentos a reinventarse sin perder la esencia que les definía. Orbison demostró, sin embargo, que era posible conservar una identidad única incluso cuando el entorno creativo estaba disponible para experimentar sin límites. Sus esfuerzos convergieron en proyectos que, con el paso de los años, volvieran a recordarle a un público amplio que la grandeza puede surgir de la paciencia y la perseverancia.

El resurgimiento: luz de una nueva generación

En los años ochenta, una corriente de veneración por las melodías de antaño abrió una ventana para que Orbison emergiera de nuevo en el radar popular. Su participación en proyectos de alto perfil y la colaboración con artistas jóvenes le permitieron cruzar hacia una fase de reconocimiento renovado. En ese marco, la influencia de las nuevas generaciones y la excitación de ver a una estrella veterana reaparecer con fuerza generaron una recepción positiva que superó las expectativas. En paralelo, su presencia en la pantalla y su interés por el cine se combinaron con un interés latente por explorar formatos de mayor alcance, lo que terminó por consolidar una nueva etapa de su carrera.

El periodo de renacimiento llevó al intérprete a participar en una de las formaciones más destacadas de la música contemporánea: un proyecto colectivo que reunió a músicos de renombre y que se convirtió en un vehículo para revitalizar su catálogo, al tiempo que abría puertas a colaboraciones posteriores. Este momento fue decisivo para que su legado se proyectara más allá de las fronteras del rock tradicional, estableciendo una conexión entre generaciones distintas y entre distintas tradiciones musicales.

El regreso definitivo y el proyecto que cambió su destino

La escena se sacudió de un golpe cuando apareció una oportunidad de oro para Orbison: integrarse a un supergrupo de renombre internacional que reunía a guitarristas, cantantes y compositores de distintas procedencias. Esta alianza no solo acercó su voz a un público nuevo, sino que también potenció su trabajo en solitario gracias a la energía colectiva y a la atención mediática que acompaña a proyectos de ese nivel. En ese marco, nació una recopilación de grandes éxitos restaurados y grabaciones recientes que mostraban a un artista capaz de adaptar su estilo sin perder la esencia que le dio origen. Entre las piezas más destacadas de esa etapa estuvo el impulso a material nuevo producido por gente con una visión contemporánea del rock y que reconocía el valor de su interpretación. El renacer fue posible gracias a una convergencia entre experiencia, madurez y una curiosidad insaciable por crear.

Colaboraciones y un legado que trasciende generaciones

Consolidado el renovado interés por su música, Orbison participó en proyectos que cruzaban fronteras y géneros, demostrando que su voz tenía cabida en contextos muy diversos. En esa fase, su interpretación de baladas perdurables y sus incursiones en nuevas formas de producción musical lo mantuvieron vigente entre audiencias que habían descubierto su talento años atrás y entre jóvenes curiosos por conocer una voz histórica. Además de sus trabajos discográficos, su presencia en la escena cultural se enriqueció con participaciones en bandas sonoras y colaboraciones que subrayaron la versatilidad de su expresión, así como el reconocimiento de su aporte a la tradición musical de su país.

El cierre de una era y la memoria de un nombre

El último tramo de la trayectoria de Roy Orbison estuvo marcado por una mezcla de celebraciones y despedidas. Su participación en proyectos culturales de alto perfil y las oportunidades de colaborar con figuras influyentes acercaron aún más su legado a las nuevas generaciones. En ese periodo, su figura se convirtió en un símbolo de resistencia creativa, capaz de volver a brillar aun cuando el tiempo parecía haberle pasado factura. Sus actuaciones continuaron siendo objeto de anécdotas y mensajes de admiración, y su impacto se extendió a muchos países donde su música encontró nuevos admiradores, asegurando que su voz siguiera resonando durante años después de su último concierto.

Legado, reconocimientos y memoria

El paso de los años consolidó a Orbison como una presencia indeleble en la historia de la música popular. Sus logros fueron reconocidos en múltiples salones de la fama y por editoriales que valoran su contribución a la creación de un repertorio de alto vuelo emocional. Su influencia se percibe en la forma en que numerosos intérpretes dialogan con las baladas de amor y la épica de las melodías que elevan la experiencia del oyente. su trayectoria es un testimonio de que la voz, cuando está profundamente conectada con la verdad emocional, puede atravesar generaciones y convertirse en patrimonio compartido de la cultura musical.

Premios y reconocimientos

Homenajes y distinciones relevantes

Rock and Roll Hall of Fame (inducción en 1987) marcó un hito para su reconocimiento dentro de la escena rock; esa misma etapa de reconocimiento incluyó la Academia de la Música Country de Nashville como uno de los hitos de su trayectoria. Más adelante, su nombre se sumó a la nómina de la Songwriters Hall of Fame, y años después fue incluido en el Museum of Musical Instrumentation Hall of Fame, consolidando un legado que atraviesa distintos aspectos de la música popular. Las reseñas de críticos y lectores lo situaron entre las voces más destacadas de su generación, y su influencia fue destacada por publicaciones influyentes que lo distinguieron como una de las figuras más significativas del siglo XX.

La recepción crítica continuó a lo largo de los años, con reconocimientos que cruzaron fronteras y que subrayaron la singularidad de su voz y de su capacidad para sostener melodías complejas sin perder la emoción que las convirtió en memorables. En ese marco, la memoria de su obra se mantiene viva como referencia para músicos y aficionados que buscan explorar la profundidad de las baladas emocionales y las composiciones que rompen con las convenciones de su época.

Discografía (selección destacada)

Algunos álbumes y singles relevantes

  • There Is Only One Roy Orbison — recopilatorio que marcó una etapa de transición entre el sueño de la juventud y la madurez artística. Monument registró un hito al presentar una colección que reunía piezas representativas de su expresión vocal y compositiva.

  • Running Scared — balada que destacó por su intensidad narrativa y por el dominio de un registro que se expandía sin perder la claridad de la interpretación. La producción reflejaba la ambición de fusionar la emoción con la técnica.

  • Oh, Pretty Woman — una de las canciones icónicas que convirtió la balada en un fenómeno de masas, guiando a Orbison hacia una nueva dimensión de popularidad internacional.

  • Blue Bayou — logró superar barreras lingüísticas y culturales, con una versión que consolidó su afinidad por las melodías melancólicas y las imágenes poéticas.

  • In dreams: the greatest hits — una mirada retrospectiva que reunió lo más destacado de su repertorio y abrió la puerta a un reconocimiento generacional.

  • You Got It — tema póstumo que representó una última señal de su capacidad para reinventarse, escrito junto a colaboradores cercanos y que tuvo una resonancia internacional en las listas de éxitos.

La historia de Roy Orbison es un testimonio de un artista que supo convertir la vulnerabilidad en una fortaleza expresiva, de un intérprete que navegó entre la oscuridad y la luz de la música para forjar un lenguaje auténtico. Su vida estuvo atravesada por pérdidas que podrían haber quebrantado a cualquiera, pero él convirtió esas experiencias en canciones que perduran como muestra de una sensibilidad que continúa inspirando a generaciones de oyentes y creadores. En cada nota, su memoria habita como un faro de compromiso con la emoción humana y con la grandeza de una voz capaz de tocar lo insospechado.

Imágenes de Roy Orbison