Soledad Acosta de Samper
| Nombre completo | Soledad Acosta de Samper |
|---|---|
| Descripción | Escritora, poetisa, periodista y activista feminista colombiana |
| Fecha de nacimiento | 05-05-1833 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 17-03-1913 |
| Nacionalidad | Colombia |
| Ocupaciones | periodista, escritor, historiador, poeta, editor, traductor, dramaturgo, especialista en literatura, hombre de letras, novelista |
| Idiomas | español |
| Esposas | José María Samper |
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Soledad Acosta de Samper, destacada figura de la cultura colombiana del siglo XIX, nació en Bogotá el 5 de mayo de 1833 y cerró su ciclo vital en la misma ciudad, el 17 de marzo de 1913. Su labor abarcó la creación literaria, el periodismo y la defensa de los derechos de las mujeres, dejando una huella indeleble en la historia de Colombia. Su vida y su obra han sido faros para generaciones de escritoras, periodistas y activistas que siguieron su ejemplo de compromiso y persistencia.
Soledad Acosta de Samper, destacada figura de la cultura colombiana del siglo XIX, nació en Bogotá el 5 de mayo de 1833 y cerró su ciclo vital en la misma ciudad, el 17 de marzo de 1913. Su labor abarcó la creación literaria, el periodismo y la defensa de los derechos de las mujeres, dejando una huella indeleble en la historia de Colombia. Su vida y su obra han sido faros para generaciones de escritoras, periodistas y activistas que siguieron su ejemplo de compromiso y persistencia.
Biografía
Josef de Acosta, abuelo de la autora, llegó al Nuevo Reino de Granada en 1761; era un español originario de Valencia y se formó en Cádiz. Su visión empresarial lo llevó a instalar una casa de comercio con sedes en Cartagena, Popayán, Pasto, así como en Quito y Guayaquil, desde donde dinamizaba una red de operaciones que fortalecía el intercambio regional.
Las circunstancias familiares impulsaron a la familia hacia una vida nómada dentro de la geografía colombiana y andina. En 1785, Josef de Acosta contrajo matrimonio con Soledad Pérez, hija menor del señor Buenaventura Pérez, propietario de un valle en Guaduas. El matrimonio fijó su residencia en Guaduas, lugar en el que nacieron los primeros hijos de la pareja, y fue allí donde Joaquín Acosta (padre de la autora) vino al mundo en 1800.
La trayectoria de Joaquín Acosta marcó un tramo decisivo de la historia nacional: en 1819 recibió el nombramiento de subteniente en el Batallón de Cazadores de Nueva Granada, y dos años después, en 1822, pasó a ocupar una plaza como Oficial Segundo de la Secretaría de Estado y de Guerra. Su vida lo llevó a Europa para estudiar ingeniería militar y ciencia natural en París, y a su regreso, en 1830, inició un nuevo capítulo junto a su esposa Carolina Kemble. El 31 de mayo de 1832 contrajeron matrimonio y, a partir de entonces, la familia emprendería nuevos derroteros que entrelazarían historia y educación.
El nacimiento de Soledad Acosta tuvo lugar el 5 de mayo de 1833 en Bogotá, única hija de la pareja Acosta-Kemble. El viaje familiar los llevó a recorrer Europa, con estancias en Nueva York, Halifax y Nueva Escocia. En 1846 la familia se asentó definitivamente en París, donde Joaquín acumuló trabajos en el campo de la historia y la geografía para la Nueva Granada y procuró dotar a su hija de una educación sólida y amplia. La Revolución Francesa de 1848 obligó a retornar a suelo colombiano: la familia se trasladó a Santa Marta y en 1851 Joaquín Acosta alcanzó la jerarquía de General, falleciendo en 1852 a causa de fiebres contraídas en el Magdalena.
El encuentro con José María Samper tuvo lugar en Guaduas, en 1853, durante unas fiestas locales. Se casaron el 5 de mayo de 1855 y, al año siguiente, nacieron Bertilda Samper Acosta (1856) y Carolina (1857). En 1858 la familia viajó a Europa; se instalaron en París, donde José María ejercía como secretario de la Legación colombiana. En el marco de su estancia, Soledad inició colaboraciones periodísticas para publicaciones de la época, especialmente para El Mosaico y la breve revista Biblioteca de Señoritas, así como para El Comercio de Lima. En estos primeros años empleó seudónimos como Aldebarán, Renato, Bertilda y Andina, y también colaboró en El Iris, periódico literario bogotano, firmando bajo otros seudónimos para aportar a la discusión cultural de la época.
La expansión de la familia y la labor editorial continuó con la llegada de María Josefa en 1860 en Londres y de Blanca Leonor en París en 1862. A finales de ese mismo año, Samper fue designado redactor principal de El Comercio, y la familia se trasladó a Lima, donde impulsaron la creación de la Revista Americana. En 1863 regresaron a Colombia; ese mismo año José María Samper se presentó como representante por Cundinamarca ante la recién nacida Constitución de Rionegro de 1863.
La obra literaria de Soledad comenzó a florecer en estas décadas. En 1864 presentó su primer cuento, “La perla del Valle”, en El Mosaico, y en 1867 publicó su primera novela, Dolores. A partir de 1869 la edición de su primera recopilación de relatos, Novelas y cuadros de la vida sur-americana, consolidó su voz narrativa; en 1870 apareció su primera novela histórica, José Antonio Galán. Episodios de la guerra de los comuneros, que se publicó en forma de folletín y luego se consolidó como libro. En 1872, una tragedia personal golpeó a la familia con la muerte de María Josefa y Carolina durante una epidemia en Bogotá.
La persecución política y el giro editorial continuaron: en 1875 Samper fue encarcelado por motivos políticos, sus bienes fueron decomisados y su imprenta cerró. A pesar de la adversidad, Soledad decidió no abandonar la vida pública y en 1878 fundó la revista La Mujer, la primera iniciativa colombiana de edición y dirección íntegramente femeninas, que se mantuvo disponible hasta 1881 y abrió caminos para voces femeninas en la prensa.
Consolidación de su proyecto histórico En 1883 inició su primera incursión en la historia con la Biografía del General Joaquín París, galardonada en un concurso conmemorativo del centenario de Bolívar. Después continuó publicando una veintena de obras históricas. En 1884 apareció su primera obra teatral, Las víctimas de la guerra, y en 1888, tras la enfermedad, falleció José María Samper en París. Más tarde, en 1894, la Universidad tomó la decisión de designarla Delegada Oficial para el IX Congreso Internacional de Americanistas en Madrid. En 1895 vio la luz La mujer en la sociedad moderna, y unos años después fue reconocida como miembro honorario de la Academia Colombiana de Historia. En 1910 quedó a cargo de la organización del Primer Centenario de la Independencia, y ese mismo año recibió el golpe de la pérdida de su hija Bertilda. Soledad Acosta de Samper falleció en Bogotá tres años más tarde, dejando un legado que perdura.
Historiadora
Hasta el siglo XIX, la historia de Colombia se concebía como un relato para forjar identidad y memoria nacional; Soledad Acosta de Samper entendió su labor como historiadora como una tarea para nutrir ese sentido de nación. En 1870 publicó su primera novela histórica, José Antonio Galán. Episodios de la guerra de los comuneros, la cual apareció en folletines y luego se consolidó como texto literario. A partir de entonces, su actividad histórica fue constante y, a los cincuenta años, empezó a publicar biografías que ampliaron el panorama de la historia nacional.
La estructura de sus relatos buscaba educar a las generaciones femeninas y masculinas por igual, a través de narraciones que empleaban la periodización, la cronología y el testimonio documental como pilares. Su mirada intentaba alinear la narración con los criterios de su siglo, construyendo un relato nacional que respondiera a las normas de la época y a la aspiración de una identidad compartida.
La vida pública y su tono didáctico se manifiestan desde su diario íntimo, donde se revelan críticas al golpe de 1854 y a la represión política que siguió; también se advierte en las cartas que enviaba a las autoridades, protestando por la encarcelación de su esposo y expresando su postura frente a la separación de Panamá. Sus escritos, además, apuntaban a enseñar conductas, valores y episodios a través de relatos accesibles. En su catálogo figuran numerosos apartados que la definen como novelista histórico, cronista historio-novelística, cuentista y autora de leyendas y cuadros históricos; su objetivo último era la educación cívica de sus contemporáneos.
La influencia de maestros literarios se deja sentir en su estilo, que diálogo con la tradición de Walter Scott y de Benito Pérez Gichos (Galdós), al tiempo que adapta esas huellas a la realidad latinoamericana. Su vocación pedagógica atraviesa toda su producción y se resalta en su esfuerzo por convertir la historia en un recurso didáctico para el aula y para el hogar, no sólo para eruditos.
Entre sus aportes pedagógicos destacan las Lecciones de historia y el Catecismo de historia, publicados entre 1905 y 1908, respectivamente, que se propusieron desglosar la memoria colectiva en lecciones claras y didácticas. En 1883 dio a conocer Biografías de hombres ilustres o notables, relativos a la época del Descubrimiento, Conquista y Colonia, una compilación que reunió 232 biografías y que pretendía servir de enciclopedia para comprender las figuras que moldearon los primeros siglos de la nación.
La Biblioteca Histórica de la Independencia (editada entre 1909 y 1910) fue otro hito de su apuesta enciclopédica: una colección que recopiló biografías y relatos sobre los procesos emancipadores y las personalidades que los protagonizaron. Sus esfuerzos de recopilación y edición se articularon con la publicación de otros textos en el diario Lecturas para el Hogar, uno de los seis periódicos que dirigió a lo largo de su vida, y que recibió el cierre definitivo hacia la última década del siglo XIX.
Periodista y editora
La figura de Soledad Acosta de Samper trasciende la literatura para situarse en el centro de una praxis periodística que buscó transformar el panorama cultural del país. Su labor incluyó la dirección de publicaciones, la coordinación de equipos de redacción y la promoción de una voz femenina en espacios públicos que, para entonces, eran principalmente masculinos. En cada uno de sus proyectos, la autora mostró un talento para la organización editorial y para la curaduría de contenidos que pudieran educar, entretener y estimular el pensamiento crítico de las lectoras y lectores de su tiempo.
Proyectos y publicaciones que marcaron su trayectoria otorgan a Soledad Acosta de Samper un lugar central en la historia del periodismo colombiano y latinoamericano. Entre sus iniciativas destaca la creación y gestión de publicaciones donde las mujeres ocuparon un lugar decisivo, señal de una ruptura con los moldes editoriales que habían prevalecido. A través de estas plataformas, consolidó una visión de la cultura femenina como motor de cambio social y educativo.
- La Mujer, revista inaugurada en 1878, que significó un hito al ser concebida, dirigida y redactada por mujeres y que se mantuvo hasta 1881 como espacio de formación y reflexión para la sociedad femenina.
- Biografías de hombres ilustres, colección histórica publicada a finales del siglo XIX, que reunió 232 perfiles de personajes vinculados a la etapa de Descubrimiento, Conquista y Colonia y que buscaba explicar el origen de las instituciones y tradiciones nacionales.
- Biblioteca Histórica de la Independencia, proyecto enciclopédico concebido para reunir biografías y relatos que iluminasen las claves del proceso emancipador.
- Lecturas para el Hogar, espacio editorial que cerró la trayectoria de los seis grandes proyectos que dirigió durante su vida y que sirvió como puente entre la educación y la vida cotidiana de las familias.
- Lecciones de historia y Catecismo de historia, obras didácticas diseñadas para hacer accesible la memoria nacional a generaciones de estudiantes y lectores curiosos.
El uso de seudónimos fue una constante en su producción periodística: firmó como Aldebarán, Renato, Bertilda y Andina en distintos textos, adaptándose a cada revista o periódico para poder participar en el debate público sin exponer su identidad de forma explícita. Su nombre aparecía, sin embargo, como protagonista de los artículos, reseñas y crónicas que nutrían la vida cultural de ciudades como Bogotá, Lima y París, donde su pareja y ella continuaron tejiendo una red de conocimientos y experiencias compartidas.
Legado y memoria de Soledad Acosta de Samper no se limita a la producción literaria: su acción como historiadora, periodista y mentora de nuevas voces convirtió su figura en un referente para las mujeres que buscaban abrirse camino en ámbitos académicos y culturales. Sus obras siguen siendo fuente de estudio para comprender la trayectoria de una nación que, en aquel siglo, buscaba definirse a través de la escritura y la investigación, y su vida, atravesada por pérdidas y logros, revela la constancia de una mujer que entendió que la cultura era un camino para la emancipación social y la construcción de identidades compartidas.