Valentín González
| Nombre completo | Valentín González González |
|---|---|
| Nombre nativo | Valentín González González |
| Descripción | Oficial del ejército de la Segunda República Española |
| Fecha de nacimiento | 04-11-1904 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 20-10-1983 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | militar, escritor |
| Idiomas | español |
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Valentín González González, conocido en el imaginario popular por el apodo El Campesino, nació en Malcocinado, una localidad de la provincia de Badajoz, a principios del siglo XX. Su vida se desarrolló entre la pobreza, la militancia obrera y una trayectoria militar que se cruzó con la historia de España hasta la década de los cuarenta. En Madrid falleció en 1983, tras haber dejado una huella controversial y compleja en los conflictos de su tiempo. Este retrato preserva los hechos comprobables y los presenta con una voz nueva y original.
Valentín González González, conocido en el imaginario popular por el apodo El Campesino, nació en Malcocinado, una localidad de la provincia de Badajoz, a principios del siglo XX. Su vida se desarrolló entre la pobreza, la militancia obrera y una trayectoria militar que se cruzó con la historia de España hasta la década de los cuarenta. En Madrid falleció en 1983, tras haber dejado una huella controversial y compleja en los conflictos de su tiempo. Este retrato preserva los hechos comprobables y los presenta con una voz nueva y original.
Biografía
Primeros años
De niño apenas recibió educación formal, y la familia se movió hacia la actividad minera en el norte de Córdoba cuando él tenía cerca de ocho años. En ese periodo comenzó a cultivar una admiración por figuras de la historia española que enfrentaron a las autoridades, como el líder popular Juan Martín Díez, conocido como «el Empecinado», ejecutado siglos atrás por sus acciones contra la opresión imperial. Este marco le dejó una imagen de rebeldía que tempranamente encendió su curiosidad por la lucha contra la injusticia. Su juventud estuvo marcada por trabajos como jornalero y arriero, y por encuentros con la dureza de la vida rural y urbana.
Ya adolescente, su vocación de desafío hacia las fuerzas del orden se hizo notoria tras su primer acto violento contra la comisaría de una localidad minera, el episodio que le valió el sobrenombre de El Campesino. En aquel suceso murieron varios agentes, y él y su compañero conocido como El Virulente debieron esconderse entre montañas. Posteriormente fueron capturados, encarcelados y sometidos a torturas; el otro hombre perdió la vida en una prisión, mientras Valentín sobrevivió.
Cuando alcanzó la mayoría de edad, ingresó en el Ejército de África para participar en la campaña del Rif. Su destino inicial fue la Armada, pero un accidente en el puerto de Larache le hizo pasar a la Legión Española, experiencia que lo formó como un combatiente de choque y de improvisación guerrillera. Después de un incidente que lo llevó a la prisión por la muerte de un sargento, consiguió fugarse y desertar para unirse a las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim. Su vida en ese periodo alternó entre la captura, la amnistía de 1926 y nuevas pruebas de valor en un entorno de conflicto colonial intenso. Estas experiencias tempranas moldearon su carácter y su visión de la disciplina militar.
En 1929 recorrió Andalucía, Castilla y Extremadura con la finalidad de movilizar a la población a favor de las ideas obreras y antiimperialistas. A la década siguiente decidió abandonar la CNT y se afilió al Partido Comunista de España, buscando un marco organizativo más sólido; además, se instaló en Madrid para trabajar como albañil, liderando una pequeña cuadrilla de trabajadores. Este periodo marcó una transición decisiva de su militancia individual hacia una acción colectiva más planeada.
Con la llegada de la Segunda República, su actividad política continuó dentro del PCE, ganando cierta notoriedad entre los militantes jóvenes. Creó una milicia a la que entrenó para manejar armas y tácticas, con vistas a replicar la experiencia revolucionaria de Asturias en la región central. Aunque aquella intentona no prosperó, ingresó en la cárcel Modelo de Madrid, donde entabló contactos con dirigentes republicanos. Tras la amnistía de las elecciones de 1936, reorganizó una agrupación de milicianos y, cuando estalló el golpe de julio de ese año, se sumó a la defensa de la República.
Guerra civil española
Antes del conflicto armado se había unido a un matrimonio tardío con el que procreó tres hijos, a los que perdió de vista durante la contienda y de los que llegó a creer fallecidos. En el estallido de la guerra, formó parte del Quinto Regimiento y, posteriormente, asumió responsabilidades al frente de la 10.ª Brigada Mixta y de la 46.ª División. Participó en combates tan significativos como Guadalajara, Brunete y Belchite, donde su figura adquirió una notoriedad que fue objeto de controversia. Sus métodos y la disciplina a su cargo atrajeron críticas por parte de algunos compañeros y superiores.
La realidad bélica dejó en su expediente un grado de infamia y de admiración entre quienes le siguieron, mientras que otros cargos lo describían como un líder duro, a veces impulsivo. En las últimas fases de la batalla de Teruel, decidió abandonar la ciudad de noche, una acción que más tarde provocó debates y sanciones entre sus pares. Los que combatían a su alrededor quedaron dispersos y desarmados durante la retirada, y cientos de soldados fueron hechos prisioneros por las fuerzas enemigas. Valentín respondió a estas críticas culpando a sus superiores de haberlo dejado solo en el terreno, mientras que sus interlocutores le acusaron de desertar o de mostrar desinterés por la seguridad de sus tropas. El descubrimiento de estas tensiones dejó una estela de desconfianza en su entorno más próximo.
Tras la derrota en Teruel, a finales de marzo de 1938, regresó al frente, pero su ánimo y su salud percibida se debilitaban; de hecho, fue relevado de la jefatura de la 46.ª División por Pedro Mateo Merino, quien la llevó a la defensa de la ciudad de Lleida. Aunque la ciudad cayó, la unidad logró retrasar el avance franquista y fue premiada por su desempeño en combate. Con todo, el mando de la división fue reasignado a Domiciano Leal Sargenta durante la retirada hacia el frente, y esa decisión marcó el fin de su papel militar al servicio de la República.
Periodo en el exilio
Al terminar la guerra en 1939, emprendió una huida con una considerable suma de dinero—un maletín con alrededor de 160 000 pesetas—y partió desde Adra hacia el norte de África, donde fue internado en un campo de concentración. Este capítulo inicial lo llevó a residir en la Unión Soviética, nación donde ingresó a la Escuela Superior de Guerra con el rango de combrig, un rango de alto mando en formación. La experiencia en el extranjero dejó huellas profundas en su visión sobre el comunismo y el totalitarismo.
Las posteriores tensiones con las autoridades soviéticas desencadenaron intentos de huida hacia Irán, a los que siguió la intervención del SMERSH, que lo devolvió a un Gulag en Vorkutá, dentro de la República de Komi. Tras esa intensa etapa, logró escapar de la Unión Soviética en 1949 y encontró refugio en Francia, aunque existen indicios de que su salida pudo haber tenido vínculos con servicios de inteligencia. En cualquier caso, su trayectoria en la URSS dejó un testimonio crítico sobre Stalin y sus políticas.
A partir de entonces, comenzó a consolidar una voz fuertemente antiestalinista. En 1952, con la colaboración de Julián Gorkin, publicó Vida y muerte en la U.R.S.S., una obra que pronto fue traducida a múltiples idiomas y que consolidó su imagen de crítica radical al régimen soviético. Este giro intelectual marcó la consolidación de su identidad como pensador dissidente en el contexto de la Guerra Fría.
Regreso a la escena española, en 1977, abrió una nueva etapa: se declaró simpatizante del Partido Socialista Obrero Español y expresó apoyo a Felipe González. Descubrió, para su sorpresa, que su esposa y sus hijos—a quienes creía muertos—seguían vivos. Este reencuentro personal coincidió con su retorno definitivo a un España que ya transicionaba hacia la democracia. Murió en Madrid en 1983, dejando un legado de debate político y memoria controvertida. Su regreso coincidió con un periodo en el que sus experiencias de exilio se reinterpretaron desde una perspectiva contemporánea.
Obra y pensamiento
La producción literaria de Valentín González se estructura alrededor de su experiencia como militante y testigo de dos mundos opuestos. Entre sus trabajos más relevantes figuran una autobiografía que reconstruye la década crítica de los años 1939 a 1949, así como ensayos sobre el papel del comunismo en España y de su postura antiestalinista en la URSS. culminó su trayectoria con una obra de memoria personal y política que compendia su visión de la servidumbre y la liberación. La voz de estos textos ha permitido que se despliegue un interés histórico que va más allá de los hechos bélicos.
- Vida y muerte en la U.R.S.S. (1939-1949) (autobiografía) (1950).
- Comunista en España y antiestalinista en la URSS (1952).
- Yo escogí la esclavitud (Plaza & Janés, 1976).