Vida Icónica VIDAICÓNICA

Vicente Huidobro

Nombre completo Vicente García-Huidobro Fernández
Descripción Poeta chileno
Fecha de nacimiento 10-01-1893
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 02-01-1948
Nacionalidad Chile
Ocupaciones poeta, escritor, periodista, dramaturgo
Géneros poesía
Idiomas español, francés
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Vicente García-Huidobro Fernández nació en una Santiago que vivía entre un linaje antiguo y la efervescencia de las ideas modernas. Su vida transcurrió en un viaje constante entre ciudades, museos y talleres literarios, siempre buscando renovar la palabra poética y desafiar las convenciones. Este escritor y gestor cultural chileno dejó una huella considerable al impulsar un movimiento que cuestionó la dependencia de la poesía respecto a la tradición, proponiendo una creación autónoma y autónoma de la realidad. Su trayectoria abarcó décadas de experimentación, diálogo con vanguardias europeas y una fecunda producción literaria que aún hoy se cita como referencia central en la historia de la poesía hispanoamericana.

Vicente Huidobro — Imagen principal
Firma de Vicente Huidobro

Vicente García-Huidobro Fernández nació en una Santiago que vivía entre un linaje antiguo y la efervescencia de las ideas modernas. Su vida transcurrió en un viaje constante entre ciudades, museos y talleres literarios, siempre buscando renovar la palabra poética y desafiar las convenciones. Este escritor y gestor cultural chileno dejó una huella considerable al impulsar un movimiento que cuestionó la dependencia de la poesía respecto a la tradición, proponiendo una creación autónoma y autónoma de la realidad. Su trayectoria abarcó décadas de experimentación, diálogo con vanguardias europeas y una fecunda producción literaria que aún hoy se cita como referencia central en la historia de la poesía hispanoamericana.

Biografía

Huidobro vino al mundo el 10 de enero de 1893, en el seno de una familia acomodada y politizada que abonó a su formación intelectual desde la infancia. Su padre, heredero de un título nobiliario, y su madre, una activista que convirtió los salones literarios en espacios de discusión y libertad, encarnaron de manera temprana el contraste entre tradición y modernidad que marcaría su itinerario creativo. Vicente no tardó en vincularse con la vida cultural urbanamente; recibió una educación que fusionó disciplina y curiosidad, y desde joven emergieron sus inquietudes por lo estético y lo filosófico. A lo largo de su vida se reconocería la influencia de aquel entorno selecto, sin que eso limitara su deseo de experimentar y de romper moldes.

Su infancia y juventudes se vieron enriquecidas por temporadas en el extranjero, que le permitieron observar distintas miradas sobre la literatura y el arte. A la vuelta, ingresó al Colegio San Ignacio, institución jesuita de la capital, donde los fundamentos de una educación clásica convivían con una apertura a las nuevas corrientes culturales. Su formación literaria se consolidó en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, centro en el que afloraron las dudas y las preguntas que alimentaron su temprano repudio a la mimética de las escuelas. Aunque dejó esa etapa sin completar, la experiencia dejó un resto sólido para su posterior creación poética.

Las primeras publicaciones señalan un tránsito entre la estética modernista y una búsqueda de voz propia. En 1911 vio la luz su primer libro, Ecos del alma, un trabajo que ya apuntaba a una sensibilidad que iba más allá de adornos formales. Un año después contrajo matrimonio con Manuela Portales Bello; ese episodio personal coincidió con una etapa de movilización familiar en la que el hogar se convirtió en un refugio de ideas, de lectura compartida y de debates que cruzaban lo literario con lo político. En esa década de formación, el propio artista encontraría un lugar de residencia que combinaría la solemnidad de lo aristocrático con la conversación intelectual de salones y talleres de la época.

La vida en el mundo literario de Santiago fue también un terreno de experimentación. Fundó y dirigió la revista Musa Joven, una plataforma que dio cabida a poemas, caligramas y propuestas vanguardistas. A través de esa publicación emergieron partes de su libro posterior, Canciones en la noche, y su primer poema visual del que daría cuenta como caligrama. En 1913, junto a Carlos Díaz Loyola —nombre real de Pablo de Rokha—, organizó la trilogía de números de la revista Azul y dio a conocer títulos como La gruta del silencio y Canciones en la noche. Ese momento coincidió con su oratoria y la difusión de ideas que planteaban una renovación de la poesía a través de la ruptura con los ritmos heredados.

Compromiso y convicciones estéticas se cristalizaron en 1914 cuando presentó la conferencia Non serviam, un manifiesto de su pensamiento que exponía la necesidad de una poesía que se constituyera a sí misma y que no dependiera de las valores de la tradición para justificar su existencia. En Pasando y pasando, dejó ver su desconcierto ante las certezas religiosas y su abierta crítica a instituciones religiosas como los jesuitas; estas posturas provocaron tensiones familiares y sociales, pero reforzaron su apuesta por una poesía que se distinguiera por su autonomía crítica. En 1916 apareció Las pagodas ocultas, una colección de salmos, prosa y ensayos que firmó con su nombre completo por primera vez, consolidando su identidad como autor y pensador.

Permanencias en Argentina, Francia y España

Una etapa de viajes y ideas llevó a Huidobro a vivir en Buenos Aires en 1916, acompañado de Teresa Wilms Montt, donde delineó lo que sería su teoría de la creacionismo. Esa época también lo condujo de manera itinerante a Europa, moviéndose entre Madrid y París, con escalas en ciudades donde la vanguardia estaba en pleno proceso de gestación. En Madrid, su intercambio epistolar con Rafael Cansinos Assens fue decisivo para su comprensión de la renovación poética; en París, el ambiente artístico de posguerra y la cercanía de figuras de la vanguardia lo empujaron a imaginar un poema que creara su propia realidad.

La formación y las publicaciones iniciales en la escena internacional lo llevaron a la publicación de Adán en 1916, obra que cerró un primer ciclo de su trayectoria y que mostró la intensificación de su búsqueda de una poesía autónoma. En Argentina, la publicación de El espejo de agua marcó una etapa clave en la que el poeta exploró nuevas posibilidades estéticas. Su paso por la escena europea coincidió con encuentros y colaboraciones con figuras de la vanguardia parisina y con una red de publicaciones que buscaban redefinir la relación entre letra, imagen y experiencia sensorial. En 1917 participó en la revista Nord-Sud, que contaba con colaboradores de alto relieve, y mantuvo un prolongado diálogo con intelectuales que defenderían una poesía que desbordara las convenciones de la métrica y el sentido común.

Conexiones y confrontaciones con la vanguardia internacional formaron parte de su quehacer. Su relación con Reverdy, Apollinaire, Breton y otros intelectuales de ese momento se hizo dúctil, a veces tensa, pero siempre reveladora de un proyecto en el que la creación era un acto que desbordaba la mera palabra para generar una experiencia integral. En ese lapso, su diversidad de intereses —desde la teoría poética hasta el interés por las artes plásticas, la música y las ideas esotéricas— construyó un marco en el que la literatura se abría a una red de disciplinas y estilos. Su estancia en París se acompañó de un intenso contacto con pintores y escultores, como Modigliani, Picasso, Kandinsky, Arp y Satie, entre otros, lo que reforzó su intuición de la palabra como organismo autónomo capaz de colaborar con las artes visuales y sonoras.

La difusión del movimiento creacionista fue uno de sus objetivos prioritarios, y en esa dirección trabajó en colaboraciones editoriales y en la organización de revistas que funcionaron como plataformas de innovación. Durante ese periodo publicó Horizon carré, una obra que reunió trabajos ya aparecidos en El espejo de agua y los presentó en francés, con una disposición tipográfica más avanzada y una articulación entre fragmentos de su poesía y textos traducidos. Este fue apenas el inicio de una constante experimentación formal que continuaría en los años siguientes.

En el otoño de 1918 emprendió el regreso a la península ibérica, estableciéndose en Madrid, donde retomó vínculos con la comunidad de creadores y se reencontró con viejos amigos, como Rafael Cansinos Assens y Guillermo de Torre. Allí, reunió a una tertulia ultraísta en el Café Colonial y estableció contactos con otros grupos de vanguardia. También visitó el Café Pombo, un lugar de encuentro para la crítica y la experimentación literaria, y fortaleció su red de amistades con Ramón Gómez de la Serna y otros impulsores de lo innovador. En esa etapa, se presentó un panorama de publicaciones y conferencias que sentaban las bases para el desarrollo de su movimiento, que él proponía como una vía de creación auténtica y libre.

La consolidación de un marco teórico se manifestó en su correspondencia con Tristan Tzara y en su colaboración en revistas dadaístas. En Madrid, publicó una colección de libros en varios idiomas, entre ellos Hallali y Tour Eiffel en francés, y Poemas árticos y Ecuatorial en español. También reeditó El espejo de agua para ampliar su alcance. Su intención pedagógica y editorial se volcó en la fundación de una revista de referencia, Creación, que parecía buscar una plataforma internacional para las ideas de la creación poética como obra autónoma.

La experiencia parisina y la intersección con las otras artes lo llevó a la realización de exposiciones de estética y a encuentros con figuras del mundo del arte, lo que fortaleció la idea de que el poema no debía ser sólo palabras en una página, sino un ecosistema que abría puentes con la pintura, la escultura y la música. En esa época, además, consolidó su relación con Sonia Delaunay y Jacques Lipchitz, con quienes exploró proyectos de colaboración que unirían texturas, color y forma con la palabra escrita. Su obra de esa época recibió repercusión en revistas como Nowa Sztuka y otros idiomas, expandiendo el alcance de su pensamiento creador a un nivel continental.

Entre París y Madrid continuó una agenda intensa: conferencias sobre la creación poética, presentaciones de textos y la promoción de un nuevo modo de entender el lenguaje. En 1920, colaboró con otras figuras en publicaciones que buscaban renovar la literatura y el arte, y participó en proyectos que vinculaban la poesía con la arquitectura y el diseño de espacios. Sus textos se multiplicaron, y su voz se fue adecuando a los debates de la época sobre el papel del poeta en una sociedad que cambiaba a gran velocidad. En esa coyuntura, su figura adquirió una dimensión de impulsor de una poética que apuntaba hacia la “creación” como acto constitutivo del ser y del mundo.

La vida en la escena editorial se enriqueció con su trabajo para revistas francesas y españolas, y su presencia en Madrid y París fortaleció su influencia en el panorama internacional de la época. En un intercambio continuo entre la teoría y la práctica, la creación poética se convirtió en un proyecto de reconfiguración de la experiencia sensorial, y su teoría fue interpretada como una invitación a que cada poema fuera una experiencia autónoma de la realidad que propone. Sus aportes en esa década sentaron las bases para un movimiento que desafiaría las estructuras del canon literario y abriría un cauce para la experimentación formal y conceptual.

Su regreso a Chile ocurriría hacia finales de la década, cuando la coyuntura internacional y las circunstancias personales lo llevaron de nuevo al continente americano, con un bagaje intelectual robusto y una red de contactos que mantendría vivo durante años. Aunque el viaje tuvo altibajos, dejó una impronta siempre vinculada a la defensa de la autonomía del poema, a la exploración de nuevas formas de expresión y a la convicción de que la creatividad podía ser un acto político y social, capaz de impulsar cambios culturales y estéticos.

Creacionismo y Altazor

La gestación de un movimiento vivió un hito cuando, en 1921, la publicación de la revista Creación marcó la institucionalización de una corriente que proponía la creación como acto que se separaba de la imitación y del ornamento tradicional. Huidobro se convirtió en su artífice y guía, reuniendo textos de pintores y escultores que aportaban una dimensión visual al proyecto poético. El primer número de la publicación se llevó a París y dio inicio a una serie de entregas que buscaron construir un espacio de diálogo entre disciplinas artísticas. Entre las aportaciones se contaron colaboraciones de Lipchitz, Braque, Picasso y Gris, que ampliaron el marco de referencia del movimiento.

La segunda entrega se publicó en París con un título en otro idioma, y el autor reforzó su argumento sobre la creación verbal: la poesía debía ser un acto de invención que generara su propia realidad. En esa coyuntura presentó su conferencia La poesía, que funcionó como un prólogo para la edición española de Temblor de cielo, operando como un manifiesto de la poética que defendía una imaginación que no imitaba, sino que construía mundos. Paralelamente, publicaba Saisons Choisies, una antología que mostraba la amplitud de su universo estético y la diversidad de voces que lo acompañaban en esa empresa.

La expansión de su proyecto continuó al año siguiente con exposiciones en París y la realización de conferencias sobre la creación pura en ciudades como Berlín y Estocolmo. Publicó en la escena polaca y llevó a cabo exposiciones que fueron cerradas por motivos rupturistas, lo que subrayó el carácter desafiante de su propuesta. Su plan de presentar una serie de piezas pictóricas en un formato escénico sufrió un golpe, pero su impulso experimental no se apagó. Colaboró con Sonia Delaunay en la creación de Robes-poèmes y cultivó amistades con músicos relevantes, como Varèse y Satie, en una red de contactos que fortalecía la idea de que la palabra debía dialogar con la música y la pintura. También organizó encuentros sociales que reflejaban su interés por la creatividad como experiencia colectiva.

La década de las tensiones y las controversias trajo consigo debates sobre la autenticidad del creacionismo y su relación con corrientes que le competían, como el surrealismo. En 1923, Guillermo de Torre cuestionó la influencia de su movimiento en un artículo, y la respuesta de la escena provida por Huidobro fue contundente. En esa época, la figura de Huidobro se convirtió en un referente para un público que buscaba nuevas maneras de entender la poesía y su función en la sociedad. En ese contexto, su juicio crítico sobre la autoridad literaria y su defensa de la libertad creativa lo mantuvieron como un referente de la renovación artística en Chile y en el extranjero.

Altazor: la cumbre de la exploración verbal se gestó como un proyecto de expansión de la idea de creación. A partir de la década de 1920, la obra alcanzó una forma en la que cada canto ofrecía una experiencia particular, una exploración de la voz hasta hacerla capaz de viajar y de transitar entre lo místico y lo terrenal. En ese periodo, mientras atendía compromisos editoriales y de organización de revistas, trabajó con pintores y escultores que aportaron la dimensión visual necesaria para entender la poética como un conjunto de gestos que exigen interpretación y participación del lector. su labor editorial creó un ecosistema en el que estas ideas circulaban y encontraba eco en otros países.

La vida itinerante y las colaboraciones se extendió a través de la Europa de posguerra y a través de las capitales que unían la actividad literaria con la modernidad cultural. En esa fase, Huidobro estrechó lazos con colaboraciones transatlánticas y participó en la publicación de texts en varias lenguas, consolidando su visión de una poesía capaz de circular más allá de las fronteras y de las lenguas. Su obra en esa etapa reveló una voluntad de experimentar con formas y ritmos, de combinar imágenes y palabras para crear un tejido experimental que respondía a una necesidad de renovación sin perder la referencia a la tradición literaria de su origen.

Retorno y nuevos retos a Chile, ya con una carrera que superaba lo meramente personal, intensificó su participación en el mundo político y cultural de su país. En esta fase, se involucró en iniciativas que buscaban la renovación de la escena cultural y la defensa de la libertad de expresión frente a las tensiones del periodo. Si bien la impronta de su madurez artística dejó un rastro de obras y publicaciones, también quedó patente su voluntad de mantener vivo el diálogo entre las artes y la vida pública, un rasgo que caracterizaría su trayectoria hasta el final de sus días.

Regreso a Chile

El regreso y la entrada en la esfera pública marcó un giro importante: la situación económica mundial y la necesidad de rearticular su presencia en su país de origen lo llevaron de nuevo al continente americano en la primera mitad de la década de 1930. Una vez instalado en Chile, Huidobro participó activamente en la reorganización de la escena cultural, fundando publicaciones y colaborando en proyectos que buscaban promover una renovación artística y política. Su diario de aquel periodo revela un compromiso con las ideas de cambio, la defensa de la cultura frente a la violencia y la necesidad de un diálogo que uniera a creadores de distintas disciplinas.

Actividad intelectual y acción política se intensificó durante esos años. Su interés por la articulación de un pensamiento revolucionario se tradujo en artículos y manifiestos que proponían una visión de la juventud y de la región hispanoamericana como un espacio de futuro compartido. En el terreno de la política, abrazó ideas que defendían una mayor participación ciudadana, al tiempo que sostuvieron debates críticos con otros sectores intelectuales. Su obra poética siguió en pleno desarrollo, y la actividad editorial no dejó de generar material de reflexión sobre el papel de la cultura en la defensa de la libertad y la dignidad humana.

La década de los 30 consolidó su figura polifacética: no sólo se dedicó a la poesía, sino que también exploró el ensayo, la crítica cinematográfica y la gestión cultural. Su vocación por organizar y difundir ideas dio lugar a la creación de redes de apoyo a las artes, particularmente en un momento en que la región enfrentaba tensiones políticas y sociales. El impulso creativo de esa época se manifestó en colecciones, antologías y publicaciones que buscaron compactar la diversidad de voces que emergían en Chile y en el extranjero, marcando un rumbo decisivo para la renovación de la literatura en lengua española.

La década cerró con un giro profundo en su trayectoria, cuando se intensificó su involucramiento en movimientos que defendían la democracia y la diversidad cultural frente al avance de los totalitarismos. Sus esfuerzos para mantener vivo el debate entre la literatura y la realidad social se manifestaron en una serie de obras y editoriales que buscaban un compromiso con la memoria histórica y el testimonio crítico de la época. Este fue un periodo de consolidación de su proyecto como creador y como organizador de redes intelectuales que aún hoy se citan como antecedentes clave de la renovación poética y cultural en Chile.

El retorno a Chile también supuso un reencuentro con la vida personal, ya que las circunstancias familiares se vieron alteradas por la separación y por la continuidad de su labor pública. Aun así, su voz siguió siendo una referencia para generaciones de poetas y novelistas que reconocían en su obra una actitud de búsqueda y de audacia lingüística. Su presencia en revistas, ensayos y encuentros literarios dejó claro que la poesía podía ser un motor para la crítica social y la reflexión ética, sin perder la capacidad de asombro que caracteriza a la creación auténtica.

Últimos años

La etapa final de su vida consolidó su estatura de figura histórica para la literatura chilena y para el conjunto de las vanguardias que cruzaron el Atlántico. En 1942, se publicaron segundas ediciones de Temblor de cielo, Cagliostro y Mio Cid Campeador, un indicio de que su obra continuaba resonando con fuerza entre lectores y críticos. En ese periodo apareció Actual, una última revista que llevó su firma como editor y que apenas contó con un único número, reflejo de la precariedad cultural de la época pero también de su impulso por mantener abiertos los cauces de la experimentación.

Hacia Europa» y la llegada de la investigación la ruta se volvió a cruzar con una escala en Montevideo, desde donde dictó una conferencia y dejó constancia de su interés por difundir sus ideas a públicos más amplios. En ese tramo, llegó a París como corresponsal y, desde la capital francesa, aportó informes para la radio y abrió ventanas a la cultura chilena para lectores de otros continentes. En medio de estos movimientos, anunció la separación definitiva de su última pareja, y continuó su vida pública con la que sería su tercera mujer. Al regresar a Chile, la figura de Huidobro se consolidó como testigo de un proceso cultural que atravesaba la posguerra y la modernidad en su conjunto. En ese marco, se produjo la edición de la Antología, recopilación que recogió una serie de textos y perspectivas que mostraban la amplitud de su universo simbólico y conceptual.

La salud y la memoria marcaron la última etapa de su existencia. En Cartagena, su residencia final, sufrió un derrame cerebral que, sumado a los recuerdos de las heridas de guerra, terminó por mermar sus capacidades físicas. Falleció el 2 de enero de 1948, y tal como había expresado sus deseos, fue sepultado en una colina frente al mar para que su memoria estuviera unida a la inmensidad que amó en vida. Sus cenizas simbolizaron su voluntad de fundir el rostro del poeta con la geografía que lo vio nacer y crecer. Sus hijas y Eduardo Anguita se encargaron de componer el epitafio que lo recuerda: una imagen de la vida y el paisaje que lo sostuvo y que, en su lectura, invita a abrir la tumba para ver el horizonte que había soñado.

La herencia de su obra no cesó con su muerte. En ese mismo año, Manuela, su hija mayor, publicó Últimos poemas, una antología que reunió material inédito y textos dispersos en revistas. Su cuerpo de trabajo incluye más de treinta títulos, una trayectoria que abarcó poesía y narrativa poética, y que, pese a la enorme producción, dejó una parte relevante en manos de publicaciones póstumas. El legado de Huidobro, por tanto, se sostuvo en una multiplicidad de formatos, desde la poesía pura hasta la prosa experimental, y en una red de editoriales y asociaciones culturales que procuraron mantener viva la llamita de su proyecto creativo. Su influencia rebasó fronteras geográficas y temporales, alimentando generaciones de creadores que buscaron en la creación de un mundo otra vez posible la clave para entender la poética contemporánea.

Fundación y museo

La Fundación Vicente Huidobro se creó en la capital chilena a comienzos de la década de 1990 con la misión de salvaguardar la memoria del poeta y de sus ideas. Su objetivo principal fue establecer un archivo y un centro de documentación que permaneciera disponible para investigadores y público general, fomentando la investigación y la difusión de la obra de Huidobro y, en paralelo, de las vanguardias que lo acompañaron. La entidad, que opera sin fines de lucro, está dirigida por un consejo y un comité ejecutivo, y su gestión está a cargo de una figura de la familia que mantiene viva la relación con el legado. Esta institución pública y privada a la vez facilita acciones de preservación, investigación y divulgación, con la aspiración de que nuevas generaciones accedan a la experiencia de la creación como acto vivo y contemporáneo.

La Casa Museo de Vicente Huidobro abrió sus puertas en 2013, en la propia residencia que habitó el poeta durante su vida en Cartagena. La iniciativa surgió como parte de un programa para recuperar espacios emblemáticos y transformarlos en centros culturales que conecten el pasado con el presente. Tras un proceso de restauración y acondicionamiento, la casa cuenta con varias salas que albergan documentos y objetos vinculados a su trayectoria. El proyecto obtuvo financiamiento de instancias culturales y cuenta con un archivo de más de trescientos documentos que permiten a investigadores y visitantes aproximarse a la complejidad de su obra. Este espacio se ha convertido en un referente para entender la trayectoria de un poeta que articuló una visión de la creación como fuerza transformadora de la realidad.

La vocación de preservación se extiende a la colección de textos, cartas y publicaciones que componen la memoria crítica de su siglo. El museo y la fundación funcionan como nodos para el estudio de la modernidad poética en Chile y para la difusión de su influencia en las corrientes vanguardistas de América y Europa. A la par, las actividades de ambas instituciones estimulan encuentros, talleres y exposiciones que analizan el papel de la poesía en un mundo que se define por su aceleración tecnológica y por su diversidad cultural. En suma, la Fundación y la Casa Museo crean un puente entre la investigación académica y el público general, permitiendo que la figura de Huidobro siga dialogando con las problemáticas de la creación contemporánea.

Obras

  • Ecos del alma, Santiago, 1911.
  • La gruta del silencio, Santiago, 1913.
  • Canciones en la noche, Santiago, 1913.
  • Pasando y pasando, Santiago, 1914; colección de poemas y ensayos.
  • Las pagodas ocultas, Santiago, 1914.
  • Adán, Santiago, 1916.
  • El espejo de agua, Buenos Aires, 1916.
  • Horizon carré, París, 1917.
  • Poemas árticos, Madrid, 1918.
  • Ecuatorial, Madrid, 1918.
  • Tour Eiffel, Madrid, 1918.
  • Hallali, Madrid, 1918.
  • Saisons choisies, París, 1921.
  • Finis Britannia, París, 1923.
  • Automne régulier, París, 1925.
  • Tout à coup, París, 1925.
  • Manifestes, París, 1925.
  • Vientos contrarios, Santiago, 1926.
  • Mio Cid Campeador, Madrid, 1929.
  • Temblor de cielo, Madrid, 1931.
  • Altazor o el viaje en paracaídas, Madrid, 1931; versión original en español y edición en francés posterior.
  • Tremblement de ciel, París, 1932.
  • Gilles de Raíz, París, 1932.
  • La próxima, Santiago, 1934.
  • Papá o el diario de Alicia Mir, Santiago, 1934.
  • Cagliostro, Santiago, 1934.
  • En la luna, Santiago, 1934.
  • Tres inmensas novelas, Santiago, 1935 (con Hans Arp).
  • Sátiro o el poder de las palabras, Santiago, 1939.
  • Ver y palpar, Santiago, 1941.
  • El ciudadano del olvido, Santiago, 1941.
  • Últimos poemas, Santiago, 1948.
  • Obras completas, 2 vols., Santiago, Zig-Zag, 1964.
  • Obras completas, 2 vols., Santiago, Andrés Bello, 1976.
  • Epistolario entre Huidobro y su madre; Archivo del Escritor, LOM, Santiago, 1997.
  • Obra poética, edición crítica, ALLCA XX, Madrid, 2003.
  • Poesía y creación, antología, selección de Gabriele Morelli; Fundación Banco Santander, Madrid, 2013.
  • Altazor y otros poemas, antología, selección de José Manuel Zañartu; Zig-Zag, Santiago, 2013.
  • Horizon carré et autres poèmes français, edición establecida por Émilien Sermier; Paris, L'oncle d'Amérique, 2025.

Cine

El filme El vuelo del poeta (2009), bajo la dirección de Marcelo Ferrari, tematiza la vida y la figura de Huidobro desde una perspectiva biográfica y estética, proponiendo un recorrido que entrelaza su trayectoria con los hitos culturales de su tiempo.

Imágenes de Vicente Huidobro