Vicente Martín y Soler
| Nombre completo | Atanasio Martín Ignacio Vicente Tadeo Francisco Pellegrin Martín y Soler |
|---|---|
| Nombre nativo | Vicente Martín y Soler |
| Descripción | Compositor español |
| Fecha de nacimiento | 02-05-1754 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 11-02-1806 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | compositor, coreógrafo |
| Géneros | ópera |
| Idiomas | español |
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Vicente Martín y Soler, también conocido como Vicent Martín i Soler, nació en la ciudad de Valencia el 2 de mayo de 1754 y falleció en San Petersburgo el 30 de enero de 1806. Su nombre completo fue Atanasio Martín Ignacio Vicente Tadeo Francisco Pellegrin Martín y Soler, y consiguió tallar una reputación internacional como compositor principalmente de óperas y ballets. Su vida profesional lo llevó a trabajar en Italia, Austria y, en la última fase, en el Imperio ruso, dejando una huella perdurable en la música de su siglo.
Vicente Martín y Soler, también conocido como Vicent Martín i Soler, nació en la ciudad de Valencia el 2 de mayo de 1754 y falleció en San Petersburgo el 30 de enero de 1806. Su nombre completo fue Atanasio Martín Ignacio Vicente Tadeo Francisco Pellegrin Martín y Soler, y consiguió tallar una reputación internacional como compositor principalmente de óperas y ballets. Su vida profesional lo llevó a trabajar en Italia, Austria y, en la última fase, en el Imperio ruso, dejando una huella perdurable en la música de su siglo.
Biografía
Inicios y formación
La biografía más citada acerca de su trayectoria señala que los primeros años del músico transcurren en secreto para la historia. Nació en Valencia y, desde niño, formó parte del coro de la catedral de la ciudad, experiencia que cimentó su acercamiento inicial a la voz y la interpretación. Su formación musical se produjo en el entorno de Bolonia, donde estudió con el célebre maestro y teórico Giovanni Battista Martini (conocido como Padre Martini), una influencia decisiva para su lenguaje artístico.
En la capital española, la experiencia de estudiar fuera de su tierra fue clave para su desarrollo, y en ese período empezó a perfilarse como compositor capaz de combinar tradición y novedad. Los años de aprendizaje se vieron marcados por la influencia de las corrientes de la Europa de esa época y por el acercamiento a las formas procedentes del teatro musical italiano.
Nápoles y el ascenso
En 1777, Nápoles se convirtió en un escenario crucial para su vida artística, impulsado por el respaldo de la casa de Borbón y con la designación de Príncipe de Asturias, un título que eventualmente se asoció a Carlos IV. En la corte napolitana comenzó a colaborar como autor de óperas y de ballets junto al destacado coreógrafo Charles Lepicq, un nombre de prestigio en el panorama escénico de la época. Su situación personal no siempre fue estable, pues la dulzura del éxito convivía con problemas de índole financiera que, en dos ocasiones, acercaron la sombra de la prisión; afortunadamente la intervención real logró evitarlo. A este período corresponde la realización de obras que se representaron con notable éxito en distintas ciudades italianas, entre ellas Iphigenia in Aulis (1779), Hypermnestra (1780) y otros dramas musicales que consolidaron su prestigio.
El relato de su vida en Nápoles incluye un episodio llamativo: la escena de un concierto monumental para honrar a la corte, en la que se organizó un espectáculo al aire libre con orquesta, cañones y la participación directa de la realeza local, en una demostración de la capacidad de su música para integrarse a grandes eventos de poder y protocolo.
Consolidación en Viena
Con la llegada de Viena, su carrera dio un giro decisivo. En 1785, invitado por la esposa del embajador español, se trasladó a la corte imperial para establecerse junto a José II, donde obtuvo un recibimiento entusiasta y prolongado. En la capital del Sacro Imperio Romano Germánico forjó una relación estrecha con Lorenzo da Ponte, con quien creó partituras para comedias musicales de gran éxito, entre las que destacan Una cosa rara, L'arbore di Diana y Il burbero di buon cuore. En este espacio convivió con los ecos del clásico vienés y descubrió en la interacción con Mozart y Salieri una influencia que marcó su manera de componer. Su obra Una cosa rara fue especialmente celebrada y se convirtió en uno de los logros más aclamados de su etapa vienesa, repitiéndose su estreno en varias temporadas aún cuando el público buscaba novedades. L'arbore di Diana recibió un notable número de representaciones en el Burgtheater, consolidando su reputación en la ciudad.
Durante este periodo, la música de Martín y Soler adoptó una estructura clásica centrada en la melodía y la claridad formal, con una presencia destacada de líneas vocales y un lenguaje que, si bien conservaba un sello italiano, mostraba un claro crecimiento hacia la estética vienesa de tres voces y un fraseo característico. En estas obras, la influencia de Da Ponte se hizo visible en el libreto, y la colaboración entre compositor y dramaturgo se convirtió en una de las marcas de su éxito en la escena europea.
Etapa rusa
La artista de la Catherine II de Rusia convocó a Martín y Soler para dirigir la Ópera en la nueva capital imperial de San Petersburgo, una designación que desembocó en una etapa de gran actividad. A partir de entonces, escribió nuevas óperas, algunas de ellas cantadas en ruso y con temáticas de inspiración cervantina, como Kosmetovich (1789), cuyo libreto fue realizado en parte por la propia emperatriz y que llevó consigo intencionalidad política, al buscar ridiculizar a un monarca vecino. En sus creaciones para la corte rusa conservó el clasicismo italiano, pero incorporó melodías de cantos populares rusos, enriqueciendo su paleta expresiva sin abandonar su sello estético. Su vida en Rusia transcurrió entre el hogar de la corte y el escenario, hasta que la muerte lo sorprendió en aquel contexto.
Después de un intento de asentarse en Londres entre 1793 y 1796, con producciones conducidas de nuevo por Da Ponte y con una inspiración que tomaba prestadas formas de Shakespeare, el compositor regresó a San Petersburgo y, en 1798, el zar Pablo I le otorgó el cargo de consejero privado, una distinción que se concedía para contrarrestar la influencia de la ópera francesa en Rusia. El asesinato de Pablo I en 1801, en el marco de una conspiración en la que estuvo involucrado otro español, provocó que Martín y Soler se retirara de la corte y se dedicara de pleno a la enseñanza. Su figura, en esa fase final, llegó a competir con la de Mozart en cuanto a notoriedad, aunque fue luego olvidada durante décadas hasta su redescubrimiento reciente. En su vida personal, la esposa del compositor era de confesión luterana, y el artista recibió sepultura en el cementerio evangélico Smolensky de San Petersburgo.
Obra
La música de Martín y Soler fue apreciada por las generaciones de oyentes de su tiempo, resultado de una prolificidad que superó las treinta óperas y más de veinte ballets para teatros de gran prestigio, como San Carlos de Nápoles, Burgtheater de Viena, Hermitage y otros escenarios de renombre. Sus creaciones fueron interpretadas por figuras insignes de la lírica, entre ellas destacados cantantes de la época y compositoras de renombre. En el terreno vocal, colaboró con célebres libretistas de la talla de Pietro Metastasio y Lorenzo Da Ponte, y mantuvo una relación estrecha con las cortes de Carlos IV, José II y Catalina II, lo que impulsó la difusión de su música por Europa. Su lenguaje corresponde al clasicismo vienés, con una predilección por la melodía y una estructura que favorece la claridad y la expresión de tres voces, además de un fraseo marcado y un ritmo relativamente didáctico que en varias obras adopta cadencias pastoriles.
Gran parte de su repertorio operístico se inscribe en la línea de la ópera lírica de finales del siglo XVIII, con un énfasis en argumentos ligeros y escenas cómicas que encontraban su público en las primeras temporadas. En Viena, la trilogía de dramas cómicos con libreto de Da Ponte —Il burbero di buon cuore, Una cosa rara, L'arbore di Diana— constituyó la culminación de su carrera en aquella plaza y consolidó su fama entre los teatros europeos. A la vez, su música fue integrada en la tradición operística de la época, logrando un equilibrio entre tradición italiana y experimentación formal que facilitó su aceptación entre las respectivas audiencias.
Con el paso de los años su obra fue objeto de estudios y ediciones críticas. En 2004, para conmemorar el aniversario de su nacimiento, el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU) inició la publicación de ediciones críticas de sus piezas, realizadas por especialistas como Irina Kriajeva, Leonardo Waisman y Christophe Rousset, lo que facilitó una recuperación progresiva de su legado en distintos escenarios de Europa. Dos años después, Valencia fue escenario de un congreso internacional dedicado a su figura, con dirección científica de Dorothea Link y Leonardo Waisman, que consolidó el interés académico y musical en su figura.
Óperas
Se conservan veintiuna óperas atribuidas a Martín y Soler, y la lista de estrenos iniciales ilustra su itinerario artístico a través de ciudades y fechas clave. Entre las obras destacan títulos que fueron pilares de su repertorio, ya fuera por la brillantez de su orquestación o por la chispa cómica de sus tramas. Las representaciones en teatros de primera línea de la época atestiguan el impacto de su lenguaje musical en el público de diversas latitudes.
- Il tutore burlato (La madrileña) – ópera bufa, Madrid, 1778
- Iphigenia in Aulide – drama musical, Nápoles, 1779
- Ipermestra – drama musical, Nápoles, 1780
- Andrómaca – drama musical, Lucca, 1780
- Parthenopa – composición dramática, Nápoles, 1782
- L'amor geloso – acción teatral cómica, Nápoles, 1782
- In amor ci vuol destrezza – ópera bufa, Venezia, 1782
- Vologeso – drama musical, Turín, 1783
- Le burle per amore – drama jocoso, Venecia, 1784
- La vedova spiritosa – drama jocoso, Parma, 1785
- Il burbero di buon cuore – drama jocoso, Viena, 1786
- Una cosa rara, ossia bellezza ed onestà – drama jocoso, Viena, 1786
- L'arbore di Diana – drama jocoso, Viena, 1787
- Gorebogatïr' Kosometovich – drama musical, San Petersburgo, 1789
- Pesnoliubie (Melómano) – drama musical, San Petersburgo, 1790
- Fedul' s det'mi – drama musical, San Petersburgo, 1791
- La scuola dei maritati (La capricciosa corretta; Los novios en contraste; La moglie corretta) – ópera cómica, Londres, 1795
- L’isola del piacere (L’isola piacevole) – ópera cómica, Londres, 1795
- Le nozze de' contadini spagnuoli – intermezzo, Londres, 1795
- Camille ou Le souterrain – comedia con intermedios musicales, San Petersburgo, 1796
- La festa in villaggio – ópera cómica, San Petersburgo, 1798
Otras obras
- Cantata a tres voces, Nápoles, 1778
- Philistaei a Jonatha dispersi – actio sacra, Venecia, 1784
- Il sogno – cantata para tres soprano y orquesta, Viena, 1787
- La deità benefica – cantata, San Petersburgo, 1790
- Strofe – cantata, San Petersburgo, 1791–1796
- Concierto para violín – Londres, 1795
- Cantata per la consacrazione della Chiesa Maltese – San Petersburgo, 1800
- Una diversidad de obras sacras, varias piezas instrumentales y una amplia producción de ballets, cánones y duetos.
Cinematografía
- Una cosa rara (2008), dirigida por Miguel Perelló, para televisión, con Toni Cantó como protagonista. Esta producción audiovisual propone un recorrido biográfico no plenamente factual, centrado en un hilo sentimental que conectaría las distintas etapas de su vida musical, enlazando esos pasajes con una historia de amor que aporta una lectura particular de su figura.
Legado y memoria
La estela de Martín y Soler, que durante mucho tiempo recibió un silenciamiento histórico, ha mostrado una recuperación progresiva en las últimas décadas. Su obra ha sido redescubierta y puntualizada por generaciones de musicólogos que han trabajado en ediciones críticas y estudios especializados, lo que ha permitido reintroducir su nombre en los repertorios de escenarios europeos y en cursos de interpretación histórica. Más allá de su éxito comercial, su contribución reside en la capacidad de adaptar la tradición italiana a las circunstancias culturales de diversos teatros, manteniendo una voz propia capaz de dialogar con los grandes nombres de su siglo.
En el terreno biográfico, la figura de la esposa del compositor, persona de fe luterana, y su destino final en el cementerio evangélico de San Petersburgo, añaden un matiz humano a un itinerario marcado por la movilidad y la adaptación a diversos contextos cortesanos y artísticos. Su muerte dejó abierta la pregunta sobre la memoria de los compositores que, como él, cruzaron fronteras para difundir su arte y, a la vez, la necesidad de una mirada crítica que recuerde con justicia su aportación.