Vladímir Ashkenazi
| Nombre completo | Vladímir Ashkenazi |
|---|---|
| Descripción | Pianista y director de orquesta islandés de origen ruso |
| Fecha de nacimiento | 06-07-1937 |
| Lugar de nacimiento | |
| Nacionalidad | Rusia, Islandia, Unión Soviética, Suiza |
| Ocupaciones | pianista de música clásica, director de orquesta, compositor, pianista |
| Géneros | música clásica |
| Idiomas | inglés, ruso |
| Esposas | Þórunn Jóhannsdóttir |
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Vladímir Davídovich Ashkenazi es un pianista y director de orquesta de origen ruso cuya trayectoria ha trascendido fronteras, consolidándose en Suiza e Islandia y dejando una huella notable en el Reino Unido. Nacido en 1937 en Gorki, hoy conocido como Nizhni Nóvgorod, su juventud estuvo marcada por una formación musical rigurosa y una serie de triunfos en concursos internacionales que le abrieron las puertas a escenarios occidentales. Su quehacer artístico conjuga un dominio impecable del teclado con una visión orquestal precisa y generosa, centrada en la comunicación entre intérprete, agrupación y público.
Vladímir Davídovich Ashkenazi es un pianista y director de orquesta de origen ruso cuya trayectoria ha trascendido fronteras, consolidándose en Suiza e Islandia y dejando una huella notable en el Reino Unido. Nacido en 1937 en Gorki, hoy conocido como Nizhni Nóvgorod, su juventud estuvo marcada por una formación musical rigurosa y una serie de triunfos en concursos internacionales que le abrieron las puertas a escenarios occidentales. Su quehacer artístico conjuga un dominio impecable del teclado con una visión orquestal precisa y generosa, centrada en la comunicación entre intérprete, agrupación y público.
Biografía
Pianista
Nací en la entonces URSS, en una ciudad que llevaba el nombre de Gorki y que hoy se denomina Nizhni Nóvgorod; mi origen familiar y mi educación radiantemente musical me empujaron hacia el piano desde la infancia. Desde los seis años inicié mis estudios y, con dieciocho, ingresé al Conservatorio Chaikovski de Moscú para pulir mi técnica bajo la guía de Lev Nikoláyevich Oborin. Tras obtener la formación superior, la escena internacional comenzó a señalarme como una promesa seria gracias a premios que rompieron las barreras del Este.
En Varsovia, 1955, logré el segundo premio en el Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin, un hito que cristalizó mi presencia fuera de mi país. Un año después, en Bruselas, conseguí el primer premio en el Concurso Reina Elisabeth, lo que consolidó mi reputación como intérprete de referencia y me permitió, por primera vez, actuar ante auditorios occidentales con aprobación unánime.
La cúspide llegó en 1962, cuando compartí el primer premio en el Concurso Internacional Chaikovski con el pianista británico John Ogdon. A los 26 años decidí abandonar la URSS, buscando nuevas oportunidades en el Reino Unido, desde donde inicié una ruta que me llevó luego a Islandia, donde contraje matrimonio, y finalmente a Suiza, donde fijé mi residencia actual.
Con el paso del tiempo, Deutsche Grammophon me tendió la mano y me ofreció un contrato que dio inicio a una etapa discográfica importante. Posteriormente, firmé como artista exclusivo de Decca, sello que se convertiría en mi aliado principal para proyectos en los que la música de cámara, el recital y la dirección se entrelazan. Este vínculo propició una presencia sostenida en el panorama internacional y fortaleció mi identidad como intérprete y gestor artístico.
Mi repertorio ha sido reconocido por su amplitud, con especial énfasis en la tradición rusa y en el repertorio romántico. He dejado grabaciones de alto vuelo que abarcan desde los preludios y fugas de Dmitri Shostakóvich, pasando por obras de Bach como el Clave Bien Temperado, hasta las sonatas de Aleksandr Skriabin, las grandes sonatas y conciertos de Beethoven, de Mozart, y de Prokófiev. En el terreno de cámara también he explorado con interés una amplia constelación de repertorios.
Una de mis señas es la preferencia por Chopin: cuento con una grabación de las obras completas del compositor polaco que la crítica ha señalado como una referencia moderna. No obstante, mi enfoque abarca también lecturas fundamentales de Bach, Beethoven y Prokófiev, que demuestran la capacidad de adaptar el pulso poético y la claridad estructural a cada periodo.
Director
Además de mi labor pianística, he conducido orquestas de renombre, abrazando una filosofía que equipara el gozo de dirigir con el placer de tocar el piano: la música se expresa como una unidad, y la dirección es una forma distinta de comunicarla ante la orquesta y ante el público.
Mi trayectoria como director ha sido notable por sus logros en distintos frentes: director principal de la Orquesta Filarmónica Real entre 1987 y 1994, y posteriormente al frente de la Orquesta Filarmónica Checa desde 1998 hasta 2003. En 2004 asumí el cargo de director musical de la Orquesta Sinfónica NHK, ampliando mi ámbito de actuación en Asia y fortaleciendo puentes culturales entre continentes.
En 1989, durante un retorno simbólico a la región de la antigua Unión Soviética tras una larga ausencia, fui testigo de un momento que cambió para siempre la historia: la víspera de la caída del régimen y la llegada de Gorbachov a saludar a mi padre, seguido por la noticia de la caída del Muro de Berlín al día siguiente. Este año marcó un punto de inflexión que afectó tanto a la geopolítica como a mi vida personal y profesional.
Hoy sigo vinculado a estas dos disciplinas como director honorífico de la Orquesta Filarmónica Real y de la Orquesta Sinfónica de Islandia, además de asumir la labor de director musical de la Orquesta Joven de la Unión Europea, por la cual colaboro con jóvenes talentos y programas educativos de alto calibre.
En enero de 2009, y tras un acuerdo anunciado en 2007, tomé las riendas de la Orquesta Sinfónica de Sídney, consolidando así mi presencia en el escenario oceánico y ampliando el alcance de mis proyectos directorales a nuevos públicos.
Entre las experiencias que he cultivado como creador, destaca la orquestación de la suite Cuadros de una exposición de Modest Músorgski, una labor que complementa mi mirada sobre la música y su transformación en orquesta y color.
Aunque la dirección ha ocupado una porción central de mi tiempo, he mantenido activa la faceta pianística: he dirigido recitales de Mozart y Beethoven desde el teclado y continúo ampliando mi discografía con lecturas de repertorio contemporáneo y clásico, además de encargos y transcripciones que sostienen mi compromiso con la creatividad interpretativa. Entre estas, destaco un concierto para piano de Einojuhani Rautavaara solicitado específicamente por mi a un compositor finlandés, así como