Vida Icónica VIDAICÓNICA

Warren G. Harding

Nombre completo Warren Gamaliel Harding
Nombre nativo Warren G. Harding
Descripción 29.° presidente de los Estados Unidos
Fecha de nacimiento 02-11-1865
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 02-08-1923
Nacionalidad Estados Unidos
Ocupaciones político, editor de periódico, estadista, empresario
Idiomas inglés
HermanosCharity Malvina Harding, Mary Clarissa Harding, Eleanor Persilla Harding, Charles Alexander Harding, Abigail Victoria Harding, George Tryon Harding Jr., Carolyn Harding Votaw
ParejasNan Britton
EsposasFlorence Harding
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Warren Gamaliel Harding nació en un entorno rural de Ohio a mediados del siglo XIX y llegaría a convertir-se en una figura decisiva de la política estadounidense tras una trayectoria poco ortodoxa para un líder nacional. Su vida se movería entre el periodismo, la administración de empresas familiares y una ascendente carrera política que lo llevó desde la prensa local hasta la cúspide del poder en Washington, durante un periodo de postguerra y de cambio social. En este retrato, se despliegan los hitos de su trayectoria, sus virtudes políticas y las sombras que acompañaron su mandato y su legado.

Warren G. Harding — Imagen principal
Firma de Warren G. Harding

Warren Gamaliel Harding nació en un entorno rural de Ohio a mediados del siglo XIX y llegaría a convertir-se en una figura decisiva de la política estadounidense tras una trayectoria poco ortodoxa para un líder nacional. Su vida se movería entre el periodismo, la administración de empresas familiares y una ascendente carrera política que lo llevó desde la prensa local hasta la cúspide del poder en Washington, durante un periodo de postguerra y de cambio social. En este retrato, se despliegan los hitos de su trayectoria, sus virtudes políticas y las sombras que acompañaron su mandato y su legado.

Juventud e inicios de carrera política

Infancia y educación

Nacido el 2 de noviembre de 1865 en una pequeña comunidad de Ohio—un lugar llamado Blooming Grove—Harding fue el primogénito de una familia de raíces modestas pero con una fuerte impronta de audacia y trabajo. Su padre, George Tryon Harding, conocido como Tryon, era agricultor que también enseñaba y promovía iniciativas comunitarias, mientras que su madre, Phoebe Elizabeth Dickerson, ejercía como partera y se erigía como una figura de guía para los suyos. La familia valoraba el esfuerzo y la educación práctica por encima de todo, y esas convicciones resonarían en las etapas siguientes de su vida. A los niños se les inculcaba la disciplina, la curiosidad y la convicción de que el estudio y la labor cotidiana podían abrir puertas. Harding recibió una educación básica sólida y, desde muy joven, demostró interés por las letras y por observar el mundo que lo rodeaba, una inclinación que más tarde se convertiría en motor de su vocación periodística.

La genealogía de la familia mostró diversidad de orígenes europeos, con sangre inglesa, escocesa y galesa, así como trazas de ascendencia holandesa en la línea materna. A nivel de mitos y rumores que rodearon su linaje, circuló la versión de que una de las bisabuelas habría tenido ascendencia africana; esa hipótesis fue desmentida en años posteriores a través de pruebas genealógicas y análisis culturales, que sostuvieron que los linajes de Harding, en las generaciones centrales, no poseían un componente subsahariano significativo. Estos detalles, que formaron parte de la conversación pública de la época, señalan cómo la identidad de una figura política puede quedar entrelazada con relatos y sospechas de origen. En todo caso, el legado de la familia se implantó en la ética del trabajo y en la perseverancia como valores centrales.

La educación formal de Harding se desarrolló en su juventud en instituciones regionales y en escuelas que promovían un aprendizaje práctico. Su interés por la lectura de diarios y la formación periodística emergía tempranamente; de hecho, fue en una taberna de su ciudad natal donde, a los once años, comenzó a incorporar nociones básicas de redacción y manejo de la información. Su familia se trasladó a la ciudad de Marion, donde el joven Harding continuó sus estudios y se acercó a la prensa como una vía para comprender el mundo de la actualidad y, con el tiempo, para construir una carrera profesional propia.

Primeras experiencias periodísticas llegaron cuando su padre adquirió un periódico local, un acontecimiento que transformarían las aspiraciones del joven. A partir de esa coyuntura, Warren fue asomando a las tareas de redacción, crónica y difusión de noticias. Su afinidad con el oficio periodístico se consolidó durante la adolescencia, cuando combinó la experiencia en el diario familiar con una formación autodidacta que le permitió entender el poder de la comunicación para influir en la opinión pública. Esa base sería crucial para su posterior paso hacia la política, donde la persuasión y la gestión de la información tuvieron un papel determinante.

La expansión del entorno familiar también aportó experiencias que moldearon su visión de la vida cívica. Su familia, de orientaciones abiertamente abolitionistas, se instaló en Caledonia y más tarde se trasladó a otros lugares de Ohio, donde Tryon adquirió habilidades empresariales a través de la gestión de un periódico y la vinculación con comunidades locales. En esas etapas, Harding comenzó a comprender, de forma temprana, que la capacidad de comunicación no solo describe la realidad, sino que también tiene la fuerza de dirigirla.

Formación temprana en Marion marcó una etapa decisiva. El crecimiento demográfico de la ciudad, que pasó de unos pocos miles de habitantes a una comunidad más sólida, creó un ecosistema favorable para las publicaciones locales. Harding se introdujo en el mundo del periodismo como aprendiz y, con el tiempo, se convirtió en una figura central dentro de The Marion Star, el periódico que eventualmente aguardaría a convertirse en una plataforma de influencia y de acción política para el joven editor.

Editor

La etapa de editor significó para Harding un laboratorio de ideas y una palestra para sus primeras ideas sobre gobernanza pública. A la hora de gestionar su negocio periodístico, el futuro presidente demostró una capacidad notable para combinar la visión comercial con la responsabilidad cívica. En esa época, Marion era una ciudad que crecía y que buscaba su lugar en el mapa político de Ohio; el Star, bajo la dirección de Harding y de su esposa Florence Kling, se llevó el mérito de convertirse en un periódico que buscaba la rentabilidad sin dejar de lado un cierto carácter moderado y pragmático en su orientación editorial.

Florence Kling, cinco años mayor que Warren y hija de un banquero local, ingresó de lleno en la vida del negocio familiar. Su protagonismo fue decisivo para la evolución del Star: se ocupó de la gestión administrativa, de la distribución y, según algunas crónicas, ejerció una influencia clave para impulsar la carrera de su esposo. La pareja se convirtió en un tándem en el que la firmeza de la visión empresarial se complementaba con una dedicación compartida a la vida pública. Florence, de hecho, fue descrita por sus contemporáneos como una figura capaz de sostener la empresa incluso en los momentos de mayor presión, y algunos historiadores sostienen que su apoyo habría jugado un papel destacado en la trayectoria política de Harding.

La estrategia periodística del Star, en su mejor época, buscó mantener una imagen equilibrada en un entorno partidista fuerte. Aunque Marion era mayoritariamente republicana, la orientación editorial del Star mostró una cierta apertura a la moderación y a la generación de un discurso que pudiera atraer a una audiencia más amplia. Esa capacidad para navegar entre intereses políticos y presiones económicas permitió al periódico sostenerse mientras la ciudad crecía, y también le dio a Harding la experiencia de desarrollar una voz pública consolidada, útil cuando llegó el momento de presentarse a cargos públicos.

Relación con el mundo empresarial fue una constante en la vida de Harding incluso cuando el Star ya no era solo un diario, sino una plataforma para impulsar iniciativas de desarrollo local. Inversiones en compañías de la región, compras de participaciones y un manejo prudente de las finanzas permitieron a la pareja acumular una discreta fortuna que, a lo largo de los años, se convirtió en un respaldo importante para sus aspiraciones políticas. Florence, con su rigor contable, se convirtió en un pilar que aseguraba la viabilidad del negocio y, al mismo tiempo, aportaba una disciplina que Warren adoptaba para administrar su carrera pública.

El periodo de transición hacia Washington, D.C., cuando el matrimonio decidió trasladarse, marcó un antes y un después en su vida. El periodista que había construido una imagen de hombre cercano a la vida cotidiana de los ciudadanos de Ohio encontró en la capital un escenario más amplio para aplicar su talento comunicativo y su capacidad de ampliar redes. En 1915, Harding tomó asiento en el Senado, y ese salto representó la culminación de una etapa en la que la experiencia periodística y la gestión de un negocio local le proporcionaron una brújula para navegar por las complejidades de la política nacional.

Comienzos políticos

La decisión de involucrarse en la política surgió como una respuesta a la necesidad de influir en el rumbo de su estado y, más tarde, del país. Harding, que ya tenía una extensa experiencia en el mundo de la prensa y de los negocios, encontró en la actividad cívica una vía para canalizar su visión sobre el gobierno limitado, la responsabilidad cívica y la promoción de la estabilidad económica. Su relación con Bart Foraker y con otros líderes del Partido Republicano de Ohio le permitió participar en las campañas y en las convenciones estatales, y su habilidad para tejer alianzas fue un rasgo constante de su aproximación a la política. Su estilo, caracterizado por una actitud serena, una capacidad de escucha y una cierta prudencia estratégica, le convirtió en un nombre cada vez más conocido dentro del partido.

La confianza de los líderes partidistas se fue fortaleciendo a medida que Harding demostró su capacidad para manejar asuntos complejos, su talento para la persuasión y su habilidad para construir consensos. Fue, además, un firme defensor de la idea de que la política debía contribuir a la normalidad después de años de turbulencia social y económica, una postura que acabaría definiendo su agenda al llegar a la presidencia. En ese periodo, su participación como delegado en las convenciones republicanas y su presencia en las campañas de otros candidatos consolidaron su posición como un actor influyente y, a la vez, como un hombre de moderación que evitaba confrontaciones innecesarias.

La intervención en campañas y la consolidación de su perfil se basaron en la capacidad de Harding para comunicarse con diferentes públicos y para presentar propuestas que, en su opinión, podían restablecer la fe de la población en las instituciones. Su trayectoria como periodista y empresario le permitió entender el funcionamiento de la opinión pública, lo que, a su vez, alimentó su estrategia política: presentar una visión de liderazgo que priorizaba la eficiencia administrativa, una economía de mercado desregulada en la medida en que ello favoreciera el desarrollo industrial y una política exterior que buscaba evitar enfrentamientos y guerras innecesarias. Esa combinación de pragmatismo y serenidad fue una de las señas de identidad de su ascenso.

Primeros cargos políticos (1897-1919)

Senador del estado

La trayectoria hacia el Senado Estatal comenzó cuando Harding aceptó el reto de competir por un escaño en la legislatura de su estado. Apoyado por figuras influyentes del aparato republicano y por las redes que había construido a lo largo de su carrera periodística, resultó elegido en una etapa en la que la política de Ohio se movía entre las dinámicas de forakerismo, las tensiones entre corrientes conservadoras y reformistas, y la necesidad de manejar un paisaje electoral muy competitivo. A su llegada al Senado, Harding se presentó como una voz de moderación que sabía escuchar y que se resistía a las tentaciones del favoritismo y el clientelismo que marcaban la política de la época.

La consolidación de su liderazgo dentro del Senado estatal fue notable. Aunque su nombre no era aún sinónimo de poder en la escena nacional, rápidamente se convirtió en un referente para compañeros y oponentes por su paciencia, su capacidad de análisis y su habilidad para construir acuerdos. El ambiente político del momento, atravesado por la lucha entre facciones antiguas y emergentes, le permitió cultivar una red de contactos que sería decisiva para sus pasos siguientes. En ese periodo, su papel como figura pública creció de manera sostenida, y su reputación como alguien confiable y pragmático comenzó a afirmarse con claridad.

El vínculo con Harry M. Daugherty aparece como un eslabón central en esa fase. Este colega, con una trayectoria conocida en la maquinaria estatal y una intuición estratégica para las campañas, supo vislumbrar el potencial de Harding y perdió poco tiempo en proseguir una colaboración que, en los años siguientes, se convertiría en decisiva para la carrera presidencial. A partir de ese encuentro, la dupla empezó a trabajar con una sinergia que buscaba no solo consolidar puestos, sino también abrir puertas para decisiones más amplias en la escena político-administrativa del estado. La dinámica entre Harding y Daugherty se convirtió en un esquema de acción que facilitaría, más adelante, la ruta hacia escaños de mayor alcance.

La frontera de la Gobernación se acercó al inicio del siglo, pero se cruzó de manera sutil y con cautela. Las tensiones dentro del Partido Republicano de Ohio eran intensas, y la competencia por la más alta magistratura del estado requería de un cuidado especial para no desestabilizar alianzas ya formadas. En ese marco, los análisis de los estrategas coincidían en que Harding, con su estilo prudente y su historial como periodista equilibrado, tenía más probabilidades de cruzar esa frontera si mantenía un perfil de unidad y una narrativa de gobernabilidad que resonara con una base amplia de votantes. Aunque algunos preferían a otros candidatos, la trayectoria de Harding mostró una consistencia que le permitió mantener vivas las aspiraciones a cargos más altos.

El ascenso gradual dentro del Senado estatal fue acompañado por una creciente influencia entre los legisladores y una creciente atención mediática sobre su figura. Sus colegas reconocían, incluso quienes no compartían su visión, que su capacidad de dialogar, su empatía y su determinación eran rasgos que podían convertirlo en una figura central para futuras campañas y para la construcción de un proyecto político estable. En ese contexto, Harden consolidó una identidad que le ofrecía una vía para participar, con seriedad, en los asuntos que afectaban tanto al ámbito estatal como al nacional, una característica que, más tarde, le sería útil en su ascenso a la cúspide del poder.

La transición a la política nacional empezó a tomar forma cuando Harding se involucró de lleno en la escena nacional, manteniendo su carácter de moderación mientras enfrentaba las tensiones entre la corriente progresista y las corrientes más conservadoras. Su capacidad de adaptarse a circunstancias cambiantes, sin renunciar a sus principios, fue una de las cualidades que lo llevaron a ser visto como una figura de equilibrio en medio de un espectro político a menudo fracturado. En esa etapa, la experiencia de gestión de un periódico y la habilidad para interpretar la opinión pública se convirtieron en herramientas para entender mejor el arte de la persuasión política.

Dirigente de Ohio

La carrera hacia la gobernación fue un capítulo estratégico que involucró maniobras cuidadosas, alianzas con figuras del establisment y la habilidad para presentar una plataforma que captara el apoyo tanto de conservadores como de sectores más moderados. Las intrigas internas del partido, la presencia de candidaturas rivales con perfiles progresistas y el contexto de reformas que buscaban redefinir el papel del estado en la economía, crearon un tablero complejo en el que Harding debía navegar con habilidad. Su campaña, que buscó proyectar una imagen de estabilidad, terminó resolviéndose en un sentido de continuidad para un electorado que pedía respuestas claras ante la incertidumbre de la época.

La competencia novata y las decisiones tácticas estuvieron marcadas por la estrategia de evitar confrontaciones abiertas cuando ello pudiera debilitar su proyecto. A la vez, su relación con líderes influyentes del partido y su capacidad para tejer acuerdos le permitieron avanzar, incluso cuando otras candidaturas parecían tener mayor apoyo inmediato. En este marco, el reconocimiento de su talento no tardó en extenderse más allá de su círculo de confianza, al punto de que la designación a la vicepresidencia o una candidatura a otro nivel de autoridad comenzaron a discutirse entre delegados y consejeros.

La campaña de 1903-1905 mostró una serie de episodios relevantes. Uno de los hitos fue la negociación con Myron T. Herrick, un banquero de Cleveland, para garantizar la unidad del bloque republicano frente a adversarios demócratas y a rivales dentro de la propia coalición. Este proceso tuvo repercusiones en la forma de entender las alianzas y las maniobras para asegurar victorias electorales, y permitió a Harding posicionarse como una figura capaz de liderar con moderación en un panorama de tensiones políticas. La figura de Harding, en ese momento, ya era percibida como una de las voces más consistentes de la moderación dentro del Partido Republicano de Ohio.

La etapa de diputado estatal también dejó claro que Harding contaba con la habilidad para manejar interlocutores distintos y para mantener un equilibrio entre intereses diversos. Su estilo, centrado en el diálogo y en la búsqueda de acuerdos, contrastaba con otros enfoques más combativos y, a su vez, mostraba una capacidad de liderar sin necesidad de imponer la voluntad de unos pocos. La experiencia adquirida en estas batallas internas sirvió de base a su progreso hacia cargos de mayor envergadura y, sobre todo, a su visión de un liderazgo que evocaba la idea de “normalidad” en tiempos de cambio.

Senador nacional

La campaña para el Senado federal se articuló en un periodo en que la salinidad del debate se dejaba sentir en cada esquina del país. En esa coyuntura, algunos rivales se posicionaban con discursos angulares sobre la religión, la inmigración y la defensa de los intereses regionales. Harding, sin embargo, optó por una táctica de contención, evitando ataques directos y centrando su mensaje en la estabilidad, la eficiencia y la capacidad de trabajar con las distintas ramas del gobierno para lograr resultados concretos. Sus primeros años en el Senado nacional se vivieron en un entorno en el que la balanza entre la influencia de la mayoría y la necesidad de acuerdos era una constante.

El origen de su red de influencia se fortaleció con la relación que forjó con figuras como Daugherty y otros actores clave de Columbus y de Washington. Este conjunto de relaciones fue alimentando una estrategia de campaña que buscaba presentar a Harding no solo como un candidato carismático, sino como una opción capaz de articular un programa de gobierno que redujera la intervención estatal en la economía y, a la vez, mantuviera un marco de responsabilidad fiscal y prudencia legislativa. En ese sentido, su figura emergió como la de un político que entendía la dinámica de las mayorías, pero que también sabía cuándo mostrar firmeza ante decisiones complejas.

El pulso con la opinión pública y la decisión de posiciones marcó hitos notables. Durante los debates sobre el voto femenino, las políticas de consignación de recursos para la guerra y la intervención del Estado en la economía, Harding adoptó enfoques que oscilaban entre la moderación y la firmeza cuando correspondía. En determinados momentos, su postura fue percibida como pragmática: sabía cuándo apoyar reformas sociales y cuándo frenar avances que podrían provocar tensiones entre los electores y las instituciones. Esa actitud le otorgó un perfil de actor confiable, capaz de navegar por aguas turbulentas sin perder la cabeza ni la capacidad de negociación.

La postura ante la participación en la guerra y la posición frente a la movilización de recursos para el conflicto global caracterizaron su trayectoria en el Senado. Aunque inicialmente mostró reservas, finalmente respaldó la participación de su nación en el conflicto y, en momentos decisivos, apoyó medidas extraordinarias orientadas a sostener el esfuerzo bélico. En esa misma línea, defendió una visión de liderazgo que impulsaba la acción decisiva cuando era necesaria, al tiempo que promovía, en la medida de lo posible, la protección de las libertades civiles y el control democrático de las decisiones gubernamentales. Estas decisiones serían materia de debate político durante las décadas siguientes y formarían parte de la herencia de su administración.

Elecciones presidenciales de 1920

Primarias

La coyuntura de la carrera presidencial en 1920 se vio marcada por la expectativa de que Theodore Roosevelt, en caso de sobrevivir, optaría por un nuevo intento de mando. Su fallecimiento, ocurrido a principios de 1919, dejó un vacío que fue llenado por una constelación de posibles candidatos que competían por la candidatura republicana. Había nombres con perfiles diversos: desde generales con historial de servicio hasta figuras políticas con trayectorias técnicas. En ese escenario, Harding emergió como una opción que prometía estabilidad y cohesión para un partido que buscaba consolidar su dominio tras un periodo de tensiones internas y fracturas. Su campaña recibió el impulso de una red de apoyo que se extendía entre Washington y Ohio, y de un conjunto de dirigentes dispuestos a favorecer una solución que pudiera evitar la desbandada de votos hacia candidaturas rivales.

La estrategia de la campaña se centró en presentar a Harding como un senador de origen modesto y de mente abierta, capaz de entender las preocupaciones de los ciudadanos comunes y de traducir esa comprensión en políticas públicas claras. Sus promotores resaltaron su capacidad para gestionar la administración con eficiencia, su experiencia como periodista y su habilidad para forjar acuerdos entre distintas facciones del Partido Republicano. En esa fase inicial, su nombre adquirió peso específico en las conversaciones de los comités y en las reuniones de los responsables de la maquinaria electoral, aunque todavía quedaban desafíos por delante para obtener la nominación en la convención nacional.

El resultado en el estado, diciembre de 1919 y la primera mitad de 1920, mostró una combinación de resultados que no eran concluyentes en su favor, pero que sí le permitieron mantener la esperanza de avanzar. Los dirigentes que lo respaldaban consideraban que su perfil, a medio camino entre el reformismo y la tradición, tenía la capacidad de convertirse en un puente entre distintas corrientes del partido. En ese proceso, el papel de figuras como Daugherty resultó decisivo para mantener la cohesión y para organizar una red de campaña que pudiera sostener la candidatura en los estados clave. A pesar de las dudas que aún persistían entre algunos críticos, la estrategia de Harding de evitar confrontaciones abiertas y de buscar alianzas amplias terminó por dar frutos en las etapas siguientes.

La escena de las primarias mostró también los esfuerzos de otros postulantes por hacerse con el dominio de Ohio, un estado clave en la distribución de delegados. Aunque Harding venció en su estado de origen, la contienda tuvo momentos difíciles, y la percepción de que la competencia en otros frentes podría perjudicar su campaña llevó a sus asesores a planificar con atención cada paso. En ese marco, la capacidad de sostener una presencia constante en los estados centrales y de mantener la moral de la campaña fue clave para sostener la aspiración de llegar a la presidencia, a través de una convención que podría decidir la suerte final de las luchas internas del partido.

El papel de la familia y los asesores fue, en esa etapa, determinante. Florence, como en sus años de colaboración con The Star, mantuvo un papel activo en la logística de la campaña, la gestión de recursos y la comunicación con los simpatizantes. La cooperación entre Harding y su equipo, incluyendo a figuras como Daugherty y otros aliados, se convirtió en un ejemplo de cómo una campaña de gran envergadura puede sostenerse gracias a una red de apoyo coordinada y a la capacidad de orientar el discurso hacia una promesa clara de estabilidad y progreso.

Convención republicana

La convención nacional de ese año fue un escenario decisivo para la definición de la candidatura. Harding, que ya había logrado establecer una base de apoyo sólida, fue visto como un candidato de compromiso, capaz de unir a las distintas corrientes del partido y de presentar una propuesta que sonara convincente ante un electorado cansado de la guerra y de las tensiones sociales. Su discurso, cargado de mensajes de unidad y de retorno a la normalidad, fue interpretado por muchos como una señal de que el país necesitaba una dirección que privilegiese la reconciliación y la reconstrucción de las instituciones. Aunque la historia de la época estuvo marcada por debates acalorados y por la competencia entre distintos aspirantes, la figura de Harding logró ganarse la simpatía de buena parte de la base partidista gracias a su tono moderado y su habilidad para articular una visión compartida.

La asignación de responsabilidades dentro del marco de la convención y las negociaciones que siguieron permitieron que Harding fuese elegible para la nominación. Sus simpatizantes destacaron su capacidad para presentar una plataforma clara que enfatizaba la necesidad de restaurar la normalidad tras la gran guerra, al tiempo que promovía un enfoque de gobierno más adaptable a las nuevas realidades económicas y sociales que iban emergiendo en el país. En ese momento crucial, Harding se convirtió en una figura que representaba, para muchos, la promesa de una administración con menos fricciones internas y con un rumbo definido hacia la estabilidad y la prosperidad.

La victoria electoral se afirmó como un resultado que parecía confirmar la intuición de aquellos que veían en Harding a un líder capaz de unir a un país que pedía certeza y progreso. En la campaña, su mensaje de “volver a la normalidad” resonó con un electorado que buscaba, después de años de conflictos y cambios acelerados, una dirección que priorizara la experiencia y la sensatez por encima de las iniciativas disruptivas. Al consolidarse como el candidato de la continuidad, Harding se convirtió en la figura que, en el imaginario público, simbolizaba la esperanza de un periodo de reconstrucción y de crecimiento económico, con políticas orientadas a la desregulación prudente, al fortalecimiento de la industria y a una actitud de retirada relativa de las arenas internacionales que, en ese tiempo, se percibía como una opción razonable para Estados Unidos.

La toma de posesión y el inicio del mandato presidencial se vieron envueltos por las expectativas de una nación que deseaba ver la economía recuperada, las instituciones fortalecidas y una política exterior menos intervencionista. Harding, con su experiencia de editor y su vida dedicada a la gestión de empresas y personas, asumió el cargo con la promesa de facilitar un “nuevo curso” que, en su visión, debía equilibrar libertad económica, responsabilidad y una política exterior que evitara complicaciones innecesarias en un mundo que seguía tanteando su papel en el tablero global.

Imágenes de Warren G. Harding

Vídeo sobre Warren G. Harding