Agustín Pedro Justo
| Nombre completo | Agustín Pedro Justo |
|---|---|
| Nombre nativo | Agustín Pedro Justo |
| Descripción | Presidente de Argentina de 1932 a 1938 |
| Fecha de nacimiento | 26-02-1876 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 11-01-1943 |
| Nacionalidad | Argentina |
| Ocupaciones | militar, político |
| Idiomas | español |
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Agustín Pedro Justo, nacido en Concepción del Uruguay el 26 de febrero de 1876 y fallecido en Buenos Aires el 11 de enero de 1943, ocupó roles de marcado perfil público: militar, ingeniero civil, diplomático y político dentro de la Unión Cívica Radical. Su trayectoria atravesó las esferas técnicas y administrativas, hasta conducir al país durante la turbulenta década de 1930. Su mandato presidencial (1932–1938) quedó asociado a la etapa conocida como la Década Infame, un tiempo de alianzas políticas y tensiones sociales que marcaron el rumbo nacional.
Agustín Pedro Justo, nacido en Concepción del Uruguay el 26 de febrero de 1876 y fallecido en Buenos Aires el 11 de enero de 1943, ocupó roles de marcado perfil público: militar, ingeniero civil, diplomático y político dentro de la Unión Cívica Radical. Su trayectoria atravesó las esferas técnicas y administrativas, hasta conducir al país durante la turbulenta década de 1930. Su mandato presidencial (1932–1938) quedó asociado a la etapa conocida como la Década Infame, un tiempo de alianzas políticas y tensiones sociales que marcaron el rumbo nacional.
Juventud
El origen del futuro mandatario se sitúa en una familia vinculada a la vida pública de Entre Ríos. Su padre, también llamado Agustín Pedro Justo, había ejercido la gobernación de una provincia y actuaba como representante legislativo, mientras que su madre, Otilia Rolón Onieva, provenía de un linaje correntino tradicional. Con esa carga histórica, el joven ingresó a la Escuela Militar a los once años, iniciando su formación en la Arma de Artillería. En plena juventud participó en la Revolución del Parque, tomando las armas para unirse a la acción de los insurgentes; fue arrestado y luego amnistiado, y al egresar en 1892 emergió con el rango de alférez.
Continuó su educación sin abandonar la carrera militar y se matriculó en la Universidad de Buenos Aires para estudiar ingeniería. Su progreso fue notable: fue ascendiendo en el escalafón hasta ingresar al rango de teniente y, posteriormente, capitán. En 1903 obtuvo el título de ingeniero civil, formando parte de una generación de oficiales con una sólida formación cultural. En 1904, por decreto, su titulación quedó alineada con la de ingeniero militar, consolidando su prestigio académico y profesional.
En lo personal, el año 1900 marcó un hito importante al contraer matrimonio con Ana Encarnación Bernal Harris, con quien procreó varios hijos. Entre ellos emergió Liborio Justo (1902–2003), un hijo que destacaría por su desarrollo intelectual y su influencia en el ámbito político y social del siglo XX. Estos lazos familiares reforzaron la red de relaciones que acompañarían su carrera pública en las décadas siguientes.
Comienzos de la carrera política
Desde la dirección educativa militar, en 1915 fue designado frente al Colegio Militar de la Nación, cargo que ocupó durante siete años consecutivos. Su liderazgo dejó huella en las prácticas administrativas, al ampliar la academia, profesionalizar al cuerpo docente y fortalecer la vinculación entre las aulas y la arena política. Su perfil antipersonalista, más cercano a Marcelo T. de Alvear que a la línea de Hipólito Yrigoyen, le permitió forjar lazos con sectores internos de la UCR y abrirse paso en los círculos de la seguridad y la administración.
Durante su gestión educativa, promovió la modernización de las instalaciones y emprendió obras de desarrollo para la institución. En 1921 iniciaron trabajos de traslado hacia nuevas dependencias en un terreno cercano al campo de Caseros, y en 1937 esa institución vería inauguradas sus nuevas instalaciones, resultado de una continuidad prudente entre el pasado y el presente institucional.
La trayectoria en el Ministerio de Guerra se aceleró cuando, ya en la era de Alvear, dejó el Colegio Militar para asumir la cartera de Guerra en 1922. Promovió mejoras en la capacidad defensiva y solicitó aumentos presupuestarios para la compra de equipamiento y la modernización de las instalaciones del Ejército, al tiempo que impulsaba reformas estructurales en la organización de las fuerzas armadas. En 1924 cumplió funciones de representación internacional al ser plenipotenciario en Perú con motivo del centenario de la batalla de Ayacucho, una experiencia que fortaleció su perfil diplomático. A lo largo de los años siguientes, ejerció cargos interinos en Agricultura y Obras Públicas, sin abandonar del todo su influencia en la cartera de Guerra, hasta completar el mandato de Alvear. En 1927 ascendió a general de división, consolidando su posición al frente de una estabilidad institucional que combinaría tradiciones militares con ambiciones de modernización.
Con la frialdad de su temperamento antipersonalista, sostuvo apoyos dentro del radicalismo que promovían la autonomía de las provincias y la preservación de las instituciones republicanas. Sus simpatías intelectuales se orientaron hacia figuras como Leopoldo Melo y Vicente Gallo, y su acercamiento a corrientes antipersonalistas le permitió tejer un entramado de alianzas que luego jugaría un papel decisivo en la política nacional. Aunque se alió con estas corrientes por cálculos prácticos, su vocación liberal lo llevó a evitar alianzas que pudieran amenazar las bases del sistema democrático y la legalidad constitucional.
Justo y el golpe de 1930
En el proceso que desembocó en la asonada de 1930, Justo formó parte de un sector decidido a desafiar el gobierno constitucional de Yrigoyen. Impulsado por actores como el general José Luis Maglione y el coronel Luis García, el movimiento se hizo visible en la prensa y en redes militares que, sin embargo, mantuvieron diferencias respecto a la forma de ejecutar la salida institucional. Las publicaciones de la época debatían entre la necesidad de intervenir para salvar la legalidad o la de preservar la continuidad del orden constitucional mediante un planeamiento de choque contra el liderazgo vigente.
Ante estas tensiones, Justo aceptó participar en el proceso golpista encabezado por Uriburu, aceptando la posibilidad de dirigir, en una etapa, las fuerzas armadas. En septiembre de 1930, fue designado comandante en jefe del Ejército, aunque poco después renunció ante señalamientos de irregularidades en compras de armamento durante el gobierno anterior. Su salida dejó la vía a otro jerarca militar, y, sin abrazar de lleno el proyecto político que se imponía, optó por distanciarse de la dirección del nuevo régimen para buscar un itinerario que condujera a un orden constitucional más rápido y legítimo.
Intentos de moderación lo empujaron a promover la apertura electoral y la convocatoria a comicios como puente para el restablecimiento de mecanismos democráticos. Aun cuando el entorno castrense mostraba fracturas y un espectro de nacionalismo creciente, Justo apostó por evitar un giro que consolidara un modelo corporativo y que comprometiera la tradición liberal de la política argentina. Su postura fue de prudente distanciamiento respecto de Uriburu y de la posibilidad de asumir una dirección estable, manteniendo la mirada en un retorno a las normas constitucionales.
candidatura de Justo
Con el marco de las presiones políticas generadas por la dictadura, Justo fue articulando una red de apoyo que conjugaría a militares de confianza y a dirigentes antipersonalistas del radicalismo. Su objetivo era convocar elecciones y representar una opción para un arco amplio de fuerzas que, pese a sus diferencias, veían en él a un posible líder capaz de amalgamar intereses regionales y nacionales. Entre los colaboradores que le brindaban apoyo se mencionan varios oficiales de carrera, médicos y dirigentes que, desde distintas provincias, operaban como interlocutores para reconciliar intereses en nombre de una candidatura futura.
El presidente de facto buscaba expandir su base de negociación colocando en el centro de la escena a Alvear y a otros dirigentes que podrían parecerle aliados temporales. Sin embargo, a medida que se consolidaba la situación de facto, se fortalecían las dinámicas internas que mantenían a la UCR dividida entre fracciones que defendían una vía democrática y otros sectores que soñaban con modelos más autoritarios. En este contexto, la fórmula antipersonalista recibió el respaldo de amplios sectores sociales y políticos que ya no veían en la continuidad de Yrigoyen una opción viable.
La convención antipersonalista de septiembre de 1931 proclamó la dupla Agustín Justo/José Nicolás Matienzo, dando salida a una opción que, al ser reconocida por amplios sectores, aumentó la presión para la convocatoria de elecciones. Paralelamente, la Unión Cívica Radical Antipersonalista siguió impulsando su propio programa, alejándose de la opción conservadora y consolidando una plataforma que abogaba por un equilibrio entre las instituciones y la libertad política. En ese marco, la coalición de la época se movía entre diversas sensibilidades que buscaban tejer un frente lo suficientemente amplio como para evitar que el gobierno de la Concordancia obtuviera la hegemonía absoluta.
La campaña electoral tomó cuerpo con una convicción de que la abstención revolucionaria podía diluirse si se lograba una concurrencia electoral que legitimara la alternancia democrática. En mayo de 1931, la convocatoria a elecciones principales se convirtió en un paso decisivo para desmarcarse de la trayectoria anterior y abrir la puerta a un proceso que, desde la óptica de Justo y sus aliados, podría consolidar un marco institucional más sólido frente a las presiones de la época. El resultado electoral, marcado por la sospecha de fraude y la proscripción de algunos candidatos, consolidó la percepción de una década dominada por maniobras institucionales controvertidas, pero dejó también la puerta abierta a una trayectoria de cambio dentro de los límites constitucionales.
La presidencia
Asumió el cargo el 20 de febrero de 1932, en medio de un país sacudido por la crisis mundial y por un ajuste económico que afectaba a la población rural y urbana por igual. Su estrategia inicial combinó medidas de contención fiscal con un plan orientado a ordenar la economía para enfrentar la recesión que se extendía por el mundo. Justo heredó un escenario de inestabilidad política y social, y debió enfrentarlo con un gabinete que buscaba contener el deterioro de las finanzas públicas y recuperar cierta estabilidad institucional.
En el plano económico, el equipo económico inauguró un conjunto de políticas restrictivas y de austeridad para encauzar el gasto público, frenar la inflación y estabilizar la moneda. Se adoptaron medidas que buscaban recomponer la confianza en la Hacienda, se introdujo un primer impuesto sobre la nafta para financiar infraestructuras y se lanzó un programa de inversión orientado a obras públicas como motor de crecimiento. Estas políticas, que pretendían ser de impulso y contención, crearon un marco en el que se consolidó una nueva orientación dirigista de la economía nacional.
La infraestructura como eje fue central en la visión del gobierno. Bajo la tutela de la gestión pública, se priorizó la consolidación de una red de carreteras y la creación de organismos que se encargarían de su planificación y supervisión. En Buenos Aires, las obras de urbanización se intensificaron: se dio impulso a avenidas, viaductos y edificaciones emblemáticas que, con el tiempo, pasarían a ser parte del paisaje citadino. El esfuerzo se sostuvo con inversiones procedentes de distintas fuentes y con una coordinación entre ministerios para asegurar la ejecución de proyectos estratégicos.
El cambio de Gobierno Económico llegó cuando se modificó el equipo y se impulsó un mayor grado de intervención del estado en la economía. Apoyado por figuras técnicas y políticas, se avanzó en la creación de organismos destinados a regular mercados y a coordinar la producción, con especial atención a la agricultura, la ganadería y la industria. Se promovió una planificación que, aun con su sabor conservador, buscaba una mayor coordinación entre el sector público y el privado para sostener un proceso de crecimiento y restructuración productiva.
Plan de obras públicas y privadas
La respuesta a la crisis de 1929 no fue solo austera: también se orientó a estimular la demanda a través de la inversión en infraestructura. Este enfoque, que tomó inspiración de experiencias extranjeras, se traducía en un programa de grandes proyectos y en la promoción de un entorno favorable para la industria y el comercio. Se contempló la ejecución y planificación de múltiples obras que buscaban no solo mejorar la conectividad del territorio, sino también activar la producción y el empleo.
Entre las realizaciones más visibles se encuentra la consolidación de importantes puentes sobre el ría chuelo que conectaron barrios y asentamientos industriales, así como hitos de movilidad en la ciudad. También se dio impulso a la construcción de frentes urbanos, la puesta en marcha de sistemas de transporte masivo y la edificación de infraestructuras sanitarias y administrativas que modernizaron la vida cívica. Estas iniciativas quedaron articuladas por un conjunto de ministros y técnicos que coordinaban la ejecución y garantizaban el cumplimiento de los plazos y los criterios de calidad.
- Puentes que conectaron riberas y fortalecieron el tráfico interjurisdiccional, como Avellaneda, Uriburu y La Noria, integrando la red urbana.
- La creación y desarrollo del Obelisco y de las líneas de subterráneos C y D, y la iniciación de la E, que ampliarían la movilidad de la ciudad.
- La sede del Ministerio de Obras Públicas (hoy Ministerio de Salud) y la infraestructura de servicios médicos y de atención básica para la población.
- La creación de la Guarnición Aérea Córdoba y la modernización de hospitales y edificios docentes de la Universidad de Buenos Aires.
- La construcción de estadios emblemáticos para clubes de fútbol, como los que albergaban al River Plate y al Boca Juniors.
- La pavimentación de rutas que conectaron Córdoba y Mar del Plata, entre otros proyectos de conectividad regional.
- La concreción de un tramo de puente internacional entre Paso de los Libres y Uruguayana, para facilitar el comercio y el tránsito binacional.
- La Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata, como parte de un programa de fomento de la cultura y la educación superior.
- La instalación de un observatorio científico, para avanzar en investigaciones y formar capital humano en áreas estratégicas.
La ejecución de estas obras contó con la participación de colaboradores como Mariano de Vedia y Mitre, Alberto Prebisch, Juan M. Obarrio, Carlos Thays, Justiniano Allende Posse y Domingo Selva, entre otros. El ministerio de Obras Públicas, bajo Manuel R. Alvarado, coordinó el plan y lo mantuvo activo incluso al inicio de la siguiente administración, demostrando la continuidad de una visión de desarrollo público compartida entre gobiernos sucesivos.
Relación con la UCR
La oposición dentro del radicalismo fue notable; el escenario político de la época estuvo definido por choques entre facciones y por la persistencia de cuestionamientos a la legitimidad de las elecciones. A medida que se consolidaba la década, surgieron tensiones entre las fuerzas que defendían una renovación institucional y las que apostaban por mantener ciertas alianzas con actores económicos y sociales. En ese marco, se empezaron a delinear estrategias para evitar que la Concordancia continuara en el poder sin haber resuelto las desequilibraciones derivadas de la intervención. El debate político mostró también la diversidad de enfoques dentro del propio radicalismo, con fracturas y reacomodos que influirían en las dinámicas nacionales durante años.
La consolidación de coaliciones regionales y la presencia de dirigentes de distintas provincias marcaron la pauta de una estrategia que intentaba la coordinación entre elecciones y gobiernos provinciales, en un entorno de fuerte intervención del Estado. Las tensiones entre las corrientes internas de la UCR y las corrientes simpatizantes de Alvear generaron un mosaico de apoyos que fue determinante para la evolución de la oposición y para la forma en que se articulaba una alternativa a la gestión vigente.
Pacto Roca-Runciman
Uno de los episodios más controvertidos del mandato de Justo fue la negociación con Gran Bretaña para definir un acuerdo comercial de gran impacto para los sectores exportadores argentinos. Las conversaciones, encabezadas por una delegación técnica y el vicepresidente, se centraron en asegurar condiciones ventajosas para la economía y, a la vez, enfrentar la presión de los hacendados que deseaban restablecer vínculos comerciales con el mercado británico. El resultado fue un pacto que generó debate intenso y críticas por parte de oponentes que lo vieron como una concesión desfavorable para la producción nacional.
La reacción pública fue diversa. Lisandro de la Torre y otros opositores cuestionaron la ecuación de beneficios y costos, mientras que el Congreso, en una votación que reflejaba la polarización de la época, terminó respaldando el acuerdo. El proceso legislativo y las protestas laborales que se sucedieron dejaron al descubierto las tensiones entre la demanda de libre comercio, la protección de industrias nacientes y la defensa de intereses sectoriales que, en algunos casos, se vieron favorecidos por las condiciones del pacto.
El debate posterior giró en torno a la forma de regular las condiciones comerciales y la necesidad de revisar contratos que favorecían a capitales extranjeros. El pacto generó respuestas políticas y económicas que, con el paso de los años, alimentaron la discusión sobre la autonomía económica y la dirección de la política exterior. En síntesis, se trató de una operación que, a pesar de sus efectos prácticos, dejó una huella ambigua en la historia de la relación entre Argentina y el Reino Unido.
Debate de las carnes
Una de las controversias más sonadas de la época giró en torno al comercio de carnes y su impacto en la recaudación estatal. El opositor Lisandro de la Torre insistió en que las exportaciones favorecían a frigoríficos extranjeros, al tiempo que se señalaban distorsiones en los precios pagados a productores y en los manejos de la Junta Nacional de Carnes creada tras la firma del pacto. Se formó una comisión para investigar estas irregularidades, que terminó revelando operaciones fraudulentas en la contabilidad de algunas empresas frigoríficas y en la gestión de divisas, con ramificaciones directas sobre la supervisión del banco central.
La investigación dejó huellas trágicas cuando Enzo Bordabehere, senador opositor, fue asesinado de un tiro en la espalda durante un discurso político; el hecho sacudió a la escena pública y dejó entrever las tensiones y desencuentros dentro del arco opositor y entre las distintas élites que orbitaban la economía del país. El suceso marcó un punto de inflexión en la percepción de la seguridad política y de la fortaleza de las instituciones frente a la presión de intereses poderosos y de la violencia política que caracterizó muchos de los años de aquella década.
Política exterior
En el plano internacional, Justo llevó a la Argentina a reincorporarse a la Sociedad de Naciones, un regreso sensible tras la salida protagonizada por Yrigoyen. Sus esfuerzos en política exterior se orientaron a la construcción de un arco regional, con acercamientos a potencias vecinas, como Brasil y Uruguay, para estimular relaciones comerciales y cooperación mutua. El canciller Saavedra Lamas trabajó para crear marcos de entendimiento regional que resistieran la influencia de potencias externas y consolidaran un entorno de estabilidad continental.
La diplomacia regional se fortaleció con iniciativas que buscaban prevenir enfrentamientos y promover la conciliación. En el marco de la cooperación hemisférica, surgió un movimiento de países limítrofes que se articuló en torno a acuerdos de no agresión y de conciliación, con el objetivo de canalizar las diferencias a través de la negociación y de instituciones regionales. Aunque no todos los intentos prosperaron, estos esfuerzos abrieron cauces para un entendimiento que tendría su coronación años después, cuando se lograron pactos y tratados que dieron forma a una nueva arquitectura de seguridad regional, con la mediación de actores internacionales y una participación más activa de la Argentina.
Política económica
El gobierno de Justo adoptó un papel cada vez más activo en la economía nacional. En 1934 se impulsó la centralización de la recaudación de impuestos y su distribución entre provincias, reduciendo la autonomía fiscal local y asegurando una mayor coordinación entre el gasto público y el financiamiento de políticas de desarrollo. Se crearon nuevas juntas reguladoras para sectores estratégicos como granos y carnes y se dio un paso decisivo al incorporar una dependencia administrativa orientada a la planificación de recursos naturales y de infraestructura. En paralelo, se fomentó la planta de una red de instituciones que, con apoyo de capitales privados, buscaban sostener la industrialización temprana de la economía.
La creación del Banco Central marcó un hito en la gestión monetaria de la nación. Diseñado por un comité de expertos con una mirada internacional, el banco buscó estabilizar la moneda, regular el tipo de cambios y coordinar la acción de entidades públicas y privadas. Raúl Prebisch ejerció como su primer director, señalando el inicio de un proceso que combinaría intervención estatal con la experiencia de agentes privados en la configuración de la estructura financiera nacional.
La industria y la inversión extranjera recibieron un impulso regulatorio, y el censo industrial de 1935 ofreció un mapa de la producción y de los trabajadores ocupados. Se aprobaron normativas para la actividad bancaria y la inversión extranjera, con una visión que fomentaba el desarrollo de sectores estratégicos: alimentario, caucho, electricidad y textiles fueron testigos de la llegada de grandes empresas y de proyectos de envergadura que acondicionaron la matriz productiva de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. Entre las empresas que comenzaron a cobrar importancia figuran nombres de influencia internacional, mientras que la industria nacional, con su crecimiento, empezó a consolidar una identidad propia.
Las relaciones comerciales y los cambios pendientes quedaron reflejados en la renegociación de acuerdos y en la implementación de medidas que, a la larga, buscarían equilibrar la balanza entre protección y apertura comercial. En 1936, Reino Unido dio por terminada la vigencia del pacto existente; nuevas negociaciones condujeron a un segundo marco de acuerdos que, si bien respondían a intereses de ambas partes, mostraron la complejidad de sostener un sistema de comercio internacional en un contexto de crisis global.
Situación política
El fraude electoral fue una constante en ese periodo. La masa de comicios estuvo sembrada de irregularidades y episodios de violencia, y la gobernabilidad se convirtió en un equilibrio frágil entre actores que intentaban imponer su voluntad mediante maniobras y otros que defendían un proceso más transparente. A partir de 1935, la aparición de líderes que buscaban alianzas con nuevos sectores o que defendían una posición más autónoma de las élites tradicionales intensificó la dinámica de conspiraciones, pactos y tensiones entre las provincias y el centro.
La reorganización partidaria se volvió un rasgo clave. La vuelta del exiliado Marcelo Alvear marcó el fin de la abstención revolucionaria en determinadas zonas, lo que llevó a la fragmentación de fuerzas y a la necesidad de una nueva lectura de las alianzas. En distintos frentes, desde Santa Fe hasta Mendoza y Santiago del Estero, se registraron victorias y derrotas que —con la intervención del gobierno— permitieron la consolidación de modelos regionales que desbordaban la vieja coalición de la Concordancia. Este escenario dio lugar a pactos variables y a un paisaje político que, a ojos de muchos, buscaba un reacomodo de fuerzas para enfrentar la crisis y las tensiones del entorno internacional.
La movilización obrera dio signos de consolidación en 1936, cuando la CGT emergió como una fuerza unitaria que articuló demandas laborales y movimientos de protesta. Las manifestaciones, la represión y la respuesta de las autoridades dibujaron un contexto de confrontación social que, aunque limitada en alcance, dejó instalada la idea de una clase trabajadora organizada capaz de exigir derechos y condiciones dignas ante las condiciones económicas adversas. Los años siguientes continuaron revelando la fricción entre el mundo sindical y las autoridades, un rasgo que caracterizó el clima político hasta bien entrada la década siguiente.
Gabinete de ministros
La formación del equipo ministerial acompañó el proceso de gestión y las decisiones que definieron la orientación económica y social del gobierno. Entre los nombres que integraron el consejo de ministros, se destacaron técnicos y políticos de trayectoria diversa, unidos por una agenda orientada a la contención de la crisis y a la modernización de la administración pública. Este órgano, cuyo diseño respondió a un esfuerzo de cohesión entre las diferentes corrientes de apoyo, funcionó como eje para coordinar las políticas de gasto, infraestructura y regulación de mercados.
Tras la presidencia: el posible candidato de un "Frente Popular" contra el fraude electoral.
Al concluir su mandato en febrero de 1938, Justo entregó la banda presidencial a Roberto M. Ortiz y se retiró a la vida privada. En ese periodo, cultivó una afición por la bibliografía y la literatura, especialmente por Mitre, a quien admiraba y de cuya obra escribió una introducción y comentaba sus ideas políticas. Sus años posteriores estuvieron marcados por una evaluación de la neutralidad argentina frente a la segunda guerra mundial y por la posibilidad de agrupar fuerzas para un frente electoral que enfrentara a las corrientes conservadoras.
Con la mirada puesta en el futuro, Justo discutió la posibilidad de formar un Frente Popular que integrara a la Unión Cívica Radical, al Partido Socialista, al Partido Comunista y al Demócrata Progresista, con la finalidad de derrotar la influencia de la oposición conservadora. Aun cuando varios sectores de las Fuerzas Armadas y de la política consideraban viable esa coalición, la realidad de la época y los vaivenes del ámbito internacional impidieron la consolidación de ese proyecto para 1943.
Fallecimiento inesperado (1943)
Un doloroso desenlace the siglo se produjo el 11 de enero de 1943, cuando una hemorragia cerebral sorprendió a Justo y truncó abruptamente su trayectoria. Con apenas 66 años de edad, su muerte alteró el curso de las negociaciones entre radicales, socialistas, comunistas y demócratas progresistas, que buscaban confluir para enfrentar a las fuerzas conservadoras y evitar la hegemonía electoral de la coalición en el periodo de la Segunda Guerra Mundial. Su desaparición dejó un vacío de liderazgo que influyó en las dinámicas de las Fuerzas Armadas y en la manera en que se perfilaban las posturas frente a la guerra que se desarrollaba globalmente.
La realidad militar también se vio modificada por la ausencia de Justo, ya que los cuadros castrenses, que habían observado su capacidad para coalgar apoyos, debieron reorganizarse ante el reacomodo de alianzas y orientaciones. El impacto político fue profundo, pues el grupo neutralista, ya consolidado, pasó a ocupar un lugar central dentro de las Fuerzas Armadas y el GOU, que surgiría después, adquirió influencia como motor de cambios en el tramo inmediato posterior a su fallecimiento.
Obras
- Estudio preliminar para las obras completas de Bartolomé Mitre (1939). Buenos Aires: La Nación.