Alonso Cano
| Nombre completo | Alonso Cano |
|---|---|
| Nombre nativo | Alonso Cano de Almansa |
| Descripción | Pintor, escultor y arquitecto español (1601-1667) |
| Fecha de nacimiento | 19-03-1601 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 03-09-1667 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | pintor, escultor, arquitecto, dibujante arquitectónico, artista visual |
| Idiomas | español |
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Alonso Cano Almansa, nacido en Granada y bautizado el 19 de marzo de 1601, fue un artista polifacético del Barroco español que destacó como pintor, escultor y arquitecto. Su trayectoria, que abarcó las ciudades de Granada, Sevilla y Madrid, consolidó la llamada escuela granadina y dejó una influencia decisiva en Andalucía oriental y en la capital. Su vida atravesó prosperidad, intrigas de cortes y una final pobreza que contrasta con la magnitud de su legado.
Alonso Cano Almansa, nacido en Granada y bautizado el 19 de marzo de 1601, fue un artista polifacético del Barroco español que destacó como pintor, escultor y arquitecto. Su trayectoria, que abarcó las ciudades de Granada, Sevilla y Madrid, consolidó la llamada escuela granadina y dejó una influencia decisiva en Andalucía oriental y en la capital. Su vida atravesó prosperidad, intrigas de cortes y una final pobreza que contrasta con la magnitud de su legado.
Biografía
En Granayda
Los progenitores de Alonso Cano Almansa eran naturales de distintas regiones peninsulares: su padre, Miguel Cano, provenía de Almodóvar del Campo y su madre, María de Almansa, era oriunda de Villarrobledo. En 1587 la familia se trasladó a Granada, asentándose de forma definitiva y formando una prole numerosa que llegó a ocho hijos. Alonso fue el séptimo en nacer y recibió el bautismo en la iglesia de San Ildefonso el 19 de marzo de 1601. Años más tarde se dio por hecho que dos de sus hermanos habían fallecido en la infancia, pues el testamento de su padre solo menciona a seis hijos vivos en 1642.
El padre ejercía como maestro ensamblador y se ocupaba de retablos, sillerías de coro y sagrarios; su taller en la ciudad fue una cantera de vínculos con otros artistas de la generación de oro sevillano. Entre los nombres con los que colaboró figuran Pablo de Rojas, Bernabé de Gaviria, Diego de Navas, Diego de Aranda, Juan García Corrales y Bautista de Alvarado. En este contexto tempranero, la figura de Alonso Cano se forjó a partir de un aprendizaje práctico y una transmisión familiar de técnicas decorativas y estructurales.
La importancia de Granada como cuna de su talento quedó recogida por la tradición de Ceán Bermúdez, quien apuntó la presencia de Juan del Castillo en la ciudad, como quien detectó las dotes de Cano y recomendó su traslado a Sevilla para una formación más completa. Este rayo de recomendación encendió la trayectoria que convertiría a Cano en un protagonista de la pintura y la escultura española del siglo XVII.
En Sevilla
En 1614 la familia Cano se mudó a la calle Carreteros, actual calle Fabié, en el barrio de Triana, y poco después se trasladaron a la calle Espíritu Santo, cercano al mismo vecindario. En esta etapa inicial, Miguel Cano consiguió encargos de cierta envergadura en las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz, lo que permitió a Alonso observar de cerca distintas tradiciones artísticas y ampliar su horizonte. La proximidad con pintores y escultores locales cimentó una red de relaciones que terminaría siendo decisiva para su futura carrera.
En la ciudad, Cano dejó constancia de su vínculo con Diego Velázquez a través del expediente de ingreso en la Orden de Santiago: en Madrid, el 23 de diciembre de 1658, Cano declaró haber conocido a Velázquez desde 1614 y de haber mantenido una estrecha amistad con él y con la familia de Extremadura. Entre ambos artistas se consolidó una camaradería que facilitaría encuentros, debates y asesoría mutua para proyectos conjuntos.
Aunque las primeras etapas en Sevilla son convulsas desde el punto de vista biográfico —las fechas exactas de su aprendizaje inicial no están claras—, el testimonio de sus contemporáneos sugiere que Cano recibió su formación tanto en el taller del padre como en talleres ajenos que le permitieron asimilar diversas técnicas. Es posible que entre 1614 y 1616 mantuviera un período de observación y práctica sin un registro claro de actividades; lo que sí está documentado es que el estudio del dibujo de patrones y motivos ornamentales para sillerías y retablos era parte de su repertorio, con influencias de diseños italianos y flamencos que circulaban en la época.
El 17 de agosto de 1616 su padre formalizó con Francisco Pacheco un compromiso para educar a Alonso en la pintura. El acuerdo establecía que el joven trabajaría cinco años en el taller del maestro y que este lo acogería y sostendría durante ese tiempo. Sin embargo, las versiones de la historiografía difieren: Lázaro Díaz del Valle sostiene que Cano permaneció apenas ocho meses en el taller de Pacheco, mientras Antonio Palomino sostiene que luego pasó por las enseñanza de Juan del Castillo y de Francisco de Herrera el Viejo. En cualquier caso, esa etapa dejó una huella decisiva en la formación técnica y en la comprensión de la disciplina pictórica.
Ya en su primera producción documentada, en 1624, se conoce la obra San Francisco de Borja; se supone que otras piezas se le atribuyen con anterioridad o a lo largo de esos años, cuando aún no tenía carta de maestro. En esa coyuntura, rechazó encargar pinturas para el claustro del convento de la Merced en Sevilla, decisión que fue trasladada después a Francisco de Zurbarán. Este episodio ilustra los límites de su estatus profesional en ese momento, así como las tensiones entre la necesidad de reconocimiento y la calidad de las propuestas artísticas.
El año 1625 marcó un hito esencial: contrajo matrimonio en la iglesia de San Vicente con María de Figueroa, viuda de Pedro de Acosta. Siete días después, el 12 de abril de 1626, se documenta que Cano ya había superado el examen del oficio de pintor de imaginería; poco después, estableció su casa y taller en la collación de San Miguel. En 1627, tras el fallecimiento de su esposa, la vida personal de Cano recibió nuevas pruebas de sus posibles compromisos afectivos y de su capacidad para sostenerse como artista autónomo.
El padre Miguel Cano colaboró estrechamente con su hijo en numerosos encargos. En estas fechas, la trayectoria de Alonso parecía orientar hacia la escultura, y algunos autores han especulado que recibió formación en ese campo a través de Juan Martínez Montañés. Otros sostienen que la influencia de las obras clásicas vistas en la Casa de Pilatos habría dejado una impronta decisiva en su lenguaje. En 1629 Cano empieza a figurar en contratos notariales como maestro escultor y arquitecto, consolidando así su doble perfil profesional.
En Madrid
En 1637 Cano inició la etapa que lo llevaría a la corte: fue llamado a la capital para colaborar con el poder político de la familia real, el poderoso Conde-Duque de Olivares. Es probable que la invitación proviniera de Velázquez, cuyo círculo de admiración y de producción se extendía por la geografía peninsular. En el invierno de 1638 ya residía en Madrid, y en 1642 envió a su padre un poder general para gestionar sus asuntos, lo que sugiere su voluntad de permanecer cerca de la corte. Durante este periodo se desempeñó como maestro de dibujo del príncipe Baltasar Carlos, contribuyendo así a la educación de la siguiente generación de aristócratas y artistas.
El asentamiento en la corte le permitió aproximarse a colecciones reales, enriquecidas por obras venecianas de los años XVI y por piezas recientes de Velázquez. Distintos críticos señalan una evolución en su estilo, desde un tenebrismo derivado de Caravaggio hacia líneas más coloreadas y figuras elegantes que a veces recuerdan a Van Dyck. En 1643 el protector Olivares dejó de ejercer como valido, pero Cano continuó trabajando gracias a su talento y a su reputación.
En esta etapa, Cano fue maestro de Sebastián de Herrera Barnuevo, consolidando una nueva generación de artistas que se beneficiaba de su experiencia. No obstante, las sombras no tardaron en aparecer: en 1644 su esposa fue hallada muerta con quince heridas de daga y cabellos entre las manos del agresor. Los rumores apuntaron a un pintor italiano que residía en la casa del artista y que habría copiado sus figuras; ante la sospecha, Cano fue arrestado y sometido a torturas, aunque finalmente no quedó probado su responsabilidad. Este suceso marcó un giro peligroso en su vida personal y en su carrera.
Después de la conmoción, Cano se trasladó a la provincia de Valencia y residió temporalmente en la Cartuja de Porta Coeli. Llevó consigo libros, estampas e instrumentos, lo que sugiere que contemplaba una permanencia prolongada en aquel entorno. Sin embargo, en 1645 decidió regresar a Madrid. Años más tarde solicitó al rey una prebenda para el cabildo catedralicio de Granada, una prerrogativa que le fue concedida y que le ofreció un respaldo económico dentro del clero.
Regreso a Granada
En 1652 Cano regresó a Granada y se instaló en el distrito del Albaicín, territorio que le permitió imprimir a su obra un sello local más profundo. Su labor y su presencia dejaron una influencia decisiva en la pintura y la escultura de Andalucía oriental durante la segunda mitad del siglo XVII. Su vida personal, sin embargo, continuó atravesando altibajos y concluyó en la pobreza extrema. Alonso Cano Almansa falleció el 3 de septiembre de 1667; uno de sus discípulos, Atanasio Bocanegra, lo inmortalizó en un retrato que hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Estilo
La formación temprana de Cano recibió la resonancia del manierismo, que coexistía con un emergente temperamento barroco en la atmósfera artística de Sevilla. En gran parte de su trayectoria en la capital andaluza, practicó el tenebrismo, una influencia de la tradición caravaggiesca que dejó una huella marcada en su paleta de sombras y luces. A la vez, su paso por el Buen Retiro y el contacto con colecciones reales le llevaron a asimilar técnicas italianas y flamencas que enriquecieron su lenguaje. El influence veneciano del siglo XVI y la elegancia de la pincelada de Van Dyck se volvieron referencias para un artista que buscaba una síntesis entre dramatismo y claridad cromática.
Durante la estancia madrileña, Cano procede a ampliar su marco de acción hacia la representación de la figura humana con un tratamiento que privilegia la estatura elegante y la transparencia de los colores, alejándose de la densidad tenebrista de sus primeros años. Este proceso de transición queda evidenciado en las obras que realizó para la corte y en su labor de enseñanza en la corte de Baltasar Carlos, donde el dibujo y la composición se convirtieron en herramientas de formación de una generación de jóvenes artistas.
La trayectoria de Cano, marcada por la restauración de piezas tras incendios como el del Buen Retiro en 1640, muestra su capacidad de absorber técnicas ajenas y de integrarlas en un lenguaje propio que, sin abandonar la tradición regional, incorpora innovaciones de taller que ampliaron su alcance expresivo.
Selección de obras
Pintura
- 1620-1624. Jesús atado a la columna. Córdoba, Mezquita-Catedral.
- 1620-1625. San Juan Evangelista. Antigua colección Castell, Barcelona.
- 1624. San Francisco de Borja. Museo de Bellas Artes de Sevilla.
- 1625?. Retrato de un eclesiástico. Nueva York, Sociedad Hispánica de América.
- Hacia 1628. Santa María Magdalena de Pazzi. Museo de Bellas Artes de Sevilla.
- 1629-1630. Tabernáculo con pintura del Niño Jesús. Iglesia de Nuestra Señora de la O, Rota.
- 1630-1634. Dos retratos de Tobías. Colección Bonilla, Jaén.
- 1631. Jesús atado a la columna. Puerta del Sagrario del retablo mayor de Santa María la Blanca, La Campana.
- 1631-1637. Santa Inés. Destruida en Berlín en 1945.
- 1634-1635. Visión de San Juan. Colección Wallace, Londres.
- 1635-1637. Visión de Dios. Museo Ringling, Sarasota.
- 1635-1637. Virgen de Belén. Catedral de Sevilla.
- 1640-1641. Cabezas y retratos para el Alcázar de Madrid (retrato imaginario de reyes).
- 1645. Participación en encargo para el retablo del Santo Nombre de Jesús, Getafe.
- 1648. Inmaculada Concepción. Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava.
- 1652-1660. Siete lienzos sobre la vida de la Virgen María para la cabecera de la Catedral de Granada.
- 1655. Inmaculada del Facistol. Sacristía de la Catedral de Granada.
Esculturas
- 1620-1625. Inmaculada para la Iglesia de la Concepción, Sevilla.
- 1628-1629. Santa Teresa de Ávila para la Iglesia del Buen Suceso, Sevilla.
- 1631-1632. Virgen de la Oliva, Lebrija.
Retablos y sillerías
- 1629-1631. Retablo Mayor de la Iglesia Santa María de la Oliva, Lebrija.
- 1629-1637. Retablo Mayor de la Iglesia Santa María la Blanca, La Campana.
- 1631-1637. Sillería de coro de la Iglesia Santa Catalina, Sevilla.
- 1635-1637. Retablo de San Juan Evangelista en el Convento Santa Paula, Sevilla.
Nota histórica: entre las obras conocidas se mencionan