Alonso Carbonel
| Nombre completo | Alonso Carbonel |
|---|---|
| Descripción | Arquitecto español |
| Fecha de nacimiento | 30-11-1582 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 31-08-1660 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | arquitecto, escultor |
| Idiomas | español |
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Alonso Carbonel emerge como una figura singular del siglo XVII español, capaz de enlazar la escultura, el trazado de retablos y la labor de aparejador y arquitecto al servicio de la Corona. Nacido en Albacete y fallecido en Madrid, su trayectoria se despliega entre talleres, obras de grandeza real y proyectos civiles de notable repercusión. Su vida refleja la fusión entre oficio manual, saber técnico y una visión decorativa que alberga la evolución de la arquitectura cortesana hasta la era de Felipe IV.
Alonso Carbonel emerge como una figura singular del siglo XVII español, capaz de enlazar la escultura, el trazado de retablos y la labor de aparejador y arquitecto al servicio de la Corona. Nacido en Albacete y fallecido en Madrid, su trayectoria se despliega entre talleres, obras de grandeza real y proyectos civiles de notable repercusión. Su vida refleja la fusión entre oficio manual, saber técnico y una visión decorativa que alberga la evolución de la arquitectura cortesana hasta la era de Felipe IV.
Biografía
Primeros años y formación
El linaje de Alonso Carbonel se remonta a la ciudad de Albacete, donde nació el 11 de abril de 1583, hijo de Alonso Carbonel y Villanueva, carpintero de oficio, y de María Cortés. Su educación inicial transcurrió en el taller del padre, orientándose con prolijidad hacia la talla, mientras su hermano mayor, Ginés, se especializaba en dorados. En el invierno de 1602-1603, la suerte lo condujo a Madrid, donde ingresó como aprendiz en el taller del célebre escultor Antón de Morales, una etapa crucial de su formación que se ve en las tensiones habituales de un aprendizaje práctico y ambiciones de independencia. No tardaron en aparecer complicaciones: una denuncia de Morales por incumplimiento contractual terminó en un proceso que lo llevó a la cárcel y, posteriormente, a un acuerdo entre las partes para localizar al aprendiz y asegurar su retorno. El episodio, lejos de quebrar al joven, reveló una voluntad de avanzar y consolidar su propio camino, incluso cuando las circunstancias lo empujaban a abandonar momentáneamente la tutela del maestro.
Trayectoria en Madrid y primeros encargos
En los años siguientes, Alonso Carbonel reaparece en Albacete como testigo de contratos de obras religiosas, lo que sugiere una primera rose con la gestión de proyectos de talla y ornato que luego consolidaría en Madrid. En 1607, su nombre volvería a aparecer, esta vez como testigo en una firma vinculada a la Iglesia de San Juan Bautista para la realización de un sagrario, tarea que podría haber dejado entrever su cercanía a los liturgios y a las intervenciones arquitectónicas de menor escala. En esa misma fecha, o poco después, bautizó en la misma parroquia a su primer hijo, Gregorio, nacido de su matrimonio con Gregoria Girón, hallando en la vida familiar un marco de estabilidad que contrastaba con los vaivenes de su carrera temprana.
Vida familiar y consolidación en la corte madrileña
Ya asentado de manera estable en Madrid, en 1611 tomó un impulso decisivo al asumir el encargo del retablo mayor de la iglesia de la Magdalena de Getafe, obra que cristalizó en 1618 y que marcó un hito en su trayectoria por su ambición y su alcance. Paralelamente, participó en la ejecución de los trabajos ornamentales y en la fachada del Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, cuyo contrato fue suscrito en agosto de 1611. En Getafe su función principal fue la de tracista —empleando un lenguaje clasicista vitruviano— y la de coordinador, asumiendo desde 1612 la responsabilidad del suministro y traslado de la madera. Este reto se concomitó con otro aprendizaje compartido: la colaboración estrecha con su antiguo maestro, Antón de Morales, y con el Antonio de Herrera Barnuevo, así como con el ensamblador Luis Navarro, quienes se repartieron las esculturas y el sagrario durante 1613, siendo culminado tras la muerte de Juan de Porres por obra de Miguel Tomás.
Desafíos personales y proyección social
La vida matrimonial de Carbonel atravesó una crisis profunda que desembocó en la muerte de su esposa, Gregoria Girón, un episodio que alteró el curso de sus proyectos. En 1616, ante las acusaciones de adulterio y abandono del hogar, las partes acordaron separarse por vía notarial, y el vicario dispuso la tutela del menor Francisco Carbonel, bajo la custodia de un curador, mientras el padre se hallaba refugiado en una iglesia a raíz de las circunstancias del hecho. Poco después, el artista contrajo matrimonio con Ana de Seseña y Jibaja en Getafe, lo que le permitió asumir la tutela de las hermanas menores de su nueva esposa y actuar como tutor de la Ángela Núñez del Valle en su enlace con Pedro Núñez del Valle.
Del taller a las obras reales: consolidación de su perfil profesional
Durante los años en los que se consolidaba su presencia en Madrid, Carbonel dirigió un taller de retablos y obras menores, con la cooperación de su hermano Ginés, pintor y dorador, manteniendo alianzas puntuales con talleres de otros artistas, especialmente con el cuñado Antonio de Herrera. Sin embargo, su trayectoria mostraba una claro giro hacia la arquitectura y la planificación constructiva. En 1614, mientras seguía trabajando en obras diversas en Mejorada del Campo, recibió por primera vez el título de arquitecto, un reconocimiento que lo situaba en una posición de liderazgo técnico dentro de la corte. Este paso marcaría una transición que, pese a las tensiones con otros maestros, delinearía su papel central en la gestión de proyectos de gran envergadura.
Proyección en el Real Sitio de Aranjuez y primeros enfrentamientos
En septiembre de 1619 solicitó la plaza de aparejador del Real Sitio de Aranjuez, pero la vacante fue concedida a Agustín Ruiz. Este episodio no detuvo su carrera: trabajó bajo las órdenes de Juan Gómez de Mora en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y en el Real Alcázar de Madrid, donde se desempeñó en funciones de aparejamiento y supervisión de obras. Las relaciones con Mora fueron ásperas, hasta el punto de que, en 1622, su tasación de las pirámides erigidas en plazas madrileñas con motivo de la canonización de San Isidro provocó descontento. Carbonel recusó el tasador en un encargo posterior ante el ayuntamiento, tildándolo de “odioso e sospechoso”, un episodio que subraya la fricción entre el gusto práctico por la cantería y la valoración del dibujo técnico dentro de la corte.
Aparejador mayor y liderazgo de las obras reales
Aunque las tensiones acompañaron sus años, la situación dio un giro en 1627 cuando fue nombrado aparejador de las obras reales, una designación que provocó debates entre el equipo de Gómez de Mora y los defensores de Carbonel, que valoraban su dominio del dibujo y la planificación. Respaldado por Juan Bautista Crescenzi, Carbonel viajó a Sevilla para supervisar avances en el Real Alcázar de Sevilla, y, tres años después, fue designado maestro mayor, cargo de nueva creación, asumiendo una responsabilidad que dejaba claro su peso en la definición de las obras de la corte. De este periodo quedan indicios sobre la participación de Cristóbal de Aguilera en la fachada de la Cárcel de Corte —actual Ministerio de Asuntos Exteriores— y la atribución de ciertas trazas a Mora, con una distribución de tareas que no siempre fue clara, pero que subrayó la importancia de Carbonel en la dirección de grandes conjuntos.
El Buen Retiro y la proyección de su estilo
La ascensión de Carbonel continuó en junio de 1632, cuando fue designado maestro mayor de las obras del Palacio del Buen Retiro, desplazando a Juan Gómez de Mora, quien había protagonizado una disputa con Olivares sobre la formación técnica y el gusto por el dibujo frente a la mera ejecución de cantería. En este periodo, bajo la supervisión de Crescenzi, el nuevo maestro mayor heredó responsabilidades en la continuidad de la obra del palacio mientras se reforzaba la toma de decisiones en la expansión de la corte. Cuando Crescenzi falleció en 1635, Carbonel asumió las labores arquitectónicas del proyecto del palacio y llevó adelante un crecimiento rápido e improvisado, añadiendo jardines y ermitas que, aunque no conservadas en su totalidad, quedaron registradas en los planos y grabados de la época.
Ermitas, rituales cortesanos y evolución del lenguaje arquitectónico
Entre las ermitas erigidas —siguiendo trazas de Carbonel— se destacaron la de San Juan, la de San Isidro, la de San Bruno, la de Santa María Magdalena, la de Santa María Egipciaca, la de San Antonio de los Portugueses y la de San Jerónimo. Aunque ninguna se conserva en la actualidad, su existencia se conoce gracias al Plano de Texeira y a las ilustraciones de Louis Meunier y Les délices d'Espagne. Estas estructuras, que combinaban torrecillas y chapiteles agudos con jardines y cuerpos intermedios, representaron un hito en la evolución de la arquitectura cortesana, acercándose a un lenguaje decorativo que conjugaba funcionalidad con un gesto monumental. En particular, la ermita de San Antonio de los Portugueses se convirtió en un referente por su planta que evocaba las líneas de la Torre de la Parada y del Pabellón de la Zarzuela.
Casón, Coliseo y la vida de la corte
En 1637, para enriquecer el Palacio del Buen Retiro, se añadió un salón de baile conocido como el Casón y, de forma paralela, un teatro permanente al que se denominaría Coliseo. Conservan un peso histórico notable, y aunque el exterior ha sido modificado, el uso interior de estos espacios para actos cortesanos fue decisivo para la vida cultural de la corte. En cuanto a su estética, estas obras mostraron la continuidad de Carbonel en la dirección de proyectos con una visión integrada entre arquitectura, escenografía y espacios de recreo, lo que fortaleció la relación entre la corte y las artes visuales y escénicas.
Imaginario decorativo y proyectos de entretenimiento
La actividad de Carbonel en la corte no se limitó a las estructuras; también estuvo involucrado en los recreos de la institución palaciega, diseñando y decorando espacios para el ocio, entre ellos una cancha destinada a juegos contenidos dentro de la logística de la casa real. En el marco del Carnaval de 1638, la corte organizó una singular representación titulada el “mundo al revés”, donde Carbonel interpretó el papel de la reina en una puesta en escena que contaba con Velázquez como la condesa de Santiesteban y Olivares como portero. Este episodio evidencia la interacción entre las artes visuales, el teatro y la vida cotidiana de la corte, en la que Carbonel se movía con facilidad como creador de espacios y como participante de las demostraciones escénicas de la Corona.
La Zarzuela, la Parada y El Escorial
En 1637, tras el destierro de Gómez de Mora de la corte, Carbonel asumió la dirección de la Palacio de la Zarzuela y llevó adelante la supervisión de la remodelación y ampliación de la Torre de la Parada, que había iniciado Mora y que, con nuevas fases, continuó bajo su supervisión junto a Crescenzi. Su labor se extendió también al Monasterio de El Escorial y a la terminación de la Iglesia del convento de carmelitas calzadas de Nuestra Señora de las Maravillas, obra que Mora había dejado inconclusa y que, en este periodo, recibió un impulso decisivo para su fin. La distribución de responsabilidades entre los distintos arquitectos y talleristas de la corte reflejaba la complejidad de gestionar grandes proyectos en una casa real activa y cambiante.
La coyuntura de Loeches y la influencia del modelo Encarnación
En 1640 se dio paso a la inauguración de un convento dominico en Loeches, patrocinado por Olivares y realizado junto a Cristóbal de Aguilera, con la iglesia cuya trazabilidad y estructura seguían un modelo que, aunque derivado de la Encarnación de Madrid, introducía ciertas variaciones que permitían una mayor libertad formal. La fachada siguió el esquema de la Encarnación, pero la alternancia de paneles hundidos y resaltados, así como la división de las alturas mediante pilastras, ofrecía una lectura menos severa que la de su modelo, lo que dejaba entrever la capacidad de Carbonel para adaptar fórmulas clásicas a un lenguaje propio y más ornamentado.
La década de 1640 y la consolidación de su estatus
A partir de 1643, la caída de su protector, Conde-Duque de Olivares, no debilitó su influencia: lo acompañó al monarca en la jornada de Aragón de junio de ese mismo año como ayuda de furriera, papel que demostraba su cercanía a las dependencias que administraban las provisiones reales. En 1648 recibió el título de maestro mayor de las obras reales, un extremo que consolidó su liderazgo técnico y su capacidad para dirigir intervenciones de gran magnitud en la corte y en la red de residencias reales. Entre sus aportes más significativos se cuenta la finalización y el embellecimiento del Panteón Real en el Monasterio de El Escorial, incluyendo la nueva escalera de mármoles y jaspes, la rotonda de la sepultura y el solado, que constituyó la obra cumbre de su última etapa profesional.
Últimos años y legado
Concluida su vida, Madrid recibió a Alonso Carbonel el 1 de septiembre de 1660 en sus casas situadas en la Calle de la Cabeza, y su descanso tuvo lugar en la Iglesia de San Miguel. Deja a su viuda, Ana de Seseña y Jibaja, y a sus hijos María y Francisco Carbonel una economía saneada, junto a una colección de obras que superan la centena de piezas tasadas por Sebastián de Herrera Barnuevo. Entre estas obras figuran nueve pinturas de Eugenio Cajés, con quien había colaborado en la iglesia de Torrelaguna, tres de su cuñado, Pedro Núñez del Valle, y una Sagrada Familia de Jusepe Leonardo. Este conjunto testimonia la hibridación entre escultura, pintura y arquitectura que configuró su legado y su influencia en la corte y en la órbita de las artes españolas de su tiempo.
- Retablo mayor de la iglesia de la Magdalena de Getafe (1611–1618)
- Fachadas y esculturas en el Real Monasterio de la Encarnación, Madrid
- Casón y Coliseo, Palacio del Buen Retiro (1637)
- Palacio de la Zarzuela y Torre de la Parada ( remodelaciones y ampliaciones)
- Panteón Real en el Monasterio de El Escorial y otras obras en El Escorial
- Convento de Loeches y la iglesia del complejo dominico