Vida Icónica VIDAICÓNICA

Antonio Gades

Nombre completo Antonio Esteve Ródenas
Nombre nativo Antonio Gades
Descripción Bailarín español
Fecha de nacimiento 16-11-1936
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 20-07-2004
Nacionalidad España
Ocupaciones bailarín, coreógrafo, guionista, maestro de ballet, bailarín de ballet, actor, realizador
Idiomas español
EsposasMarisol, Marujita Díaz
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Antonio Esteve Ródenas, conocido artísticamente como Antonio Gades, fue una de las voces señeras del baile español y del teatro de danza en la segunda mitad del siglo XX. Nacido en 1936 en Elda y fallecido en 2004 en Madrid, forjó una carrera que abarcó la interpretación, la coreografía y la dirección de compañía, con una estética que buscó la pureza del flamenco sin renunciar a un lenguaje escénico moderno. Su nombre se convirtió en símbolo de una renovación del folklore en el escenario internacional.

Antonio Gades — Imagen principal

Antonio Esteve Ródenas, conocido artísticamente como Antonio Gades, fue una de las voces señeras del baile español y del teatro de danza en la segunda mitad del siglo XX. Nacido en 1936 en Elda y fallecido en 2004 en Madrid, forjó una carrera que abarcó la interpretación, la coreografía y la dirección de compañía, con una estética que buscó la pureza del flamenco sin renunciar a un lenguaje escénico moderno. Su nombre se convirtió en símbolo de una renovación del folklore en el escenario internacional.

Biografía

Antonio Gades llegó al mundo en una familia modesta de la ciudad alicantina de Elda, apenas iniciada la contienda civil española y la época de penurias que le siguió. Su padre, albañil de oficio, ingresó como voluntario en las filas republicanas y se trasladó primero a Madrid; poco después lo hizo la familia entera. En los años cuarenta, para sostener a los suyos, el joven Gades tuvo que combinar trabajos con la maduración de una sensibilidad artística que iba aflorando entre cámara oscura y escenario.

En 1947 inició una trayectoria laboral que combinaría oficio y cercanía al mundo de las artes: trabajó en un estudio fotográfico de renombre, el de Campúa, y cumplió unas funciones como mozo en el diario ABC. Aquellos entornos le ofrecieron el contacto directo con artistas y proyectos que enriquecerían su futura mirada escénica.

Dos años después, ingresó en una academia de baile gracias a una oportunidad que cambiaría su vida: la casualidad le acercó a Pilar López Júlvez, quien más tarde le sugeriría el nombre artístico Antonio Gades, en homenaje a las bailarinas gaditanas. López sería su mentora y, junto al primer bailarín Manolo Vargas, le abriría las puertas al mundo del folklore español y a una trayectoria de aprendizaje intenso. En 1951 pasó a formar parte de la compañía para la que López y Vargas le mostraron el vasto repertorio del folklore, al tiempo que la experiencia mundial empezaba a dibujarse como su horizonte.

Durante esos primeros años, Gades combinó una formación sólida en danzas clásicas con una profunda inmersión en las raíces del baile popular. Aquel periodo de aprendizaje constante dejó una huella indeleble: la pureza de su estilo y una ética de trabajo que lo acompañaría toda su carrera. En el escenario internacional fue ganando reconocimiento, y el Teatro de la Ópera de Roma lo llegó a nombrar “el bailaor de la esencia andaluza”, reconocimiento que subrayaba su decisión de abrazar el folklore con rigor y profesionalidad.

En 1962, Gades creó su primera compañía, un paso decisivo hacia la autonomía artística. En Italia actuó no solo en Roma y Milán, sino que también participó en el Festival de Spoleto como figura principal y coreógrafo de la obra Carmen. Alfredo Mañas había escrito para él piezas emblemáticas como La historia de los tarantos, y el artista dejó claro que su viaje al exterior era una búsqueda de las raíces flamencas que, a su entender, habían sido distorsionadas por el ornato académico de la escena española.

Después de varios meses en Italia, Gades regresó a España para presentar La historia de los tarantos y participar en la realización de la película homónima, tras haber intervenido en un pequeño papel en Italia. En 1963 protagonizó Los Tarantos, de Francesc Rovira-Beleta, una producción que proyectó su figura hacia un público internacional y consolidó su sello flamenco en el cine.

En 1964 llevó su arte a la Exposición Universal de Nueva York, donde fue recibido como un referente del flamenco y la danza española. Ese mismo año contrajo matrimonio por la iglesia con Maruja Díaz (Marujita Díaz), unión de corta duración que se disolvería en menos de dos años. En 1965 estrenó Don Juan en el Teatro de la Zarzuela, una obra que obtuvo notable aprobación de público, aunque la producción enfrentó serias tensiones económicas que obligaron a reorganizarse. Poco después regresó a Milán para actuar nuevamente en La Scala junto a la bailarina Pilar San Clemente, y compartió escenario con figuras como Rudolf Nuréyev, reafirmando su capacidad de comunicar la pureza del baile español.

En 1969 Gades llevó a cabo la coreografía de El amor brujo para la Ópera Lírica de Chicago, un proyecto que recorrió Francia, Italia, España, Japón, Estados Unidos y otros países con su propio elenco bajo el nombre Ballet de Antonio Gades. Aquello consolidó su estatus en el panorama internacional y amplió su visión de una danza que fusionaba tradición y contemporaneidad.

La vida personal siguió un ritmo intenso: en 1971 se separó de su esposa y, poco después, en 1973, inició una unión con la bailarina Pepa Flores, conocida artísticamente como Marisol. Con Pepa nacieron tres hijas: María Esteve, Tamara Esteve y Celia Flores. En 1982, la pareja contrajo matrimonio en Cuba, una etapa que marcó también lo personal y lo artístico en su vida.

En la década de 1970, Gades continuó explorando proyectos de gran envergadura. En 1974 llegó Bodas de sangre a Roma, una de sus obras más celebradas que conectó con el público europeo y latinoamericano. No obstante, el ambiente político de la España de la época lo llevó a tomar decisiones difíciles: anunció su retirada y disolvió la compañía como respuesta a los fusilamientos de septiembre de 1975 por parte del régimen franquista, un acto que simbolizó su compromiso con la libertad artística y cívica. Poco después, en 1976, participó en la película Los días del pasado, y, salvo un viaje a Cuba y Estados Unidos con la bailarina Alicia Alonso, no volvió a bailar de forma regular durante años.

En 1978 fundó el Ballet Nacional Español, al frente del cual ejerció como director durante un breve periodo. Con la renuncia de los bailarines del cuerpo, formó una nueva agrupación que sostuvo hasta 1981. Durante ese tramo, colaboró estrechamente con Carlos Saura en proyectos como Bodas de sangre, El amor brujo, Carmen y Flamenco, consolidando una alianza que quedó marcada por la apertura cultural de la Transición y por la mirada crítica que Gades imprimía a sus montajes, siempre con un pulso personal que distinguía su arte.

La Transición Española reveló a Gades como una figura controvertida y carismática. Durante estos años, afirmó una identidad compleja: se autodenominó “catalán de Elda” y abrazó una ideología marxista con una sensibilidad pancatalanista. Se involucró en la política municipal de Alicante al liderar la candidatura BEAN en 1979, y mantuvo la vinculación con esa formación durante la década de los ochenta. Más adelante se integró al Partido Comunista de los Pueblos de España, ocupando su Comité Central hasta su fallecimiento, sin abandonar un vínculo constante con el Partido Comunista de Cuba, en cuyo marco mantuvo una relación afectiva y política de por vida.

En el terreno cinematográfico volvió a ser protagonista en 1983 con la película Carmen, dirigida por Carlos Saura, junto a Cristina Hoyos y Laura del Sol. En 1986 se separó de Pepa Flores y, seis años después, contrajo matrimonio con Daniela Frey, unión que perduró hasta 1993. Su última gran producción coreográfica fue Fuenteovejuna, basada en el texto de Lope de Vega y adaptada por José Manuel Caballero Bonald, estrenada en la Ópera de Génova en 1994. La obra viajó por Japón, Italia, Francia, Reino Unido, España, Cuba y varias naciones de América Latina, siempre bajo la premisa de que el baile refleja un estado emocional que se manifiesta en el movimiento.

Quiso dejar un último legado inacabado: Don Quijote, un proyecto que quedó sin culminar. Tras una larga enfermedad, Antonio Gades falleció en Madrid el 20 de julio de 2004. Poco antes, el 6 de junio, recibió la Orden José Martí de la República de Cuba, la distinción más elevada de aquel país. En 2005 sus cenizas fueron enterradas en el Mausoleo de los Héroes del Segundo Frente Oriental "Frank País" de Santiago de Cuba, frente a la memoria viva de la lucha contra la dictadura de Batista. El recuerdo de su figura fue recogido por Francisco Frutos, quien en su momento, como secretario general del Partido Comunista de España, destacó que su arte elevó el baile flamenco a una manifestación universal gracias a una profunda conciencia de clase y oficio.

El 28 de febrero de 2009, la Fundación Obrera de Investigación y Cultura (FOIC), con el apoyo del PCPE y de colectivos de Jóvenes Comunistas, rindió homenaje al artista en el Palacio de Congresos de Madrid. En aquel acto, participaron figuras como José Menese, Enrique de Melchor, Amaury Pérez Vidal, Carmen París, Sandra Baca y otros artistas y representantes culturales y sindicales, subrayando la vigencia de su legado, tanto en el mundo del arte como en la memoria de la lucha obrera.

Vida privada

Gades estuvo casado en cuatro ocasiones: Marujita Díaz (1964–1965) fue la primera; luego mantuvo una relación con Pilar San Clemente (1968–1971), con quien tuvo dos hijos. En 1973 se unió a Marisol (Pepa Flores), con quien tuvo tres hijas: María Esteve, Tamara Esteve y Celia Flores, y con quien contrajo matrimonio en Cuba en 1982. Su tercer matrimonio fue con Daniela Frey (1988–1993). En su última etapa, compartió vida con Eugenia Eiriz (2003–2004).

A lo largo de su vida, la combinación de amor, familia y arte modeló su trayectoria: supo equilibrar la intensidad de sus compromisos escénicos con la dedicación a sus hijos y a sus parejas, manteniendo una visión del arte como una forma de vida y de lucha por la autenticidad de la danza española.

Filmografía

La presencia cinematográfica de Gades se concentró en una decena de títulos, destacando su papel protagónico en algunos de los filmes más representativos de la década de 1960 y los años ochenta. Su figura solía aparecer interpretando a sí mismo o a personajes cercanos a su imagen, aportando una voz creíble y poderosa al cine musical español. Entre sus trabajos se cuentan colaboraciones con Saura y otras figuras de la industria, que consolidaron su estatus de figura multi-disciplinar.

  • Carmen (1983) – película de Carlos Saura, con Cristina Hoyos y Laura del Sol.
  • Los Tarantos (1963) – cinta de Francesc Rovira-Beleta, que le dio proyección internacional.
  • El amor brujo (1967) – interpretación en la misma línea de Saura, con presencia notable de su coreografía.
  • Con el viento solano (1965) – papel de personaje secundario, que dejó ver su versatilidad.
  • Útimo encuentro (1967) – aparición en un papel que recalcaba su intención de explorar identidades.
  • Johnny Ratón (1969) – papel en el que interpretó personajes cercanos a su mundo artístico.
  • Los días del pasado (1977) – participación en la culminación de una etapa cinematográfica.
  • Esa pícara pelirroja (1963) – participación de reparto en uno de los proyectos de la época.

Reconocimientos

  • Una estatua de bronce a tamaño real fue erigida en La Habana Vieja, en la Plaza de la Catedral, delineando su memoria en la ciudad cubana.

Distinciones honoríficas

  • Orden Nacional José Martí, concedida por la República de Cuba (2004).

Imágenes de Antonio Gades