Vida Icónica VIDAICÓNICA

Bernardo Bertolucci

Nombre completo Bernardo Bertolucci
Nombre nativo Bernardo Bertolucci
Descripción Director italiano de cine
Fecha de nacimiento 16-03-1941
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 22-11-2018
Nacionalidad Italia, Reino de Italia, Italia
Ocupaciones director de cine, guionista, productor de cine, actor de cine, editor de cine, poeta, dramaturgo, guionista de cine, realizador, autor
Idiomas italiano, inglés
HermanosGiuseppe Bertolucci
EsposasAdriana Asti, Maria Paola Maino, Clare Peploe
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Bernardo Bertolucci emergió en el panorama cinematográfico italiano como una voz audaz capaz de entrelazar lo íntimo con lo histórico, lo poético con lo político. Nacido en Parma en 1941, vivió rodeado de arte y literatura que influirían en cada una de sus obras. Su infancia transcurrió en un ámbito familiar ligado a la creación: su padre, Attilio Bertolucci, fue poeta y crítico de arte; su madre, Ninetta Giovanardi, se dedicó a la enseñanza. Este ambiente le dio alas para comenzar a escribir a temprana edad y a forjar una sensibilidad que lo acompañaría toda su vida. A la larga, su trayectoria le otorgaría reconocimientos internacionales, pero también controversias que marcaron su figura en el cine y la cultura contemporáneos.

Bernardo Bertolucci — Imagen principal

Bernardo Bertolucci emergió en el panorama cinematográfico italiano como una voz audaz capaz de entrelazar lo íntimo con lo histórico, lo poético con lo político. Nacido en Parma en 1941, vivió rodeado de arte y literatura que influirían en cada una de sus obras. Su infancia transcurrió en un ámbito familiar ligado a la creación: su padre, Attilio Bertolucci, fue poeta y crítico de arte; su madre, Ninetta Giovanardi, se dedicó a la enseñanza. Este ambiente le dio alas para comenzar a escribir a temprana edad y a forjar una sensibilidad que lo acompañaría toda su vida. A la larga, su trayectoria le otorgaría reconocimientos internacionales, pero también controversias que marcaron su figura en el cine y la cultura contemporáneos.

Biografía

Desde muy joven, Bertolucci estuvo inmerso en un ecosistema artístico que le dio herramientas para entender la complejidad de la narración audiovisual. Su padre, además de inspirarlo, tuvo vínculos con el mundo del cine a través de colaboraciones que facilitaron el acceso de Bernardo a los entresijos de esta industria. La madre, a su vez, aportó una visión educativa que nutriría su curiosidad intelectual. En un entorno así, el joven Bertolucci comenzó a escribir con notable dedicación, y pronto obtuvo distinciones literarias que anticipaban una carrera en la que la palabra y la imagen dialogarían de manera indeleble.

El bagaje familiar se vio enriquecido por una conexión crucial con Pier Paolo Pasolini, quien le abrió puertas en la capital italiana y le permitió asumir roles como asistente de dirección. Esta experiencia temprana en la que se cruzan grandes artistas dejó una huella decisiva: Bertolucci entendería que el cine podía ser un ámbito de investigación social y de exploración formativa. Años después, este aprendizaje se verá proyectado en su forma de abordar los guiones y la puesta en escena, donde la memoria histórica, la ética y la subjetividad del personaje conviven en un marco estético intenso.

En el ámbito familiar, Bertolucci tuvo un hermano, Giuseppe Bertolucci, dedicado al teatro y la dramaturgia, y un primo, Giovanni Bertolucci, productor de cine con quien colaboró en varias producciones. Estas relaciones marcarían una red de contactos y una visión compartida del arte como una empresa colectiva y enriquecedora. A su vez, su literatura de juventud estuvo premiada con distinciones como el Premio Viareggio, señal de que su talento cruzaba las fronteras entre la novela y la mirada cinematográfica.

Carrera

Progreso como director

Inicialmente, Bertolucci aspiró a la poesía como senda vital, un camino que parecía natural dada la tradición familiar. Con ese horizonte, ingresó a la Facultad de Literatura Moderna de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1958 y 1961, pero pronto orientó su actividad hacia el cine al convertirse en asistente de dirección de Pasolini. Aun sin completar la carrera, su destino quedó sellado: en 1962 dirigió su primer largometraje, La commare secca, un thriller que reconstruye un asesinato a través de saltos temporales y que nació con el impulso de colaborar con Pasolini en el guion. Este debut vino seguido de Prima della rivoluzione (1964), una obra que consolidó su estilo y su inquietud por reflejar las tensiones de la época.

El cine italiano vivía una fase de esplendor, pero la década de los setenta introdujo un cambio estructural: la necesidad de coproducciones y la influencia de mercados internacionales obligaron a muchos creadores a cruzar fronteras para alcanzar la financiación y la distribución. Bertolucci afrontó esa transición con una mirada crítica y una determinación artística que lo mantuvo fiel a su pulso narrativo, aun cuando las condiciones económicas impusieran límites y necessitaran alianzas estratégicas.

En 1972, la controversia rodeó una de sus obras más recordadas: El último tango en París. La película, protagonizada por Marlon Brando y Maria Schneider, provocó debates sobre la representación de la sexualidad y la explotación, y dejó una marca indeleble en la memoria colectiva del cine. La historia que presenta aborda el duelo, la vulnerabilidad y la búsqueda de intimidad en un marco de poder y control. Las discusiones que siguieron sobre la escena central no sólo pusieron en tela de juicio las decisiones del director, sino que reavivaron la conversación sobre la libertad creativa y la responsabilidad de los realizadores frente a sus intérpretes. Años después, Bertolucci sostuvo distintas versiones de lo ocurrido, lo que alimentó un debate continuo sobre la ética de la dirección y el manejo de situaciones de alto riesgo en el set.

La madurez de su labor vino acompañada por proyectos de mayor envergadura, como Novecento (1976), un fresco épico que recorre las décadas de los agricultores de Emilia-Romagna y sitúa su drama en el marco de la historia italiana desde principios del siglo XX y la Segunda Guerra Mundial. El reparto internacional, con nombres como Robert De Niro, Gérard Depardieu, Donald Sutherland, Sterling Hayden, Burt Lancaster y Dominique Sanda, subraya el carácter global de su visión. En esa cinta, Bertolucci aborda la droga, las dinámicas familiares y la tensión entre clases, en un relato que entrelaza lo íntimo con lo colectivo en un escenario de gran ambición estética.

Además de dirigir, Bertolucci exploró la escritura de guiones para sus propias producciones o para otros cineastas, y, en su trayectoria, probó también la faceta de productor. Como paso adicional, se atrevió a la experimentación formal y a la búsqueda de nuevas formas de narrar, moviéndose con una libertad que a veces fue objeto de críticas y, en otros momentos, de elogios por su osadía. Su control de la puesta en escena, su manejo del tempo y su interés por lo político confirman un cine que no teme confrontar temáticas difíciles ni transgredir convenciones estéticas.

Uno de los hitos que marcó su identidad como creador fue La luna, ambientada en Roma y Emilia-Romagna, una obra que combina lo sensorial con lo social para examinar vínculos problemáticos como el consumo de drogas y el incesto. Más adelante, La tragedia di un uomo ridicolo (1981) continuó explorando la ironía trágica de la condición humana a través de una mirada que mezcla humor y crítica. Estos títulos demuestran su persistente interés por problematizar la historia y la memoria a través de relatos complejos y a veces polémicos.

En la década siguiente, Bertolucci estuvo vinculado a la creación de guiones inspirados en la obra Cosecha roja de Dashiell Hammett, un intento de trasladar la intriga y la dureza moral de esa literatura al marco cinematográfico estadounidense; sin embargo, esas ideas no llegaron a cristalizar en un proyecto concreto. Aun así, este episodio revela su curiosidad por cruzar fronteras y experimentar con fuentes literarias que pudieran dar cuerpo a una visión global y contemporánea de la narrativa criminal y de la ética de los personajes.

El último emperador y carrera posterior

En 1987, Bertolucci afrontó un ambicioso reto biográfico con El último emperador, una exploración de la vida de Puyi, el último monarca de la dinastía Qing. La película, producida por un equipo mayoritariamente independiente y con la colaboración de Jeremy Thomas, se convirtió en una incursión histórica que interpretó el cambio de China desde un régimen feudal hacia su estado moderno como un espejo de transformación social y política. La obra nació de una coproducción que supuso una inversión considerable y un proceso de varias fases, marcado por una colaboración estrecha entre Bertolucci y su coescritor, Mark Peploe.

El reconocimiento a este proyecto no tardó: la película recibió una colección de candidaturas y galardones en la escena internacional y obtuvo el Óscar al mejor director, además de otros premios que premiaron la dirección, el guion, la producción y la interpretación. En el ámbito internacional, El último emperador consolidó la capacidad de Bertolucci para combinar una investigación histórica rigurosa con una experiencia emocional cuidadosamente modulada, dando voz a un relato que mostró el paso de una civilización hacia una nueva era.

Uno de los aspectos más destacables de la producción fue que permitió al cine chino colaborar con una obra de alcance planetario: fue el primer largometraje autorizado para grabar en la Ciudad Prohibida, un hito logístico y cultural que simbolizó la apertura de una narrativa hacia nuevos horizontes. Bertolucci, junto con Thomas, presentó este proyecto como una propuesta que, a la vez que respetaba la historia, aportaba una lectura contemporánea y global de los procesos históricos. A partir de ese éxito, el director italiano retomó temáticas arraigadas en su repertorio y volvió a su Italia natal para realizar nuevas propuestas que reflejaran su visión crítica sobre la sociedad y la cultura.

Tras El último emperador, la recepción de sus siguientes trabajos fue diversa: Belleza robada (1996) y Soñadores (2003) rescatan asuntos de identidad, deseo y turbulencia social en contextos urbanos muy contrastados, desde la sensibilidad de la Ópera Italiana hasta el París de 1968, donde las pasiones políticas y la revolución sexual se entrelazan en una atmósfera de efervescencia cultural. Estas producciones subrayan una vez más su habilidad para convertir lo personal en una exploración histórica y política que, a menudo, desafía las expectativas del público.

En 2007, Bertolucci recibió el León de Oro del Festival de Venecia por la trayectoria de toda su vida, reconocimiento que se sumó a la Palma de Oro que le fue otorgada en Cannes en 2011. Dos premios que consolidaron su estatura como uno de los cineastas más influyentes de su generación, capaz de mover fronteras y de provocar debates sobre la ética, la representación y la memoria cultural. En 2012, la última etapa de su obra dio paso a Io e te, una historia basada en la novela juvenil de Niccolò Ammaniti, que se presentó fuera de concurso en Cannes y vio su estreno en el Reino Unido a comienzos de 2013. La película contó con un guion signado por Bertolucci junto a Ammaniti y Umberto Contarello, y originalmente contempló la posibilidad de rodarse en 3D, idea que terminó descartando por considerar que resultaba demasiado mercantil.

En la primavera de 2018, Bertolucci concedió una entrevista a la edición italiana de Vanity Fair, en la que anunció la gestación de un nuevo proyecto, centrado en el amor como eje y, a la vez, en la comunicación y la incomunicación que acompaña a la experiencia humana. Sus palabras apuntaron a una continuidad de su interés por explorar los grandes temas de la existencia y la relación entre el cine y la vida, en una línea que remite a las búsquedas de cineastas como Antonioni y otros grandes de su siglo.

Como guionista, productor y actor

Además de dirigir, Bertolucci desarrolló una extensa labor como guionista, aportando textos para sus proyectos y para obras ajenas, y en algunos casos asumiendo la producción para asegurar la realización de sus visiones más desafiantes. En el terreno interpretativo, participó en Golem, el espíritu del exilio, un filme de Amos Guitai en 1992, donde ejerció además de actor un papel que evidenció su interés por explorar distintas capas de la narrativa audiovisual.

Política y creencias personales

En el plano personal, Bertolucci contrajo matrimonio en 1979 con la guionista Clare Peploe, con quien compartió una vida profesional y afectiva durante casi cuarenta años. En lo político, firmó su vínculo con la alianza comunista italiana en 1968 y mantuvo una visión atea y marxista que atravesó su cine, donde las problemáticas sociales y las tensiones de clase se convirtieron en motores narrativos. Sus obras, por lo general, reflejan una visión que interroga la historia, la memoria y la responsabilidad social desde un prisma crítico y a veces controversial.

La relación entre el arte y la política quedó plasmada en títulos que revisitan la relación entre nación, memoria y poder, como El conformista y Novecento, obras que examinan, desde enfoques distintos, las complejas dinámicas de identidad, ideología y violencia. su compromiso político se vio reflejado en gestos públicos como la firma de campañas de apoyo a figuras en conflicto legal, o su participación en iniciativas solidarias que buscaban ampliar el alcance de debates culturales a nivel internacional.

Bertolucci también defendió la defensa de los derechos de las mujeres y la promoción de voces femeninas en el cine. Esta línea de pensamiento se articuló a partir de la experiencia de la crítica y de las propias limitaciones del sistema, lo que lo llevó a sostener planteamientos de mayor apertura y representación en la industria, así como a denunciar prácticas que vulneraran la dignidad de actrices y creadoras. En el ámbito de la cultura popular, se mostró activo en debates sobre la explotación de la industria de la moda y la responsabilidad de la industria en la protección de derechos laborales, utilizando su plataforma para llamar la atención sobre estas problemáticas.

Entre otros gestos de opinión pública, Bertolucci firmó en 2009 un llamamiento a favor de la liberación de Roman Polanski durante un periodo de detención y extradición, y en 2015 participó en una campaña de acción en redes sociales contra la explotación laboral en la industria de la confección, recordando tragedias como el colapso de un edificio en ese año y promoviendo una reflexión ética sobre las condiciones de trabajo en la moda.

Muerte

El 26 de noviembre de 2018, Bertolucci falleció en Roma a la edad de 77 años, víctima de un cáncer de pulmón. Su partida dejó un vacío en el cine mundial, pero su legado persiste en un cuerpo de obras que continúan influyendo a generaciones de cineastas y espectadores por su empeño en mirar el mundo con mirada crítica y poética a la vez. Su figura permanece conectada a una forma de hacer cine que busca la verdad detrás de la superficie, sin dejar de ser, a la vez, una experiencia sensorial y emocionalmente poderosa.

Premios y distinciones

  • Mejor director por El último emperador (1988)
  • Mejor guion por El último emperador (1988)
  • Mejor película extranjera por El último emperador (1987)
  • Palma de Oro de honor en el Festival de Cannes (2011)
  • Premio del Cine Europeo a la trayectoria (2012)
  • Mejor director y Mejor película por El último emperador
  • Premios BAFTA a mejor película por El último emperador

Imágenes de Bernardo Bertolucci