Bonifacio IX
| Nombre completo | Bonifacio IX |
|---|---|
| Nombre nativo | Bonifacius PP. IX |
| Descripción | 203.er papa de la Iglesia Católica |
| Fecha de nacimiento | 30-11-1355 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-10-1404 |
| Ocupaciones | sacerdote católico |
| Idiomas | latín |
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Bonifacio IX, nacido en Nápoles hacia 1356 con el nombre de Piero Tomacelli, llegó a la cátedra de San Pedro tras un largo y convulso periodo para la Iglesia. Su papado, que se extendió hasta el 1 de octubre de 1404 en Roma, se inscribe en la historia como la segunda etapa del Cisma de Occidente, momento en que la autoridad pontificia se disputaba entre Roma y Aviñón. Su figura suscita debates entre elogios por su firmeza y críticas por otros aspectos de su gestión.
Bonifacio IX, nacido en Nápoles hacia 1356 con el nombre de Piero Tomacelli, llegó a la cátedra de San Pedro tras un largo y convulso periodo para la Iglesia. Su papado, que se extendió hasta el 1 de octubre de 1404 en Roma, se inscribe en la historia como la segunda etapa del Cisma de Occidente, momento en que la autoridad pontificia se disputaba entre Roma y Aviñón. Su figura suscita debates entre elogios por su firmeza y críticas por otros aspectos de su gestión.
Origen
Piero Tomacelli nació en una familia noble de Nápoles, aunque empobrecida, lo que marcó sus primeros años con una mezcla de privilegios y carencias. Los pormenores de su infancia permanecen poco conocidos, pero su ascenso posterior demuestra una habilidad para maniobras políticas que le abrirían las puertas de la curia romana. Fue convocado por Urbano VI, un compatriota, para integrarse a la administración papal en una fase en la que el papado necesitaba apoyos italianos para sostenerse frente al Cisma de Occidente, cuando Clemente VII reclamaba el trono desde Aviñón.
Urbano VI le otorgó en 1381 el título de cardenal diácono de la Iglesia de San Jorge en Velabro, y tres años después lo elevó al rango de cardenal presbítero de Santa Anastasia, señalando su creciente influencia dentro de la curia y su reputación de autoridad capaz, a pesar de orígenes modestos.
Pontificado
Elección
Con la muerte de Urbano VI en 1389, se abría la ilusión de cerrar de una vez el Cisma; no obstante, los cardenales se apresuraron a nombrar un nuevo líder que fuera capaz de consolidar la autoridad en Roma. El elegido fue un napolitano llamado Pedro Tomacelli, de apenas 35 años, quien adoptó el nombre de Bonifacio IX al ser proclamado pontífice el 2 de noviembre de 1389. Su irrupción en el papado inauguró una etapa marcada por la compleja dialéctica entre las dos sedes rivales.
Según relatos de la curia romana, Bonifacio IX era un hombre de porte agradable y una habilidad para la dirección, aunque adolecía de una educación formal y carecía de facilidad para predicar; su carisma residía más en la capacidad de gobernar que en la elocuencia religiosa tradicional.
Primeros actos pontificios
Entre las acciones iniciales de su papado se cuenta la excomunión de Clemente VII, respuesta a la condena que el antipapa aviñonés le había impuesto. En el plano político, Bonifacio IX trató de equilibrar fuerzas al coronar a Ladislao I de Nápoles, hijo de Carlos de Durazzo, para contrarrestar las pretensiones de Luis II de Nápoles, a quien Clemente VII había elevado a la corona napolitana en 1389. Este movimiento buscaba dar un contrapeso estable a la dinastía durazzesa y a la influencia francesa en la península itálica.
La inestabilidad en la Roma del periodo obligó a Bonifacio IX a abandonar la ciudad en 1392, pero su retorno al año siguiente permitió restituir parcialmente el control sobre los Estados Pontificios. Consiguió expulsar a las tropas bretonas que quedaban en el entorno y puso fin a los últimos estertores del movimiento comunal romano. Con estas maniobras, el Castillo Sant’Angelo volvió a estar bajo la autoridad pontificia y se fortalecieron otros puntos estratégicos del territorio, consolidando la autoridad del Vaticano en la ciudad y recuperando parte del prestigio de la sede romana, en detrimento de Aviñón.
Propuestas para acabar con el Cisma
Durante su pontificado no solo debió enfrentar a Clemente VII; la muerte de este último dio paso, en 1394, a la figura de Pedro Martínez de Luna, que adoptó el nombre de Benedict XIII y continuó promoviendo la separación entre las sedes. En ese contexto, las potencias europeas se vieron tentadas por soluciones pacíficas sugeridas por la Universidad de París, que en 1394 presentó tres rutas para resolver el conflicto sin recurrir a la fuerza.
- La via cessionis, que proponía la renuncia voluntaria y simultánea de ambos papas, seguida de una nueva elección para designar a un único soberano espiritual.
- La via compromissi, que planteaba someter el conflicto a una comisión arbitral para examinar los derechos de cada lado y declarar quién tenía la legitimidad.
- La via concilii, que defendía la convocatoria de un concilio ecuménico para decretar la autoridad del papa indiscutible.
Bonifacio IX rechazó estas tres salidas, y Benedict XIII mantuvo su postura en contra de una solución conciliadora. El desajuste entre las potencias y los dos papas hizo que nadie lograra garantizar un acuerdo de fondo, de modo que el Cisma continuó resultando una realidad politica y religiosa durante años, sin que una solución lograra consolidar una única sede.
Jubileos
Durante su pontificado se celebraron dos jubileos que marcaron hitos importantes en el calendario eclesiástico. El primero, en 1390, fue impulsado por Urbano VI y redujo la duración de las indulgencias de cincuenta a treinta y tres años, acogiendo a multitud de peregrinos del Sacro Imperio y otros reinos. Entre los asistentes se contó la presencia de Wenceslao de Bohemia, mientras que la participación de Francia estuvo restringida por órdenes reales que lo impidieron. El segundo jubileo tuvo lugar en 1400, reintroduciendo la idea de un perdón plenario cada siglo, tal como había establecido Bonifacio VIII en 1300. En esa ocasión, asomaron en Roma los flagelantes, conocidos como Bianchi o Albati, grupos penitenciales que llegaron desde Provenza, el norte de Italia y territorios germánicos, encapuchados y con una cruz roja en la espalda. Su presencia provocó disturbios y desórdenes que obligaron a Bonifacio IX a tomar medidas severas, incluida la ejecución de uno de sus líderes y la disolución de la cohorte de flagelantes.
Un año antes de este episodio, el Papa se dirigió a la cristiandad occidental para pedir auxilio para Manuel II Paleólogo, emperador de Bizancio, amenazado por la expansión otomana de Bayaceto. El llamamiento, aunque destinado a despertar solidaridad, no encontró una respuesta contundente, y Bizancio continuó existiendo en esas décadas hasta la irrupción devastadora de Tamerlán que forzó un repliegue de Bayaceto y, en consecuencia, prolongó la vida del imperio durante algunos años más.
Bonifacio IX falleció en 1404 tras padecer una enfermedad breve, dejando un rectorado en el que Roma y la Santa Sede lograron proyectar una influencia creciente en el resto de Europa, a la vez que la deja en claro un descenso del peso político de Aviñón frente a la autoridad romana.
Reputación y legado
Diversos cronistas contemporáneos al pontificado de Bonifacio IX han retratado su figura con controversias: se le atribuye una notable avaricia en la venta de cargos eclesiásticos y, en ocasiones, prácticas nepotistas que beneficiaron a sus hermanos y a otros parientes cercanos. A la vez, se reconoce que durante su mandato la ciudad de Roma y la sede central ganaron peso en el panorama europeo, debilitando progresivamente la influencia de la línea de Aviñón y fortaleciendo la autonomía de la Iglesia romana frente a potencias externas.
Entre los aspectos positivos de su legado figura la centralidad de la ciudad de Roma como foco de autoridad y la consolidación de una relación más firme entre el municipio y la Santa Sede, un marco que condicionó las políticas del papado en los años siguientes. En el balance, la figura de Bonifacio IX aparece como un puente entre dos realidades enfrentadas, capaz de sostener la resistencia de la sede romana frente a los intentos de deslegitimación y, al mismo tiempo, de provocar debates sobre la administración de la Iglesia que se prolongarían en las décadas venideras.
Bonifacio IX en la literatura
En las Profecías de San Malaquías, este pontífice es vinculado con la expresión Cubus de mixtione (Cubos entrelazados), una fórmula que, para algunos intérpretes, alude al escudo de armas de su linaje, que habría de portar figuras geométricas cruzadas. Esta asociación ha alimentado debates entre historiadores y aficionados a la simbología heráldica, que buscan comprender hasta qué punto las imágenes señalan rasgos de su personalidad o de su familia.