Vida Icónica VIDAICÓNICA

Camilo Torres

Nombre completo Camilo Torres
Nombre nativo Camilo Torres Restrepo
Descripción Sacerdote y sociólogo colombiano
Fecha de nacimiento 03-02-1929
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 15-02-1966
Nacionalidad Colombia
Ocupaciones profesor universitario, sacerdote católico, sociólogo, guerrillero, revolucionario, político, escritor
Idiomas español
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Jorge Camilo Torres Restrepo nació en la bulliciosa ciudad de Bogotá y marcó en la historia de Colombia una trayectoria singular: sacerdote, sociólogo y líder político- social que cuestionó las estructuras de su tiempo desde una perspectiva que buscaba la justicia para las mayorías. Su vida congregó la innovación académica, el activismo comunitario y la decisión radical de integrarse a una lucha armada para transformar la realidad de los campesinos y las clases populares. Este itinerario, que lo llevó a fundar instituciones y a entrar en un conflicto directo con el régimen, dejó una huella indeleble en las décadas siguientes.

Camilo Torres — Imagen principal

Jorge Camilo Torres Restrepo nació en la bulliciosa ciudad de Bogotá y marcó en la historia de Colombia una trayectoria singular: sacerdote, sociólogo y líder político- social que cuestionó las estructuras de su tiempo desde una perspectiva que buscaba la justicia para las mayorías. Su vida congregó la innovación académica, el activismo comunitario y la decisión radical de integrarse a una lucha armada para transformar la realidad de los campesinos y las clases populares. Este itinerario, que lo llevó a fundar instituciones y a entrar en un conflicto directo con el régimen, dejó una huella indeleble en las décadas siguientes.

Biografía

Desde su origen en una familia de la élite liberal bogotana, Torres Restrepo vivió experiencias que moldearon su visión del mundo. Sus padres lo llevaron a recorrer Europa durante la infancia, una exposición que influyó en su percepción de las desigualdades y las posibilidades de cambio social. Con el retorno a Colombia, su trayectoria educativa tomó un rumbo que combinaría la vocación religiosa con una inquietud por las cuestiones sociales de inmediato.

En los años de adolescencia, la vida académica de Camilo se desarrolló en entornos que le ofrecían un crisol de ideas sobre la justicia y la organización comunitaria. Aunque su debut universitario estuvo ligado a la Facultad de Derecho, sus intereses sociales se hicieron más evidentes a través de asociaciones estudiantiles y debates con colegas que compartían un interés por la transformación social desde una mirada crítica. En ese periodo emergen las primeras influencias que marcarían su manera de entender la acción colectiva y la responsabilidad de la Iglesia en la vida cotidiana.

Una etapa decisiva fue su decisión de ingresar al sacerdocio, proceso que atravesó con una búsqueda personal que lo llevó a cuestionar las condiciones de pobreza y exclusión que observaba en los barrios cercanos al seminario. Ordenado como sacerdote a mediados de la década de 1950, dejó entrever que su misión no se limitaba a la liturgia, sino que se extendía hacia la preocupación por la dignidad de las personas y su capacidad de participar en la vida pública.

Durante su formación en Europa, particularmente en Lovaina, su actividad intelectual se orientó hacia la sociología. Allí inauguró vínculos entre el estudio científico de la sociedad y la experiencia pastoral, fundando redes de investigación y promoviendo el intercambio entre jóvenes académicos colombianos y movimientos sociales de la época. Su paso por Lovaina no sólo concedió el título de sociólogo, sino que también le abrió horizontes para comprender mejor las dinámicas urbanas y rurales de su país.

Al regresar a Colombia, su labor como capellán de la Universidad Nacional consolidó su compromiso con la educación pública y el bienestar de los estudiantes. En esa función articuló proyectos que buscaban democratizar el acceso a la vida universitaria y fortalecer la participación de los jóvenes en la construcción de comunidades más justas. Su influencia se extendió a la creación de Juntas de Acción Comunal y a su labor en institutos estatales que buscaban modernizar la gestión pública y la administración social.

En el plano académico, fue fundamental su participación en la fundación de la primera facultad de Sociología de América Latina en la Universidad Nacional de Colombia. Este hito, que reunió a un conjunto de docentes y estudiantes, convirtió la sociología en una disciplina clave para entender la realidad colombiana y para proponer modelos de cambio basados en la investigación y la participación comunitaria. Su labor como profesor fue cercana y popular, lo que facilitó la transmisión de ideas entre generaciones de jóvenes investigadores y activistas.

Capellán de la Universidad Nacional y actividades académicas

En 1959, al regresar al país, Torres asumió la tarea de acompañar a las comunidades pobres desde el campus universitario. Su nombramiento como capellán auxiliar de la Universidad Nacional de Colombia se convirtió en una plataforma para promover iniciativas de acción comunitaria y educativa. La creación de movimientos estudiantiles y comunitarios formó parte de su empeño por descentralizar el poder y fortalecer la capacidad de las comunidades para organizarse.

Con el impulso de las Juntas de Acción Comunal, fomentadas por un gobierno que promovía la participación vecinal, Torres exploró herramientas de organización que permitían a las comunidades de base tomar decisiones y gestionar recursos. En colaboración con docentes y estudiantes, llevó a cabo programas de acción social en barrios populares de Bogotá, al tiempo que participaba en la consolidación de una red académica que estudiaba críticamente el desarrollo rural y urbano. Su liderazgo en este periodo se manifestó también en su papel en la ILIN de sociología, un semillero que acercó la teoría a la vida cotidiana de la gente.

La década de 1960 trajo consigo una serie de transformaciones institucionales que Torres supo aprovechar para ampliar el alcance de su labor. En 1964 participó en la organización de un congreso clave para la sociología regional y presentó investigaciones sobre la violencia y la transición cultural en áreas rurales. Su labor docente en la Universidad Nacional se complementó con la dirección de iniciativas en la ESAP, donde ejerció como decano y participó en la orientación de programas de administración pública. A su vez, integró la Junta Directiva del INCORA, asumiendo una postura reformista frente a las políticas agrarias y defendiendo la necesidad de una gestión más cercana a las comunidades rurales.

La creación de la Unidad de Acción Rural de Yopal (UARY) marcó un antes y un después en su labor de base. Con apertura de campo y articulación con actores locales, el proyecto buscó traducir la teoría sociológica en prácticas que permitieran a los campesinos participar de su propio desarrollo, superando trabas burocráticas y abriendo canales de cooperación con autoridades nacionales. En el plano internacional, Torres realizó giras y conferencias en Perú y otros países para difundir ideas sobre reforma agraria y cambio social, fortaleciendo una red de contactos que trascendía fronteras.

Lanzamiento a la política

A raíz de la experiencia de la Revolución cubana y de un contexto electoral convulso en Colombia, Torres evaluó la posibilidad de articular una plataforma política que superara la dicotomía entre los partidos tradicionales. En 1964-1965 explotó una coyuntura de abstencionismo y descontento con las estructuras del Frente Nacional; de este caldo emergió la idea de un movimiento que pudiera reunir a trabajadores, estudiantes, sindicatos y asociaciones para desafiar a las formaciones políticas históricas. El objetivo era crear un espacio capaz de movilizar a los no alineados y confluir con las experiencias de la izquierda revolucionaria, sin adoptar una etiqueta marxista que supiera a dilema doctrinal.

Entre las gestiones para consolidar esa visión, Torres buscó contactos con diversos sectores y formó coaliciones que integraron el MOEC y las juventudes de un movimiento estudiantil, junto con técnicos de la Universidad de los Andes y otros actores. Sin embargo, las resistencias eclesiásticas y la cautela de la Jerarquía católica marcaron un curso complejo: se cuestionó el papel de la Iglesia en la escena política y se debatió sobre la relación entre fe cristiana y compromiso social activo. En medio de esas tensiones, el propio Torres decidió dar un paso que marcaría su biografía: abandonar su función sacerdotal para dedicarse por completo a la acción cívica y política.

Frente a la disyuntiva entre permanecer en la institucionalidad o dedicarse a la actividad clandestina, Torres evaluó seriamente la posibilidad de aceptar una dispensa para dedicarse a la vida pública; el impulso de una alternativa política parecía cada vez más cercano a él, y así, tras varias reuniones con figuras de la Iglesia y con el propio entorno, aceptó la posibilidad de una dispensa temporal que le permitiera explorar la acción política sin ataduras eclesiásticas. Su último compromiso litúrgico como sacerdote tuvo lugar en la iglesia de San Diego, en Bogotá, y poco después emprendió un viaje a Lima desde donde regresó a la capital para continuar su labor pública con una renovada apertura hacia la acción política y social.

La plataforma de su movimiento buscaba una respuesta amplia para las necesidades de zonas rurales y urbanas, además de desafiar la práctica de la democracia restringida que imponía el Frente Nacional. Se promovía un enfoque que propiciaba la Teología de la Liberación en términos críticos y se intentaba articular una diferencia doctrinal con respecto a la Iglesia establecida. A pesar de su creciente popularidad, la estructura organizativa no logró consolidar una propuesta que lograra consolidar un programa político claro y sostenido, lo que llevó a que surgieran tensiones entre las diversas corrientes que lo apoyaban.

Al tiempo, Torres mantuvo encuentros con diversos actores para explorar posibilidades de mediación entre campesinos y el Ejército Nacional. Aunque estos intentos no cristalizaron en una alianza estable, sí sirvieron para acercar al sacerdote a la realidad de la lucha de clases y para reforzar su convicción de que la acción política debía responder a la dignidad de las mayorías. En este marco, el impulso de un proyecto político que uniera a partidos, sindicatos y movimientos estudiantiles y obreros fue ganando terreno, aun cuando las tensiones con la jerarquía eclesiástica continuaron.

Leyendas y vida en la clandestinidad

En el tramo de la mediación entre Iglesia y política, Torres se distanció de la candidez de las posiciones doctrinales y se adentró en la evaluación de la vía armada como medio de transformación social. La experiencia de la Revolución cubana y la dinámica político-social colombiana lo llevaron a contemplar la necesidad de un marco organizativo que superara a los partidos tradicionales, y que además integrara a la juventud universitaria y a movimientos laborales en una plataforma común. En la clandestinidad, su figura adquirió una dimensión simbólica para quienes buscaron un camino de lucha orientado por principios cristianos y una perspectiva marxista-cristiana del cambio.

Desde dentro del ELN, Torres adoptó el seudónimo de Argemiro y aportó con su experiencia espiritual y ética, más que por su dominio técnico de las armas. Su perfil mostró también un aspecto humano destacado: su capacidad para cocinar, su predisposición a escuchar y acompañar a los compañeros, y su esfuerzo por sostener una orientación ideológica que integrara valores cristianos con metas sociales radicales. Su paso por la guerrilla, corto y definitivo, se convirtió en un referente de la discusión sobre la legitimidad y los límites de la acción revolucionaria en contextos de opresión estructural.

Vida en la guerrilla

En la etapa final de su vida, Torres participó como un miembro de menor jerarquía en el ELN y desempeñó funciones de apoyo espiritual y asesoramiento ideológico desde una óptica que conjugaba la tradición cristiana con el marxismo crítico. Su desempeño práctico no estuvo exento de dificultades, ya que el entrenamiento propio de la guerrilla exigía condiciones distintas a las que él había vivido en la academia y en los ambientes parroquiales. Aun así, su aporte humano y su sensibilidad para la convivencia entre personas de diferentes procedencias se mantuvieron como rasgos distintivos de su experiencia en la clandestinidad.

Con el paso del tiempo, su identidad dejó de ser un secreto entre los combatientes; sin embargo, la complejidad de su figura radicó en el hecho de que combinaba la vida sacerdotal con la participación en una lucha violenta, algo que provocó contrastes y debates entre quienes lo conocieron. Su visión de una revolución cristiana se presentó como una propuesta que buscaba conciliar el amor al prójimo con la necesidad de transformar las estructuras de poder que sostienen la pobreza y la desigualdad.

Muerte

El destino de Torres se selló en un enfrentamiento en Patio Cemento, localidad de El Carmen de Chucurí, donde se produjo un intento de asalto por parte de guerrilleros para arrebatar el armamento de una columna del Ejército Nacional. En ese combate, Torres cayó junto a otros integrantes de la columna insurgente, víctima de una operación de las fuerzas regulares. Sus restos quedaron en poder de las autoridades y quedaron sin ser restituidos de manera inmediata, un hecho que generó un periodo de desaparición forzada de su cuerpo y posteriores polémicas acerca de su destino final.

El legado de su muerte se vio aflorar en relatos posteriores, con versiones que discutían el lugar exacto de su tumba y las circunstancias del entierro. A lo largo de los años, se generaron conjeturas y testimonios que apuntaban a gestiones para ubicar y entregar los restos a su familia, así como a intentos de exhumación que buscaran confirmar el lugar de su descanso y su identidad para las memorias de la organización que lo acompañó. Su legado, sin embargo, trascendió el haber perdido un cuerpo: se convirtió en una idea de entrega y compromiso revolucionario.

Familia

La biografía de Torres está entrelazada con un árbol familiar relevante para la historia social y política de Colombia. Fue hijo de un destacado médico y pedagogo, Calixto Torres Umaña, y de Isabel Restrepo Gaviria, con un hermano llamado Fernando. Su parentela incluye vínculos con figuras públicas y con personajes que tomaron rutas distintas en la vida, pero que mantuvieron un lazo afectivo y de memoria en torno a la figura de Camilo. Estas relaciones familiares representan una constelación de influencias que nutrieron su formación y su visión de la responsabilidad social.

Entre sus antepasados se citan relaciones con familias que ocuparon cargos relevantes en la historia nacional, incluso con vínculos que conectan a la familia con personas que desempeñaron funciones políticas en varios momentos de la historia reciente. Dichas conexiones enfatizan la complejidad de la genealogía de Torres y la diversidad de trayectorias que confluyeron en su persona para convertirlo en un símbolo de la discusión entre fe, intelectualidad y acción social.

Por línea materna, Torres desciende de una rama que remonta a figuras ilustres vinculadas a la historia científica y cultural de la región, incluyendo a José Félix de Restrepo y otros personajes que participaron en esfuerzos históricos de la nación. Estas relaciones constituyeron un marco cultural que, junto a su formación, influyó en su comprensión de la historia y de la responsabilidad de cada generación frente a la transformación social.

Reconocimientos y legado

Canciones

La figura de Camilo Torres inspiró a numerosos creadores musicales de América. El cantautor uruguayo Daniel Viglietti compuso en 1967 la canción Cruz de Luz para conmemorar su memoria, popularizada luego por Víctor Jara de Chile. En la tradición musical iberoamericana también se mencionó a Carlos Puebla, quien dedicó una composición al sacerdote que se convirtió en símbolo de la lucha por la justicia. Estas obras icónicas difundieron la figura de Torres por distintos escenarios culturales y políticos.

Otra canción destacada, dedicada a su persona, fue la intitulada Cura y Guerrillero, del cantautor mexicano José de Molina, que sirvió para ligar la vida espiritual con la acción revolucionaria en el imaginario popular. En Venezuela, Alí Primera escribió piezas como Dispersos y Dios se lo cobre, que mencionan a Camilo y exploran la tensión entre fe y cambio social. En algunos casos, las canciones se volvieron himnos que resonaron no solo en Colombia sino en otros países de la región, extendiendo el diálogo sobre la posibilidad de una transformación radical desde la ética cristiana.

La herencia musical también encontró expresiones en otras manifestaciones artísticas, como Edson Velandia con la obra Camilo de Chucurí, que narra la historia de su vida y su fallecimiento en un recital celebrado en Sibaté. Estas creaciones propias del siglo XX y XXI sostienen la memoria de Torres y permiten que nuevas generaciones dialoguen con su mensaje a través de la voz y la imagen sonora.

Obras

Entre las publicaciones que conservan su pensamiento y su experiencia, destacan varios volúmenes que reúnen su correspondencia, ensayos y memorias. Doce mensajes y una proclama, editado por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, reúne textos que condensan su visión de la acción social y su llamada a la participación ciudadana. La obra La proletarización de Bogotá, publicada décadas después, recoge una mirada sociológica sobre la dinámica de la ciudad y su proceso de desarrollo, a partir de investigaciones que realizaron el equipo académico con el que trabajó.

Otros trabajos abordan la educación popular y las estrategias de alfabetización y comunicación para comunidades rurales: las escuelas radiofónicas de Sutatenza y evaluaciones sociológicas de sus resultados, son parte de esa aportación. También figuran textos que tratan la cuestión de la liberación y la muerte como dimensiones de un proyecto de transformación social, así como colaboraciones con otros pensadores en obras sobre la relación entre cristianismo y revolución. Estas publicaciones muestran la amplitud de su interés por entender la sociedad desde distintas perspectivas y por proponer rutas para su cambio.

Además, se señalan obras en coautoría que exploran encuentros entre pensamiento revolucionario y análisis sociológico, enmarcadas por debates sobre educación, religión y política. El conjunto de estas publicaciones presenta una imagen de un intelectual que no se limitó a la teoría, sino que buscó sembrar ideas que pudieran traducirse en acciones concretas para mejorar las condiciones de vida de la gente común.

Acerca de Camilo Torres

La bibliografía dedicada a Camilo Torres incluye compilaciones y estudios que permiten entender su vida en clave crítica. Entre las obras destacadas se encuentran recopilaciones que analizan su pensamiento y su praxis, así como ensayos que contextualizan su trayectoria dentro de la historia social y política de Colombia. Estas publicaciones sostienen un diálogo con una figura que sigue generando reflexión sobre la relación entre fe, ética y acción política, así como sobre el papel de los intelectuales en situaciones de conflicto y cambio social.

Homenajes y memoria

Homenajes en Universidades

  • En Antioquia, el Teatro Popular lleva el nombre de Comandante Camilo Torres Restrepo, como reconocimiento a su labor educativa y política.
  • Una de las grandes estructuras de la Universidad Industrial de Santander fue bautizada como Edificio Camilo Torres, con un mural exterior que representa su rostro y una frase suya.
  • La Sede Cali de la Universidad del Valle rinde homenaje mediante un busto instalado en un espacio público de la universidad.
  • La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja, ha nombrado una plaza en honor a Camilo Torres Restrepo.
  • La Universidad Pedagógica Nacional, en Bogotá, dedica una plaza y una placa con su nombre frente a la biblioteca central, como recordatorio de su legado académico y social.
  • En la sede de la Universidad Nacional, en Bogotá, existe un mural que celebra la memoria de Camilo Torres Restrepo.
  • La ESAP, donde Torres fue decano, conserva el auditorio principal con su nombre, honrando su aporte a la administración pública.
  • Una residencia en Lovaina, Bélgica, que recuerda sus años de estudios, porta su nombre y acoge a estudiantes que comparten su vocación por la sociología y la justicia social.
  • La biblioteca de la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas lleva, como título, la referencia a Camilo Torres Restrepo y funciona como un centro de memoria y de estudio.
  • En la sede central de la ESAP, también hay una plaza y espacios de homenaje que remiten a su figura y a su labor de capacitación de servidores públicos.

Homenajes en Latinoamérica

  • En Chile, grupos muralistas vinculados a Izquierda Cristiana realizaron obras que se inspiraron en su ejemplo y en la experiencia de contracorriente frente a regímenes autoritarios en el marco de dictaduras.
  • En Michoacán, México, las juventudes de la década de los ochenta levantaron un albergue estudiantil llamado Casa del Estudiante Camilo Torres, como memorial y lugar de encuentro para el aprendizaje y la organización popular.

Homenajes en Colombia

  • Popayán conserva una zona urbana con el nombre de Camilo Torres, que funciona como recordatorio de su compromiso con la educación y la vida cívica.
  • En Medellín, el barrio Aranjuez alberga una institución educativa que lleva su nombre, que funciona como centro de aprendizaje para las nuevas generaciones.
  • Barranquilla cuenta con una estatua dedicada al Padre Camilo Torres Restrepo en un sector público del Rincón Latino, como homenaje a su memoria y a su influencia en la historia social de la ciudad.
  • La Jagua de Ibirico también rememora a Camilo Torres mediante la denominación de un barrio en su honor, señal de la persistencia de su legado en diversas regiones del país.
  • Curumaní y Dosquebradas han incorporado su nombre en colegios y barrios que simbolizan un compromiso con la educación y la participación de jóvenes en procesos de transformación social.
  • Dosquebradas y Barrancabermeja disponen de espacios públicos que llevan su nombre, subrayando su impacto en distintas comunidades rurales e urbanas.
  • San Vicente de Chucurí alberga un colegio que lleva su nombre, asegurando la continuidad de su ejemplo entre las nuevas generaciones de estudiantes.

Cancionero

  • La figura de Torres dio lugar a composiciones que recorren el continente. El uruguayo Daniel Viglietti escribió la pieza Cruz de Luz, que fue popularizada por Víctor Jara, consolidando su memoria en el canon de las canciones de protesta latinoamericanas.
  • Los Olimareños, un colectivo de Uruguay, incluyó una canción titulada A Camilo Torres, que refuerza la imagen de un clérigo que eligió el camino de la acción social.
  • Carlos Puebla, de Cuba, entregó una canción dedicada a Camilo, que se convirtió en un himno para sectores que defendían la justicia social desde una perspectiva crítica.
  • El legado musical también se manifestó en una obra titulada Cura y Guerrillero, de José de Molina, que dialoga con la figura de un sacerdote que asume la lucha por la emancipación popular.
  • Alí Primera, en Venezuela, compuso Dispersos y Dios se lo cobre, piezas que conectan fe y lucha, señalando la dualidad entre creencias religiosas y la acción revolucionaria.
  • La producción musical reciente continúa evocando su vida, con canciones que mencionan su nombre y su historia para ampliar la memoria colectiva de su experiencia.

Hitos y legado

Contribuciones académicas y sociales

La trayectoria de Camilo Torres está marcada por una voluntad de fusionar la investigación sociológica con una acción social directa. En el plano académico, su participación en la fundación de la primera cátedra de Sociología de América Latina consolidó a la Universidad Nacional de Colombia como referente en estudios sociales y abrió paso a una generación de docentes que conectaron teoría y realidad cotidiana. Más allá de la academia, su labor se orientó a crear vínculos entre estudiantes, docentes y comunidades para promover un desarrollo sostenible y participativo. Su influencia quedó grabada en los proyectos de acción comunitaria que impulsó en barrios bogotanos y en su labor como capellán universitario.

La gestión de Juntas de Acción Comunal y la influencia en la descentralización del poder local marcaron una etapa de innovación social. Torres entendió que la vida cívica debía fortalecerse con mecanismos de participación popular que facilitaran la organización de comunidades y el acceso a recursos para resolver problemáticas concretas. Su trabajo en INCORA y ESAP, así como su papel en la creación de unidades experimentales de Reforma Agraria, constituyeron un marco institucional para la reformulación de políticas públicas orientadas a las zonas rurales y a la equidad en el acceso a la educación y la información.

La experiencia de Yopal y la fundación de la UARY mostraron su convicción de que la base social debe ser motor de cambio y que las intervenciones estatales necesitan acompañamiento organizativo para lograr resultados sostenibles. En paralelo, su participación en congresos y foros regionales de sociología subrayó un compromiso con la generación de conocimiento que pudiera traducirse en mejoras prácticas para las comunidades, evitando caer en enfoques puramente teóricos.

Impacto cultural y memoria

Las canciones, películas y documentales que surgieron a partir de su figura ayudaron a mantener vivo su ejemplo en distintas generaciones y geografías. La narrativa que lo retrata como un “cura guerrillero” se convirtió en símbolo de un intento de reconciliar fe y acción política, de modo que el debate sobre la teología de la liberación y su recepción fuera parte de la conversación pública. Este legado cultural ha nutrido debates sobre ética, justicia social y la responsabilidad de los actores religiosos ante las desigualdades estructurales.

La persistencia de su nombre en plazas, edificios y bibliotecas sirve para recordar que la educación y la organización comunitaria pueden ir de la mano con una visión crítica de la realidad. En ese sentido, la memoria de Camilo Torres continúa siendo un punto de referencia para quienes buscan entender el alcance de la acción social desde una perspectiva cristiana y humana, así como para quienes desean explorar rutas de transformación que combinen fe y libertad.

En síntesis, la vida de Camilo Torres Restrepo es un relato de compromiso intelectual y humano dirigido a cuestionar las injusticias y a construir espacios de participación real para las mayorías. Su trayectoria demuestra que la educación, la religión y la política pueden entrelazarse en la búsqueda de una sociedad más equitativa, sin renunciar a la dignidad de cada persona y sin perder de vista la necesidad de un cambio profundo en las estructuras del poder.