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Francisco Antonio Zea

Nombre completo Francisco Antonio Zea
Descripción Vicepresidente de la Gran Colombia
Fecha de nacimiento 23-11-1766
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 28-11-1822
Nacionalidad Colombia, Venezuela
Ocupaciones botánico, diplomático, periodista, político, recolector científico
Idiomas español
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Juan Francisco Antonio Hilarión Zea Díaz nació en Medellín el 21 de octubre de 1766 y murió en Bath el 28 de noviembre de 1822. A lo largo de su vida se desempeñó como científico, político, periodista y diplomático de origen colombiano, dejando un legado que entrelaza la rigurosidad académica con la acción cívica y la defensa de la independencia continental. Su trayectoria lo situó en el centro de debates sobre la identidad, la organización política y la proyección internacional de las nuevas naciones hispanoamericanas.

Francisco Antonio Zea — Imagen principal

Juan Francisco Antonio Hilarión Zea Díaz nació en Medellín el 21 de octubre de 1766 y murió en Bath el 28 de noviembre de 1822. A lo largo de su vida se desempeñó como científico, político, periodista y diplomático de origen colombiano, dejando un legado que entrelaza la rigurosidad académica con la acción cívica y la defensa de la independencia continental. Su trayectoria lo situó en el centro de debates sobre la identidad, la organización política y la proyección internacional de las nuevas naciones hispanoamericanas.

Formación

Desde very temprano empleó su curiosidad intelectual en su ciudad natal, para luego trasladarse a Popayán y completar allí sus estudios secundarios en el Real Colegio y Seminario de Popayán, cerrando esa etapa en 1785. Posteriormente viajó a Santa Fe de Bogotá para continuar su formación en derecho, en el Colegio Mayor de San Bartolomé, con la expectativa de convertirse en jurista. Sin embargo, su trayectoria dio un giro decisivo cuando, por recomendación de un ilustre botánico, José Celestino Mutis, recibió en 1791 un encargo dentro de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Fue nombrado agregado de la expedición y, a partir de entonces, sus intereses se orientaron hacia la ciencia y la investigación natural.

Actividad científica

En su calidad de director del Real Jardín Botánico de Madrid, Zea desempeñó un papel destacado en la divulgación de avances científicos y agrícolas. En 1805 logró que el Semanario de agricultura y artes publicara una crónica que documentaba la plantación de árboles con propósito festivo en Villanueva de la Sierra, como testimonio de la inauguración del primer Día del Árbol en el mundo. Esta labor editorial, que él dirigía, se convirtió en uno de los hitos de la llamada Ilustración española, al congregar a científicos e ingenieros de renombre, tanto nacionales como extranjeros, para exponer enfoques sobre técnicas agrícolas, artesanías y hábitos domésticos enmarcados en una visión preindustrial. Junto a estas publicaciones, las cartas de parroquianos e intelectuales locales enriquecían los contenidos y fortalecían una comunidad intelectual dinámica alrededor del jardín y su semanario.

Patriota

En 1815 Zea emprendió una larga travesía hacia la Jamaica británica, donde se involucró de lleno en la causa republicana y entabló conversaciones con Simón Bolívar en Kingston. Su siguiente etapa tuvo lugar en Haití, país que, con el apoyo del presidente Alejandro Pétion, se convirtió en base logística para la planificación de operaciones contra el dominio español. En ese contexto nació la expedición de Los Cayos, una tentativa de desembarco destinada a abrir un frente estratégico contra las autoridades coloniales en Venezuela. A Bolívar se le confiaron responsabilidades de gobierno y Zea recibió, en dos momentos, funciones de administración de Hacienda para las regiones de la Nueva Granada y Venezuela.

El 12 de febrero de 1816 Bolívar le confirió, al menos en la práctica, la impronta de una autoridad financiera para las Provincias que conformaban la Confederación. En mayo de ese mismo año, las fuerzas expedicionarias desembarcaron en la isla de Margarita, encabezadas por Arismendi, quien encabezó una asamblea que confirmó la delegación de poderes. Tras esa etapa, las fuerzas se desplazaron hacia Carúpano y más tarde hacia Ocumare de la Costa, donde el intento se enfrentó a la oposición de las fuerzas realistas y Bolívar optó por retirarse hacia Haití. En diciembre de 1816 Zea regresó a Haití para llevarle a Bolívar buenas noticias sobre los avances de la causa, marcando así un episodio clave de la coordinación entre los líderes independentistas y sus apoyos en el exterior.

Con el avance de la contienda, Zea participó en la segunda fase de la campaña: en el Congreso de Cariaco de 1817 recibió la designación de reemplazo de Bolívar como figura principal ante ciertas funciones políticas y militares, y colaboró en la consolidación de la toma de Angostura y la consolidación de la provincia de Guayana. Su aporte se integró a la organización del Congreso de Angostura de 1819, en cuyo marco se configuró la República de Colombia. Durante ese periodo, Zea se convirtió en una voz decisiva para gestionar la administración del ejército libertador y, a su vez, para conducir las labores civiles necesarias durante la transición hacia la nueva república. En noviembre de 1819, cuando Bolívar y Santander se ausentaron para enfrentar a las fuerzas del pacificador Morillo, Zea asumió el rol de vicepresidente encargado de proyectos civiles. En ese contexto, la presión de Santiago Mariño y la energía popular provocaron la remoción de Zea de esa posición, con la consigna de buscar una reorganización que permitiera continuar la lucha y garantizar la seguridad pública. Aun así, el golpe de Estado dentro del Congreso no logró impedir que, tras las victorias de Pantano de Vargas y Boyacá, el cuerpo legislativo declarara formalmente la creación de la República de Colombia en diciembre de 1819. Zea, entonces, ejerció la presidencia del Congreso y, posteriormente, asumió la vicepresidencia de la naciente nación. En esa coyuntura histórica, su frase emblemática resonó entre los presentes: “La República de Colombia queda constituída. ¡Viva la República de Colombia!”.

Proyecto de Confederación del Imperio español

Durante el periodo del Trienio Liberal Zea viajó a Londres el 16 de junio de 1820, llevando consigo la visión de Bolívar sobre una posible reconciliación entre España y sus antiguas posesiones. Cuatro días después, ante una filtración, negó explícitamente cualquier acuerdo con la metrópoli. Sin embargo, el 7 de octubre de 1820 hizo público ante Bernardino Fernández de Velasco, embajador en Londres, el plan que Bolívar había confiado a Frías: “un proceso de reconciliación y un diseño de Confederación Hispánica” que, desde su perspectiva, buscaría reunir a las naciones hispánicas bajo un gran imperio federal con Madrid como centro, con la aspiración de preservar la unidad de la familia hispánica frente a las disensiones. Zea, portando poderes que Bolívar le confiaba, explicó que la finalidad última era consolidar una federación que hiciera frente a las rupturas y a los conflictos entre comunidades. El embajador presentaba también a Zea como una garantía de que la operación debía ejecutarse con suma celeridad para evitar que otras potencias intervinieran en la crisis colonial.

En la conversación con Frías, Zea articuló la idea de un nuevo orden político que tendría Estados independientes, pero integrados bajo un marco federal y una monarquía constitucional. También planteó la creación de un sistema de aduanas con un arancel externo común y la libertad de comercio dentro del conjunto, así como políticas de protección económica frente a potencias externas —en particular, frente a Gran Bretaña— para desarrollar una economía de mercado interior que impulsara la industria. Quedaba claro que la ciudadanía cruzaría fronteras sin perder derechos: españoles que se trasladaran a América adquirirían la condición de ciudadanos americanos y viceversa. En caso de guerra, todas las partes de la Confederación deberían respaldarse mutuamente. Una asamblea confederal, en clave parlamentaria, funcionaría como el órgano supremo del nuevo Imperio hispanoamericano.

El plan, sin embargo, chocó con la resistencia de las autoridades monárquicas españolas. En 1820 el embajador español informó al rey y a las Cortes que las propuestas de Zea no satisfacían los criterios del absolutismo ni las expectativas de un liberalismo que buscaba reconciliar las naciones sin renunciar a la autoridad de la Corona. A pesar de la intriga y de las negociaciones, la Asamblea no apoyó la iniciativa y el debilitamiento político que se desencadenó en la década siguiente impidió la materialización de aquel proyecto. La decisión de no avanzar se mantuvo viva hasta el deterioro definitivo de la relación entre España y sus antiguos dominios tras la década de tensiones y de cambios políticos que siguieron al derrocamiento liberal y al reforzamiento de atitudes conservadoras en la península.

En ese marco, Zea insistía en que su plan pretendía, en última instancia, salvar la unidad de la comunidad hispanoamericana y de la Península mediante una mecánica de unión aduanera, de libertad de comercio y de cooperación militar y civil entre los pueblos que compartían una raíz histórica. Su perspectiva de la federación se apoyaba en la idea de que, al concentrar fuerzas y recursos en una metrópoli central, sería posible mantener una comunidad fuerte frente a las presiones externas y, al mismo tiempo, conservar la identidad de cada nación que formaba parte de aquel gran proyecto. Aun cuando estas visiones quedaran en suspenso, la propuesta de Zea dejó constancia de su vocación de puente entre continentes y de su deseo de cohesionar a los hispanoamericanos en un proyecto común.

El 9 de octubre el embajador español informó al primer secretario de despacho sobre el contenido de la iniciativa; el 9 de noviembre la respuesta oficial dejó claro que el gobierno no aceptaba la propuesta. El rey no estaba dispuesto a entrar en un marco de reconciliación que pudiera debilitar la autoridad imperial. Las Cortes, por su parte, fueron cautelosas y reiteraron su noción de que la vigencia liberal podría, con el tiempo, reconciliar a las naciones hispánicas dentro de un nuevo orden imperial, pero la coyuntura histórica y los cambios políticos posteriores impidieron que la idea se materializara. Con la derrocación posterior de los liberales y la consolidación de proyectos conservadores, la visión de Zea quedó fuera de la realidad política de la época.

Vida posterior y muerte

En junio de 1822 Zea regresó a Inglaterra con una finalidad muy concreta: asegurar un crédito de cinco millones de libras esterlinas para sostener la causa independentista. En ese esfuerzo encontró apoyo entre un grupo de británicos que se autodenominaron Amigos de la Independencia Sudamericana y que contaban con el respaldo de figuras destacadas como Gregor MacGregor, el duque de Somerset, James Mackintosh, el marqués de Lansdowne, William Wilberforce y otros miembros del Parlamento. Estos contactos se materializaron en una cena con Zea y la delegación colombiana en la taberna de una ciudad londinense, un evento celebrado el 10 de julio de 1822 como muestra de adhesión y financiación a la causa. A pesar de estos gestos de apoyo, Zea no llegó a ver concluida su misión, pues su salud se deterioró irreversiblemente. En cualquier caso, su presencia en Londres fortaleció los lazos entre los movimientos independentistas y las redes financieras de la época.

El fin de Zea se produjo en Bath el 28 de noviembre de 1822, a la edad de 56 años. Su deceso marcó el cierre de una etapa de intensa actividad intelectual y política que se había desplegado entre el Caribe, la península y la nación naciente de Colombia. Fue sepultado el 4 de diciembre en la abadía de Bath, en un lugar que acogió a numerosos pensadores y viajeros de aquel siglo. Su trayectoria dejó una huella indeleble en la historia de la independencia y de la construcción institucional de las nuevas repúblicas, al combinar la labor científica con la acción pública y la defensa de un proyecto continental de integración.

Fuentes

  • Robert Zander, Handwörterbuch der Pflanzennamen, 13.ª edición, Ulmer Verlag, Stuttgart, 1984. ISBN 3-8001-5042-5.
  • Sergio Elías Ortiz, “Francisco Antonio Zea y sus actividades científicas”, Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 9, Núm. 05 (1966): 839-848.
  • Marcelo Gullo, Madre Patria.

Imágenes de Francisco Antonio Zea