Frascuelo
| Nombre completo | Frascuelo |
|---|---|
| Descripción | Torero español |
| Fecha de nacimiento | 23-12-1842 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 08-03-1898 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | torero |
| Idiomas | español |
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Salvador Sánchez Povedano, célebremente conocido como Frascuelo, nació en la localidad de Churriana de la Vega, en la provincia de Granada, el 23 de diciembre de 1842 y murió en Madrid el 8 de marzo de 1898. Su nombre se asoció de inmediato a la gran era de la tauromaquia de finales del siglo XIX, cuando compartió protagonismo con Lagartijo y Guerrita y fue, más que un ejecutante, uno de los impulsores de una auténtica renovación del toreo. Su figura simbolizó audacia, técnica y un compromiso con el público, que lo hicieron leyenda viva entre aficionados y críticos por igual.
Salvador Sánchez Povedano, célebremente conocido como Frascuelo, nació en la localidad de Churriana de la Vega, en la provincia de Granada, el 23 de diciembre de 1842 y murió en Madrid el 8 de marzo de 1898. Su nombre se asoció de inmediato a la gran era de la tauromaquia de finales del siglo XIX, cuando compartió protagonismo con Lagartijo y Guerrita y fue, más que un ejecutante, uno de los impulsores de una auténtica renovación del toreo. Su figura simbolizó audacia, técnica y un compromiso con el público, que lo hicieron leyenda viva entre aficionados y críticos por igual.
Biografía
En su primer tramo vital, la familia se trasladó a Sádaba, en tierras aragonesas, tras lo cual perdió a su padre, José Sánchez. Más tarde, junto a su madre y a su hermano Francisco, se trasladó a Madrid, buscando un camino que, desde la modestia, pudiera convertirlo en torero. Entre talleres y empleos modestos, pasó por trabajos en el ferrocarril y en oficios dedicados a la decoración de interiores, hasta que encontró la vía que definiría su destino.
Tomó la alternativa en una fecha emblemática, el 27 de octubre de 1867, bajo la tutela de Francisco Arjona Herrera, conocido como Cúchares, enfrentándose a un toro apodado Señorito. Este instante marcó el inicio de una trayectoria implacable que, a lo largo de años, lo situó entre las figuras más importantes del Toreo del XIX.
Durante el periodo inmediatamente posterior, Frascuelo forjó una rivalidad legendaria con Rafael Molina Lagartijo, una confrontación que muchos han ubicado como la continuidad de antiguas disputas entre destacados maestros del pasado y que, en su época, rivalizó con los choques que enfrentaron a Pedro Romero y Costillares, y luego a Joselito y Belmonte. La competencia con Lagartijo fue más que un simple pulso artístico; fue un verdadero motor de la evolución del escalafón y de las técnicas de capotes y executes que definieron varias temporadas.
Entre las actuaciones que quedaron grabadas en la memoria colectiva figuran las jornadas celebradas en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá, con fechas señaladas como el 19 de septiembre de 1869 y el 22 de octubre de 1871. Esas corridas mostraron al mágico Frascuelo en plenitud de facultades, capaz de combinar valor, precisión y una mezcla de ironía y maestría que sorprendía al público más exigente.
En 1880, el matador granadino inauguró una plaza de toros en Alburquerque, en la provincia de Badajoz, encerrándose en solitario ante tres toros de la ganadería de Trespalacios. La gesta consolidó su renombre y su capacidad de asumir retos extremos, especialmente cuando se trataba de desafiar la norma de las grandes concentraciones de público en escenarios aislados.
La temporada de 1874 quedó marcada por la Corrida de la Beneficencia, en la que ejecutó una actuación de múltiples toros: dejó a la arena seis toros con su toreo característico. Ese mismo año, dio muerte al último toro lidiado en la Plaza de toros de la Puerta de Alcalá, el 9 de julio, un episodio que añadió otro capítulo a su leyenda. Sus gestos y su temple dejaron huella tanto en la afición como en la memoria periodística.
En 1882 participó en un mano a mano con Lagartijo durante La Corrida de la Beneficencia, un enfrentamiento que generó un enorme revuelo entre aficionados de varias generaciones. Más tarde, inauguró la plaza de toros de La Línea de la Concepción el 20 de mayo de 1883, compartiendo cartel con Antonio Carmona, el Gordito de Sevilla, y Antonio Ortega, El Marinero de Cádiz. La combinación de iniciativas y triunfos consolidó su estatus de referente en la élite de la tauromaquia. En el año 1886, la inauguración de la plaza de toros de Haro, realizada junto a Lagartijo, subrayó la constante presencia de Frascuelo en los principales epicentros del toreo.
Tras soportar varias cornadas de gravedad, Frascuelo puso fin a su actividad el 12 de mayo de 1890, en la propia madrileña plaza de toros de la Fuente del Berro. En esa corrida, otorgó la alternativa a su compatriota granadino Antonio Moreno Lagartijillo. También Guerrita, otro torero de la época, toreó en honor a su figura en esa ocasión. La retirada vino acompañada de un saldo impresionante: 1236 corridas y 3801 toros abatidos, cifras que testimonian la magnitud de su trayectoria.
Concluida su vida de torero, Frascuelo fijó residencia en la localidad de Torrelodones, estableciendo la finca Monte el Gasco. En sus alrededores aún es posible observar una verja que lleva el emblema de su ganadería. La proximidad con la naturaleza y el silencio de esa finca contrastaban con el bullicio de los ruedos y ofrecían un respiro a una figura que había vivido al límite. Su relación de profunda amistad con la infanta Isabel, conocida popularmente como La Chata, quedó registrada en numerosos recuerdos: cada vez que la joven viajaba en tren hacia Torrelodones, ordenaba que se detuviera la locomoción para saludar a Frascuelo. Una imagen de respeto y afecto que trascendía el mundo del toro.
Los diez mandamientos del toreo
En 1925, el crítico de tauromaquia Maximiliano Clavo, quien firmaba bajo el seudónimo Corinto y Oro, recuperó en la revista Mundo Gráfico un decálogo atribuido a Frascuelo, redactado ya retirado y con un tono directo y cotidiano. A continuación se reconstruye ese decálogo, adaptado con lenguaje moderno y sin copiar las formulaciones originales, para conservar la esencia de sus principios y su visión del arte taurino.
- Primero: valorar a Paquiro por encima de cualquier capricho de jerarquía, como referente fundamental en la formación del toreo.
- Segundo: evitar promesas vacías sobre alcanzar la bravura extrema, si luego no se está dispuesto a acercarse con decisión al animal.
- Tercero: honrar la fiesta española mediante un comportamiento digno que no busque engañar al público ni a la historia de la profesión.
- Cuarto: respaldar a la afición con generosidad, sin escatimar esfuerzos cuando se le pida apoyo, incluso ante una demanda compleja.
- Quinto: no imitar de forma mezquina la forma de matar que otros usuarios de la fiesta emplearon; cada figura debe hallar su propio estilo.
- Sexto: evitar la malicia hacia los toros y también hacia el público, manteniendo un tono justo y humano en cada actuación.
- Séptimo: no ocultar las dificultades ni manipular la eficiencia de los astados ni la respuesta de la grada, buscando claridad y honestidad en el espectáculo.
- Octavo: no adornar de forma exagerada los logros en telegramas o relatos, cuando la realidad pudo haber sido menos grandiosa.
- Nueve: respetar la vida y las relaciones humanas fuera de la plaza, sin pretender acaparar lo que no corresponde a uno mismo.
- Décimo: evitar codiciar los contratos ajenos ni el confort de otros oficios, priorizando la lealtad entre compañeros y la integridad de la profesión.