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Frederic Marès

Nombre completo Frederic Marès
Descripción Escultor y coleccionista de arte catalán
Fecha de nacimiento 18-09-1893
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 16-08-1991
Nacionalidad España
Ocupaciones escultor, coleccionista de arte
Grupos Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Idiomas español, catalán
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Frederic Marès Deulovol, también conocido como Federico Marés, fue un escultor español nacido en Portbou, en la provincia de Gerona, el 18 de septiembre de 1893 y fallecido en Barcelona el 16 de agosto de 1991. Su trayectoria artística se desarrolló entre talleres formativos en Cataluña y estancias de estudio en Europa que ampliaron su visión de la escultura, dejando un legado que hoy se conserva principalmente en Barcelona y que invita a comprender la confluencia entre memoria, devoción y modernidad en su tiempo.

Frederic Marès — Imagen principal

Frederic Marès Deulovol, también conocido como Federico Marés, fue un escultor español nacido en Portbou, en la provincia de Gerona, el 18 de septiembre de 1893 y fallecido en Barcelona el 16 de agosto de 1991. Su trayectoria artística se desarrolló entre talleres formativos en Cataluña y estancias de estudio en Europa que ampliaron su visión de la escultura, dejando un legado que hoy se conserva principalmente en Barcelona y que invita a comprender la confluencia entre memoria, devoción y modernidad en su tiempo.

Biografía

Inició su formación en la Escuela de la Lonja de Barcelona, donde afianzó los fundamentos técnicos para la talla y la representación del cuerpo en piedra, y amplió su aprendizaje en el taller de Eusebio Arnau, maestro de referencia. Viajó por itinerarios formativos con apoyo estatal, recibiendo becas para ampliar horizontes en París y Roma, experiencias que enriquecerían su lenguaje escultórico y su intuición sobre la escultura española de su época.

Su estilo se alimentó de una honda influencia del modernismo, matizada con toques de la escuela gótica, especialmente visible en su producción religiosa y en la forma de componer figuras de fe y solemnidad. A lo largo de su carrera demostró una versatilidad que le permitió transitar entre conceptos decorativos, conmemorativos y de pequeño formato, sin perder el pulso narrativo de la piedra.

Exposición y itinerario El artista participó en numerosas muestras, tanto individuales como colectivas, a lo largo de distintos países. Su obra dio lugar a una amplia presencia en colecciones privadas y a numerosos monumentos situados en varias ciudades, consolidando una trayectoria que abarcó encargos de diverso origen. En 1944 asumió tareas de restauración en Poblet, centradas en las tumbas reales y, junto a la capilla de San Benito, trabajó en la tumba de Martín el Humano, piezas que fortalecieron su prestigio en el campo funerario y monumental.

Coleccionista de obra religiosa procedente de varias regiones españolas, su acervo terminó siendo exhibido en Barcelona en un museo que lleva su nombre completo, un signo de la densidad de su legado religioso y devocional. Su colección, posteriormente, se convirtió en un referente para entender la selección de piezas litúrgicas y artísticas que fueron testimonio de la continuidad de la tradición religiosa en la región.

Fundación En 1946 dio forma al Museo Marès, un espacio que reunió un conjunto significativo de su producción y que, tras su construcción, fue donado al Ayuntamiento de Barcelona para su adecuada custodia y difusión entre el público. Este museo se consolidó como un eje de memoria escultórica que dialoga con la ciudad y sus maravillas históricas.

Estudio-biblioteca de Frederic Marès

El Estudio-biblioteca fue objeto de una nueva presentación museográfica inaugurada el 25 de noviembre de 2018, en el marco de las conmemoraciones por setenta años del Museo Frederic Marès. Este recinto alberga el despacho privado y la biblioteca personal del artista, así como una selección representativa de su producción escultórica cedida a la ciudad de Barcelona en 1988. Diseñado de forma específica en 1964, el espacio no se abrió al público hasta 1996, cinco años después de la desaparición de su autor. La renovación museística ha buscado conservar la atmósfera cálida que él mismo imaginó, al tiempo que actualiza la lectura del espacio con información contextual, mobiliario y una iluminación de tipo led que destaca las texturas y las formas sin perder la intimidad que define este lugar.

Obra

La trayectoria creativa de Marès se apoya en una base de lenguaje que fusiona el impulso del modernismo con una sensibilidad clásica, donde la figura humana se sitúa como eje central y la memoria se convierte en un motivo constante. Su obra temprana ya mostraba una voluntad de integrarse en un lenguaje escultórico que fuera capaz de convivir con la arquitectura y con el paisaje urbano.

Entre sus piezas de madurez destacan propuestas en las que la cabeza parece fundirse con el bloque de mármol y donde el peinado y el gesto se resuelven con una precisión que transmite serenidad y carácter. En este sentido, se señalan obras como Rodio y el Retrato de Jaume Pahissa, así como Desnudo de hombre, ejemplos claros de una mano que busca claridad formal sin perder la emocionalidad de la figura.

La influencia noucentista permanece presente a lo largo de las décadas de 1900 y la primera mitad de la década de 1910, alimentando relieves y composiciones como Maternidad (Mater amabilis), trabajados con una delicada espera que deja entrever un rudimento renacentista. En piezas como Tres jóvenes o Juventud-ritmo, y en retratos como el de Josep Maria Bassols y otros contemporáneos, la búsqueda de un lenguaje sobrio y recognoscible se hace patente. Un ejemplo destacado de madurez es Busto femenino (serenidad), que marca una etapa concreta de su evolución; tras la Guerra Civil, Marès dejó de realizar modelos de pequeño formato por encargo y orientó su producción hacia la escultura de carácter conmemorativo y de proyecto único.

La escultura conmemorativa marcó una etapa decisiva antes y durante la Guerra Civil, con obras cuyo simbolismo respondía a una ideología noucentista de memoria y civismo. Monumentos como los dedicados a Francesc Soler Rovirosa o a Francesc Layret muestran una voluntad de plasmar ideas de justicia, memoria y compromiso social en la piedra. En el terreno de la escultura decorativa urbana, su nombre quedó ligado con la realización de piezas para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, destacando obras como Niña sobre un pez que se integran al paisaje urbano.

La presencia de la ciudad en edificios privados y públicos fue una constante de su carrera: esculturas y relieves decoraron obras como el conjunto de La Unión y el Fénix y el antiguo Banco de Vizcaya en la plaza Cataluña, rematadas por una figura de Minerva que corona la fachada. Tras la contienda española, su enfoque se centró en la presencia física del homenajeado y en la dignidad de la memoria, lo que llevó a que buena parte de su producción monumental se levantara fuera de Barcelona, manteniendo, no obstante, una firma inconfundible.

Restauraciones y monumentalidad Finalizada la guerra, Marès dirigió restauraciones de obras dañadas o perdidas durante el conflicto, entre ellas la Virgen del Farolillo de la basílica de Santa María del Mar, y estatuas para Antonio López y Joan Güell i Ferrer, así como el monumento al canónigo Rodó, todas ellas en Barcelona. Su intervención más ambiciosa fue la recreación de las tumbas reales del Monasterio de Poblet, un conjunto monumental que había sido saqueado, cuya reconstrucción recibió gran reconocimiento y culminó con su inauguración en 1952. Este encargo catapultó su prestigio y abrió otras posibilidades de proyectos similares en distintos escenarios.

Encargos internacionales A raíz de ese éxito, la obra de Marès se extendió por otros territorios, con estatuas y monumentos yacentes destinados a reyes y figuras históricas en Mallorca y Palma, y también en Perpiñán y otras localidades. En Puerto Rico, realizó tumbas y sepulturas de personajes notables, como la tumba de Juan Ponce de León y el sepulcro de obispos, ampliando su radio de acción y consolidando su reputación en el ámbito internacional.

Declaración de estilo La escultura funeraria de Marès encontró un mercado próspero entre la burguesía española, que demandaba decoraciones para panteones privados y funerarios. En estos encargos colaboró con arquitectos y creó relieves de la Crucifixión, vírgenes con el Niño, altares y cruces de altar, dejando su sello en ciudades como Mataró, El Masnou, Sitges, Figueras, Valls y, por supuesto, Barcelona.

Reciente orientación En la postguerra, la Iglesia emergió como cliente principal, y la obra sacra adquirió protagonismo en el conjunto de su producción, con proyectos para iglesias, monasterios y abadías, y con intervenciones en Poblet, Montserrat y Parets del Vallès, donde llevó a cabo la decoración de edificaciones nuevas y la restauración de elementos anteriores, consolidando un repertorio que dio forma a una parte decisiva de su legado.

Formación técnica Su trayectoria se apoyó en la tradición figurativa largamente cultivada en la Escuela Superior de Artes e Industrias y Bellas Artes de Barcelona, así como en el taller de Eusebi Arnau, que le enseñó no solo el oficio, sino una concepción de la escultura centrada en la memoria, la conmemoración y la medallística como lenguaje de archivo humano.

Protagonismo de las medallas Después de la guerra, las medallas conmemorativas ganaron un peso considerable gracias a colaboraciones con el Ayuntamiento de Barcelona y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, ampliando su catálogo y consolidando su presencia en el panorama de la memoria cívica y de la narrativa histórica a través del metal.

Distinciones

  • Primer premio en el Concurso Nacional de Escultura, 1924.
  • Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, 1951.
  • Cruce de Sant Jordi, 1982.
  • Premio Nacional de Bellas Artes, 1983.
  • Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
  • Académico de la Escuela de San Jordi, Barcelona.
  • Director de la Escuela San Jordi y de La Lonja, Barcelona.
  • Hijo predilecto de Portbou.

Obras destacadas

  • El Entierro de Cristo (relieve). 1924. Iglesia de Santa María del Mar, Barcelona.
  • Retrato de Jaume Pahissa. 1917.
  • Tres jóvenes (mármol, 1917). Museo Frederic Marès; versiones en yeso y bronce en colecciones privadas.
  • Juventud.
  • Monumento a Goya en la Plaza de las Cátedras, Zaragoza.
  • Barcelona y Emporion (1928), Plaza de Cataluña, Barcelona.
  • Niños cabalgando sobre peces (1928), Barcelona.
  • Monumento a Francesc Soler Rovirosa. 1930.
  • A Francesc Layret. 1936.
  • A Joan Güell i Ferrer (1941-1945), reconstrucción de la obra anterior.
  • Barcelona a Prim. 1948.
  • Restauración de la Fuente de Santa Eulalia. Barcelona, 1951.
  • Conjunto de animales de los Jardines Jaume Vicens i Vives. 1967.
  • Exaltación de la Santa Cruz. 1975. Catedral de Barcelona.
  • Monumento al joven rey Alfonso III de Aragón. Mahón, Menorca.
  • Monumento a Salvador Brau Asencio. Cabo Rojo, Puerto Rico. 1974.
  • Réplica del monumento a Antonio López y López en Barcelona (actualmente en el Museo de Historia de Barcelona).

Imágenes de Frederic Marès