Frederic Soler
| Nombre completo | Frederic Soler |
|---|---|
| Descripción | Dramaturgo, escritor y empresario teatral español (1839-1895) |
| Fecha de nacimiento | 09-10-1839 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 04-07-1895 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | dramaturgo, poeta, empresario de teatro |
| Idiomas | catalán, español |
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Conocer la vida de Frederic Soler y Hubert es acercarse a una figura decisiva de la cultura teatral catalana del siglo XIX. Aunque su nombre civil pasó a la historia asociado al seudónimo Serafí Pitarra, su trayectoria no se circunscribe a la comedia o la poesía: fue un creador polifacético que supo combinar la experiencia artística con la gestión teatral y una ciudad que lo abrazó como fewo de su propio tiempo. Este retrato busca reconstruir, con palabras nuevas, los hechos que delinearon su pieza central: el cruce entre arte, oficio y vida cotidiana en la Barcelona de su época.
Conocer la vida de Frederic Soler y Hubert es acercarse a una figura decisiva de la cultura teatral catalana del siglo XIX. Aunque su nombre civil pasó a la historia asociado al seudónimo Serafí Pitarra, su trayectoria no se circunscribe a la comedia o la poesía: fue un creador polifacético que supo combinar la experiencia artística con la gestión teatral y una ciudad que lo abrazó como fewo de su propio tiempo. Este retrato busca reconstruir, con palabras nuevas, los hechos que delinearon su pieza central: el cruce entre arte, oficio y vida cotidiana en la Barcelona de su época.
Biografía
El nacimiento de Frederic Soler y Hubert se produce en una casa de la calle Cremat Gran, número 19, en la ciudad de Barcelona, en una familia de oficio y raíces mixtas: su padre, José Soler y Esquirol, era ebanista, mientras su madre, Maria Hubert, traía consigo un linaje de origen francés. La desgracia golpeó temprano a Soler: perdió a su madre cuando apenas tenía tres años y, varios años después, falleció su padre, dejando a su sobrino Carles Hubert como figura tutelar. Este tío era propietario de una relojería situada en el distrito histórico de la ciudad, un enclave donde se entrelazaban comunidades de emigrantes franceses como la esposa de Hubert, Marie Garçon. A los catorce años Soler dejó la escuela para hacerse cargo del negocio familiar y, a la vez, cultivar su afición teatral que ya mostraba destellos de su futura vocación. A los quince dio sus primeros pasos como actor en agrupaciones aficionadas, un indicio de que el escenario no sería una mera afición sino el eje de su existencia.
Con el fallecimiento de su tío, Soler asumió la dirección de la relojería, equilibrando el oficio con su creciente presencia en los círculos culturales de la ciudad. Su doble vida —relojero de día y artista de noche— le permitió atravesar una Barcelona en plena efervescencia, donde los teatros y los cafés se convertían en foros de ideas y risas. En esa época, su talento comenzó a estructurarse en torno a la escritura, y su primer proyecto relevante se cristalizó cuando terminó Per un casament en 1856. Poco después dio a conocer Don Jaume el Conquistador, una pieza destinada a parodiar una obra castellana de Antoni Altadill, lo que marcó el inicio de su marca cómica y satírica. Fue en esos años cuando adoptó el nombre escénico que lo haría célebre: Serafí Pitarra, una decisión que vino a cristalizar su identidad pública y teatral.
El taller relojero de su familia se convirtió, sin proponérselo, en un improvisado salón literario. En la trastienda se reunían jóvenes escritores y artistas de la época, alimentando un movimiento que contaría con figuras como Anselmo Clavé, Valentín Almirall, Víctor Balaguer y Feliu y Codina. Nótese que incluso José Zorrilla, maestro de las letras españolas, residió allí durante varios años, lo que contribuyó a forjar una red de amistades influyentes. En alguna ocasión, Alfonso XII visitó la relojería y asistió a representaciones de las obras de Soler, un hecho que subrayaba la centralidad de Barcelona como escenario de intercambio entre la monarquía, la cultura y el público local.
La consolidación de Soler como dramaturgo tuvo como punto de inflexión su primera pieza significativa de importancia, L'esquella de la torratxa. Estrenada el 24 de febrero de 1864 en el teatro Odeón, esta obra marcó el inicio de un ciclo de representación en catalán que traspasaba las fronteras del humor para abrazar una narrativa situacional y satírica. El éxito fue tan contundente que la Librería española publicó una colección de seis piezas de Soler bajo el epígrafe Singlots poétichs, consolidando al autor en el panorama literario y teatral catalán. En lo personal, Soler contrajo matrimonio con Albina de Las Cases Bergnes, una figura vinculada por lazos familiares a los Jardines de Tívoli, el primer gran escenario al aire libre de la ciudad construido en el paseo de Gracia. La pareja formó una familia con dos hijos, Blanca y Ernesto Soler de las Casas, este último destacado por su labor como escritor, pintor y escultor. La esposa de Soler era, además, prima segunda de Antonio Bergnes de Las Casas, helenista y editor reconocido en la escena cultural de la época. En los jardines de Tívoli se fueron consolidando algunas de las primeras producciones de Soler, que ya allí empezaban a perfilar su trayectoria completa.
Los primeros años de Soler en la escena teatral se caracterizan por una combinación de sátira y parodia dirigidas al propio género teatral y a los hechos contemporáneos. En obras como La pau d'Espanya (1860), Soler arremete con ironía contra la campaña colonial de General Prim en África, mientras que Lo castell dels tres dragons (1865) desmonta, mediante la caricatura, el mito del héroe tradicional. En paralelo, la trayectoria de Soler se vio fortalecida por su traslado al teatro Romea en 1865, donde formó una compañía dedicada a hacer teatro en catalán. Su gestión le permitió evolucionar hacia la figura de empresario y director artístico del recinto, lo que abrió paso a nuevas producciones y a un mayor control creativo sobre los montajes. En esa etapa se estrenó, el 3 de octubre de 1867, La rosa blanca, otra de sus obras de gran repercusión y popularidad entre el público de la ciudad.
La maduración de Soler continuó en una segunda etapa que se abrió a partir de 1866 con la puesta en escena de Las joyas de la Roser. En este periodo su escritura refleja una inclinación hacia el conservadurismo político y estético: Soler se mostró crítico con la innovación republicana y defendió la idea de una restauración monárquica como marco para la estabilidad social. Este giro ideológico se aprecia en obras como Lo sagristá de Sant Roch, una pieza que ya mostraba una inclinación hacia la crítica de los cambios revolucionarios de la época y la preferencia por el orden tradicional. Paralelamente a su labor dramática, Soler cultivó la poesía y logró reconocimiento en los círculos literarios al obtener repetidamente victorias en los Juegos Florales, además de recibir, en 1875, la investidura como maestro en gay saber, un título que atestigua su prestigio intelectual dentro de la tradición poética de la nación.
En 1880 llevó a cabo la compra de la rectoría de la parroquia de Cervelló, conocida en la actualidad como Mas Pitarra, y llevó a cabo una restauración que la convirtió en una casa de descanso para sus seres queridos. Este lugar funcionó como un refugio artístico donde Soler invitaba a colegas y amigos, entre ellos Santiago Rusiñol y Anselm Clavé, para compartir ideas y piezas literarias. En sus composiciones teatrales, títulos como La Creu de la Masia y La pubilla de Can Pi rinden homenaje a la casa de campo y a la vida de las masías catalanas, fusionando la memoria rural con la sensibilidad contemporánea del autor.
Relevancia cultural y reconocimientos
La actividad de Soler en el teatro y la literatura fue reconocida en la década de 1880 con la significante responsabilidad de presidir los Juegos Florales en 1882. Su labor como creador de poesía se consolidó con la publicación de volúmenes como Nits de Lluna (1886), obras que reforzaron su prestigio dentro de la escena lírica de la época. En 1888, coincidiendo con la celebración de la Exposición Universal de Barcelona, Soler recibió una distinción de la Real Academia Española, otorgada por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, reconocimiento que subrayó su relevancia cultural más allá de las fronteras catalanas. Su vida profesional, marcada por el impulso del teatro catalán y la producción poética, dejó una impronta que trascendió su generación y alimentó debates sobre identidad y escena nacional.
La desaparición de Soler, ocurrida el 4 de julio de 1895 por un infarto, marcó el cierre de una era en la que Barcelona se convirtió en escenario de una experimentación teatral y de una vida cultural vibrante. Fue enterrado en el cementerio de Pueblo Nuevo, y el destino quiso que, en 1964, su cuerpo fuera trasladado a una sepultura del cementerio de Montjuïc, en consonancia con el deseo de reubicar su memoria dentro de un marco urbano más representativo. Ya avanzado el siglo XX, el reconocimiento popular dio un nuevo impulso: en 1906, gracias a una convocatoria de suscripción popular, se erigió en Las Ramblas un monumento dedicado a su memoria, obra del escultor Agustín Querol y del arquitecto Pedro Falqués, con un discurso pronunciado por su hijo Ernest Soler de Las Cases. Este tributo materializó la voluntad colectiva de mantener viva la legado de un artista que convirtió la risa en una forma de pensamiento crítico y de compromiso con su ciudad.
Fondo
El acervo personal de Frederic Soler se conserva en el Museo de las Artes Escénicas del Instituto del Teatro de Barcelona, institución que se ha responsabilizado de su catalogación y de preservar la memoria de su archivo para el estudio de las artes escénicas españolas. Este legado no solo reúne manuscritos y textos, sino también objetos, documentos y vestigios que permiten entender la vida de un creador que navegó entre la artesanía del reloj y la grandeza de la escena teatral. En ese conjunto, la identidad de Soler como artista y empresario cobra una forma material que facilita la investigación y la divulgación hacia nuevas generaciones.
- Serafí Pitarra: apodo que identifica la figura pública de Soler en el panorama teatral catalán.
- La esquella de la torratxa: obra emblemática que abrió la temporada en catalán y consolidó la presencia de Soler en el teatro regional.
- Mas Pitarra: nombre contemporáneo de la rectoría de Cervelló, lugar de retiro y encuentro artístico de Soler.
- Santiago Rusiñol y Anselm Clavé: figuras cercanas que compartieron con Soler la vida cultural de la época.
- Agustín Querol y Pedro Falqués: artífices del monumento en Las Ramblas, testimonio material de su memoria.