Vida Icónica VIDAICÓNICA

Gabino Gaínza

Nombre completo Gabino Gaínza y Fernández de Medrano
Descripción General y político español (1754-1829). Último Capitán General de Guatemala antes de la independencia de Centroamérica y presidente de la Junta Provisional Consultiva después de la independencia.
Fecha de nacimiento 20-10-1754
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 01-01-1829
Nacionalidad España
Ocupaciones político, militar
Idiomas español
Sugerencias y correcciones ¿Hay algún error, actualización pendiente o falta alguna biografía?
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.

Gabino Gaínza y Fernández de Medrano nació el 20 de octubre de 1753, en una región de la península Ibérica que disputa entre Vizcaya y Pamplona, en España. Su biografía transcurre dentro del marco del imperio hispánico y de un ámbito colonial que fue pasando de guerras y reformas a un proceso de emancipación en América. Su trayectoria abrió un murmullo de conflictos y transformaciones: desde la defensa de la Corona en Chile hasta la afirmación de una autoridad guatemalteca que terminó inmersa en una polémica anexión al Imperio mexicano, culminando en una vida que, para la década de 1820, ya despuntaba hacia el ocaso.

Gabino Gaínza — Imagen principal
Firma de Gabino Gaínza

Gabino Gaínza y Fernández de Medrano nació el 20 de octubre de 1753, en una región de la península Ibérica que disputa entre Vizcaya y Pamplona, en España. Su biografía transcurre dentro del marco del imperio hispánico y de un ámbito colonial que fue pasando de guerras y reformas a un proceso de emancipación en América. Su trayectoria abrió un murmullo de conflictos y transformaciones: desde la defensa de la Corona en Chile hasta la afirmación de una autoridad guatemalteca que terminó inmersa en una polémica anexión al Imperio mexicano, culminando en una vida que, para la década de 1820, ya despuntaba hacia el ocaso.

Militar de carrera

Integrante de las fuerzas del ejército español, Gaínza cruzó el Atlántico y desembarcó en Perú en 1783, donde tomó parte en la represión de la rebelión encabezada por Túpac Amaru II, episodio que marcó su primera gran participación en la lucha contra los movimientos de independencia que ya empezaban a efervescir en la región.

Posteriormente fue asignado a la guarnición de Guayaquil como coronel a cargo de la flotilla de lanchas cañoneras del puerto, operación que consolidó su vínculo con las autoridades regionales y fortaleció su posición dentro de las estructuras militares de la Corona. En 1799 contrajo matrimonio con Gregoria, hermana del futuro patriota Vicente Rocafuerte, enlace que estrechó aún más sus lazos con las elites locales.

Su carrera continuó con una progresión estable, sin sobresaltos marcados, que le permitió ostentar la distinción de Caballeros de San Juan, servir como funcionario de confianza de varios virreyes del Perú y alcanzar, en 1811, el rango de brigadier y la jefatura del Regimiento Real de Lima.

Jefe realista de la guerra en Chile

En 1814 fue enviado a Chile por el virrey Abascal con la misión de reimpulsar la lucha contra los gobiernos autónomos que ya habían emergido. Su llegada tenía como propósito reemplazar al mando local y coordinar una ofensiva que devolviera la iniciativa a las tropas realistas en la región.

La estrategia central consistía en reorganizar las fuerzas estacionadas en Chillán y abrir una vía para reimpulsar la acción contra las autoridades insurgentes, que habían establecido una posición de facto sin el aval directo del virreinato. Con ese objetivo, Gaínza llevó consigo una fuerza de desembarco considerable, junto con equipamiento, recursos y un pequeño contingente de refuerzo.

El primer encuentro decisivo tuvo lugar en Arauco, donde el 31 de enero se produjo su llegada y, días después, el 3 de febrero, mantuvo un encuentro con numerosos guerreros mapuches en lo que sería conocido como el Parlamento de Quilín de 1814. En aquella ocasión, obtuvo la adhesión de parte de los pueblos nativos, el reconocimiento de ciertos tratados con la Corona y la promesa del toqui de los arribanos, Mañil, de facilitar un contingente de 6.000 guerreros.

Con esa alianza establecida, Gaínza logró incorporar las fuerzas de Chillán y dio inicio a una campaña que exigía una coordinación lenta y obstinada.

Una de las columnas, conducida por Ildefonso de Elorriaga, consiguió tomar Talca el 3 de marzo, y la acción provocó la masacre de una pequeña guarnición patriota, así como la muerte heroica del comandante local, el coronel Carlos Spano. Este episodio desató una crisis política en Santiago, ya que la Junta Superior Gubernativa encabezada por Agustín Eyzaguirre había abandonado Talca y trasladado la mayor parte de las fuerzas a la capital. En pocos días, la Junta cayó y fue sustituida por Francisco de la Lastra en la dirección suprema.

Al día siguiente, el 4 de marzo, la suerte volvió a sonreír a Gaínza: milicianos al mando de Clemente Lantaño capturaron a los antiguos jefes del ejército patriota, José Miguel Carrera y Luis Carrera. Estas victorias iniciales, sin embargo, no aseguraron la continuidad de la campaña, que entró en una fase de combate prolongado y, a ratos, de retrocesos para ambos bandos. A partir de entonces se desarrolló una sucesión de combates y escaramuzas, que incluyó enfrentamientos como el Combate de Cuchacucha, el Combate de Gamero, el Combate de Quilo, el Combate de Membrillar, el Desastre de Cancha Rayada, el Combate de Guajardo, el Combate de Río Claro y el Combate de Quechereguas, algunas victorias y otras derrotas que iban marcando la tensión entre dos fuerzas exhaustas.

Al término de la serie de operaciones, el 5 de abril de 1814, ambos ejércitos habían quedado exhaustos y con una logística precaria. Aunque los realistas habían expandido su control hasta Talcahuano y Concepción, esa expansión exigió un costo alto para sus capacidades militares.

La posibilidad de una retirada fue algo que se debatió cuando llegó la noticia de que el comodoro inglés James Hillyar traía instrucciones del virrey para dialogar con los rebeldes. Tras algunas negociaciones, Gaínza suscribió el Tratado de Lircay, en el que se comprometía a abandonar la Província de Concepción tras obtener protestas de fidelidad a Fernando VII por parte de los plenipotenciarios patriotas, Bernardo O’Higgins y Juan Mackenna.

Todo parece indicar que el tratado fue, más que un acuerdo definitivo, una forma de establecer una tregua. Gaínza, al menos, no abandonó sus posiciones en la fecha prevista, y los patriotas tampoco. Sin embargo, el virrey Abascal reaccionó con una fuerte indignación al conocer el contenido del acuerdo, y ordenó que Gaínza fuera reemplazado por Mariano Osorio, con la instrucción de someterlo a proceso en Lima por excederse respecto de las órdenes dadas.

Resarciendo el prestigio

La corte marcial actuó con firmeza frente al caso de Gaínza. El alto mando debió esperar bajo custodia el desarrollo del proceso en Lima; finalmente, aunque fue absuelto en 1816, su reputación en el seno del ejército quedó seriamente dañada. En ese periodo, se dispuso su traslado a Quito, quedando sujeto a la jurisdicción del Virreinato de Nueva Granada.

A inicios de 1820 Gaínza, ya libre de la supervisión de superiores que lo miraban con recelo, obtuvo el cargo de General Subinspector de las fuerzas en el Virreinato de Nueva España y, un año después, recibió el llamado para ejercer como Jefe Político Superior de la Provincia de Guatemala. En el terreno militar, pasó a ser capitán general de Guatemala, con jurisdicción sobre Chiapas, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

El nombramiento provocó protestas por parte del nuevo virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, quien señaló ciertas simpatías de Gaínza con los insurgentes; también se alzaron las quejas del capitán general de Guatemala en ejercicio, Carlos de Urrutia y Montoya, quien alegó que la edad (67 años) restaba vigor a su liderazgo.

Firma la independencia de Guatemala

A pesar de la oposición, Gaínza logró hacerse con el nuevo cargo y, con ello, dio inicio a un periodo de transición que marcó la ruta hacia la independencia formal de la provincia. El 9 de marzo de 1821 asumió el ejercicio del poder gubernamental en la capital, contando con la confianza de una dirección que buscaba consolidar la separación de la Corona española.

En agosto de 1821, México logró su propia independencia bajo la égida de Agustín de Iturbide, y Gaínza, que ya se movía entre las lealtades y las realidades políticas del momento, se inclinó hacia el nuevo marco independentista. El 15 de septiembre de 1821 convocó un cabildo abierto en la ciudad de Guatemala, donde se declaró la independencia de la Provincia de Guatemala respecto de la Corona española. En aquel acta, que hoy se conoce como la Acta de Independencia de Guatemala —con la firma de Gaínza en primer lugar— quedó consignado que la provincia quedaba libre y soberana.

La decisión de ratificar la independencia en la región central debía ser ratificada por un congreso centroamericano que se reuniría en la capital en marzo de 1822, manteniendo en funciones a las autoridades coloniales hasta ese momento. De facto, Gaínza ejerció como el primer gobernante de Guatemala independiente, con un título que la fuente define como jefe político, una designación que anticipaba la creación de un nuevo marco político para la región. La independencia de Guatemala se extendió a las demás provincias de Centroamérica, que siguieron su ejemplo.

La anexión a México

Sin embargo, quedaba un asunto clave en la proclamación del 15 de septiembre: la relación de Guatemala con el recién surgido Imperio Mexicano.

El 29 de octubre de 1821, Iturbide, ya convertido en presidente de la regencia del Imperio, envió una invitación para que Guatemala se integrara formalmente a México. solicitó que las provincias centroamericanas enviaran representantes a las próximas Cortes Constituyentes que se reunirían en la capital mexicana. Pero también anunció que un ejército mexicano se acercaba a la frontera guatemalteca.

Gaínza respondió el 3 de diciembre de 1821, señalando la necesidad de consultar a los cabildos centroamericanos antes de tomar una decisión definitiva. El resumen de su contestación conseguía un balance entre cautela y afirmación: la respuesta se enviaría por correo el 3 de enero de 1822. En ese intervalo, la discusión se intensificó. El 5 de enero Gaínza remite un primer recuento: 32 ayuntamientos aceptaban la anexión, 104 estaban de acuerdo “con condiciones”, 2 se oponían y 21 sostenían que la cuestión requería la deliberación del congreso central.

La contienda dejó al descubierto tensiones administrativas y sospechas de manipulación: el secretario de la Junta Consultiva, Mariano Gálvez, fue señalado por algunos como quien habría ajustado el resultado a favor de la anexión. Aun así, numerosos pueblos —entre ellos Comayagua, Ciudad Real de Chiapas, Quetzaltenango y Sololá— aceptaron adherirse al Imperio, mientras que otras regiones optaron por mantener su autonomía, como Costa Rica, que más tarde, en 1823, protagonizó la guerra de Ochomogo entre republicanos e imperialistas.

A pesar de estas presiones, la declaración de la unión Guatemala–Imperio Mexicano se formalizó en un acta firmada en la ciudad de Guatemala el 5 de enero, y la decisión política quedó vinculada a la voluntad de Iturbide. En los hechos, el proceso evidencia una rapidez y una presión que llevaron a que Guinea se incorporara a la estructura imperial mexicana, con un marco normativo que buscaba reconocer su estatus como región integrada.

Los hechos se precipitaron: el 11 de enero, El Salvador denunció la anexión como ilegítima y se alzó en rebeldía bajo la dirección de José Matías Delgado y Manuel José Arce y Fagoaga. El 23 de enero, Iturbide designó a Gaínza capitán general de Guatemala con carácter provisional. El 25 de febrero, Gaínza ordenó que se jurara adhesión al Imperio de México. El 30 de marzo, Iturbide otorgó a Gaínza el título de Lugarteniente General del Reino y le ofreció la gubernatura de una provincia del Imperio o de Nueva Galicia, como premio por sus servicios. Gaínza solicitó que se enviaran las tropas mexicanas ya apostadas en la frontera, y estas llegaron a Ciudad de Guatemala el 12 de junio de 1822; el 23 de junio, por orden de Iturbide, Gaínza dejó el poder en manos de Vicente Filisola y partió rumbo a México.

El desenlace de la aventura guatemalteca con México mostró la escasa correspondencia entre las promesas y la realidad: Iturbide no cumplió con las garantías para Gaínza, y aquel veterano militar no obtuvo la gobernación de ninguna isla ni de ninguna provincia imperial. Su vida posterior quedó envuelta en la pobreza, y los datos de su fallecimiento se sitúan alrededor de 1829, clausurando una trayectoria marcada por la lealtad a la Corona y por los vaivenes de un siglo de transformaciones.

En los últimos años de su vida, Gaínza vivió fuera de la brillantez de antaño, a la sombra de las decisiones que tomaba la Madrid de las reformas y de los imperios que se desmoronaban. La memoria de su figura permanece ligada a un periodo de transición violento y contradictorio, en el que las lealtades se movieron entre la defensa del orden colonial y la apertura hacia las nuevas realidades políticas que surcaban el Atlántico. Su muerte, ocurrida hacia 1829, dejó constancia de una existencia dedicada al servicio de las autoridades virreinales, incluso cuando el mundo hispanoamericano estaba ya dando paso a una era de naciones emergentes.