Vida Icónica VIDAICÓNICA

George Berkeley

Nombre completo George Berkeley
Nombre nativo George Berkeley
Descripción Obispo anglicano, teólogo y filósofo irlandés
Fecha de nacimiento 12-03-1685
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 14-01-1753
Nacionalidad Reino de Irlanda
Ocupaciones filósofo, ministro anglicano, escritor, epistemólogo, filósofo de la ciencia, metafísico, ministro
Idiomas latín, francés, inglés
EsposasAnne Forster
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George Berkeley fue un pensador irlandés de profundo impacto en la tradición filosófica del siglo XVIII, destacado por proponer un empirismo radical y un modo de entender la realidad que cuestionaba la noción de una sustancia material independiente de la percepción. Su labor abarcó desde la enseñanza universitaria y la teología hasta la vida en las colonias americanas y el servicio episcopal en Irlanda. A lo largo de su carrera, defendió la primacía de la experiencia como fundamento del conocimiento y dejó una herencia que resonó tanto en la óptica como en la filosofía de la mente.

George Berkeley — Imagen principal
Firma de George Berkeley

George Berkeley fue un pensador irlandés de profundo impacto en la tradición filosófica del siglo XVIII, destacado por proponer un empirismo radical y un modo de entender la realidad que cuestionaba la noción de una sustancia material independiente de la percepción. Su labor abarcó desde la enseñanza universitaria y la teología hasta la vida en las colonias americanas y el servicio episcopal en Irlanda. A lo largo de su carrera, defendió la primacía de la experiencia como fundamento del conocimiento y dejó una herencia que resonó tanto en la óptica como en la filosofía de la mente.

Biografía

Berkeley nació en Dysert, una aldea cercana a Thomastown, en Irlanda, dentro de una familia de la aristocracia regional. Fue el primogénito de William Berkeley y recibió una educación temprana que lo preparó para estudios superiores en Kilkenny College. Posteriormente ingresó al Trinity College de Dublín, donde culminó sus estudios en 1707 y permaneció para obtener un título de profesor en Griego, iniciando así una trayectoria de docencia y investigación que marcaría su vida.

Durante sus primeros años de formación, Berkeley consolidó una base sólida en las humanidades y las matemáticas, lo que le permitió enlazar con un tipo de investigación que combinaba rigurosidad científica con inquietudes metafísicas. Su primera publicación de relevancia se orientó a la matemática, pero fue su ensayo de 1709, titulado Un ensayo hacia una nueva teoría de la visión, el que lo situó en el mapa intelectual europeo, pues cuestionaba las supuestas correspondencias fijas entre lo que percibimos y la realidad externa. En ese período, ya aparece su interés por la óptica y la forma en que la mente procesa la experiencia sensorial.

También en 1710 apareció su Tratado sobre los principios del conocimiento humano, un texto que expande la crítica a conceptos de la epistemología de la época y que sirvió de preludio a su obra más conocida. En 1713 publicó Tres diálogos entre Hylas y Philonous, una obra en la que la figura de Philonous —“amante de la mente”— defiende las tesis del irlandés frente a Hylas, que personifica la idea de la materia. En estos diálogos Berkeley expone de manera dialéctica su sistema, que cuestiona la existencia de substancias materiales y sostiene que la realidad se somete, en última instancia, a la percepción. En ese marco, la famosa máxima subyacente indica que “ser es ser percibido” o, en un matiz más neutro, que la existencia está inseparable de la experiencia.

La trayectoria de Berkeley durante la década siguiente combinó actividad académica y viajes que le permitieron formar parte de círculos intelectuales británicos y continentales. En Inglaterra tendría encuentros con figuras literarias y filosóficas de renombre que influyeron en su pensamiento y en su recepción pública. Entre 1714 y 1720, alternó su vida académica con un itinerario europeo de gran longitud, incluido un extenso periplo por Italia en lo que fue uno de los Grand Tours más notables de su tiempo.

En 1721 recibió las Sagradas Órdenes y obtuvo un doctorado en teología en Irlanda, decisión que lo llevó a quedarse en el Trinity College de Dublín para impartir clases de Teología y Hebreo. En 1724 fue nombrado decano de Derry, una posición eclesiástica de alto rango que consolidó su presencia en la Iglesia de Irlanda y que acompañó con su producción teológica y filosófica de la época.

Más adelante, en 1725, se embarcó en un proyecto de fundar una escuela para misioneros en las Bermudas, con la aspiración de sostener una institución educativa en las colonias que apoyara la labor religiosa y cultural de la Iglesia. Renunció al decanato, pues sus planes requerían una dedicación completa y recursos que no estaban garantizados. A partir de ese momento, Berkeley cruzó el Atlántico y desembarcó en Newport, Rhode Island, donde adquirió una plantación que más tarde sería conocida como Whitehall.

Durante su estancia en las colonias, el filósofo llevó a cabo varias operaciones de compra de esclavos para trabajar en la plantación, y su presencia en América quedó marcada por complejas tensiones entre sus ideas y las prácticas imperantes de la época. En 1730 adquirió un muchacho de circa catorce años y, a lo largo de 1731, bautizó a tres de sus esclavos, acciones que hoy se leen con un ojo crítico respecto a las implicaciones morales y éticas que rodeaban su labor colonial.

En la tríada de circunstancias que rodearon su vida en ese momento, también influyeron las discusiones que rodeaban la propiedad, la religión y la economía en las colonias. Sus sermones dirigidos a los colonos enfatizaban que eran coherentes con la enseñanza cristiana y que la religión podía permitir la esclavitud, argumentando que la conversión de los cautivos implicaba obediencia y una forma de libertad en el marco de la teología cristiana. Estas ideas se contemplan hoy como parte de un debate crítico sobre la ética de la esclavitud en la historia intelectual de Berkeley.

Sin embargo, las esperanzas de lograr un financiamiento para la escuela en Bermuda se vieron frustradas por la falta de apoyo sostenido desde el Gobierno británico. En 1732 Berkeley regresó a Londres, cediendo la iniciativa de la escuela en las Bermudas a un segundo plano y reorientando su actividad hacia otros frentes. En ese período, su vida quedó también marcada por una disputa que tuvo lugar en Inglaterra con Jonathan Swift y Esther Vanhomrigh, la cuestión de la herencia y la forma en que debía distribuirse entre los coherederos designados por Swift. Aunque Swift manifestó no guardar rencor por la cuestión, la controversia dejó una sombra que afectó a Berkeley en los años siguientes.

Para la década de 1730, el proyecto educativo en Bermuda ya no era viable, y Berkeley decidió concentrar su labor en Irlanda y en la Iglesia. En 1728 contrajo matrimonio con Anne Forster, hija de un destacado magistrado irlandés, y juntos emprendieron nuevas etapas de su vida entre Europa y América. A raíz de ese vínculo, su vida familiar creció con varios hijos y un compromiso que se manifestó tanto en su personalidad como en su obra intelectual.

Con la salida de las colonias, Berkeley se encontró de regreso en Inglaterra y, posteriormente, en su país de origen, sin perder de vista las tensiones que hubieran marcado su tiempo en el Nuevo Mundo. En las memorias de su familia y en las crónicas históricas se alude a la comunidad de artistas y pensadores que lo rodeó: el pintor escocés John Smibert' fue uno de los nombres a los que se le dio un papel destacado en la escena de Nueva Inglaterra, y su estancia en Rhode Island dejó una impronta que ha sido objeto de estudios sobre la relación entre filosofía y cultura visual en las colonias.

Además, Berkeley proyectó planes para una ciudad ideal en Bermuda y dejó constancia de diseños urbanos que reflejaban su aspiración de unir filosofía, economía y urbanismo en un modelo de progreso. Sin embargo, los cambios políticos y la retirada de apoyos hicieron que ese sueño no prosperara. En 1732, ante la acumulación de desaciertos y la falta de recursos, regresó a Londres para recomponer su vida y continuar con su labor académica y religiosa desde la capital británica.

En lo afectivo, la paternidad estuvo presente en varios momentos de su vida: él y Anne tuvieron cuatro hijos que sobrevivieron a la infancia —Henry, George, William y Julia— y al menos otros dos nacidos y fallecidos en la primera infancia. La pérdida de William en 1751 supuso un golpe profundo para su ánimo y sus proyectos privados, y dejó una huella duradera en su vida personal.

Inglaterra y Europa

Poco después de sus contactos iniciales con la corte y las élites intelectuales, Berkeley fue recibido en el círculo de figuras como Addison, Pope y Steele, que le facilitaron un canal para divulgar sus ideas. Entre 1714 y 1720, su labor acadèmica se entrelazó con extensos viajes por el continente, incluyendo una amplia travesía por Italia que se ha descrito como uno de los viajes culturales más ambiciosos de la época.

En 1721 tomó las órdenes sagradas en la Iglesia de Irlanda y recibió un doctorado en Divinidad. A partir de entonces, decidió permanecer en Dublín para continuar enseñando teología y, además, hebreo. En años posteriores recibió cargos eclesiásticos regionales, como decano de Dromore y después decano de Derry, consolidando su presencia como figura influyente en la vida religiosa de Irlanda.

En una fricción que marcó sus relaciones personales, Berkeley protagonizó, en 1723, una disputa con Jonathan Swift. Después de años de amistad, el novelista fue afectado por la decisión de Berkeley de nombrar coherederos a desconocidos, una decisión que generó comentarios y cuestionamientos entre los círculos literarios y jurídicos. Swift, por su parte, dejó claro que no guardaba rencor por la situación, pero la historia de esa herencia no dejó de atraer la atención del público y de los historiadores.

Más adelante, a principios de los años 20, Berkeley consolidó su carrera en la Iglesia y amplió su presencia académica gracias a su experiencia como docente y filósofo itinerante. En Bermuda, donde buscó fundar una institución para formar ministros y misioneros, dejó entrever una visión de la educación que combinaba la educación liberal con la misión religiosa, un rasgo distintivo de su proyecto. Whitehall, su plantación, simboliza aquella etapa de su vida en la que la filosofía y la vida colonial estuvieron entrelazadas de manera inseparable.

La cuestión de la financiación de la empresa educativa quedó fuera de sus manos cuando la opinión pública y las autoridades británicas cambiaron de postura. Las negociaciones y la falta de apoyo parlamentario culminaron con su retirada de América en 1732, cerrando un capítulo de su esfuerzo por transformar las colonias a través de la educación y la fe.

En lo personal, su vida en Irlanda y entre el Atlántico estuvo marcada por la vida familiar y las responsabilidades que conllevaba la crianza de sus hijos, así como por las tensiones propias de un hombre que combinaba una fe devota con una propuesta filosófica que desafiaba las convenciones de su tiempo.

Matrimonio y América

En 1728 contrajo matrimonio con Anne Forster, hija de un prominente funcionario del alto tribunal irlandés, y se llevó consigo a su nueva familia en un viaje hacia las colonias. Su llegada a Newport, Rhode Island, marcó un punto de contacto evidente entre las ideas y el estilo de vida de la élite culta irlandesa y la realidad colonial de América. Allí adquirió una plantación en Middletown, conocida popularmente como Whitehall, desde la cual desplegó labores agrícolas y de liderazgo económico.

Al poco, Berkeley adquirió esclavos para trabajar en la propiedad y su presencia en la región se convirtió en un caso paradigmático de la interacción entre filosofía, economía y la práctica esclavista de la época. Se ha señalado que su intervención en la esfera colonial incluyó la introducción de ciertos rasgos de diseño arquitectónico, como un cierto Palladianismo que se atribuye a la fachada de su vivienda Rhode Island, si bien esa afirmación ha sido objeto de debate entre historiadores.

Con John Smibert, artista escocés que se formó en Italia y que luego se convirtió en una figura clave para la plástica de Nueva Inglaterra, Berkeley contribuyó a la circulación de influencias culturales entre el Viejo y el Nuevo Mundo, al mismo tiempo que delineaba los planes de una ciudad ideal que pretendía erigirse en Bermudas. Sin embargo, la realidad de la financiación y la política en Londres hizo que esas visiones quedaran inconclusas.

Vivió en la plantación durante un periodo de espera, hasta que se hizo evidente que la subvención parlamentaria requerida para sostener el proyecto era imposible de asegurar. Con la retirada de los apoyos de Londres, la posición de Berkeley se volvió más precaria y terminó por abandonar la empresa en favor de retornar a la vida académica y eclesiástica en Europa. En ese marco, la vida familiar siguió su curso y, pese a las dificultades, se consolidaron vínculos que acompañarían sus años restantes.

Él y Anne tuvieron cuatro hijos que sobrevivieron a la infancia: Henry, George, William y Julia; otros dos hijos nacidos y fallecidos en la infancia completaron la experiencia familiar de Berkeley. La pérdida de William en 1751 fue particularmente dolorosa para el padre, y dejó una huella en su ánimo durante el último tramo de su vida.

Episcopado en Irlanda

Berkeley obtuvo la ordenación como Obispo de Cloyne en la Iglesia de Irlanda el 18 de enero de 1734 y fue consagrado el 19 de mayo de ese mismo año. Mantuvo ese cargo durante casi dos décadas, hasta su fallecimiento en 1753, ocurrido en Oxford, donde residía junto a su hijo en una etapa de retiro y reflexión.

Trabajo humanitario

Durante su residencia en Saville Street, Londres, se involucró en iniciativas orientadas a la protección de la infancia abandonada. En este marco nació el Foundling Hospital, institución que recibió una cédula real para su establecimiento en 1739 y que contó entre sus primeros gobernadores a Berkeley, consolidando su compromiso con una labor social que complementaba su labor educativa y religiosa.

Contribuciones

Las aportaciones de Berkeley abarcaron varias dimensiones del pensamiento y de la acción social, y su influencia se dejó sentir mucho más allá de su época. A continuación, se enumeran algunos de sus rasgos más destacados:

  • Empirismo radical que sostiene que la realidad está condicionada por la percepción y que las sustancias materiales independientes de dicha percepción carecen de fundamento claro en la experiencia.
  • Crítica a la noción de espacio y tiempo absolutos, lo que anticipa tendencias que más tarde serían desarrolladas por científicos y filósofos como Mach y Einstein, al rechazar la premisa de que el marco físico exista al margen de la observación.
  • Contribuciones a la óptica y a la teoría del conocimiento humano, elaborado en textos como el Tratado y los diálogos que integran su sistema filosófico.
  • Defensa de un idealismo subjetivo (término que se ha asociado al corpus berkeleyano), orientado a clarificar la relación entre el mundo externo y la mente que lo percibe, sin atribuirle a la materia una existencia independiente.
  • Influencia en la matemática gracias a su crítica a fundamentos del cálculo que estimuló debates que contribuyeron a una formalización más rigurosa de las teorías matemáticas de su tiempo.
  • Compromiso ético y social al participar en proyectos educativos y de atención a la infancia, como la fundación del Foundling Hospital, que reflejan su interés por la dimensión práctica de la filosofía y la teología.

En síntesis, la vida de Berkeley fue un crisol en el que filosofía, religión y experiencia colonial se entrelazaron de modo singular. Sus escritos, sus debates y sus decisiones públicas revelan a un pensador que, frente a las corrientes de su momento, insistía en situar la percepción como cimiento del conocimiento y en revisar críticamente las categorías de la materia, el espacio y el tiempo. Su legado continúa inspirando lecturas que buscan entender la naturaleza de la realidad y el papel de la mente en su construcción.

Imágenes de George Berkeley