Jerónimo Quijano
| Nombre completo | Jerónimo Quijano |
|---|---|
| Descripción | Escultor y arquitecto castellano (1500-1563) |
| Fecha de nacimiento | 30-11-1499 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 31-10-1563 |
| Nacionalidad | Corona de Castilla |
| Ocupaciones | escultor, arquitecto |
| Idiomas | español |
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Jerónimo Quijano fue un arquitecto y escultor español del siglo XVI cuyas obras configuraron el Renacimiento en Murcia y en el itsmo de localidades próximas. Nacido aproximadamente a comienzos de 1500 y fallecido en noviembre de 1563 en Murcia, su trayectoria combina el auge de grandes espacios sagrados con un lenguaje ornamental inspirado en modelos italianos. A través de su oficio, dejó una huella que conectó la tradición local con una visión renovadora de la arquitectura religiosa y cívica de la región.
Jerónimo Quijano fue un arquitecto y escultor español del siglo XVI cuyas obras configuraron el Renacimiento en Murcia y en el itsmo de localidades próximas. Nacido aproximadamente a comienzos de 1500 y fallecido en noviembre de 1563 en Murcia, su trayectoria combina el auge de grandes espacios sagrados con un lenguaje ornamental inspirado en modelos italianos. A través de su oficio, dejó una huella que conectó la tradición local con una visión renovadora de la arquitectura religiosa y cívica de la región.
Biografía
Sus inicios formativos se forjaron en Burgos, donde la formación técnica y la rigurosa disciplina del oficio marcaron su manera de entender la piedra y el conjunto espacial. En 1524 dio sus primeros pasos en el coro de la catedral de Jaén, trabajando junto a Andrés de Vandelvira, maestro cuyo enfoque en la proporción y la claridad estructural alimentó la intuición de Quijano para componer espacios sagrados con una lectura ordenada de la perspectiva y la luz.
La etapa murciana y la sucesión del maestro de obras consolidó su carrera cuando, a partir de 1526, recibió el cargo de maestro de la catedral de Murcia, tomando el relevo de Jacobo Florentino. Desarrolló esa función de forma continua hasta su muerte, y fue responsable de la sacristía y del segundo cuerpo de la torre, trabajos iniciados en 1525 que delinearon la silueta ceremonial de la sede episcopal y reforzaron la idea de que la arquitectura debía responder a las necesidades litúrgicas con una presencia imponente pero serena.
Desarrollo regional y proyección geográfica Quijano orientó su actividad hacia un arco que abarcó Lorca, Cehegín, Cartagena, Orihuela, Chinchilla de Montearagón y Albacete, entre otros puntos. En cada enclave dejó trazas inequívocas de una visión Renacentista que no renunció a la identidad local. Su obra demuestra una capacidad para adaptar las técnicas y las virtudes formales del Renacimiento a las condiciones materiales y culturales de las ciudades que acogieron sus proyectos, generando un patrimonio compartido por varias provincias.
Orihuela como centro de su creatividad En Orihuela destacó por el diseño del presbiterio de la iglesia de Santiago el Mayor, donde la búsqueda de claridad volumétrica y orden espacial se articula con un lenguaje influido por su mentor Vandelvira. concibió el conjunto del Colegio del Patriarca Loazes, conocido como Colegio de Santo Domingo, en el que la lectura de Serlio se manifiesta en la modularidad de las plantas y la jerarquía de los volúmenes. En la catedral de Orihuela llevó a cabo la realización de la rejería de factura renacentista y dio forma a la capilla mayor, cuyo remate fue ejecutado por artesanos franceses identificados como Savannan, según constan en la documentación de la época.
Contribuciones interiores en Albacete y beyond En la catedral de Albacete dejó rasgos distintivos en el interior, especialmente en las columnas de capitel jónico que sostienen las galerías y marcan el ritmo espacial de la nave. La autoría de otros templos de la región, como la colegiata de San Patricio en Lorca o la Iglesia de El Salvador en Caravaca de la Cruz, ha sido atribuida en diferentes momentos a su oficio, señal inequívoca de la influencia que su lenguaje dejó en el panorama de la arquitectura sacra de la provincia y más allá.
Chinchilla de Montearagón y la cúspide del plateresco local En Chinchilla de Montearagón diseñó el imponente ábside de la iglesia de Santa María del Salvador, una obra realizada entre 1536 y 1541. Para el crítico Fernando Chueca-Goitia, esa intervención representa la culminación del plateresco en la provincia de Albacete, al combinar innovaciones formales con la decoración estudiada y la integración de elementos escultóricos que acentúan la lectura litúrgica del templo.
Formulación del estilo y sus fuentes La arquitectura de Quijano se distingue por una monumentalidad decorativa que no renuncia a la sobriedad. Sus obras muestran un lenguaje que, si bien bebe de la tradición italiana de la época, mantiene una adecuación clara a las condiciones regionales: materiales, clima, técnicas de construcción y hábitos de uso de los espacios sagrados. Este cruce entre influencias transalpinas y realidades locales dio lugar a un repertorio único dentro del Renacimiento español y dejó una memoria visible en las ciudades que lo acogieron.
Relaciones con figuras de la época Su labor también incluyó contactos con otros grandes del siglo, como la valoración del trono arzobispal realizado por Alonso Berruguete para el coro de la catedral de Toledo. Este encargo demuestra la capacidad de Quijano para colaborar en proyectos de alto perfil y para intervenir en piezas que exigían un criterio técnico sólido y una sensibilidad hacia la integración de la escultura y la arquitectura en un conjunto catedralicio complejas.
Legado y memoria histórica En conjunto, la obra de Jerónimo Quijano representa una etapa decisiva en la recepción del Renacimiento en el sur de la Corona de Castilla. Su énfasis en la claridad espacial, la ornamentación bien medida y la adaptación de modelos italianos a la realidad regional convirtió sus templos en referentes de renovación architectural y en motores de la identidad cultural de las ciudades que los albergan. Su apellido persiste como símbolo de una generación que supo trazar, con piedra y metal, una visión cohesionada de lo sagrado y lo urbano en su tiempo.