José Ortega Munilla
| Nombre completo | José Ortega Munilla |
|---|---|
| Descripción | Escritor español |
| Fecha de nacimiento | 26-10-1856 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-12-1922 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | periodista, escritor, crítico literario, político, novelista |
| Grupos | Real Academia Española |
| Idiomas | español |
| Esposas | Dolores Gasset Chinchilla |
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José Ortega Munilla nació en una ciudad cubana llamada Cárdenas el 26 de octubre de 1856 y, pese a que pasó sus primeros meses en la isla, desarrolló casi toda su vida adulta en Madrid, donde murió el 30 de diciembre de 1922. Su figura se entrelaza con la historia de la prensa española gracias a su larga vinculación con el diario El Imparcial, al que llegó a dirigir. En su época, su producción literaria se inscribe dentro del realismo y su paso por la pluma fue decisivo para la coexistencia entre periodismo y novela.
José Ortega Munilla nació en una ciudad cubana llamada Cárdenas el 26 de octubre de 1856 y, pese a que pasó sus primeros meses en la isla, desarrolló casi toda su vida adulta en Madrid, donde murió el 30 de diciembre de 1922. Su figura se entrelaza con la historia de la prensa española gracias a su larga vinculación con el diario El Imparcial, al que llegó a dirigir. En su época, su producción literaria se inscribe dentro del realismo y su paso por la pluma fue decisivo para la coexistencia entre periodismo y novela.
Biografía
Desde muy joven, su familia lo trasladó a la capital española, y él mismo se consideró, a pesar de sus orígenes cubanos, un madrileño de adopción. Provenía de un linaje mixto: por parte de padre, José Ortega Zapata, natural de Valladolid, y por madre, María del Pilar Munilla Urquiza, de Extremadura. El padre ejercía un cargo relevante en la administración colonial cubana y, al mismo tiempo, cultivaba el periodismo como vocación; esa doble pertenencia dejó una huella en la educación de su hijo y en la atmósfera intelectual del hogar.
Durante su formación, Ortega Munilla recibió instrucción en seminarios situados en Cuenca y Gerona. Sin embargo, al estallar la revolución de 1868 dejó de lado los estudios e inclinó sus pasos hacia las facultades de derecho, movido por una inquietud que lo acercaba al clima de progreso que dominaba a la juventud de la época. En sus primeros años, ya manifestaba un afán por comprender el mundo a través de ideas nuevas y contundentes, algo que marcaría su estilo periodístico y literario en las siguientes décadas.
En el terreno profesional, se incorporó a La Iberia, una cabecera vinculada a uno de los grupos políticos que defendían cierto liberalismo moderado. En compañía de su amigo Miguel Moya, impulsó la creación de la revista La Linterna y también colaboró en un periódico taurino, El Chiclanero. Su trayectoria lo situó dentro de la corriente realista de la generación de 1868. Abrazó con claridad el positivismo y el krausismo, corrientes que influirían en su forma de ver la sociedad y la literatura, y defendió con firmeza el naturalismo como método narrativo para tratar las problemáticas sociales.
En el ámbito periodístico, asumió una modalidad de crónica semanal en Los Lunes de El Imparcial, una pieza que pasó a formar parte de la sección literaria de ese diario, que era el más prestigioso de su tiempo y que había sido fundado por Eduardo Gasset y Artime, su suegro. Más adelante, Ortega Munilla se convirtió en el director de la cabecera y desempeñó un papel decisivo en la conformación de una red de prensa que facilitó la llegada de voces emergentes de la Generación del 98 a un público amplio y ávido de nuevos enfoques.
En su vida personal, contrajo matrimonio el 9 de junio de 1881 con Dolores Gasset y Chinchilla, hija del fundador de El Imparcial. Del matrimonio nacieron cuatro descendientes: Eduardo, Rafaela, Manuel y José Ortega y Gasset, el filósofo que lograría reconocimiento universal. Cada uno transitó su propio camino: Eduardo terminó exiliado en Caracas; Rafaela falleció joven; Manuel dejó un legado como estudioso de la prensa; y José Ortega y Gasset, el menor en estatura y en edad, se convertiría en figura cumbre de la filosofía española del siglo XX.
En lo político, Ortega Munilla ejerció como diputado por el distrito de Padrón (La Coruña) en las elecciones de 1898, y su experiencia en el Congreso se prolongó con reelections que abarcaban un periodo que se extendió hasta 1910. Su trayectoria parlamentaria reforzó su perfil público y su influencia en las políticas culturales y de comunicación de la época. Su integridad y su vocación liberal liberal lo convirtieron en un actor destacado dentro de las instituciones representativas del país.
En el mundo de las letras públicas, la Real Academia Española lo acogió como miembro de número en 1902, y pronunció su discurso inaugural en torno a la figura de Ramón de Campoamor. Su relación con la familia Gasset y su rol dentro de El Imparcial lo situaron en la órbita de una dirección que fue, por décadas, un motor de difusión cultural. De hecho, su gestión convirtió la cadena de diarios en una plataforma que permitió la aparición y consolidación de voces de la Generación del 98, entre ellas Azorín, Pío Baroja y Valle-Inclán, que empezaban a dibujar una nueva sensibilidad literaria.
Viajó al exterior en 1916 junto a su hijo para recorrer los senderos de Argentina; el regreso estuvo marcado por un consejo médico que le sugirió retirarse de la actividad en la medida de lo posible y buscar reposo en la ciudad vasca de Vitoria. En 1917 fue objeto de una entrevista realizada por El Caballero Audaz, que dejó una evocación sobre su carácter y su influencia en el mundo cultural de la época.
En el verano de 1922, tras sufrir una hemiplejía en septiembre, su salud se deterioró hasta la pérdida definitiva, y falleció el 30 de diciembre en su domicilio madrileño, dejando tras de sí un legado de intensa dedicación al periodismo, la discusión intelectual y la narrativa que estuvo al servicio de entender una España en plena transformación.
Obra
Como periodista, acumula una producción superior a la centena de crónicas y artículos que se difundieron en una variada cantidad de cabeceras en español. Su dominio del humor, la fluidez de su prosa, la carga metafórica y el colorido de su lenguaje lo distinguen, además de una mirada atenta a lo cotidiano y a lo popular, rasgos que le permitieron mantener una viva agilidad narrativa hasta el último tramo de su vida, cuando ABC abrió sus columnas para sus textos.
Los temas que más lo ocuparon estuvieron vinculados a la infancia en condiciones precarias y a las decisiones que nacen en la irracionalidad humana, dos motivos que regresan con frecuencia en su obra. Sus lecturas de cabecera incluyen a Charles Dickens, Honoré Balzac y Benito Pérez Galdós, entre otros autores que nutrirían su visión de la realidad social y de las pasiones humanas.
En el plano narrativo, dio sus primeros pasos en la novela sentimental de posromanticismo, para luego transitar hacia un realismo cada vez más claro. A partir de la década de 1880 se inscribe en esa orientación realista, y desde El fondo del tonel (1881–1884) abraza el naturalismo en su intento de problematizar la vida de clases bajas, una línea que reaparece con fuerza en obras como El paño pardo (1916).
En Cleopatra Pérez (1884), que es su novela más marcadamente naturalista, la protagonista se ve enredada en una historia de linaje, fortuna y reputación. La relación con un noble y la desdicha que emerge cuando las circunstancias revelan una paternidad le dan a la narración un tono trágico que subraya las tensiones entre clase social y afecto. Esa trama culmina con una resolución que remeda la tragedia, recordando la complejidad de las relaciones en la corte.
Entre su producción narrativa, destacan títulos como La cigarra (1879) y Sor Lucila (1880), que muestran una sensibilidad romántica exagerada y una búsqueda de emociones intensas, seguidas de novelas como El fauno y la dríada (1882) o Idilio lúgubre (1887). En la década siguiente, La señorita de Cisniega (1918) y obras de madurez como Don Juan Solo contribuyeron a perfilar un retrato humano centrado en la soledad y el deseo de pertenencia.
Paralelamente, escribió novelas de itinerario y de enfoque social: Panza al trote (1885) anticipa fundamentos estéticos que posteriormente se nombrarían tremendismo; Don Juan Solo es un estudio de la soledad; El tren directo (1880) y El yegüerizo, Fifina, Tremielga (1897) muestran la destreza con la narración breve y el costumbrismo ligero que marcó su homenaje a la vida cotidiana.
En el terreno de los viajes, dejó constancia de sus recorridos en obras como Viajes de un cronista (1892), que exploran ciudades y países con una mirada ilustrada por la experiencia; Viñetas del Sardinero y Mares y montañas (1887) registran escenas de regiones y rutas que lo acercan a una escritura de crónicas de viaje, mezcla de observación y reflexión social.
En lo teatral, Estracilla (1918) adapta para el escenario la novela homónima publicada el año anterior, proponiendo una versión que pone en escena los conflictos de un Madrid cotidiano con un toque de teatralidad crítica. En el ámbito crítico, su labor carece de la severidad de un rigor académico, pero su mirada elogiosa y su entusiasmo por la literatura siempre se dejaron sentir.
A lo largo de su trayectoria, su producción crítica no alcanzó la misma altura que su prosa de ficción y crónica; fue considerado, en términos generales, como indulgente y afectuoso en demasía cuando evaluaba a otros autores, característica que, sin embargo, no eclipsó su valor como testigo de una transición literaria y cultural clave para España.
Escritos publicados
- Lucio Tréllez. Relación contemporánea, 1879.
- La cigarra. Relación contemporánea, 1879.
- Sor Lucila. Relación contemporánea continuación de La cigarra, 1880.
- El tren directo, 1880.
- El fondo del tonel. Relación contemporánea, 1880.
- El salterio. Cuentos y apuntes, 1881.
- El fauno y la dríada. Relación contemporánea, 1882.
- Relaciones contemporáneas, 1883.
- Pruebas de imprenta. Cuentos y artículos, 1883.
- Panza-al-trote. Relación contemporánea. Apuntes para el boceto de una figura, 1883 y 1885.
- Cleopatra Pérez. Relación contemporánea, 1884.
- Orgía de hambre, 1884.
- Idilio lúgubre, 1887.
- Viñetas del Sardinero: relaciones, 1887 y 1900, viajes.
- Mares y montañas: Vigo, San Sebastián, Panticosa, Linares, los Pirineos, Bilbao, viajes, 1887.
- Don Juan Solo. Relación contemporánea, 1889.
- Viajes de un cronista, 1892.
- Fifina: cuentos y esbozos, 1893.
- El espejo de la gloria, 1897.
- Tremielga, 1900.
- En memoria de Campoamor. Discurso de ingreso en la Real Academia Española, 1902.
- El paño pardo. Crónica de un villorrio en 1890, 1916 y 1921.
- La señorita de Cisniega, 1918.
- La gata embotellada, 1918.
- La princesa de Éboli, 1918.
- Estracilla. Páginas madrileñas de 1866, 1917 y 1918, teatro.
- Calandria, 1919.
- Milagritos, 1919.
- El mundo marcha, 1919.
- Relaciones contemporáneas: novelas breves, 1919.
- Salmos españoles, 1920.
- Aldea sierva (espejo del vivir nacional). Conferencia, 1920.
- Eladia (retazos de un cuento), 1920.
- La niña de México, 1921.
- Los tres sorianitos, 1921.
- La voz de los niños, 1922.
- El aventurero, 1922.
- Giordano o el cuento de los cinco perros, 1922.
- De Madrid al Chaco: un viaje a las tierras del Plata. Crónicas para El Diario de la Marina de La Habana, 1916—1917—y 1922.
- Una mujer muy conveniente, 1923.
- Chispas del yunque, 1923. Artículos aparecidos en ABC de Madrid entre 1920 y 1922.
- Esfinges de acero, 1929.
- Frateretto, cuento de oro y amores, s. a.
- La viva y la muerta, s. a., pero 1895, novela; versión italiana de 1902.