Vida Icónica VIDAICÓNICA

Juan de Ancheta

Nombre completo Juan de Ancheta
Descripción Escultor español (c. 1533 - 30.XI.1588)
Fecha de nacimiento 30-11-1532
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 30-11-1588
Nacionalidad España
Ocupaciones escultor
Idiomas español, euskera
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Juan de Ancheta —también conocido como Anchieta— es una de las figuras centrales de la escultura española del Renacimiento, activa principalmente en el norte peninsular durante el siglo XVI. Nacido hacia 1533 en el barrio de Urrestilla, Azpeitia (Guipúzcoa), y fallecido el 30 de noviembre de 1588 en Pamplona, dejó un legado marcado por la talla en madera y alabasto. Sus obras conectan tradiciones regionals con un clasicismo derivado de la imaginería romana, consolidando una voz propia que influyó notablemente en Navarra, Castilla y Aragón.

Juan de Ancheta — Imagen principal

Juan de Ancheta —también conocido como Anchieta— es una de las figuras centrales de la escultura española del Renacimiento, activa principalmente en el norte peninsular durante el siglo XVI. Nacido hacia 1533 en el barrio de Urrestilla, Azpeitia (Guipúzcoa), y fallecido el 30 de noviembre de 1588 en Pamplona, dejó un legado marcado por la talla en madera y alabasto. Sus obras conectan tradiciones regionals con un clasicismo derivado de la imaginería romana, consolidando una voz propia que influyó notablemente en Navarra, Castilla y Aragón.

Vida y obra

La trayectoria de Juan de Ancheta comienza en un entorno familiar hidalgo, instalado en una casa-torre señorial de Azpeitia que atestigua una genealogía ligada a la nobleza local. En su entorno social se entrelazaron alianzas que, tras disputas, lo acercaron a conexiones con los Loyola. Este origen le otorgó una visión arraigada en la tradición vasca, pero al mismo tiempo le permitió nutrirse de un mercado artístico y de talleres activo en Castilla que moldearían su desarrollo profesional.

Etapa castellana

Aunque algunos investigadores señalan la posibilidad de una formación nurida en Florencia, la evidencia más sólida apunta a un aprendizaje y desarrollo dentro de España. En Valladolid se firma la carta de aprendizaje de Anchieta el 26 de octubre de 1551, y su tutoría corre a cargo de su hermano mayor, Miguel de Anchieta, junto a Antonio Martínez, imaginero de Medina de Rioseco. En aquella coyuntura, podría haber colaborado con Gaspar Becerra en la ejecución de un retablo para la catedral de Astorga; otras crónicas sostienen que Anchieta participó en ese encargo, pero el resultado último se atribuye a un equipo cercano al taller de Becerra. Estas filiaciones permiten entender un itinerario vinculado al círculo de Juan de Juni y sus artes, sin descartar influencias del entorno romaico clásico que ya circulaba por la península.

Con el transcurso del tiempo, Anchieta centró su labor en Valladolid y Burgos, y el propio Juni lo llega a mencionar en su testamento como “el único escultor capaz de terminar” un retablo en Santa María de Mediavilla, en Medina de Rioseco. Estas palabras señalan el alto grado de estima que mantuvo el perfil de Anchieta en la red de talleres regidos por los Juni. A la postre, ese retablo fue finalizado por Esteban Jordán, lo que muestra la colaboración estrecha entre distintas generaciones de maestros del norte hispano.

Etapa navarra

De vuelta al País Vasco, Anchieta contrajo matrimonio con Ana de Aguirre y pronto llevó su vida profesional a Pamplona, donde su presencia se consolidó a partir de 1570. Venía ya perfilándose como un artesano con taller propio, y hacia 1577 alquiló viviendas en la Navarrería, barrio donde trabajaban maestros de la madera y donde inició una trayectoria asentada en la ciudad. Ya en 1585, adquirió una casa en la misma zona por una suma considerable, y en 1586 ingresó en el gremio de San José y Santo Tomás para poder ejercer con regularidad su oficio.

En Pamplona, su productividad se vio acompañada de grandes encargos. En 1571 concluyó las delicadas figuras de la capilla de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael para la catedral zaragozana, encargadas por Gabriel Zaporta, un notable prestamista de la época. Este encargo evidenció su dominio de la talla policromada y su capacidad para enfrentarse a programas iconográficos complejos. Poco después, entre 1575 y 1578, trabajó en la capilla de los Trinitarios de la catedral de Jaca, donde la figura de Dios Padre dialoga con la monumentalidad de la tradición miguelangelesca y con la rigidez clasicista que él empieza a integrar con mayor claridad.

Antes de 1579 —probablemente entre 1577 y 1579— realizó para la catedral de Pamplona la imagen del Cristo crucificado en la capilla de San Juan Bautista, encargado por el cabildo catedralicio. Esta talla es considerada una de las mejores del siglo XVI, situada en una línea de calidad comparable a la de Pompeyo Leoni en El Escorial. En 1583 viajó a El Escorial para tasar la estatua de San Lorenzo, de 4,20 metros de altura, obra de Juan Bautista Monegro que corona la fachada principal del monasterio. El encuentro le permitió estudiar de cerca las piezas de Leoni y el famoso Crucificado de Cellini, y, a partir de entonces, su lenguaje adquiere una lectura más clásica y sobria.

Entre otros proyectos de esa etapa figuran el sagrario (1581) y el retablo mayor de la iglesia de Santa María de Tafalla (1588). Aunque el maestro no logró ver el último tramo de esa gran obra concluido, su discípulo Pedro González de San Pedro siguió la traza y el programa iconográfico trazados por Anchieta, respetando la idea original y cerrando el conjunto con un acabado coherente. Este proceso de transmisión demuestra la influencia de su taller y la continuidad de su ideario estético incluso tras su desaparición.

Otra de las obras de ese periodo es la Virgen con el Niño y San Juan que se conserva en la iglesia de San Juan Bautista de Obanos (1588), un conjunto que resume el estilo monumental de la escuela juniana y la elegancia del clasicismo vasco. En esa misma década se realiza la Virgen de Tolosa, otra muestra destacada de su capacidad para conjugar monumentalidad, iconografía y técnica polícroma en alabastro y madera.

La última fase de su trayectoria se manifiesta en la amplia producción de la región: la Virgen de la Salve o de las Candelas, atribuida a Anchieta en Valladolid; La Virgen de los Remedios, en Villalba de la Loma; y una colección de piezas en la catedral de Pamplona y en la catedral de Jaca. Sus obras muestran un lenguaje cada vez más claro y una pulida ejecución técnica que, sin perder la expresividad, se alinea con un gusto clasicista que atravesaba el Renacimiento europeo.

Anchieta fue sepultado en el claustro de la catedral de Pamplona. En su lápida, según la cronística existente, se recoge una idea de su actitud ante el oficio: aunque no despreció el trabajo de otros, tampoco se dejó vencer por la vanagloria. Su memoria ha sido objeto de relecturas históricas que lo sitúan como un puente entre la tradición regional vasca y la corriente más amplia del Renacimiento italiano, ayudando a fijar una identidad escultórica del norte peninsular.

En suma, la trayectoria de Juan de Ancheta representa una etapa decisiva de la escultura hispana: un artista que supo articular influencias italianas con un espíritu local, dando lugar a un corpus de obras que consolidó una identidad regional rica y compleja, capaz de resonar en Navarra, Castilla y Aragón mucho después de su muerte.

Obras destacadas

  • Capilla de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, Catedral de Zaragoza (1571). Capas de alabastro policromado que integran iconografía bíblica con un lenguaje monumental propio de su tiempo.
  • Capilla de los Trinitarios, Catedral de Jaca (ca. 1575–1578). Dios Padre, tallado con un tratamiento que recuerda al Renacimiento italiano y a la vez conserva una sensibilidad local.
  • Cristo crucificado, Capilla de San Juan Bautista, Catedral de Pamplona (ca. 1577–1579). Uno de los crucificados más valorados del siglo XVI, a la altura de las grandes esculturas de su siglo.
  • San Lorenzo, estatua tasada en El Escorial (1575–1583). Obra de referencia para entender el acercamiento del escultor al clasicismo romano.
  • Sagrario, Iglesia de San Miguel de Aoiz (1581). Una de las piezas que muestran su manejo de la liturgia y la movilidad espacial del altar mayor.
  • Retablo mayor, Iglesia de Santa María de Tafalla (1588). Proyecto de gran resonancia que quedó inconcluso por la muerte del artista y continuado por su discípulo Pedro González de San Pedro.
  • Virgen con el Niño y San Juan, Iglesia de San Juan Bautista, Obanos (1588). Ejemplo culminante del lenguaje monumental y la delicadeza de la talla en alabastro y madera.
  • Virgen de la Salve o de las Candelas, Valladolid (atribuida al artista, ca. 1570). Obra que suma a su corpus una lectura devocional de la Virgen.
  • Capilla funeraria de Martín de Sarasa y Juana de Aranda, Capilla Barbazana, Catedral de Jaca (1569). Retablo en alabastro policromado con iconografía de la Santísima Trinidad.
  • San Jerónimo penitente, Museo de Navarra (talla del último tercio del siglo XVI). Obra representativa de su culminación estilística y de la recepción en espacios museísticos modernos.