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Lucas Ferro Caaveiro

Nombre completo Lucas Ferro Caaveiro
Descripción Arquitecto español
Fecha de nacimiento 30-11-1698
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 30-11-1769
Nacionalidad España
Ocupaciones arquitecto
Idiomas español
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Entre los artesanos del Barroco gallego emergió Lucas Antonio Ferro Caaveiro, un maestro de obras cuyo oficio sentó las bases de lo que años después se conocería como aparejador y, en sentido más amplio, como arquitecto técnico. Su labor, profundamente arraigada en Lugo y Santiago, ilustra una trayectoria que combina destreza estructural, gusto por la monumentalidad y una sensibilidad que anticipa transformaciones estilísticas en Galicia durante el siglo XVIII.

Lucas Ferro Caaveiro — Imagen principal
Firma de Lucas Ferro Caaveiro

Entre los artesanos del Barroco gallego emergió Lucas Antonio Ferro Caaveiro, un maestro de obras cuyo oficio sentó las bases de lo que años después se conocería como aparejador y, en sentido más amplio, como arquitecto técnico. Su labor, profundamente arraigada en Lugo y Santiago, ilustra una trayectoria que combina destreza estructural, gusto por la monumentalidad y una sensibilidad que anticipa transformaciones estilísticas en Galicia durante el siglo XVIII.

Biografía artística

Nació en 1699 en la aldea de Santiago da Capela, ubicada en la llamada Capela, dentro de la provincia de La Coruña, cuando esa región aún formaba parte de una provincia distinta a la actual. A lo largo de su vida, Ferro Caaveiro se convirtió en una figura central de la arquitectura gallega, destacándose por su habilidad para adaptar el barroco a las exigencias de cada emplazamiento y por su capacidad para gestionar proyectos complejos que requerían un equilibrio entre lo funcional y lo decorativo.

En Lugo

Las primeras noticias documentadas sobre su actividad llegan a partir de 1727, cuando se le reconoce trabajando en los diseños para una capilla vinculada a un reconocido arquitecto de la época, Fernando de Casas Novoa, en el interior de la catedral de Lugo. Entre 1727 y 1732, Ferro Caaveiro parece haber adquirido un notable prestigio en la ciudad amurallada, lo que le abrió puertas para encargos de gran envergadura. En 1730 llevó a cabo la construcción de la casa de los Sangro, un palacete que marcaría presencia dentro del tejido urbano de Lugo y que sería modificado hacia finales de la década de 1760. Al año siguiente intervino en la capilla de San Roque, fuera de la muralla de la ciudad, repitiendo funciones de renovación que luego volvería a ejecutar en 1734, consolidando su papel de maestro de obra capaz de reorganizar estructuras antiguas para adaptarlas a nuevas necesidades litúrgicas y urbanas.

En el terreno institucional, la corporación municipal le encomienda un proyecto de mayor envergadura: la construcción de la casa consistorial de Lugo, preparada para convertirse en una de las piezas cimeras del conjunto urbano lucense. Las obras, iniciadas en la década de 1730, se prolongaron a lo largo de más de una década, hasta 1744, y demostraron la habilidad de Ferro Caaveiro para integrar elementos preexistentes con soluciones constructivas modernas. El edificio resultante exhibía dos plantas, una primera arcada que permitía una circulación fluida y una segunda planta con huecos rectos y balcones gemelos. En el centro emergía un ático coronado por un frontón curvo, que lucía el escudo de la monarquía tallado en relieve. A ambos extremos de la fachada se elevaban campanarios, y entre el ático y las campanas se disponían balaustres adornados por volutas que acentuaban el movimiento del conjunto. El conjunto, además, se beneficia de pilastras en relieve que remiten al barroco compostelano, generando un dinamismo de luces y sombras que imprime a la edificación un ritmo característico del periodo. Posteriormente, en el siglo XIX se añadió una torre que trastocó la lectura unitaria de la obra original.

En Santiago

Posteriormente se trasladó a Santiago de Compostela para incorporar su oficio a la fachada del Obradoiro de la catedral, un encargo compartido con Fernando de Casas Novoa y Clemente Fernández Sarela, aparejador responsable de la sede. Cuando Sarela fallece a fines de 1749, Ferro Caaveiro asume la dirección de las obras y, durante unos meses, hasta febrero de 1750, pasa a ostentar el cargo de maestro arquitecto del cabildo catedralicio, asumiendo la responsabilidad de completar el conjunto bajo su égida técnica y profesional.

En la misma etapa santiaguesa, las religiosas del Monasterio de San Pelayo de Antealtares confían en su labor para rematar la fachada denominada dos Carros, que incluía un mirador-torreón de notable solvencia visual. Ferro Caaveiro ejecuta estas tareas hasta 1753, resolviendo de manera adecuada un espacio difícil que dificultaba la percepción desde distintos puntos de la ciudad y que exigía un tratamiento sostenido de las perspectivas. En ese periodo también se proyecta una vivienda de la Rúa Nova, número 40, en la ciudad de Santiago, una muestra más de su capacidad para establecer soluciones habitables en contextos de variada configuración urbanística.

En 1754, Ferro Caaveiro concluye la última de sus obras señeras en la capital gallega: la capilla de las Angustias de Abajo, conocida hoy como la iglesia de San Fructuoso, ubicada tras el Palacio de Rajoy y frente a la antigua cárcel municipal. La planta central, inscrita en una cruz griega y rematada por una cúpula, se distingue por un lienzo decorativo que envuelve la nave. La fachada se articula a partir de placas y pilastras encajadas que, organizadas como un retablo, enfatizan la calle central y adelantan la lectura de la arquitectura. El frontón que corona el conjunto porta el escudo de la monarquía, y la composición incluye una única campana en un cuerpo sobrio, con una cornisa que se remata mediante una balaustrada adornada con cuatro virtudes cardinales, motivo popular de la época. La relación entre los planos y el paisaje urbano que rodea la obra genera una lectura invertida: las partes superiores, al estar situadas en una cota diferente respecto de la Praza do Obradoiro, revelan mayor monumentalidad que las zonas inferiores. Este proyecto, que siguió recibiendo atención y retoques, se inscribe entre los antecedentes de un rococó que Fer o Caaveiro ya mostraba en sus volúmenes y en su manejo de la ornamentación. En la ejecución trabajó el escultor José Gambino.

Entre los años 1756 y 1757, Ferro Caaveiro intervino en la reparación del puente del Sar y en la mejora de la vía de acceso hacia Orense, tareas que ampliaron su radio de acción más allá de los muros urbanos y le obligaron a coordinar soluciones técnicas para el tráfico y la circulación de personas y mercancías en un radio periurbano.

Los últimos años

En 1758, el cabildo compostelano le encomienda las trazas de la nueva fachada de la Azabachería, un sustituo de la portada medieval. A mediados de 1759 asume la dirección de los trabajos, compartiendo tareas con Clemente Fernández Sarela. Sin embargo, en 1762 las obras quedan paralizadas cuando ya se ha erigido la primera planta y parte de la segunda, y el cabildo decide solicitar un nuevo proyecto, que presentaron Ferro y Sarela. Tras varios informes, la corporación opta por buscar un arquitecto distinto, prescindiendo de ambos maestros. En 1765 la dirección pasa a manos de Domingo Lois Monteagudo, cerrando así un ciclo de intensas gestiones y cambios en la dirección de las obras catedralicias.

En 1764, Ferro Caaveiro presentó un proyecto para la Casa de la Use de Santiago (la casa consistorial de la ciudad), que fue rechazado, pues la ejecución quedó encomendada a un ingeniero francés, Charles Lemaur. Este episodio ilustra las transformaciones que afectaban a la arquitectura barroca: la preferencia por un neoclassicismo emergente que acompañaba a la politización del gusto dominante de la corte borbónica. A partir de entonces, aunque el arquitecto siguió activo en reformas de los patios del Hospital Real de Santiago, su impulso creativo parece quedarse en silencio, rodeado de complicaciones y cambios de encomiendas.

La vida profesional de Ferro Caaveiro se cerró en un marco de incertidumbre. Tras su fallecimiento en 1770, su viuda recurrió a la cabildo catedralicio para buscar apoyo, reflejo de las tensiones económicas que acompañaban a los artesanos de su generación cuando el siglo empezaba a transitar hacia nuevas modas y nuevas estructuras administrativas. Su legado, no obstante, dejó una huella de continuidad entre el barroco pleno y las reformas que terminaron por consolidar la arquitectura técnica en Galicia.

Vídeo sobre Lucas Ferro Caaveiro