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Manuel Goded Llopis

Nombre completo Manuel Goded Llopis
Descripción Militar español
Fecha de nacimiento 15-10-1882
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 12-08-1936
Nacionalidad España
Ocupaciones militar
Idiomas español
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Manuel Goded Llopis nació en San Juan de Puerto Rico el 15 de octubre de 1882 y falleció en Barcelona el 12 de agosto de 1936. Procedía de una familia con arraigo militar de origen catalán; su padre ocupaba la jefatura de la artillería. Tras la derrota en la guerra hispano-estadounidense, la familia retornó a la península y se afincó en el continente. Su trayectoria castrense se forjó en un periodo convulso que atravesó la etapa de la Restauración, la Segunda República y el inicio de la Guerra Civil.

Manuel Goded Llopis — Imagen principal

Manuel Goded Llopis nació en San Juan de Puerto Rico el 15 de octubre de 1882 y falleció en Barcelona el 12 de agosto de 1936. Procedía de una familia con arraigo militar de origen catalán; su padre ocupaba la jefatura de la artillería. Tras la derrota en la guerra hispano-estadounidense, la familia retornó a la península y se afincó en el continente. Su trayectoria castrense se forjó en un periodo convulso que atravesó la etapa de la Restauración, la Segunda República y el inicio de la Guerra Civil.

Biografía

Carrera militar

Desde los primeros años, Goded se embarcó en la carrera de las armas a los catorce años, al ingresar en la Academia de Infantería de Toledo, institución que marcaría la base de su formación y de su visión operativa. En aquel ambiente recibió la instrucción que le permitiría afrontar escenarios complejos en África y en las estructuras de mando del Ejército. La etapa de aprendizaje fue decisiva para su posterior accionar en las campañas que definirían su carrera.

En 1905 ya se hallaba al frente de funciones relevantes, alcanzando el estatus de capitán dentro del Estado Mayor y demostrando una vocación por la planificación y la organización. Su ascenso se fue nutriendo de las operaciones de la época, en las que la movilidad y la coordinación entre unidades resultaban cruciales. La experiencia adquirida en estos años lo situó en el camino de las promociones siguientes y lo vinculó a las decisiones estratégicas que marcarían los años venideros.

Durante la campaña de Marruecos, su carrera recibió un impulso notable: en 1924 obtuvo la presea de coronel y, dos años después, el rango de general de brigada, a la par que se implicaba activamente en operaciones de alto perfil. En este periodo formativo participó en el Desembarco de Alhucemas y cumplió funciones de mando como jefe del Estado Mayor del general José Sanjurjo, lo que enfatizó su capacidad para manejar estructuras complejas y coordinadas. Este tramo de su biografía consolidó su posición en la élite militar de la época.

En 1927 recibió el grado de general de división, un hito que reflejaba no solo su trayectoria sino también la confianza depositada en su capacidad para dirigir grandes fuerzas. A partir de entonces, Goded figuró entre los oficiales que configuraron el centro de gravedad del mando durante una etapa de reorganización y de tensiones políticas crecientes. La distinción obtenida puso de relieve su influencia dentro de las primeras décadas del siglo.

Con el advenimiento del régimen de Primo de Rivera, Goded mostró una actitud ambivalente: al inicio recibió apoyo, pero poco después se involucró en maniobras que lo alejaron de ese proyecto político. En 1930 llegó a ejercer, de forma interina, las funciones del Ministerio del Ejército sustituyendo temporalmente a Dámaso Berenguer, lo que subrayó su condición de figura clave en la jerarquía militar y su capacidad para asumir responsabilidades de alto nivel ante escenarios cambiantes. Estas actuaciones reflejaron su habilidad para adaptarse a contextos políticos turbulentos, aunque también le granjearon recelos entre distintos sectores del régimen.

Con la inauguración de la Segunda República, Goded fue nombrado jefe del Estado Mayor Central del Ejército, asiento que le dio una influencia central en la planificación y la dirección de las operaciones. Su trayectoria durante estos años estuvo marcada por la controversia, especialmente por el Incidente de Carabanchel, que provocó su cesantía en 1932 y desencadenó un periodo de desajustes en su carrera. Este episodio evidenció las fracturas internas del Ejército frente a la nueva configuración política.

Poco después, el gobierno de Alejandro Lerroux le concedió nuevamente la amnistía y Goded regresó a la vida militar, retomando funciones y manteniendo su presencia en las filas de la institución. La reconciliación con el poder republicano le permitió conservar un estatus relevante y seguir participando en la toma de decisiones estratégicas en momentos de crisis.

En octubre de 1934 entró en escena una colaboración con Francisco Franco, a orden del gobierno republicano, para contener la revuelta de Asturias. Tras aquella acción, el gobierno radical‑cedista lo designó director general de Aeronáutica y jefe de la III Inspección del Ejército, cargos que le otorgaron control administrativo sobre áreas críticas de la defensa y la tecnología aeronáutica. Estas responsabilidades subrayaban su perfil de líder técnico y organizador de capacidades militares.

En 1935 se integró a la Unión Militar Española, una entidad clandestina, y desde su Junta Central volvió a enlazar contactos con otros altos mandos que se habían mantenido al margen del poder tras el golpe fallido de 1932. Su involucramiento en este círculo clandestino mostró su decidida participación en la estrategia de ciertos sectores del ejército ante la creciente polarización política.

A comienzos de 1936, ante la emergencia de un nuevo gobierno del Frente Popular, fue apartado de Madrid y desplazado como comandante general a las Baleares, con la expectativa de que esa jefatura, alejada de los centros decisorios, impediría que fraguasen movimientos eficaces en su contra. La prudencia de esa decisión contrapesó las sospechas que lo rodeaban y trató de evitar un desbordamiento contrario al régimen republicano.

De forma activa, Goded participó en la conspiración militar que desembocó en el estallido de la Guerra Civil y recibió la designación para comandar la rebelión en Barcelona. Este encargo lo situó en un papel central en el curso de los acontecimientos que marcaron la contienda civil y definieron el paralelismo entre fuerzas rebeldes y leales a la República.

La mañana del 19 de julio de 1936, tras la sublevación de varias guarniciones, declaró el estado de guerra y tomó el control de Mallorca e Ibiza. En consonancia con lo pactado, se trasladó a Barcelona en un hidroavión escoltado por una formación de aviones para dirigir la sublevación en la ciudad. Esta maniobra fue un intento de consolidar rápidamente el frente insurgente en la región mediterránea.

Al arribar a Barcelona, logró destituir y detener al general Francisco Llano de la Encomienda, mando de la IV División Orgánica, pero no consiguió imponer su autoridad en la ciudad. Tras duros combates, decidió rendirse y buscar una salida que minimizara el derramamiento de sangre. La retirada fue percibida como un episodio crucial en el desarrollo de la rebelión en la zona.

Su voz dejó de ser privada y resonó en todo el país por radio, donde su declaración alentó a los simpatizantes del régimen sublevado y proyectó un mensaje de ánimo para aquellos que apoyaban la causa contraria. Este instante se convirtió en un símbolo de la dinámica entre las dos Españas en aquellos días cruciales.

Después fue trasladado al barco‑prisión Uruguay, junto a otros rebeldes capturados, para cumplir su cautiverio en un entorno marítimo que simulaba un penal flotante. La espera culminó con el veredicto de traición por el consejo de guerra, pronunciado el 11 de agosto de 1936 y respaldado por la condena a muerte. El siguiente día, 12 de agosto, fue ejecutado mediante fusilamiento en los fosos del castillo de Montjuïc, junto a otros militares como Álvaro Fernández Burriel.

Imágenes de Manuel Goded Llopis