Manuel Martínez Ancira
| Nombre completo | Manuel Martínez Ancira |
|---|---|
| Descripción | Torero mexicano |
| Fecha de nacimiento | 10-01-1946 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 16-08-1996 |
| Nacionalidad | México |
| Ocupaciones | matador |
| Idiomas | español |
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Manuel Martínez Ancira nació en Monterrey, en el estado de Nuevo León, y desde joven se adentró con determinación en el mundo del toreo. Su trayectoria, marcada por esfuerzos continuos y una presencia inconfundible, lo llevó a convertirse en una referencia central del toreo mexicano a finales del siglo XX. Su historia no solo es la del triunfo en la plaza, sino también un relato de disciplina, entrega y un legado que trasciende generaciones de aficionados.
Manuel Martínez Ancira nació en Monterrey, en el estado de Nuevo León, y desde joven se adentró con determinación en el mundo del toreo. Su trayectoria, marcada por esfuerzos continuos y una presencia inconfundible, lo llevó a convertirse en una referencia central del toreo mexicano a finales del siglo XX. Su historia no solo es la del triunfo en la plaza, sino también un relato de disciplina, entrega y un legado que trasciende generaciones de aficionados.
Perfil familiar
Nació en una familia con recursos estables, lo que le dio la posibilidad de desarrollarse en un ambiente privilegiado. Su padre, Manuel Martínez Carranza, fue ingeniero y ejerció como director de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad de Nuevo León. En su linaje también aparece un vínculo con la historia mexicana: su tío-abuelo fue un presidente cuyo nombre es célebre en la memoria del país. Este trasfondo familiar, sin embargo, convive con la aspiración de un muchacho que soñaba con las distintas plazas y el desafío del ruedo, más allá de la comodidad de la casa. En torno a su figura se tejió un ambiente en el que la disciplina y la tradición taurina se presentaban como un camino posible, incluso cuando las tensiones entre afición y expectativas familiares eran notorias.
Comienzos
La chispa del toreo en Manuel emergió dentro de la charrería, actividad típica que moldeó su vínculo con el caballo, la caballerosidad y la precisión. Inició sus prácticas con becerras en la ganadería “El Colmenar”, propiedad de su hermano Gerardo, ubicada en una región de la frontera con Coahuila. Contaba con el apoyo de un personaje clave, Álvaro Garza Elizondo, quien también compartía el mundo del charro y aportó impulso técnico y moral para encaminarlo hacia la tauromaquia. Tras completar la preparatoria, intentó estudiar Ingeniería Agrónoma, pero la atracción por la tauromaquia resultó más poderosa y terminó por seguir ese sino. Su decisión fue firme: abandonar el hogar para abrazar de lleno la profesión que lo llamaba. Su primera aparición con el terno de luces ocurrió en Monterrey en 1959; el traje, con un linaje importante, había pertenecido primero al torero español Diego Puerta.
La etapa de aprendizaje continuó en el interior de la República: debuts con picadores en la Plaza La Aurora de Nezahualcóyotl, Estado de México, el 1 de noviembre de 1964, compartiendo cartel con otros matadores y enfrentando novillos de la ganadería La Laguna. En esa ocasión, la experiencia fue el preludio de una carrera que ya mostraba destellos de su eventual proyección y de la conexión con el público que iría forjando a lo largo de los años.
La siguiente gran cita llegaría el 20 de junio de 1965, cuando pisó la Plaza México para enfrentarse a un novillo de la Viuda de Franco. En esa corrida compartió cartel con otros toreros de renombre y, para muchos, marcó el arranque de una etapa decisiva. Apenas una semana después, iniciaría una breve etapa novilleril que le proporcionó la experiencia necesaria y lo llevó a completar alrededor de treinta actuaciones antes de hacerse un lugar definitivo entre los profesionales.
Doctorado y trayectoria
Un momento decisivo de su historia está ligado a la figura de Lorenzo Garza, apodado El Ave de las Tempestades, quien regresó a los ruedos con la finalidad de concederle la alternativa en la ciudad de Monterrey el 7 de noviembre de 1965. El toro de la ceremonia provino de la ganadería Mimiahuapam y recibió el nombre de “Traficante”. En aquella tarde, Martínez Ancira logró cortarle una oreja al animal, mientras que el sexto ejemplar le asestó una cornada que dejó una marca en su primer gran evento de confirmación.
Durante esa gran temporada, el torero se aventuró por primera vez a las plazas de Sudamérica, un continente que lo recibió con un recibimiento notable y con una notable demanda de su presencia, especialmente en el país vecino de Venezuela, donde su estampa y su valor le granjearon un prestigio considerable. En esa etapa, la amistad y la ayuda de su colega Carmelo Torres facilitaron que se presentara en más de sesenta corridas, consolidando así una imagen que ya se proyectaba más allá de las fronteras mexicanas. Tras aproximadamente treinta presentaciones, recibió la alternativa definitiva en la Plaza México, el 12 de febrero de 1967, con el español Juan García “Mondeño” como padrino y el mexicano Mauro Liceaga como testigo, enfrentando al toro “Cid” de la misma ganadería mencionada. En la jornada siguiente, cuajó una faena destacada a “Halcón” del ganadero Chucho Cabrera, lo que lo consagró como una figura capaz de llenar la necesidad de una nueva generación de aficionados y líderes taurinos. Su ascenso fue meteórico y lo ubicó en la primera fila del toreo nacional, con un récord de 57 actuaciones en esa campaña y una intensa rivalidad con el veterano Manuel Capetillo en la afamada casa de El Toreo.
El toreo español lo recibió por primera vez en Toledo el 5 de junio de 1969, alternando con los maestros Antonio Ordóñez y Paco Camino, frente a un encierro de Cunhal Patricio; logró cortar dos orejas en aquella tarde, un logro que aumentó su prestigio internacional. La campaña dejó un saldo de 49 corridas y lesiones que afectaron su calendario, como las caídas en Bilbao, Murcia y Cáceres, imposibilitándolo para cumplir con la promesa de una temporada de 60 actuaciones.
La confirmación definitiva en Madrid llegó al año siguiente. En presencia de Santiago Martín “El Viti” y con Palomo Linares como testigo, se le dio muerte a Santanero de Baltasar Ibán, evento que se convirtió en un hito, aun cuando sus actuaciones en la capital española fueron parciales y generaron una respuesta desigual de la afición madrileña. A partir de ese episodio, su presencia en España se volvió más selectiva, con apariciones puntuales en Marbella (1974) y en la Feria de Abril de Sevilla (1978).
Segunda Etapa
Tras un primer retiro anunciado para el 30 de mayo de 1982, Manuel regresó a los ruedos en 1987 para continuar su carrera. Su despedida definitiva de la Plaza México llegó el 4 de marzo de 1990, en un mano a mano compartido con Jorge Gutiérrez y ante ganado de la ganadería La Gloria. Esa última etapa consolidó su estatus como uno de los intérpretes más notables de la tauromaquia mexicana y cerró un capítulo de la historia taurina que había dejado huella en varias generaciones.
Estadística
Entre las gestas que consolidaron su lugar en la historia, destaca que fue el diestro con más actuaciones en la Monumental Plaza México, suma que alcanza las 91 corridas, y que consiguió la mayor cantidad de apéndices en ese recinto, con 10 rabos y 81 orejas. lideró los paseíllos en temporadas significativas, como 1971-1972 (10), 1972-1973 (9), 1978 (8) y 1979 (8), y obtuvo en tres ocasiones el codiciado estoque de oro, símbolo de su afán por la excelencia en cada salida a la arena.
Últimos años
En los últimos tiempos de su vida, Martínez Ancira orientó su experiencia hacia la promoción y el acompañamiento de novilleros, desempeñando roles de empresario en varias plazas de México y cuidando de su propia ganadería. Su época representó, para muchos, el cierre de una era dorada del toreo en el país y un momento de fervor popular, que se expresaba con gritos de apoyo en los tendidos, como aquella consigna que resumía la sentimiento de la afición: “¡Manolo, Manolo y ya!”.
Falleció en La Jolla, California, el 16 de agosto de 1996, a causa de un cáncer de hígado que, según las notas de su entorno, habría sido vinculado a complicaciones derivadas de una hepatitis crónica provocada por una cornada sufrida durante su trayectoria profesional.
Impacto cultural y profesional
Durante sus 31 años de actividad, Manuel Martínez Ancira estuvo acompañado por tres apoderados y un representante en Venezuela, en un sistema de gestión que combinó el manejo artístico, mediático y financiero para sostener su estatura. En ese entramado, destacaron figuras como Pepe Luis Méndez, su mentor regiomontano Álvaro Garza, y su compadre José Chafic Handam junto a Carmelo Torres, quienes sostuvieron una estructura que convirtió a Manuel en el icono taurino más influyente de su tiempo. Su relación con otras disciplinas artísticas se manifiesta en la pintura de Pancho Flores, la escultura de Humberto Peraza, y en las escritas de Pepe Alameda, Rafael Loret de Mola y Guillermo H. Cantú, entre otros, así como en las producciones de cine de Juan Ibáñez y Cat Fletcher, que expandieron su presencia fuera de la arena. Un crítico taurino, en su análisis de la figura regiomontana, describió su legado de esta forma: una presencia imponente, orgullosa y atractiva, capaz de perdurar en la memoria como símbolo de la época dorada del Toreo Mexicano en el siglo XX.
- Datos: Q3286426