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Marcelino Camacho

Nombre completo Marcelino camacho abad.
Descripción Sindicalista y político español (1918-2010)
Fecha de nacimiento 21-01-1918
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 29-10-2010
Nacionalidad España
Ocupaciones político, sindicalista, escritor, metalúrgico, líder sindical
Idiomas español
HermanosVicenta Camacho Abad
EsposasJosefina Samper Rojas
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Marcelino Camacho Abad nació en La Rasa, Soria, el 21 de enero de 1918, y su trayectoria de vida estuvo ligada a la defensa de los derechos de la clase trabajadora. Desde sus orígenes modestos hasta convertirse en un referente del sindicalismo español, atravesó épocas convulsas, exilios forzados y múltiples responsabilidades políticas. Su papel como impulsor de una central obrera decisiva y su participación en la vida pública dejaron una huella indeleble en la historia reciente de España.

Marcelino Camacho — Imagen principal

Marcelino Camacho Abad nació en La Rasa, Soria, el 21 de enero de 1918, y su trayectoria de vida estuvo ligada a la defensa de los derechos de la clase trabajadora. Desde sus orígenes modestos hasta convertirse en un referente del sindicalismo español, atravesó épocas convulsas, exilios forzados y múltiples responsabilidades políticas. Su papel como impulsor de una central obrera decisiva y su participación en la vida pública dejaron una huella indeleble en la historia reciente de España.

Biografía

Guerra y exilio

En sus primeros años, Camacho ingresó en el <<>>, y poco después amplió su actividad en la UGT, siguiendo el example de su padre, quien trabajaba como guardagujas en la estación de Osma-La Rasa. Tras el alzamiento militar de 1936, él y otros ferroviarios intervinieron para obstaculizar el avance de las tropas sublevadas, cortando las vías y creando obstáculos al tren que transportaba el enemigo. Su destino lo llevó a atravesar a pie la sierra de Guadarrama para sumarse al bando republicano y participar en el conflicto bélico que marcó aquella época.

Al concluir la guerra, fue detenido por la Junta de Casado, una autoridad que pactó la rendición de Madrid, y sufrió una desalentadora travesía que incluyó un periodo de clandestinidad. Fue juzgado por su defensa de la Segunda República y recibió condenas que lo enviaron a distintos campos de trabajos forzados, hasta terminar en Tánger, un destino que marcó su exilio obligado y su deseo de regresar a la vida pública con renovada determinación.

En 1944, tras una fuga de prisión, emprendió el camino hacia Orán, en Argelia, un enclave que se convirtió en refugio para numerosos republicanos. En ese contexto fronterizo, él encontró libertad gracias a la solidaridad de la diáspora y conoció a Josefina Samper Rosas, con quien contrajo matrimonio en 1948. La vida en el exilio consolidó su compromiso político y humano, al tiempo que fortalecía su vínculo con el movimiento obrero que buscaba regresar a una España democrática.

Lucha sindical y oposición antifranquista

Con la oportunidad de volver a su país en 1957, tras recibir un indulto, Camacho retomó su oficio de obrero metalúrgico en Perkins Hispania. Allí emergió como representante de los trabajadores y se convirtió en uno de los motores de la fundación de Comisiones Obreras (CCOO), una agrupación sindical que trataba de abrir cauces de participación y de lucha social dentro de un régimen autoritario. Por sus acciones, fue perseguido políticamente y encarcelado en varias ocasiones, siendo trasladado a la cárcel de Carabanchel y, durante un periodo, a una prisión provincial de Soria, donde estuvo en huelga de hambre durante diez días y vivió momentos de intensa presión policial y laboral.

Al salir de la prisión, Camacho lanzó un vocabulario contundente que dejó claro su espíritu de resistencia: ni la represión ni la desmovilización serían la derrota de su pueblo. Estas experiencias se vincularon al duradero proceso de adaptación del movimiento obrero a la realidad de la dictadura, que sería crucial para su posterior papel de liderazgo en las décadas siguientes.

Dirigente de CCOO y del PCE

En 1976, cuando CC.OO. se reorganizó como confederación, Marcelino Camacho fue elegido secretario general, asumiendo la dirección de la organización durante un periodo clave de transición hacia la democracia. A la sazón ya formaba parte del Comité Central del PCE y participaba activamente en la vida política de la nación. Fue diputado por la Circunscripción de Madrid en las elecciones generales españolas de 1977 y repitió su escaño en las de 1979, aunque renunció al cargo de diputado por desacuerdo con ciertas reformas laborales respaldadas por el Parlamento y el propio PCE.

Como dirigente de CCOO, condujo la organización hasta 1987, periodo durante el cual la central alcanzó una posición de liderazgo sin precedentes en España y se convirtió en el primer sindicato del país. Su gestión coincidió con momentos de gran movilización contra la OTAN y con intensas protestas estudiantiles en el curso académico 1986/87. En 1987 dio paso a la titularidad honorífica de Presidente de la confederación, cediendo el puesto de secretario general a Antonio Gutiérrez.

Años después, iniciaron una serie de desencuentros con la dirección encabezada por Gutiérrez, que provocaron tensiones about la estrategia sindical y el futuro del cooperativismo social que defendía. En el marco del 6.º Congreso de CC.OO. (1996), la fracción oficialista se opuso a la candidatura presidencial que la minoría crítica proponía para Camacho, quien recibió el respaldo de 366 votos frente a 571 en contra, con 43 abstenciones y un puñado de votos nulos. Este episodio evidenció la fractura interna del movimiento, aun cuando Camacho siguió vinculado a la organización en su federación de Pensionistas y compaginó su militancia con el PCE y la IU.

Durante toda esta etapa, mantuvo su compromiso con la defensa de los trabajadores y mantuvo vigente su afiliación a CCOO, además de continuar como miembro del PCE y de la Izquierda Unida. Su carné de simpatizante de CC.OO. llevaba el número 1, como símbolo de su larga trayectoria dentro del movimiento obrero español.

Reconocimiento social

El reconocimiento público hacia Camacho se consolidó a través de distinciones que subrayaron su aportación a la Constitución y a los valores democráticos. Recibió la Medalla al Mérito Constitucional, otorgada por el Rey en el marco de una ley que premiaba a quienes trabajaron por la vigencia de la Carta Magna y sus principios. Este reconocimiento se inscribió en una trayectoria que había elevado la actividad de los trabajadores a un plano cívico y cultural, fortaleciendo la memoria histórica de la España reciente.

En el ámbito familiar, vivió junto a su esposa en Majadahonda, tras abandonar su domicilio de Carabanchel por la falta de ascensor. Tuvieron dos hijos, Yenia y Marcel, y su testimonio quedó recogido en las memorias Confieso que he luchado, publicadas en 1990 con prólogo de Manuel Vázquez Montalbán. Este libro ofreció una mirada íntima a una vida dedicada a la defensa de la dignidad de la clase trabajadora.

El legado de Camacho fue objeto de homenaje institucional: en 2007, el mundo político y sindical le rindió tributo en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid, en un acto que se tituló Marcelino: historia de un compromiso y que contó con la presencia de figuras del gobierno y de las centrales sindicales, junto a representantes culturales y políticos. Aquel encuentro terminó con la interpretación de canciones emblemáticas y con un mensaje de continuidad de la lucha por la libertad y la justicia social.

Posteriormente, en 2008, recibió otro homenaje, esta vez en un formato más informal organizado por CCOO en su auditorio de Madrid, que se convirtió en un espacio de memoria y reflexión para los militantes y los simpatizantes. En este acto participaron destacados escritores, poetas y cantautores, y fue presentado por personalidades diversas, subrayando la influencia cultural de su obra en la sociedad española.

En reconocimiento a su trayectoria educativa, la Universidad Politécnica de Valencia le otorgó el título de doctor honoris causa en 2001, seguido por la Universidad de Cádiz en 2008. Estos reconocimientos institucionales reforzaron la idea de que su activismo no sólo fue político y sindical, sino también cultural y educativo, vinculando la memoria de su lucha con las nuevas generaciones.

Legado y memoria

La vida de Camacho dejó una inercia de lucha que trascendió su propia generación. Su figura sirvió para recordar la dignidad de los trabajadores y la necesidad de participar en la vida pública como un compromiso permanente. En un gesto de memoria cívica, se dio nombre a un paseo en su antiguo barrio de Carabanchel, un acto que la Ayuntamiento de Madrid impulsó a partir de la Ley de Memoria Histórica para rescatar la memoria de quienes defendieron la libertad durante años de dictadura. A lo largo de 2018, centenares de personas, entre ellas sus descendientes y familiares, participaron en la inauguración de la placa y en una caminata conmemorativa que terminó en el nuevo nombre del tramo urbano.

La vida y las ideas de Marcelino Camacho siguen siendo motivo de estudio y debate dentro de las escuelas de historia social y de las ciencias políticas, porque muestran cómo la lucha por la justicia laboral puede convivir con el compromiso cívico y la defensa de la democracia. Su historia, cargada de episodios de resistencia, exilio y retorno, se convirtió en una enseñanza de perseverancia frente a la adversidad y de capacidad para unir a trabajadores, intelectuales y dirigentes en favor de un proyecto colectivo. Su lema, recordado en cada acto público, recordaba que la dignidad no se negocia ni se vende: “¡Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar!”.

Muerte

Marcelino Camacho falleció el 29 de octubre de 2010, a las 1:30 de la madrugada, en un hospital de Madrid, después de afrontar una larga enfermedad. Fue enterrado en el Cementerio civil de Madrid, junto a su esposa, quien murió ocho años después, cerrando un capítulo de su vida que había trascendido generaciones y que dejó un modelo de coraje cívico para la memoria colectiva.

Imágenes de Marcelino Camacho