Mariano Herencia Zevallos
| Nombre completo | Mariano Herencia Zevallos |
|---|---|
| Descripción | Presidente del Perú en 1872 |
| Fecha de nacimiento | 15-10-1821 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 02-02-1873 |
| Nacionalidad | Perú |
| Ocupaciones | político, militar |
| Idiomas | español |
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Mariano Herencia-Zevallos y Larrauri fue un militar y político peruano cuya vida transcurrió en la primera mitad del siglo XIX. Nacido en un entorno de conflictos y transformaciones, supo combinar la acción en el campo de batalla con la responsabilidad de cargos públicos. Su trayectoria lo llevó a presidir de forma breve el Congreso Constituyente de 1867 y, como primer vicepresidente, a asumir la jefatura del Estado en un periodo crucial, antes de perder la vida en circunstancias polémicas durante la década de 1870. Este perfil reconstruye, con base en hechos documentados, un itinerario de lucha, poder y controversia.
Mariano Herencia-Zevallos y Larrauri fue un militar y político peruano cuya vida transcurrió en la primera mitad del siglo XIX. Nacido en un entorno de conflictos y transformaciones, supo combinar la acción en el campo de batalla con la responsabilidad de cargos públicos. Su trayectoria lo llevó a presidir de forma breve el Congreso Constituyente de 1867 y, como primer vicepresidente, a asumir la jefatura del Estado en un periodo crucial, antes de perder la vida en circunstancias polémicas durante la década de 1870. Este perfil reconstruye, con base en hechos documentados, un itinerario de lucha, poder y controversia.
Biografía
Carrera militar
Nacido en un asentamiento denominado Supalla, dentro del entonces territorio de la Intendencia del Cuzco, ahora ubicado en la jurisdicción de Chapimarca, Apurímac, Herencia-Zevallos creció en un entorno sinalado por el quehacer militar y la política. Su padre, Tomas de Herencia Zevallos, fue efectivo joven en el Regimiento de Milicias y posteriormente ocupó cargos de relevancia local, mientras que su madre, María Larrauri, pertenecía a familias cuzqueñas de origen sostén.
Desde pequeño recibió formación en el Cuzco y, más tarde, se trasladó a la capital peruana para continuar sus estudios y empezar a trabajar en el ámbito gubernamental. En 1838 dio un salto hacia la vida militar: se incorporó a las filas para enfrentar la expansión de la Confederación Perú-Boliviana, que marcó un periodo de intenso enfrentamiento entre caudillos y fuerzas centralistas. En ese marco, su carrera adquirió protagonismo al ejercer funciones de mando en provincias cercanas a Abancay y Aymaraes, donde ejerció de manera combinada tareas administrativas y tácticas.
Durante la década de 1840, participó de una coyuntura revolucionaria que buscaba restablecer el marco constitucional. En 1843 tomó partido en la alianza que encabezó Domingo Nieto y Ramón Castilla contra el Directorio de Vivanco; el movimiento obtuvo triunfo al año siguiente tras una confrontación decisiva. En su propio avance, mantuvo una trayectoria de movilidad entre ciudades andinas y la costa, siempre listo para responder a las convocatorias de los gobiernos que se sucedían en un país convulso.
En ese periodo fue objeto de un revire de persecuciones políticas que le obligaron a buscar refugio en su hacienda próxima a Abancay y, más tarde, en Andahuaylas. En una de las acciones de esa época, lideró la toma de equipamiento de un batallón de voluntarios para respaldar la Revolución Liberal de 1854, manifestando un claro compromiso con las fuerzas que promovían la modernización institucional. Este episodio le valió un ascenso a coronel tras la batalla de La Palma y obtuvo el reconocimiento de la Convención Nacional de 1855, que selló su ascenso en la escala militar.
En años posteriores ocupó distintas responsabilidades: diputado por Aymaraes, prefecto en Huancavelica y luego en Ayacucho, así como comandante general de la IV división con base en el Cuzco. Su intento de orquestar una nueva revolución contra el gobierno de Castilla en 1859 terminó en rendición ante la falta de apoyos, pero dejó constancia de su carácter impetuoso y su capacidad para maniobrar en un tablero político cambiante. En las memorias de históricos como Mendiburu, se deja constancia de la percepción de que era un agitador por naturaleza, alguien que recorría provincias sembrando inquietud y proclamas de carácter exótico, a menudo con una carga retórica de ambición personal.
Con el estallido de la revolución nacionalista de 1865, Herencia-Zevallos volvió a la escena central. Lideró la columna de avanzada que ingresó a Lima para hacerse con el control de la capital y lideró la defensa ante la amenaza de la escuadra española en el Pacífico, participando en la acción del Callao en 1866. Su desempeño le permitió ser designado prefecto del Callao, territorio estratégico para la defensa de la nación ante potencias extranjeras.
En 1867 fue elegido diputado por Cusco para integrarse al Congreso Constituyente y, durante esa misma etapa, asumió brevemente la presidencia de la cámara entre julio y agosto. Sus pares señalan, con distintas valoraciones, que su intervención parlamentaria fue más bien de voto discreto que de oratoria ruidosa, un rasgo que, sin embargo, no restó protagonismo a su vida pública. Más tarde, su posición fue ajustada por la represión política que siguió a las tensiones entre caudillos, lo cual lo llevó a involucrarse en movimientos que desbordaron la institucionalidad de la época.
Presidencia de la República
La muerte violenta del presidente Balta y el asesinato del caudillo Tomás Gutiérrez, ocurridos en 1872, desencadenaron una crisis de liderazgo en el país. En ese contexto, el segundo vicepresidente, Francisco Diez-Canseco, ejerció provisionalmente la jefatura, mientras se resolvía la sucesión conforme a la Constitución vigente. En ese marco, el cargo recaería, por derecho constitucional, en Herencia-Zevallos como primer vicepresidente, a la espera de la designación definitiva del cargo. Así, el 27 de julio del año 1872, asumió la presidencia de la República y mantuvo la conducción del Estado durante una semana, hasta la llegada del gobierno electo de Manuel Pardo y Lavalle.
Durante esos días, el gabinete encabezó Juan Antonio Ribeyro, al frente de la cancillería, y contó con la participación de destacados ministros en áreas como Gobierno, Justicia, Hacienda y Guerra. Este ciclo de transición permitió que el país mantuviera cierta estabilidad institucional pese a las turbulencias propias del periodo. Un hecho comentado por la prensa de la época señala la reapertura del diario El Comercio, que había estado clausurado, como una señal de normalización democrática tras el cambio de mando.
Su breve estancia en el poder marcó un momento de transición y de gestión limitada, orientada a facilitar la entrega del poder al presidente electo. En ese marco, su gestión fue descrita por varios cronistas como un ejercicio de contención ante las tensiones heredadas de una época de guerras civiles y rebeliones, manteniendo un papel de reconciliación entre distintas facciones políticas.
Asesinato
Aun cuando aceptó la legitimidad de la elección de Manuel Pardo, Herencia-Zevallos fue acusado pronto de conspirar contra el gobierno y fue detenido en Arequipa junto a Domingo Gamio, un veterano líder de la región. En lugar de someter a juicio a estos prisioneros, el gobierno dispuso enviarlos a trabajar en la frontera con Brasil, con la tarea de seleccionar lugares para fortificar la frontera peruano-brasileña. Sin embargo, Herencia-Zevallos rechazó la comisión y solicitó la licencia definitiva de su rango, solicitud que no prosperó y que fue objeto de obediencia forzada por decreto a finales de diciembre de 1872.
La pareja de prisioneros fue entregada al mando del coronel Manuel Segundo Cornejo, quien llevó a cabo la misión de trasladarlos hacia la cercanía de Iquitos. Al aproximarse a Chinchao, en las cercanías de Tingo María, el grupo decidió pernoctar en una hacienda. En la madrugada del 2 de febrero de 1873, según relatos de la época, se produjo un intento de fuga que motivó que los guardias respondieran con disparos, dejando sin vida a ambos prisioneros en circunstancias que generaron controversia y especulación sobre posibles motivaciones políticas y personales.
La versión oficial y las conjeturas de la opinión pública apuntan, con distintas lecturas, a que el responsable directo de la ejecución fue el coronel Cornejo, sin que ello eliminara la sombra de una responsabilidad gubernamental en un clima de desconfianza generalizada hacia las autoridades de entonces. El caso provocó críticas intensas en el Parlamento y en la prensa, que pusieron en tela de juicio la gestión del gobierno de Manuel Pardo y la forma en que se manejaron las concesiones y las penas.
Los restos de Herencia-Zevallos fueron inhumados en el Cementerio General de Huánuco, pero con el tiempo fueron trasladados a Abancay, donde quedó registrado su paso por la historia regional y nacional. Su vida, marcada por la lucha y la controversia, dejó también una estela de preguntas sobre los límites entre lealtad cívica y ambición personal, así como sobre las circunstancias de su desaparición que durante mucho tiempo alimentaron debates entre historiadores y filamentos de la memoria peruana.