Marta Colvin
| Nombre completo | Marta Colvin |
|---|---|
| Descripción | Escultora chilena |
| Fecha de nacimiento | 22-06-1907 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 27-10-1995 |
| Nacionalidad | Chile |
| Ocupaciones | escultor, pintor |
| Idiomas | español |
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Marta Colvin Andrade emergió como una de las voces más definidas de la escultura chilena del siglo XX, capaz de convertir la piedra, el bronce y la madera en formas que dialogan con el paisaje andino y con las memorias de los pueblos. Nacida en Chillán en 1907 y fallecida en Santiago en 1995, su trayectoria cruzó fronteras y años de intensa actividad académica y artística, dejando un legado que trasciende su oficio y se proyecta en museos, parques y colecciones públicas de varios continentes. Su nombre se asocia a una técnica depurada y a una búsqueda formal que conjugó tradición y modernidad, y a una vida marcada por la perseverancia y la curiosidad intelectual.
Marta Colvin Andrade emergió como una de las voces más definidas de la escultura chilena del siglo XX, capaz de convertir la piedra, el bronce y la madera en formas que dialogan con el paisaje andino y con las memorias de los pueblos. Nacida en Chillán en 1907 y fallecida en Santiago en 1995, su trayectoria cruzó fronteras y años de intensa actividad académica y artística, dejando un legado que trasciende su oficio y se proyecta en museos, parques y colecciones públicas de varios continentes. Su nombre se asocia a una técnica depurada y a una búsqueda formal que conjugó tradición y modernidad, y a una vida marcada por la perseverancia y la curiosidad intelectual.
Biografía
Colvin Andrade vino al mundo en la ciudad de Chillán a mediados de 1907, en una familia con influencias irlandesas por parte de su padre, James Colvin, y con raíces chilotas y portuguesas por la vía materna, que se entrelazaron con su entorno diverso. A los dieciséis años contrajo matrimonio con Fernando May Didier, un agricultor de ascendencia francesa, con quien formó una familia y fijó su residencia en el campo cercano a Chillán, en el fundo El Mono, lugar que marcaría sus primeros años de vida doméstica y artística. En ese periodo inicial, la joven Marta dio sus primeros pasos en el mundo de la creación, rodeada de un ambiente en el que la artesanía y la tradición ocupaban un papel central.
El inicio de su trayectoria plástica se gestó en Chillán gracias a un encuentro fortuito con Noemí Mourgues Bernard, una escultora de origen europeo que le aportó la primera experiencia práctica con la greda y el modelado. Este encuentro detonó una curiosidad que la llevó a compartir inquietudes con otras artistas, entre ellas las fundadoras del grupo Tanagra, con las que empezó a delinear una ruta de exploración sensible, técnica y conceptual que la acompañaría durante décadas.
La tragedia sísmica de 1939 marcó un hito decisivo: el terremoto que devastó Chillán destruyó su casa y obligó a la familia a reorganizarse. Marta se trasladó a la capital junto a sus hijos, mientras su marido se quedaba en el sur para continuar con las labores agrícolas. En la ciudad, comenzó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile (1939-1945), encontrando allí maestros influyentes como Julio Vásquez y Lorenzo Domínguez que ampliarían su horizonte formativo.
Una década de labor docente marcó su relación con la enseñanza. En 1943 fue designada ayudante del Taller de Escultura de Vásquez, y con los años ascendió a profesora auxiliar, para convertirse en titular en 1957 y permanecer en ese cargo hasta 1972. Su presencia en la institución dejó una impronta de rigor técnico y apertura a la investigación plástica, fortaleciendo una generación de artistas que convivieron en ese periodo.
Formación y contactos internacionales llevó su curiosidad más allá de las fronteras chilenas. Después de su titulación, viajó al extranjero para ampliar horizontes: en la Académie de la Grande Chaumière, en París (1948-1949), trabajó junto a Henri Laurens y Ossip Zadkine, y allí mismo profundizó en Historia del Arte en el Louvre y en Estética en la Sorbona. Más tarde, en la Slade School de la Universidad de Londres (1951 y 1953), afinó su vocación con otros enfoques y métodos de vanguardia. En Inglaterra convivió con F. E. McWilliam y se vinculó a figuras como Herbert Read y Henry Moore, con quien tejió una amistad que la acompañaría y nutriría su visión escultórica.
La influencia de Moore fue decisiva al reforzar en ella la valoración de una tradición cultural precolombina como base espiritual y estética para su propio lenguaje. Este diálogo entre lo prehispánico y lo contemporáneo la llevó a recorrer Perú y Bolivia, donde estudió y absorbió expresiones culturales ancestrales que enriquecerían su corpus formal y simbólico, expandiendo su horizonte de búsqueda y su reconocimiento internacional.
Reconocimiento y consolidación llegó a partir de mediados de los años sesenta, cuando obtuvo el Gran Premio Internacional de Escultura en 1965 por la obra Las torres del silencio, realizada en piedra. Esta pieza fue adquirida en 1970 por una institución belga y se instaló en el Museo de la Escultura al Aire Libre de Middelheim, cerca de Amberes, consolidando su presencia en el circuito europeo de arte público.
Trayectoria y galardones continuaron a lo largo de las décadas: en 1970 recibió el máximo galardón nacional, el Premio Nacional de Artes Plásticas de Chile; a esa distinción se sumaron la Medalla del Congreso Nacional (1970) y la Orden al Mérito Docente y Cultural “Gabriela Mistral” en grado de Gran Oficial (1989). Su labor fue reconocida repetidamente con menciones, becas y distinciones que atestiguan su aporte al arte chileno y su proyección internacional.
La vida en Francia le ofreció un segundo marco de desarrollo: residió en ese país durante más de treinta años y contrajo matrimonio con el filósofo y crítico Pierre Voulbout, quien la acompañó en un periodo de creatividad intensa. Su primera exposición individual en el extranjero tuvo lugar en la galería Verneuil de París en 1954, marcando el inicio de una presencia pública internacional. En 1990, tras la muerte de su segundo marido y tras sufrir un infarto cerebral, decidió regresar a Chile.
Retorno y memoria su primera gran retrospectiva tuvo lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1993. Dos años más tarde falleció en Santiago. Sus restos fueron inicialmente trasladados al Cementerio General, y en 2009 fueron reubicados en Chillán, al Cementerio Municipal, en el sector denominado Patio de los Artistas, como parte de un homenaje a su trayectoria y su vínculo con su tierra natal.
La escultora
La habilidad de Colvin para trabajar con piedra, bronce y madera la distinguió desde sus primeros años de producción. Su dominio técnico se manifiesta en una destreza sobresaliente para tallar, vaciar y desbastar, con una preferencia marcada por la madera como material de expresión predominante en su trayectoria inicial. Este manejo de materiales le permitió experimentar con volúmenes y ritmos que luego cristalizarían en un lenguaje propio.
De las figuras humanas a las fuerzas elementales, su producción evolucionó hacia una representación que buscaba plasmar energías fundamentales de la naturaleza. A mediados de la década de 1960, afianzó un sello singular: la obra se alza con múltiples bloques que se ensamblan verticalmente y se extienden horizontalmente, estableciendo una tensión entre direcciones y volúmenes que invita a recorrer la escultura desde distintos planos de lectura. En ese marco, emergió una temática abstracta orientada a la exploración de formas y símbolos de raíz sudamericana.
La perspectiva sudamericana no fue sólo un tema, sino una manera de entender la escultura como un lenguaje que dialoga con la memoria de los pueblos originarios y con la geografía del continente. Su obra incorpora signos y estructuras que sugieren, sin perder la precisión formal, un pequeño cosmos donde lo histórico y lo mítico coexisten en un mismo cuerpo de materia.
Archivo y memoria institutional fue resguardado por la comunidad museística: en 2007 la Sucesión Marta Colvin donó su archivo personal a la Biblioteca y Archivo del Museo Nacional de Bellas Artes, y en los años siguientes se creó el Fondo Marta Colvin para facilitar la investigación de estudiosos. Más allá de sus archivos, la Fundación y el Museo Marta Colvin, ubicados junto al Campus Fernando May de la Universidad del Bío-Bío, mantienen viva su memoria y permiten experimentar con un conjunto significativo de obras y documentación. Este patrimonio se acompaña de un parque escultórico que invita a contemplar la profundidad y la amplitud de su imaginería en un entorno educativo.
La clandestina historia de su taller también habla de su vínculo con los sitios que la rodearon: las tierras del fundo El Mono, heredadas de su primer marido, dieron lugar a un entorno que hoy acoge el Museo Marta Colvin y un espacio al aire libre que invita a descubrir sus piezas en diálogo con la naturaleza y la ciudad.
Obras en colecciones públicas
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Alas al viento (piedra, 12 dm de altura), se ubica en el Parque de las Esculturas de la Universidad de Talca, donde la presencia del conjunto dialoga con el paisaje académico y urbano.
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Andes (1959, bronce, 0,50 m) se encuentra en el Palacio del Quirinal, en Roma, donde conviven la memoria de la sierra andina y la herencia clásica.
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Caleuche (Nef) (1975, piedra de los Andes, 3,5 x 2 x 2 m) está en el puerto de Saint-Nazaire, ejerciendo una atracción hacia las miradas que visitan el litoral francés.
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Ciudad herida (1993), instalado en el Campus Fernando May de la Universidad del Bío-Bío, Chillán, Chile, convoca una reflexión sobre la memoria histórica de la ciudad y su devenir.
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Correfour de l'esprit (1972, madera, 4,5 x 4 x 2 m) se halla en la escuela de Villepinte, en Sena-Saint-Denis, cerca de París, como una pieza que convoca la interacción entre el oficio y el espacio educativo.
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Eslabón (1956, madera de sicómoro, 64 cm de alto) forma parte del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, en Santiago, y dialoga con la colección nacional de arte moderno.
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Danza para tu sombra (1952, piedra granito, 3,5 x 3 x 2,8 m) decora la tumba de la bailarina Isabel Glatzel en el Cementerio General de Santiago, una obra que entrelaza memoria, ritual y forma escultórica.
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El árbol de la vida (1971, piedra) adorna el Centro Cultural Gabriela Mistral en Santiago, en un conjunto que celebra la vitalidad de la existencia y la genealogía simbólica de la naturaleza.
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Espíritu del agua (1982, bronce, 3 x 2 x 1,5 m) se ubica en la plaza del General de Gaulle, en Marly-le-Roi, Francia, invitando al paso a detenerse ante la resonancia de la materia y la forma.
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Himno al trabajo (1989, madera policromada) se halla en la Cámara Chilena de la Construcción, en Santiago, como homenaje a la labor humana y a la técnica constructiva.
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Homenaje a la Neurocirugía (1953, bronce, 3 m de alto) se sitúa en el Instituto de Neurocirugía, Santiago, evocando la precisión clínica a través de la escultura.
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Las torres del silencio (1965, piedra, 3,5 m de alto) figura emblemática en el Middelheim, museo de escultura al aire libre de Bélgica, testimonio de su reconocimiento internacional.
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Leviathan (1977, madera, 4,5 x 3 x 3 m) en el Colegio de Outreau, Outreau, Francia, aporta una lectura monumental sobre el cuerpo en madera.
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Madre Tierra / Pachamama (1986, piedra roja de los Andes, 4,18 x 1,26 x 1,04 m) forma parte del Parque de las Esculturas de Providencia, Santiago, y convoca la memoria de la relación entre humanidad y paisaje andino.
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Manutara (1957, bronce, 1,6 m) se expone en Battersea Park, Londres, en un cruce entre oficio y urbanidad londinense.
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Melusine (1978, piedra, 2,5 m) se halla en el Colegio de la Crèche, Niort, aportando una lectura mítica a través del volumen pétreo.
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Monumento a Laurita Lagos (1964, piedra de Chillán, 3 m) fue erigido en el Cementerio Municipal de Chillán, como una memoria pública de la comunidad local.
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Monumento a Sucre (descripción y ubicación en plazas de Santiago) representa la figura histórica en un espacio urbano que comparte vocación didáctica y cívica.
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Mural de Osaka (1970, piedra y cobre) en el Museo de Osaka, Japón, integrando un diálogo entre regiones y culturas a través de un lenguaje único.
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Pincoya (1970, aluminio, 7 metros de largo) instalado en la población La Pincoya, Huechuraba, Chile, que lamentablemente debió ser retirado ante la destrucción causada por actos vandálicos, recordando la fragilidad de los monumentos ante el deterioro social.
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Puerta del Sol (1970, piedra roja de los Andes) en el Museo de Pontoise, Francia, una pieza que invita a una lectura de apertura y tránsito.
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Quinchamalí (1956, madera, 1,27 x 0,55 x 0,5 m) presente en el Parque de las Esculturas Marta Colvin de Chillán, conmemora sus primeros lazos con el paisaje regional.
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Rosa de los vientos (1979, piedra, 3,60 x 3 x 3 m) en la Facultad de Odontología de la Universidad de París, aportando una lectura simbólica del rumbo y la dirección en la materia.
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Señal del bosque / Signal en forêt (1971, madera, 4,5 x 4 x 2 m) en el bosque de Senart, París, una obra que dialoga con la naturaleza y la construcción de senderos escultóricos.
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Señal de Oriente y Occidente / Signal (1991, madera policromada, 3,5 m) en el Parque de las Esculturas de Seúl, Corea del Sur, fortaleciendo la presencia sudamericana en Asia.
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Signal (1991, madera policromada rojo lacre, 3,5 m) en la Plaza de América Latina, París, un testimonio más de su influencia en el mundo franco-parisino.
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Signo solar / Grand Signe (1963, piedra de los Andes, 2,4 x 2 x 2,2 m) en St. Bernard, París, una pieza que propone una lectura de la luz y la materia.
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Silvia (1946, bronce, 80 x 43 x 50 cm) en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, una de sus obras iniciales que define su lenguaje de formas naturales y serenas.
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Terra Mater (1957, madera de castaño, 2 m) en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, un diálogo entre patrimonio regional y lenguaje escultórico contemporáneo.
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Victoire (1978, piedra, 4 x 3 x 2 m) en el Regimiento Bouliac, Burdeos, una pieza que se integra a un contexto militar y moderno a la vez.
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Vigía del mar (1983, granito, 6,5 x 3 x 2 m) en Fuerte Crozon, Brest, Francia, que acompaña el paisaje marítimo con una figura de gran monumentalidad.
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Vigías (1968, madera patinada, 2 m de alto) en el Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, una obra que dialoga con la colección nacional y la percepción del tiempo en la madera.
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Yo sostengo tu cruz (1960, madera, 2,3 m) en el monasterio benedictino de Las Condes, Santiago, un monumento que invita a una lectura de la fe y de la resistencia humana.
Premios y reconocimientos
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Segundo Premio en Escultura, Salón Anual de Alumnos, Escuela de Bellas Artes, Santiago, 1939
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Primer Premio en el Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 1944
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Tercer Premio en el Salón Conmemorativo del Centenario de la Universidad de Chile, Santiago, 1944
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Segunda Medalla en el Salón de Verano de Viña del Mar, 1944
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Segundo Premio en el Concurso Monumento a Don José Victorino Lastarria, Santiago, 1946
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Primer Premio para el Monumento a la Memoria del doctor Enrique Arancibia, Cementerio General de Santiago, 1946
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Monumento al prócer venezolano Antonio José de Sucre, Santiago, 1947
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Premio de Primera Mención en Escultura, Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 1948
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Beca del Gobierno de Francia, 1948
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Primer Premio de Escultura, Salón IV Centenario de Concepción, 1950
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Primer Premio Mención Escultura, Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, 1951
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Mención Honrosa en el Concurso Internacional del Monumento al Prisionero Político Desconocido, Londres, 1952
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Beca del Consejo Británico para estudiar en Inglaterra, 1952
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Primer Premio Mención Dibujo, Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, 1955
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Busto de Benjamín Vicuña Mackenna, plaza de América Latina, París, 1956
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Premio de Honor en el Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, 1956
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Primer Premio en Escultura, VIII Bienal de Sao Paulo, 1965 por Las torres del silencio
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Hija Ilustre de Chillán, Municipalidad de Chillán, 1965
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Medalla de Honor del Senado, Congreso Nacional de Chile, 1970
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Premio Nacional de Artes Plásticas de Chile, 1970
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Homenaje de la Comunidad Artística de Lo Curro, Santiago, 1971
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Homenaje de la Asociación de Pintores y Escultores de Chile, Santiago, 1971
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Premio del Consejo Regional de Isla de Francia, 1982
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Miembro de la Academia Chilena de Bellas Artes, 1986
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Honoris causa en el Instituto Profesional de Chillán, 1987
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Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral, grado de Gran Oficial, Santiago, 1982
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Premio Rebeca Matte del Ministerio de Educación, Santiago, 1992
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Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile, Santiago, 1994
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Serie de sellos y sobres 100 años Marta Colvin, Chile, 2007
Exposiciones individuales
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Galerie Verneuil, París, 1954
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Museu de Arte Moderno de São Paulo, São Paulo, 1965
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Exposición de Escultura al aire libre, Santiago, 1966
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Galerie de France, París, 1967
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Expo ’70 en Osaka, 1970
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Casa de la Cultura, Orleans, 1973
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Colonia (itinerante), 1975
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Horizonte Universal, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 1985
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Sala Organización de Estados Americanos, Washington D. C., 1991
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Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 1993
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Maison de l’Amérique Latine, París, 1993
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Centro Cultural El Austral, Valdivia, 1994
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Extensión Pedro Olmos de la Universidad de Talca, 1994
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Parque Jorge Alessandri, Concepción, 1994
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Marta Colvin, América Extrema, Sala de Arte de la Fundación Telefónica Chile, Santiago, 2007
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Escultura, Collages y Grabados, Galería AMS Marlborough, Santiago, 2008
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Desde el taller, Museo Ferroviario, Temuco, 2008
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La Voz de la Materia, Galería Animal, Santiago, 2007
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Procesos: Esculturas de Marta Colvin, Centro de Extensión de la Universidad Católica de Chile, Santiago, 2010
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Bodegón Cultural de Los Vilos, Región de Coquimbo
Homenajes
En Coihueco se inauguró en 2004 la escuela Marta Colvin Andrade, ideada por su hijo Fernando May Colvin, quien en ese momento ejercía como alcalde. También existe una escuela básica en Recoleta que lleva su nombre, en una esquina de Héroes del Buin y Víctor Cuccuini. En Chillán, el Museo Marta Colvin fue inaugurado en septiembre de 2011 para conservar su memoria y su obra.