Palomo Linares
| Nombre completo | Palomo Linares |
|---|---|
| Descripción | Torero, pintor y actor de cine español (1947-2017) |
| Fecha de nacimiento | 27-04-1947 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 24-04-2017 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | matador, torero, pintor |
| Idiomas | español |
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Sebastián Palomo Martínez, conocido en el mundo de la tauromaquia como Palomo Linares, nació en Linares, Jaén, el 27 de abril de 1947 y cerró su historia en Madrid el 24 de abril de 2017. Hombre de múltiples facetas, desplegó su talento además de en la arena como ganadero, pintor y actor de cine. Sus gestas en Las Ventas quedaron grabadas en la memoria taurina, al conseguir dos salidas triunfales y un rabo en 1972, un logro que no ocurría desde 1939. Su figura trascendió el ruedo y dejó una impronta social y cultural notable.
Sebastián Palomo Martínez, conocido en el mundo de la tauromaquia como Palomo Linares, nació en Linares, Jaén, el 27 de abril de 1947 y cerró su historia en Madrid el 24 de abril de 2017. Hombre de múltiples facetas, desplegó su talento además de en la arena como ganadero, pintor y actor de cine. Sus gestas en Las Ventas quedaron grabadas en la memoria taurina, al conseguir dos salidas triunfales y un rabo en 1972, un logro que no ocurría desde 1939. Su figura trascendió el ruedo y dejó una impronta social y cultural notable.
Biografía
Orígenes y formación
Palomo Linares vino al mundo en una familia con raíces mineras: su padre trabajaba en la extracción, y la infancia transcurrió entre privaciones propias de la España de posguerra. En su juventud descubrió la artesanía del calzado, aunque el camino que lo marcó fue la capea y la tentación a la lidia desde edades tempranas. Con apenas ocho años ya se movía entre tentaderos, donde empezó a comprender el pulso del toreo; su apelativo de joven inquieto fue “El rata”, por su agilidad y humor vivaz.
Su mirada se acercó a la profesión con naturalidad y, a medida que crecía, el torero en ciernes encontró en las plazas su escenario predilecto. A los catorce o quince años, su nombre comenzó a resonar entre los aficionados que ya intuían que aquel muchacho de Linares traía algo diferente. Su primer contacto formal con el mundo profesional se dio en Madrid, en una novillada de un concurso que reunía promesas, y allí inició una trayectoria que combinaría el toreo, la interpretación y el arte.
Ascenso, descubrimiento y primeras temporadas
La puerta grande se fue abriendo poco a poco para Palomo Linares: su debut con picadores se desarrolló en Ondara, el 3 de enero de 1965, con un encierro de Núñez Guerra y la compañía de nombres como Gregorio Tébar y El Inclusero. Su descubridor fue el toledano José Lozano, un agente influyente que junto a su familia llevó al torero a lidiar en grandes escenarios y a figurar junto a figuras que luego serían emblemáticas del escalafón.
La etapa de aprendizaje se consolidó con la alternativa, presentada el 19 de mayo de 1966. El padrino fue Jaime Ostos y el testigo Mondeño; la entrega tuvo lugar en Valladolid, con reses de Salustiano Galache. A partir de ese momento, Palomo Linares empezó a compaginar la carrera campera con incursiones en el mundo del cine, apostando por un crecimiento integral que le abriría puertas en distintas direcciones y le permitiría consolidar su presencia en la cultura popular de la época.
La incursión cinematográfica llegó poco después, cuando dio inicio a una breve pero destacada participación en cine español. Sus papeles, que acompañaron su popularidad, incluyeron títulos como Nuevo en esta plaza, Una señora estupenda y Solos los dos, actuaciones en las que compartió cartel con figuras del cine y la música de la época. Aunque la interpretación no fue su destino definitivo, dejó claro que su talento sabía moverse con naturalidad entre escenarios muy distintos.
Una etapa de diversidad artística y empresarial
En 1967 Palomo Linares dio inicio a una faceta más personal: la pintura. Empezó a experimentar con un estilo expresionista abstracto, una ruta que mantuvo a la par de su actividad taurina y culminaría en años posteriores, cuando la retirada de los ruedos lo llevó a dedicar tiempo a la creación plástica. Su nombre ocupó también las páginas de la prensa del corazón: su notoriedad, su vida social y sus vínculos afectivos lo convirtieron en un personaje muy seguido por la opinión pública.
La estrategia de compañía definió gran parte de su etapa de consolidación. En 1969 Eduardo Lozano y Paco Ruiz, apoderados de Palomo Linares y Manuel Benítez “El Cordobés” respectivamente, acordaron presentar a ambos toreros de forma conjunta para sortear la dependencia de los empresarios de las plazas. Esta colaboración, conocida entre toreros y aficionados como la campaña de Los Guerrilleros, les permitió afrontar un calendario intenso: decenas de corridas repartidas por todo el país, consolidando a Palomo como una figura de gran repercusión social.
La ganadería y la plaza marcaron otra línea de su trayectoria: en 1969, Palomo y su socio adquirieron la ganadería Pérez-Tabernero, creada en el siglo XIX, que pasó a llamarse ganadería Sebastián Palomo. Criada en terrenos de Seseña, la dehesa se convirtió en un activo que acompañó su carrera y su marca personal, hasta su venta en 1997 a su compañero ganadero. Con este movimiento, Palomo Linares dio prueba de su interés por la cría y la gestión de toros de lidia, uniendo así el mundo artístico con la tradición ganadera.
Confirmaciones, triunfos y un rabo histórico
Su alternativa en la plaza de México se anticipó a la de Madrid, y abrió una etapa de expansión internacional que reforzó su estatus. Ya en Las Ventas, el 19 de mayo de 1970, recibió la confirmación definitiva con Curro Romero como padrino y Juan José García Corral como testigo; el festejo, marcado por la entrega y la elegancia, fue la antesala de futuras gestas en España y fuera de ella. En 1970 su nombre voló con fuerza entre las programaciones de dos grandes escenarios: Las Ventas y La Maestranza, donde compartió cartel con Limeño y Florencio Casado, con un resultado histórico: cortó dos orejas en una corrida de Miura, un hito que nadie había logrado hasta entonces en ese encaste.
El 22 de mayo de 1972 quedó grabado en los anales al lograr un rabo en Las Ventas, con el toro Cigarrón, de la ganadería Atanasio Fernández. Aunque recibió críticas por parte de algunos comentaristas, aquel triunfo popular consolidó su figura como fenómeno social. Fue, además, el último torero en lograr tal trofeo en aquella plaza hasta que, cuarenta y seis años después, otro torero, Diego Ventura, repitió la hazaña.
Ese mismo año, el 30 de enero, además llevó su éxito a la Plaza México, donde atravesó la tradición con otro rabo, en un hecho que lo situó entre los pocos que han destacado en dos grandes plazas de toros en distintas latitudes. Su presencia en México consolidó una identidad de internacionalidad que reforzó su aura entre aficionados de ambos hemisferios.
En 1976 obtuvo la victoria en la Feria del Señor de los Milagros, una de las citas más importantes de América del Sur y un reconocimiento a su constancia y carisma sobre la arena. Su figura, ya compleja y versátil, encontró en estas conquistas una forma de plasmación en otros ámbitos de la cultura española y latinoamericana, ampliando su radio de influencia más allá del toreo tradicional.
Retiro y giro hacia otras fronteras
El primer retiro llegó a inicios de la década de los ochenta, cuando en Bogotá, el 31 de enero de 1982, compartió cartel con Pepe Cáceres y Curro Romero ante tres toros de Vistahermosa y tres de Pueblito Español; esa tarde obtuvo tres orejas y dejó entrever que su presencia en la palestra iba a ser difícil de ignorar, aun cuando la decisión de retirarse se acercaba. Su retorno al ruedo sería breve pero significativo, pues en 1983 reapareció en Acho y, dos años después, decidió apartarse de nuevo, dejando solo un recuerdo de su capacidad para improvisar en torno al toreo.
Los años siguientes estuvieron marcados por altibajos administrativos y fiscales: en 1992 y 1995 enfrentó problemas con Hacienda, una coyuntura que acompañó a una etapa de menor actividad en plazas de menor relevancia. A partir de 1993, su presencia en los ruedos fue esporádica, con intervenciones en circuitos menos destacados y una programada retirada formal que culminó en 1995, durante una tarde nocturna en Benidorm, y en festivales benéficos posteriores.
El retorno definitivo llegó con la cita de Linares en 1993, cuando lidiaría seis toros en solitario y, poco después, en Las Ventas, en mayo de 1994, tuvo su último paseíllo de aquella década de cambios. En 1995 intensificó su actividad con un total de quince corridas y un festejo adicional; su última corrida, en Segovia, tuvo lugar el 29 de marzo de 1997, compartiendo cartel con Ortega Cano y Luis Milla. A partir de 1993 adoptó una estética de vestimenta distinta, introduciendo destellos dorados en lugar de plata, un detalle que marcó la transición hacia una nueva imagen en sus tardes de toros.
La entrega al arte y la labor de formación continuaron en 1994, cuando dio un paso importante para su legado: en Estepona, el 20 de marzo, vistió por primera vez destellos dorados para dar la alternativa a su discípulo, el torero y pintor Karlos Granada. Más adelante, en 2013, llevó la dirección taurina del certamen Soy novillero, una iniciativa de CMM, que mostró su evaluación y orientación de nuevas promesas del ruedo.
El adiós definitivo llegó el 24 de abril de 2017, cuando Palomo Linares falleció en el hospital Gregorio Marañón de Madrid tras una intervención de corazón complicaciones; dejó tras de sí un legado que abarcó no sólo las plazas, sino también la Plástica y la prensa del corazón, en las que su vida tuvo una resonancia particular y duradera.
Vida personal
En 1977 contrajo matrimonio con Marina Danko Villalba, una exmodelo colombiana procedente de una familia dedicada a la cafetería, con ceremonia celebrada en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid. El matrimonio dio como resultado tres hijos: Sebastián, Miguel y Andrés, nacidos entre 1977 y 1988. La pareja se separó en 2011, tras una trayectoria de décadas compartidas en el deseo de consolidar una vida familiar en el marco público.
Durante su vida Palomo Linares protagonizó relaciones con distintas mujeres del mundo del espectáculo y la sociedad, entre ellas la actriz Gloria Monís, Teresa Cantalapiedra y la venezolana Lilia López; también se vinculó a la jueza Concha Azuara, con quien inició una relación en 2013 tras encontrarse en la entrega de premios Antena de Oro.
A lo largo de su existencia combinó romances y vínculos con su oficio, sin perder la pista de su interés por el arte y la cultura popular. Su vida sentimental fue un mosaico de experiencias que, sumadas a su trayectoria profesional, contribuyeron a forjar la figura pública que hoy se recuerda con admiración y un dejo de nostalgia en aficionados y estudiosos de la tauromaquia y la cultura española.