Vida Icónica VIDAICÓNICA

Pedro Henríquez Ureña

Nombre completo Pedro Henríquez Ureña
Descripción Escritor dominicano
Fecha de nacimiento 29-06-1884
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 11-05-1946
Nacionalidad República Dominicana
Ocupaciones escritor, crítico literario, periodista
Idiomas español
HermanosCamila Henríquez Ureña, Max Henríquez Ureña
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Pedro Henríquez Ureña nació en Santo Domingo el 29 de junio de 1884 y cerró su trayectoria vital en Buenos Aires el 11 de mayo de 1946. Fue un pensador polifacético que cultivó la filosofía, la crítica y la literatura desde una óptica profundamente latinoamericana. Su labor dejó huella en México y Argentina, atravesando continentes para tejer puentes entre la cultura caribeña y los proyectos culturales del continente. Su vida y su obra revelan una voluntad de comprender la región desde la palabra bien articulada y el ensayo vigoroso.

Pedro Henríquez Ureña — Imagen principal

Pedro Henríquez Ureña nació en Santo Domingo el 29 de junio de 1884 y cerró su trayectoria vital en Buenos Aires el 11 de mayo de 1946. Fue un pensador polifacético que cultivó la filosofía, la crítica y la literatura desde una óptica profundamente latinoamericana. Su labor dejó huella en México y Argentina, atravesando continentes para tejer puentes entre la cultura caribeña y los proyectos culturales del continente. Su vida y su obra revelan una voluntad de comprender la región desde la palabra bien articulada y el ensayo vigoroso.

Primeros años

Sus padres formaron un modelo de vida intelectual para la familia: la destacada poeta Salomé Ureña y el influyente gestor Francisco Henríquez y Carvajal, quien ejercía como médico, abogado y pedagogo. Este entorno propició el contacto constante con la palabra escrita y con el quehacer público, de modo que la vocación literaria apareció desde la infancia como un camino natural. Nicolás Ureña de Mendoza, su abuelo, era un referente de la tradición costumbrista y de la actividad política dominicana, mientras que la presencia de Eugenio María de Hostos le ofreció un marco de compromiso con la educación y la emancipación social.

Desde joven Pedro demostró curiosidad por la lectura y por los debates que circulaban en su casa; el ambiente familiar influyó para que los hermanos Maximiliano y Camila también se volcaran hacia la investigación y la pedagogía, abriendo una genealogía familiar orientada a la crítica y la enseñanza. En esa atmósfera germinó, con naturalidad, una sensibilidad hacia la palabra como instrumento de transformación cultural.

Emigración

Tras completar sus estudios de secundaria, emprendió un vasto periplo que lo llevó a recorrer América y, de modo eventual, Europa. En 1905 residió en La Habana, y poco después pasó por Veracruz, instalándose luego en la Ciudad de México, donde emergió una labor destacada dentro del Ateneo de la Juventud, colectivo que reunía a voces innovadoras entre 1910 y 1913. A raíz de la inestabilidad política de la Revolución mexicana, deseó abandonar el país para dirigir sus miradas a otros horizontes, pero la Primera Guerra Mundial frenó esos planes y lo obligó a buscar nuevos cauces.

La ruta lo condujo primero a Cuba, donde las circunstancias le impidieron partir a Europa, y luego a los Estados Unidos, entre 1915 y 1920. En Washington y Nueva York trabajó como corresponsal y, más tarde, se dio a la tarea de completar estudios de doctorado y desempeñar docencia en la Universidad de Minnesota. En 1920 emprendió un viaje hacia España para proseguir su formación académica, y al año siguiente se trasladó a México para colaborar con el programa educativo impulsado por José Vasconcelos. En ese tramo entabló vínculos de primer orden con Alfonso Reyes y Julio Torri, y participó en proyectos editoriales y de crítica que afianzaron su perfil de pensador hispanoamericanista y filológico.

Influencia en las letras argentinas

En 1925 abandonó México y se instaló en Argentina, donde pasaría dos décadas decisivas de su vida. Se incorporó a la red cultural vinculada a la revista Sur, bajo la dirección de Victoria Ocampo, y ejerció la docencia en el Colegio Nacional de La Plata, además de colaborar con el Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires.

La biografía y la relación de Henríquez Ureña con la cultura argentina no se fijaron con claridad en la imaginación colectiva, lo que dio lugar a reflexiones sobre su ausencia. El crítico Ernesto Sabato, que lo tuvo como maestro, alude a la influencia del dominicano en su formación y la evoca en su obra Antes del Fin, subrayando su magisterio.

Su llegada al país marcó un punto de inflexión en la vida académica argentina a partir de 1924. En primera instancia, trabajó en la Universidad de La Plata junto a Alejandro Korn, Raimundo Lida, José Luis Romero y Ezequiel Martínez Estrada; un año después se unió al filólogo español Amado Alonso para impulsar el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Con su presencia, el enfoque hispanoamericanista, la filología, la crítica estilística y la lingüística ganaron un lugar central en el análisis de los textos.

En 1925 accedió a una cátedra en el Instituto Nacional del Professorado Joaquín V. González. A través de su amistad y colaboración con María Rosa Oliver, Martínez Estrada, Eduardo Mallea y José Bianco, y gracias a su trabajo en Sur, impulsó un giro decisivo en la cultura argentina durante las décadas de 1930 y 1940, consolidando un marco de referencia para la crítica y la difusión literaria en el país.

Constructor cultural argentino

Al arribar a Buenos Aires en 1924, la familia encontró refugio en una pensión próxima a la estación de Constitución. A lo largo de los años siguientes, Henríquez Ureña acudía cada jornada a Constitución para dirigirse a La Plata, ciudad desde la que cumplía sus compromisos docentes. Esa rutina también quedó inscrita en la memoria colectiva como parte de una trayectoria que conectó las redes académicas con las memorias urbanas de la capital porteña.

Con el paso de los años, Borges retornó para prologar y comentar sus obras críticas, y en diversas entrevistas remota y explícitamente evocó la huella de ese tramo vital. En su Correspondencia y en sus relatos, Borges se refirió a la desaparición de Ureña como un episodio que marcó tanto a la vida intelectual como a la percepción de la posibilidad de un destino literario para América. Max Henríquez Ureña, hermano de Pedro, escribió también sobre su fallecimiento en la medida en que la cercanía entre las instituciones y la ciudad dejó una brecha dolorosa en la comunidad académica.

En el volumen de Borges que acompaña las Obras Críticas de Henríquez Ureña, el elogio y la memoria se entrelazan, y el propio Borges alude a un diálogo reciente entre ambos cuando recibió la noticia de su muerte. En ese intercambio imaginario, Henríquez Ureña sugirió un pensamiento que evocaba una visión de la vida y la muerte, a la vez grave y serena, que quedó como un testimonio de su carácter y de su influencia.

Otra evocación de Borges

Según algunas crónicas, la impresión que dejó Ureña es la de un hombre que sabía todo lo que la cultura de su tiempo pretendía abarcar, pero que no empleaba ese saber para imponer criterios en una conversación. Borges decía que era alguien de una cortesía (casi japonesa) que privilegiaba que el interlocutor tuviera la razón, una virtud inusual en ciertos círculos culturales.

Fuentes

  • El oro de los tigres, Jorge Luis Borges, artículo sobre Pedro Henríquez Ureña, Emecé, 1972, p. 133.
  • Antes del Fin, Ernesto Sabato, Seix Barral, 1988.
  • Apologías y rechazos, Ernesto Sabato (Art. «Pedro Henríquez Ureña»), Seix Barral, 1977, pp. 53–77.

Pensamiento

Su obra crítica se distinge por la amplitud temática y por un afán extraordinario de sostener la idea de una unidad y de una independencia espiritual que recorre el continente americano. Entre sus aportes destacan el conjunto de ensayos que buscan la expresión propia de la región, así como investigaciones sobre la narrativa y los rasgos del español en América.

En palabras de Sabato, quien fuera alumno de su enseñanza secundaria, la influencia de Henríquez Ureña se orientó no hacia un énfasis autorreferencial, sino hacia una escucha atenta de la diversidad de voces que componen el panorama literario americano, junto con un compromiso pedagógico que buscaba dignificar la cultura regional.

Vida personal

Contrajo matrimonio con Isabel Lombardo Toledano, de ascendencia italiana, con quien formó una familia que incluyó a dos hijas: Natacha y Sonia Henríquez Lombardo. Su linaje paterno contaba con Noel Henríquez Altías, un judío sefardí nacido en Curaçao y descendiente de comunidades expulsadas de España que se refugiaron en Holanda. Su abuela paterna, Clotilde Carvajal Fernández, era hija de Salvador Carvajal y de una ascendencia taína por parte de Juana Fernández, identificada entre los últimos pueblos originarios que poblaban la región.

Ancestros

La historia familiar se entrelaza con un linaje pluricultural y diverso, que aporta un trasfondo de migraciones y encuentros entre Europa, el Caribe y América Latina. Este origen múltiple se percibe en la sensibilidad abierta de Henríquez Ureña hacia las culturas y las lenguas que conviven en el continente y que él estudió con rigor filológico y humano.

Distinciones

Entre sus reconocimientos destaca la obtención del Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad de Puerto Rico en 1931, un gesto que testimonia la dimensión regional de su labor. Su legado incluye testimonios familiares y académicos que destacan su papel de maestro y su influencia en la formación de la crítica literaria latinoamericana. Asimismo, la memoria de su vida ha sido difundida a través de biografías y estudios que lo sitúan como una figura central del humanismo del siglo XX en la América hispánica.

La Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, en la República Dominicana, lleva su nombre para conmemorar su aporte a la educación y a la cultura. En 2013, el Ministerio de Cultura dominicano inauguró el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, entregado cada año en la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo en el Teatro Nacional Eduardo Brito, como un reconocimiento a la labor de pensadores y creadores de alcance continental.

Obras

  • Ensayos críticos, fechado en La Habana en 1905, una de las primeras miradas a las problemáticas de la crítica literaria.
  • El régimen de la realidad en el arte, un ensayo que aborda la relación entre lo observable y la representación artística.
  • Nacimiento de Dionisios, 1916, una exploración de las energías de la creatividad en la poesía clásica.
  • La versificación irregular en la poesía castellana, 1920, reeditado como La poesía castellana de versos fluctuantes, un estudio sobre la métrica y la musicalidad.
  • En la orilla: mi España, 1922, una mirada a la cultura hispánica desde una perspectiva periférica.
  • La utopía de América, 1925, un ensayo fundacional sobre la posibilidad de una identidad compartida en el continente.
  • Apuntaciones sobre la novela en América, 1927, análisis de las narrativas iberoamericanas en un marco continental.
  • Seis ensayos en busca de nuestra expresión, 1928, un programa crítico para entender la voz latinoamericana.
  • La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo, 1936, un acercamiento a las influencias culturales en su tierra natal.
  • Sobre el problema del andalucismo dialectal de América, 1937, examen de las variantes del español en el continente.
  • Plenitud de España, 1940, reflexión sobre la tradición y su vigencia en el mundo hispano.
  • El español en Santo Domingo, 1940, estudio sobre las particularidades del habla en su país de origen.
  • Historia de la cultura en la América hispánica, 1947, una panorámica de los procesos culturales de la región.
  • Las corrientes literarias en la América hispánica, 1949, clasificación y análisis de los movimientos que emergen en la región.
  • En la orilla. Gustos y colores, 2014, publicación póstuma que reúne impresiones y miradas críticas sobre la vida intelectual de la región.

Ensayos

La producción ensayística de Henríquez Ureña abarcó un amplio rango de temas, agrupados alrededor de la idea de una identidad literaria compartida para América. Sus textos se orientan a esclarecer cómo se han construido las tradiciones culturales y lingüísticas en el conjunto del continente, y a proponer rutas para un oficio crítico que priorice la autonomía de las letras regionales.

Ediciones críticas

  • Historia cultural y literaria de la América hispánica. Edición de Vicente Cervera Salinas. Verbum, Madrid, 2009.
  • Obras Completas en 14 tomos. Editora Nacional, Ministerio de Cultura de la República Dominicana, Santo Domingo, 2014-2015. Edición de Miguel D. Mena.