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Pedro Mesía de la Cerda

Nombre completo Pedro Mesía de la Cerda
Descripción Teniente General de la Real Armada y Virrey de la Nueva Granada
Fecha de nacimiento 16-02-1700
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 15-04-1783
Nacionalidad España
Ocupaciones marino, militar
Idiomas español
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Pedro Messía de la Cerda y de los Ríos nació en la ciudad de Córdoba el 16 de febrero de 1700 y abandonó este mundo en Madrid el 15 de abril de 1783. Suyo fue el destino de un noble que abrazó las órdenes y las responsabilidades de un imperio, primero como marino de la Real Armada y luego como virrey de Nueva Granada. Su trayectoria se trenza entre campañas navales, gestiones administrativas y un impulso ilustrado que dejó huella en los territorios coloniales de ultramar.

Pedro Mesía de la Cerda — Imagen principal

Pedro Messía de la Cerda y de los Ríos nació en la ciudad de Córdoba el 16 de febrero de 1700 y abandonó este mundo en Madrid el 15 de abril de 1783. Suyo fue el destino de un noble que abrazó las órdenes y las responsabilidades de un imperio, primero como marino de la Real Armada y luego como virrey de Nueva Granada. Su trayectoria se trenza entre campañas navales, gestiones administrativas y un impulso ilustrado que dejó huella en los territorios coloniales de ultramar.

Biografía

Orígenes, formación y primeros pasos

Pedro Messía de la Cerda y de los Ríos implantó desde joven una vocación de servicio que lo llevó hacia la milicia marítima. Tras dedicarse a las llamadas “caravanas” para obtener experiencia y recursos, se integró a la Orden de Malta, vinculándose a la tradición caballeresca que alimentaba el espíritu de aquellos marinos. Con ese bagaje, solicitó plaza en la Real Armada y fue admitido como guardiamarina en Cádiz el 10 de junio de 1717. En los primeros años de su carrera, se involucró en operaciones que envolvían asedios y expediciones, marcando así su inicio en una trayectoria que combinaría audacia y disciplina.

En aquellos momentos la marina española se hallaba inmersa en conflictos mediterráneos y atlánticos, y Messía encontró su bautismo de fuego en la campaña de Cerdeña, operando con la escuadra al mando del marqués de Mari. Allí participó en encuentros que mostraron su temple frente a adversidades y su capacidad para mantener la cohesión entre tripulación y mando. Poco después, intervino en la campaña de Sicilia, bajo la dirección de Antonio Gaztañeta, y participó en la acción que siguió en Passaro, donde las maniobras navales eran cruciales para desequilibrar a la flota enemiga. Su captura y posterior canje amplió una experiencia que lo forjaría como un jefe de navío con mentalidad práctica y estratégica.

Avances, combates y consolidación de mando

La retirada a Cádiz tras la liberación no significó descanso: en la división de Guevara participó en el apresamiento de una fragata británica y, más tarde, en el Cantábrico, se halló al frente de una acción que enfrentó a buques de mayor porte. En la batalla de San Vicente, tomó parte de un enfrentamiento prolongado en el que una fragata y una balandra enemigas fueron capturadas gracias a la perseverancia de la tripulación y a decisiones tácticas oportunas. Sus logros en estas operaciones le valieron ascensos y reconocimientos que rezumaban habilidad para maniobrar en condiciones difíciles.

La pericia de Messía quedó patente cuando, a bordo de la escuadra de Rodrigo de Torres, llevó a cabo nuevas acciones en el canal de la Mancha logrando la captura de cinco mercantes británicos. Ya con el grado de capitán de fragata, participó en la expedición de Orán con las fuerzas del duque de Montemar, una empresa que unía la profundidad estratégica con la improvisación necesaria en campañas lejanas. En 1735 recibió el rango de capitán de fragata y dejó constancia de su experiencia navegando por aguas americanas, protegiendo rutas de recalada y afrontando los peligros del Atlántico y del entorno insular.

La Carrera del Glorioso y el desgaste de la guerra

La década de 1740 supuso para Messía un periodo de liderazgo activo y de pruebas constantes. A los mandos del navío Glorioso se embarcó en la célebre Carrera del Glorioso, una hazaña que consolidó su reputación entre sus pares y subordinados. En ese episodio, la escuadra española enfrentó a navíos de gran tonelaje británicos entre aguas atlánticas cercanas a las Azores. En un cruce de fuegos marcado por la resistencia, Messía logró desarmar a adversarios de considerables dimensiones y continuó avanzando hasta encontrarse frente a nuevas tensiones en Finisterre y Corcubión.

El combate y la rendición llegaron cuando, al avanzar la campaña, la escuadra británica insistió con un conjunto de buques de alto crédito. Aun así, Messía mantuvo firme la conducta de su navío ante un asedio sostenido y, agotadas las municiones, decidió rendir la nave. Su intervención quedó registrada en los anales como ejemplo de resistencia militar y de gestión operativa bajo presión. En reconocimiento a su desempeño, fue promovido a jefe de escuadra y recibió la distinción de gentilhombre de cámara, signos visibles de su estatura como líder naval.

Comando estratégico y nuevas responsabilidades

En 1750 se hizo cargo de una fuerza naval destinada a combatir corsarios argelinos. La fuerza estaba compuesta por dos buques y cuatro jabeques, pero los resultados no alcanzaron la magnitud deseada, producto de deficiencias constructivas de los jabeques que obligaron a completar la labor con los navíos. Tras un periodo bajo la jefatura del general Francisco Liaño, Mesía retomó las acciones de corso en el mediterráneo, manteniendo la práctica de la guerra naval como instrumento de presión y disuasión.

Para 1755 ya con el rango de capitán de navío y al frente de una de las divisiones de la escuadra mediterránea, tomó el mando directo de navíos y de una fragata junto a una compañía de jabeques. Dos años después, en reconocimiento a su trayectoria, fue nombrado consejero del Supremo de Guerra, un cargo que le permitió influir en la planificación de operaciones y en la organización de la armada española en un marco de consolidación institucional.

Virrey de Nueva Granada

El 13 de marzo de 1760 Messía fue designado virrey, gobernador y capitán general de Nueva Granada, con la autoridad de presidir la Real Audiencia de Santa Fe. Como acompañante llevaba a su médico particular, José Celestino Mutis, figura clave de la Ilustración en las colonias americanas. La toma de posesión ocurrió el 24 de febrero de 1761 y desde ese instante comenzó una gestión marcada por el reajuste de instituciones, la recuperación de fortificaciones y la promoción de la educación y la ciencia.

La situación inicial era crítica: las arcas estaban exhaustas y la administración enfrentaba un ambiente de turbulencia estructural. En Cartagena de Indias dedicó esfuerzos a la reconstrucción de defensas bajo la mirada del ingeniero Antonio de Arévalo. Cuando llegó a Bogotá, impulsó líneas de acción innovadoras, entre ellas la creación de un primer colegio femenino y la introducción de cátedras de Matemáticas en las universidades de Nueva Granada, apoyadas por Mutis y su reconocido saber científico.

La Ilustración en Nueva Granada y reformas fiscales

Entre 1762 y 1766 Messía continuó ampliando su apertura administrativa. Por real cédula, nombró a Juan Antonio Zelaya gobernador de Guayaquil y, años después, lo designó presidente interino de Quito, bajo su supervisión. En el plano económico promovió la explotación minera, especialmente de plata en Mariquita, con la participación de Fausto Delhuyar y Juan José Delhuyar, pioneros en el descubrimiento de un metal crucial. Además impulsó la regularización del comercio y la gestión de recursos, introduciendo medidas para sostener las arcas reales y colocar al virreinato en un marco de mayor autonomía fiscal.

La liberalización del comercio fue uno de sus actos más debatidos: proponía un régimen de comercio más libre, una idea que recibió la aprobación real varios años después, a mediados de la década de 1770. Junto a estas reformas, propuso la revisión del estatuto de la Audiencia de Quito, buscando simplificar trámites y reforzar el papel de la autoridad virreinal frente a los intereses criollos que pedían mayor autonomía económica y política.

Conflictos sociales y fin de un ciclo

Las reformas generaron resistencias. En Quito estalló la Revolución de los Estancos, un movimiento que se articuló en dos fases: primero para derogar el estanco del aguardiente y luego para desafiar la presencia española. Las élites criollas buscaron la expulsión de los españoles y, ante la falta de fuerzas suficientes, el virrey se vio obligado a aceptar resoluciones impuestas por el poder popular. Este episodio dejó patente la fragilidad de las estructuras administrativas frente a presiones locales y el agotamiento de recursos para reprimir disturbios.

La expulsión jesuita fue otro de los episodios que marcó su mandato: en cumplimiento de la Pragmática Sanción de 1767, supervisó la salida de los jesuitas de Nueva Granada y, a la vez, ordenó el traslado de sus bibliotecas para crear una biblioteca pública que emergió como la Real Biblioteca de Santa Fe de Bogotá, que más tarde evolucionaría hacia la Biblioteca Nacional de Colombia. Con ello, el virrey dejó una marca perdurable en el acervo cultural de la región.

Infraestructura y seguridad: salitre, pólvora y defensa

Sin pólvora suficiente para las guarniciones, Messía impulsó la localización de recursos estratégicos, dando prioridad a la búsqueda de salitre. Las prospecciones dieron frutos en Tunja y Sogamoso, y así nació la Real Fábrica de Pólvora de Santa Fe, una infraestructura destinada a dotar a las fuerzas de defensa de Nueva Granada de un material clave para la seguridad del virreinato.

El cierre de su mandato llegó ante la persistencia de disturbios en Quito y los desencuentros con la Audiencia local. En diciembre de 1771 aceptó presentar su renuncia y, tras el trámite correspondiente, abandonó oficialmente sus funciones el 31 de octubre de 1772 para regresar a la península. Su legado, sin embargo, quedó plasmado en proyectos educativos, culturales y administrativos que continuaron moldeando la organización colonial durante años posteriores.

Legado y despedida

La figura de Messía fue la de un marino que evolucionó hacia un estadista ilustrado, capaz de combinar disciplina naval, gestión administrativa y visión educativa. Su labor dejó un registro de reformas en educación, ciencia y comercio que influyeron en la trayectoria de Nueva Granada y sus vinculaciones con las reales estructuras imperiales. Su muerte en Madrid cerró un capítulo de la historia en el que la modernización administrativa coexistió con la complejidad de los desafíos coloniales y la defensa de la autoridad virreinal frente a tensiones internas y externas.

Imágenes de Pedro Mesía de la Cerda