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Rafael Barradas

Nombre completo Rafael Manuel Pérez Giménez
Nombre nativo Rafael Manuel Pérez Giménez
Descripción Pintor uruguayo-español
Fecha de nacimiento 04-01-1890
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 12-02-1929
Nacionalidad Uruguay, España
Ocupaciones pintor, dibujante, artista gráfico
Idiomas español, catalán
HermanosCarmen Barradas, Antonio de Ignacios
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Rafael Barradas nació en Montevideo el 4 de enero de 1890 y murió en la misma ciudad el 12 de febrero de 1929. Pintor y dibujante de origen español, dejó una huella decisiva en la escena ibérica y uruguaya al fomentar la creación de una nueva IDENTIDAD artística y al disfrutar del aprecio de los círculos intelectuales vinculados a la Generación del 27. Su trayectoria cruzó océanos y ciudades europeas, donde dio forma a un lenguaje cromático audaz que desafió tradiciones.

Biografía

Rafael Manuel Pérez Giménez, conocido en el mundo del arte como Barradas, vino al mundo en la capital uruguaya y fue el segundo de tres hermanos. Su padre, Antonio Pérez Barradas, trabajaba como pintor y decorador de interiores, y su madre, Santos Giménez Rojas, era de origen español. Entre los hermanos figuraban Carmen, una joven pianista y vanguardista compositora, y Antonio, dibujante y escritor que adoptó el seudónimo de Antonio de Ignacios. La frágil fusión de herencias culturales marcaría desde temprano su sensibilidad artística.

Rafael Barradas — Imagen principal

Rafael Barradas nació en Montevideo el 4 de enero de 1890 y murió en la misma ciudad el 12 de febrero de 1929. Pintor y dibujante de origen español, dejó una huella decisiva en la escena ibérica y uruguaya al fomentar la creación de una nueva IDENTIDAD artística y al disfrutar del aprecio de los círculos intelectuales vinculados a la Generación del 27. Su trayectoria cruzó océanos y ciudades europeas, donde dio forma a un lenguaje cromático audaz que desafió tradiciones.

Biografía

Rafael Manuel Pérez Giménez, conocido en el mundo del arte como Barradas, vino al mundo en la capital uruguaya y fue el segundo de tres hermanos. Su padre, Antonio Pérez Barradas, trabajaba como pintor y decorador de interiores, y su madre, Santos Giménez Rojas, era de origen español. Entre los hermanos figuraban Carmen, una joven pianista y vanguardista compositora, y Antonio, dibujante y escritor que adoptó el seudónimo de Antonio de Ignacios. La frágil fusión de herencias culturales marcaría desde temprano su sensibilidad artística.

Viaje a Europa en 1913 El impulso para cruzar el Atlántico llegó gracias a un amigo cantante, Alfredo Medici, quien gestionó para Barradas una beca gubernamental destinada a perfeccionarse en la prestigiosa Scala de Milán. En Italia, Barradas se empapó de las corrientes del futurismo y, cerrando el año, se trasladó a París para observar de cerca el despertar de las vanguardias. Más adelante regresó a Milán para profundizar en su aprendizaje y ampliar su horizonte plástico.

Una estética de gran fuerza cromática Barradas elaboró un lenguaje propio que combinaba dinamismo y color, concepto al que algunos historiadores se refirieron como vibracionismo. Este enfoque recibió un renovado impulso durante su estancia en Barcelona a partir de 1914, donde entabló vínculos con jóvenes poetas catalanes y exploró interacciones con otras corrientes de la época.

Barcelona y Zaragoza

En diciembre de 1914 inició un tramo crucial de su itinerario al abandonar la Ciudad Condal y emprender un viaje hacia Madrid a pie, pero su camino terminó en Aragón, donde una familia campesina le brindó apoyo para superar una etapa difícil. El 14 de abril de 1915 contrajo matrimonio en la basílica del Pilar de Zaragoza con Simona Lainez y Saz, conocida como Pilar, que era hija de aquella familia que lo había auxiliado. Allí presentó sus obras en dos exposiciones iniciales en diciembre de ese mismo año. Más tarde, en 1923, volvió a Aragón, visitando Luco de Jiloca, y llevó a cabo una serie pintada de los «Magníficos», retratos de trabajadores cercanos a sus quehaceres, con un uso de color más sobrio y una paleta menos vibrante.

Regreso a Barcelona y nuevos contactos En 1916 Barradas regresó a Barcelona junto a su esposa y se reunió con la familia extendida que había llegado desde Uruguay. En esa etapa entabló una amistad decisiva con Joaquín Torres García y expuso en la Galería Dalmau en diciembre de 1917. Las investigaciones de Torres García ejercieron influencia en su evolución hacia un giro conceptual que desembocaría en su posterior universalismo constructivo.

Madrid y redes de vanguardia

En 1919 fijó su residencia en Madrid, instalándose a pocos metros de la Paseo del Prado y frecuentando las tertulias de los cafés urbanos. Allí fue tomando contacto con figuras como Guillermo de Torre, Jorge Luis Borges, Norah Borges, Federico García Lorca, Salvador Dalí y Ramón Gómez de la Serna, entre otros. En ese tramo, Barradas colaboró activamente con Gregorio Martínez Sierra para la creación de vestuarios y escenografías en el Teatro Eslava, y desempeñó un papel destacado en la temporada teatral “Teatro de los niños” (1921-1922), nutrido por un vínculo creativo con Torres García y con el propio movimiento futurista italiano.

participó como ilustrador para la editorial Estrella de Martínez Sierra, aportando imágenes para textos como Lorenzaccio, Tiempos difíciles, Ella y Él, Tú eres la Paz y otras publicaciones. Sus colaboraciones abarcarían revistas de arte como Alfar y Grecia, así como publicaciones para público infantil de la Editorial Calleja. En ese mismo periodo se vinculó con Alberto Sánchez y Enrique Garrán, y se acercó a la corriente vanguardista que después sería conocida como la Escuela de Vallecas.

En 1925 formó parte de la primera Exposición de Artistas Ibéricos, y ese año su proyecto Un Teatro de Arte llegó a la Exposición de Arte Decorativo de París, donde obtuvo el Gran Premio. A finales de ese año y principios de 1926 viajó a Francia y, desde San Juan de Luz, generó una serie de dibujos y acuarelas centradas en el puerto y su gente. La crítica y sus pares reconocieron su talento como un puente entre tradiciones y renovaciones.

En 1926, tras separarse de la compañía de Martínez Sierra, Barradas se trasladó a Hospitalet de Llobregat, Cataluña, donde desarrolló la serie de los “Místicos”, un cuerpo pictórico de inspiración religiosa que contrastaba con sus trabajos anteriores. Dos años después surgió la serie “Estampones Montevideanos”, inspirada en el puerto y el barrio Sur de su ciudad natal; esa producción reveló un tono más sobrio y una paleta más contenida. A medida que su salud fallaba, mantuvo un espíritu combativo y una sociabilidad intensa, reuniendo en su casa a destacados nombres de la vanguardia catalana en lo que se conoció como el Ateneíllo de Hospitalet.

Entre las visitas de esa época se cuentan Enrique Garrán, Ángel Ferrant, Juan Gili, Lorca, Dalí y Filippo Tommaso Marinetti, entre otros. También organizó una relevante exposición de dibujos de García Lorca en la sala Dalmau, consolidando su papel como consolidación de redes entre artistas y promotores de la experimentación.

Regreso a Montevideo y último tramo

En noviembre de 1928 emprendió el regreso a su país, ya aquejado por una enfermedad que agravó su deceso meses después, el 12 de febrero de 1929. Sus herederos conservaron buena parte de su obra en la casa familiar y la expusieron allí de manera permanente hasta 1969, año en que decidieron dársela al Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay para la creación de un Museo Barradas. La memoria del pintor comenzó a organizarse como un legado público y educativo.

Hoy la colección está depositada en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, que albergó una muestra significativa en 1972. En 2013 se llevó a cabo una gran retrospectiva que reunió 200 pinturas y dibujos de un total de más de 500 piezas, acompañada por un catálogo de 350 páginas y una inauguración que consolidó la presencia de Barradas en el canon histórico de la modernidad. El Correo Uruguayo conmemoró al artista mediante la edición de un sello postal inspirado en su figura y su legado artístico. El reconocimiento institucional ha alimentado la memoria pública de su obra.

Entre hitos comerciales que señalan su influencia también figuran ventas destacadas: en abril de 2008 se remató un óleo de 1919 titulado Muñeca por 108.000 dólares, y en 2010 otro lienzo, Calixto, alcanzó los 240.000 dólares, cifras que atestiguan el valor histórico y estético de su producción.

Imágenes de Rafael Barradas

Vídeo sobre Rafael Barradas