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Rebeca Matte Bello

Nombre completo Rebeca Matte Bello
Descripción Escultora chilena
Fecha de nacimiento 29-10-1875
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 14-05-1929
Nacionalidad Chile
Ocupaciones escultor, pintor
Géneros simbolismo
Idiomas español
EsposasPedro Íñiguez Larraín
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Rebeca Matte Bello irrumpió en la escena artística chilena como la primera escultora que dio un paso de independencia dentro de una tradición definida por criterios académicos. Nacida en Santiago a fines del siglo XIX, su trayectoria atravesó continentes y contextos culturales, desde Roma y París hasta Florencia, consolidando una voz firme basada en la maestría técnica y un tratamiento del tema cargado de intensidad humana. Su vida y obra dejaron una marca profunda en la historia del arte chileno y mexicano, y su legado continúa inspirando a nuevas generaciones.

Rebeca Matte Bello — Imagen principal

Rebeca Matte Bello irrumpió en la escena artística chilena como la primera escultora que dio un paso de independencia dentro de una tradición definida por criterios académicos. Nacida en Santiago a fines del siglo XIX, su trayectoria atravesó continentes y contextos culturales, desde Roma y París hasta Florencia, consolidando una voz firme basada en la maestría técnica y un tratamiento del tema cargado de intensidad humana. Su vida y obra dejaron una marca profunda en la historia del arte chileno y mexicano, y su legado continúa inspirando a nuevas generaciones.

Biografía

Estudios y familia

Formada en un entorno privilegiado, Rebeca fue la única hija de Augusto Matte Pérez y Rebeca Bello Reyes. Su maternidad sufrió un giro dramático cuando la madre, al dar a luz, entró en un estado de salud mental que derivó en una amnesia permanente. Creció bajo la tutela de su abuela materna, Rosario Reyes Gómez, en un ambiente donde el pensamiento y la cultura eran moneda común. Con el paso de los años, su padre falleció en Berlín en 1913, y sus restos reposan junto a los de su esposa en un monumento diseñado por la propia hija, cuya puerta exhibe la escena del Dolor como símbolo de la memoria familiar.

La casa de la abuela fue, a la vez, taller y aula magna, pues allí concurrían figuras destacadas de la vida intelectual de la época. Entre los visitantes figuraron hombres ilustres que nutrían el diálogo artístico y político, lo que dejó una impronta duradera en la joven Rebeca y en su visión de la creación como un acto de responsabilidad social y humana.

Formación y primeros contactos artísticos

Inicios en el estudio de la escultura se gestaron en Europa, primero en Roma y luego en París, donde se matriculó en la Académie Julian. Allí aprendió de maestros como Denys Puech y Paul Dubois, experiencias que le permitieron afianzar una técnica rigurosa y un lenguaje expresivo marcado por el dramatismo. En esa etapa nacieron obras que ya destacaban por su carga emocional y su control de los materiales.

Trayectoria y enfermedad no tardaron en cruzarse: durante esos años jóvenes, Rebeca enfrentó la tuberculosis, un padecimiento que sumó dolor a su vida y que, al igual que otros desafíos, dejó una cicatriz profunda en su obra y en su ánimo creador.

Formación adicional y primeros reconocimientos

Entre 1900 y 1901, Matte obtuvo sus primeras distinciones en Europa y en Chile, señales tempranas de que su lenguaje escultórico podía resonar más allá de las escenas locales. En ese mismo periodo contrajo matrimonio con Pedro Felipe Íñiguez Larraín, un joven diplomático que jugaría un papel importante en su vida personal y en el impulso de sus proyectos futuros.

El nacimiento de Lily marcó un hito afectivo: Eleonora Íñiguez Matte, conocida popularmente como Lily, llegó al mundo en 1902 y llenó de alegría a la escultora, aunque la crianza demandó su presencia fuera de los talleres durante varios años.

Retorno al oficio y consolidación

A partir de 1908, Rebeca Matte retomó con renovado impulso su labor de artesanía escultórica, produciendo piezas en mármol y bronce que mostraron una madurez técnica notable. Tras estancias breves en Chile, se radicó de nuevo en Florencia, desde donde afianzó una metodología centrada en la talla directa del mármol y en el vaciado de bronce, lo que le permitió explorar interpretaciones más intensas de la figura humana.

El reconocimiento académico llegó en 1918, cuando la Academia de Bellas Artes de Florencia la distinguió con el título de Profesora Honoraria, una distinción que, en aquella época, reconocía la trayectoria de una artista extranjera y de una mujer que había roto moldes dentro de un mundo tradicional.

Obras

Una de las decisiones más decisivas de su carrera se produjo en 1908, cuando el gobierno chileno le encargó una escultura destinada a ser donada al Palacio de la Paz de La Haya. La obra se instaló en 1914, apenas antes de estallar la Gran Guerra, y con el tiempo llegó a ser conocida popularmente como La Guerra. Este encargo no solo simbolizó una vocación de alcance internacional, sino que también impulsó el imaginario de una escultora capaz de traducir conflicto y dolor en forma material.

Otras obras de gran trascendencia incluyen el monumento a los Héroes de La Concepción, concebido para la ciudad de Santiago y emplazado en la avenida Libertador Bernardo O’Higgins, un hito que la crítica ha destacado por su equilibrio entre memoria histórica y belleza plástica. En los años siguientes, su talento se expandió hacia piezas de gran porte y resonancia simbólica, como títulos que se han convertido en referentes de la colección chilena.

Entre las piezas emblemáticas figuran Ícaro y Dédalo, esculturas que su esposo donó al Museo Nacional de Bellas Artes y que, en la actualidad, permanecen asociadas a la memoria de la artista; estas obras han sido objeto de copias y exhibiciones en distintas sedes. Otra obra de la época, La Guerra, que ya mencionamos, y las realizaciones encargadas por razones diplomáticas: una versión para Brasil, denominada Aviadores, enviada para conmemorar el Centenario de la Independencia, fue presentada en Río de Janeiro y, posteriormente, instalada en la entrada de instituciones aeronáuticas. Junto a estas, destacan piezas como El Eco y Dolor, que fortalecieron su presencia en el panorama museístico chileno e internacional.

Compromisos y memoriales a su obra también incluyeron obras que se difundieron más allá de Chile, como la recepción de encargos para instituciones europeas, y su presencia en museos de Florencia y La Haya, que consolidaron su reputación como una de las figuras centrales de la escultura modernista en la región.

Alejamiento del arte

Durante su periodo en Florencia, la vida de Rebeca Matte se vio marcada por una tragedia familiar: la tuberculosis de Lily, su hija, se intensificó y llevó a la joven a un sanatorio en los Alpes suizos, donde falleció en 1926. Este dolor profundo dejó sin fuerzas a la escultora para continuar creando, y por varios años no volvió a inaugurar nuevas obras. En lugar de ello, dedicó su esfuerzo a recoger y editar los versos que Lily había escrito y a fundar distintas instituciones de beneficencia en su nombre, como una forma de sostener el legado que había recibido de su hija.

Muerte

La vida de Rebeca Matte culminó en París, a los 53 años, el 15 de mayo de 1929. Poco después, Italia mostró interés en acoger una de sus piezas en el palacio Pitti de Florencia. Sus restos fueron trasladados al Cementerio General de Santiago, donde descansan junto a otros familiares y conmemoraciones de su extensa trayectoria.

Homenajes

El reconocimiento institucional a su trayectoria se materializó en 1922, cuando el Ministerio de Educación de Chile instituyó la distinción que llevaría su nombre, como homenaje a una de las escultoras más destacadas de la historia nacional. Este gesto institucional marcó un punto de referencia para la valoración de la mujer en las artes plásticas chilenas y su proyección internacional.

Memoria social se consolidó también en la postguerra: entre 1958 y 1962 la Fundación de Vivienda y Asistencia Social impulsó la construcción de la población Rebeca Matte, ubicada en la comuna de Ñuñoa, junto al Estadio Nacional, como un testimonio de la permanencia de su legado en el entorno urbano.

Obras de Rebeca Matte

  • Unidos en la gloria y en la muerte (Ícaro y Dédalo), 1922, bronce, 200 cm de altura, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Réplica realizada posteriormente por Carlos Vignali.
  • Horacio, mármol, 200 cm de alto, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile.
  • El eco, mármol, 142 cm de alto, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile.
  • Crudo invierno, 1912, bronce, 60 cm de alto, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile.
  • Militza, mármol, 155 cm de alto, Museo de Arte y Artesanía de Linares, Chile.
  • La guerra, 1914, Palacio de la Paz, La Haya, Países Bajos.
  • Tristeza, mármol, Galería Pitti, Florencia, Italia.
  • Homenaje a los héroes de la Concepción, 1920, bronce, Avenida Libertador Bernardo O’Higgins, Santiago, Chile.
  • Los aviadores, 1923, bronce, Plaza Mauá, Río de Janeiro, Brasil.
  • Ulises y Calipso, 1925, mármol, Hall del Club de la Unión, Santiago, Chile. A partir de agosto de 2022, en comodato al Museo de Bellas Artes por diez años.
  • Mi hija, mármol, Cementerio General, Santiago, Chile.
  • Dolor, mármol, Cementerio General, Santiago, Chile.

Galería de algunas esculturas

Imágenes de Rebeca Matte Bello